*Che gelida manina, Si Mi chiamano Mimi, Mimì è tanto malata!, Donde lieta uscì al tuo grido, Dunque è proprio finita!, Sono andati Fingevo di
dormire.
En "DESCARGAS IV" la obra.
FEBRERO...
LA BOHÈME
*MADAMA BUTTERFLY.
“La Bohème”. La más humana de las obras de Puccini
a Bohème se estrenó en Turín el 1º de febrero de 1896, y desde entonces sigue siendo la más vívida, la más representativa y la más humana de las obras de Puccini y de todo el movimiento verista italiano. La ópera fue inspirada por la novela de Henri Murger (1822-1861) Escenas de la vida bohemia (aunque sería más propio decir en la obra teatral de Louis Théodore Barrière, que basándose en dicha novela se representó con éxito en París, asegurando a Murger un estimable éxito económico y su cuarto de hora de popularidad -Las Escenas de la bohemia, de Henry Murger, aparecieron en forma de folletín en el periódico francés Le Corsaire Satan, entre marzo de 1845 y abril de 1849. Más tarde, con la colaboración de Louis Théodore Barrière, el autor encaró una versión teatralizada de esas escenas y dio a luz a La vida bohemia. El folletín original en forma de libro apareció después con un nuevo título, Escenas de la vida bohemia, al que varios compositores recurrieron después como fuente literaria de otras tantas obras-) superando con facilidad la ópera de igual título y origen, compuesto más o menos simultáneamente por Leoncavallo y estrenada al año siguiente de la de Puccini. El libreto de La Bohème fue adaptado por Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, de la versión escénica de Théodore Barrière. Al llegar a este punto no estará de más subrayar el amplio tributo pagado a Francia en sus óperas por los compositores italianos del siglo XIX, al inspirarse reiteradamente en obras literarias y dramáticas de autores franceses, conforme ocurrió en el caso de Lucrezia Borgia, Rigoletto, La Traviata, La Bohème, Tosca, Fedora, L'Amico Fritz, Andrea Chenier, L'Arlesienne y muchas otras.
Gracias a La Bohème, Puccini, cuya Manon Lescaut había logrado ya favorable acogida por parte del público, se convirtió de la noche a la mañana en toda una celebridad. Tosca (1900) y Madama Butterfly (1904) no hicieron más que afirmar su popularidad en todo el mundo, sin demostrar progresos de importancia en su desenvolvimiento creativo.
Puccini había nacido en Lucca el 23 de diciembre de 1858, en el seno de una familia de músicos. Su madre le envió al conservatorio local; allí se pusieron en evidencia los primeros signos de su gran habilidad futura, y a la temprana edad de 17 años había conquistado ya cierto renombre como organista de la iglesia parroquial. Una beca concedida por la reina de Italia, le permitió completar sus estudios en el Conservatorio de Milán bajo la guía de Ponchielli. Muy pronto demostró Puccini una decidida inclinación por el teatro lírico, a despecho de lo cual sus primeras obras no le procuraron mayores satisfacciones. Estaba ya cerca de los 40 cuando gracias a La Bohème se ubicó instantáneamente en el primer rango entre los operistas contemporáneos. A partir de ese momento, el relato de su vida se confunde con la historia de sus obras, cuyos sucesivos estrenos suscitaron periódicamente el más extraordinario interés hasta culminar con Turandot, la ópera que el maestro dejó inconclusa al morir en Bruselas como consecuencia de una intervención quirúrgica (tenía cáncer de garganta, para el que había ido a tratarse allí y del que solamente su hijo conocía la gravedad real -Puccini era un fumador compulsivo-), el 29 de noviembre de 1924.
Durante los 30 años que se prolongó su incesante actividad creadora, este músico admirablemente dotado asumió a veces un imprevisible rol de financista, especie de magnate del arte prácticamente sin precedentes en la esfera musical. Hubo ocasiones en que llegó a ofrecer precios exorbitantes para conseguir los derechos sobre un tema que le interesaba, desplazando a algún colega no tan influyente y menos acaudalado. También podría decirse de él que explotó algunas de sus fórmulas de éxito más allá del límite razonable. Pero en su única ópera de asunto cómico, Gianni Schicchi, logró decantar y cristalizar con mano maestra el espíritu de los dos primeros actos de La Bohème.
El compositor de La Bohème fue un auténtico creador, por mucho que ciertos críticos y compositores hayan pretendido rebajarlo al nivel de un fácil artesano; un estratega del bel canto vocal de sus tenores; un pintor de situaciones conmovedoras y espectaculares; un proveedor de melifluas y azucaradas melodías. En la estructura arquitectónica del drama de La Bohème hay sin capaz de extractar hasta la última gota de provecho del rango embargo, un notable equilibrio entre todos los elementos que han hecho de ella una de las óperas más firmemente asentadas en la predilección popular; el lustre de las melodías y efectos vocales; la mesurada y contrastante abundancia de los episodios animados que en cierto momento parecerían inclinarse hacia la farsa. El primer diálogo entre el poeta Rodolfo y el pintor Marcelo, su agitación y su vano esfuerzo por vencer el frío, la imprevista llegada de Schaunard el músico, y el conjunto que se origina a propósito de las viandas de que dispone el grupo de bohemios; la espontaneidad de la conversación con el casero, M. Banoît; durante el segundo acto, las tretas de la coqueta Musetta, y la parada militar; el cuarteto de la Barrière d'Enfer (efectiva réplica del sexteto de Lucia y del cuarteto de Rigoletto); en el cuarto acto, el melancólico duetto de los dos jóvenes artistas, la escena y aria de Colline, el filósofo, son invenciones de un vigor inagotable y de una vis teatral que denuncia en él a un genuino maestro de la commedia in música. Que haya sido capaz de ligar entre sí todos esos rasgos individuales cuyo ingenio evoca sin duda el de Falstaff, y esos enredos amorosos en los que la seducción vocal predomina con tan genuína destreza, no es la menos importante de sus proezas. La orquestación es hábil y compleja, sin anegar jamás en su sonoridad la melodiosa línea vocal que confía a sus cantantes. Hay un atisbo de procedimiento wagneriano en la forma en que los temas reaparecen a medida que se desenvuelve la acción, por más que ello ocurra en Puccini en una forma simple y espontánea que la aleja de los métodos sinfónicos empleados por Wagner en Tristan o en Parsifal.
La sentimental atracción de esa historieta se ve acentuada por su lógica continuidad, la invención anecdótica y sobre todo por la inimitable aplicación del material musical. En una época en que el teatro lírico, a continuación de las titánicas convulsiones de Bayreuth y de los afectados matices del debussismo se empeñaba en marchitarse en insustancial alambicamiento, Puccini tuvo la suerte -o el acierto- de expandir a través del mundo una forma tensa, concisa y dramática que era eminentemente adecuada a la escena teatral. Su progenie artística es enorme e incluye hasta El Cónsul y La Ópera de tres centavos. Desde entonces y contraviniendo las lecciones que él tan bien enseñara, muchos compositores de todos los países y escuelas han olvidado, deliberadamente o no, que el teatro tiene aún imperativas necesidades que la búsqueda de lo abstracto o una naturaleza puramente técnica, no pueden llegar a satisfacer.
Puccini trató las voces con un cuidado que jamás admitió desfallecimiento, sus melodías se expanden con amplitud y decisión, gracias a su fuerza, entonación y movimiento, que les imparten de común acuerdo su inconfundible naturaleza. Se requiere todo el cálido squillo de una soprano italiana para expresar todo su brío y su morbidez. El rol de Mimí, contrariamente a lo que ocurre con los de Floria Tosca o la princesa Turandot, no reclama una tesitura particularmente exigente, salvo quizás el do agudo que cierra el primer acto y que debería cantarse a media voz. En cuanto al rol de Rodolfo, constituye una de las más temidas y consagratorias pruebas de fuego para un tenor de medio carácter. Los intérpretes, no satisfechos con cantar un vibrante do agudo en la culminación del aria del primer acto Che gélida manina, que a veces se ven obligados a transportar un semitono abajo, como consecuencia del gradual incremento del pitch, desde el año 1896, se han habituado por tradición a terminar el duetto del primer acto o soave fanciulla no en el mi que indica la partitura, sino al unísono con el do sostenido de Mimí.
Resumen argumental
Primer acto
En una bohardilla del barrio latino de París.
En el interior de un ático que ocupan en el Barrio Latino, y a través de cuyos inclinados ventanales se divisa imponente y sugestivo el panorama nevado de la ciudad inmensa en plena estación invernal, el pintor Marcelo y el poeta (¿o periodista?) Rodolfo, tratan en vano de calentarse durante una cruda noche del año romántico de1830. Poco tardarán en reunirse a sus ateridos amigos, otros dos miembros conspicuos de la pintoresca banda de bohemios que los cuatro constituyen, y que sólo Dios sabe cómo subsisten.
Gracias al dinero de cierto Milord a la pesca de un músico, Schaunard ha logrado providencialmente los francos necesarios para convertir de improviso el hambre en saciedad.
La improvisada fiesta sufre una imprevista interrupción al hacerse presente, atraído por el bullicio, el casero Benoît, quien aspira a poner al día la atrasada cuenta de los alquileres. Dispuestos a no pagar tampoco ese día, los jóvenes lo inducen hábilmente a referirse a sus éxitos amorosos, debilidad a la que es propenso el vejete, y concluyen expulsándolo con cómica violencia, bajo acusación de liviandad e inconducta inaceptables en un hombre de su edad y condición.
Excepción hecha de Rodolfo, quien debe concluir un artículo de fondo (?) que destina a "El Castor" -periódico que le cuenta entre sus más expectables colaboradores-, todos se marchan luego a seguir la juerga en el Café de Momús, su punto de cita habitual, donde -ante la demora inmediata del poeta- han de aguardar luego su llegada. Apenas ha quedado solo Rodolfo, disponiéndose a reanudar su trabajo, le sorprenden unos golpes aplicados a la puerta de la bohardilla. Es Mimí, una joven -bordadora de profesión y al parecer vecina de los bohemios- quien desprovista de fuego ha venido a buscar lumbre para su candela. Mimí pierde la llave en la semipenumbra del ático y mientras ambos la buscan, las manos de Rodolfo (quien ha encontrado ya la llave mas no está dispuesto todavía a admitirlo) rozan como por casualidad las de la muchacha, heladas y trémulas. El joven le habla de sus sueños de poeta y ella le cuenta sencillamente su propia historia. Las manos se unen, los corazones comienzan a latir al unísono, y pronto ellos mismos, convertidos en una nueva pareja de fervientes enamorados partirán rumbo al café donde la bohemia los aguarda.
Segundo acto
En el cafe de Momüs.
En la terraza del café los recién llegados Rodolfo y Mimí -que es presentada a los bohemios- se suman al animado grupo. Marcelo está particularmente convulsionado por el arribo de la coquetísima Musetta a quien ama y que le da achares con un viejo admirador, el rico Alcindoro. Este la abruma con su obsequiosidad y la muchacha visiblemente atraída por el gallardo y apasionado pintor canta -para reconquistarlo- su famoso e intencionado vals. A poco se libra con una treta de la presencia del pegajoso anciano pretextando que uno de sus zapatos le aprieta demasiado y debe ir en busca de un nuevo par. Tan pronto como Alcindoro, aunque no de muy buen grado emprende el camino hacia la zapatería (en ese tiempo, al parecer, las tiendas funcionaban hasta bien entrada la noche), Musetta se suma jubilosa al grupo de alegres bohemios. Se oyen cada vez más próximos los sones de una retreta militar, y cuando la multitud, atraída por la música, corre hacia la bocacalle para ver pasar a los soldados, la alegre pandilla emprende oportuna retirada, dejando a Alcindoro -para cuando regrese- la enojosa tarea de abonar la consumición general. Como no conserva más que uno de sus zapatos, Musetta es llevada en vilo por el Filosófico Colline y el enamorado Marcelo.
Tercer acto
La Barrière D'enfer, una de las puertas de acceso a París.
Amanece en París. Es pleno invierno. Nieva suavemente en aquel extremo del boulevar que desemboca en la carretera de Orleans. A la izquierda se alza una pequeña taberna, momentánea residencia de Marcelo y su amiga, con la cual no cesa de disputar airadamente. Ha trocado la pensión para ambos por la decoración del frente, tarea a la que aplica actualmente sus dotes de pintor.
Mimí llega hasta el minúsculo cabaret ansiosa de hablar con Marcelo. La muchacha se siente muy enferma, mas en procura de un pretexto para alejarse de su amigo el poeta, cuyos absurdos celos no puede soportar, le asegura al pintor que éste es el único motivo por el cual va a separarse de Rodolfo. Este llega también en busca de su amigo, y Mimí, oculta, escucha la conversación que ambos sostienen. A su vez, el poeta pretende que Mimí es una coqueta sin remedio, que se deja galantear por todo el mundo. Mas apremiado por Marcelo, Rodolfo concluye por admitir la verdad, pronunciando estas palabras que desgarran el corazón de la oculta Mimí a la vez que inquietan al pintor, consciente de la presencia de aquélla: "Esta muy enferma; y para devolverle la vida... no basta el amor." Hace falta dinero, y eso no puede proporcionárselo él, pobre poeta sin ocupación fija. La tos que Mimí no puede ya contener, denuncia su presencia. En conmovedor diálogo, ambos deciden separarse pronto. Con la tierna conversación se mezclan los improperios que intercambian airadamente, en plena enésima disputa Marcelo y Musetta, originándose así el célebre cuarteto que cierra la acción del tercer acto.
Cuarto acto
La misma bohardilla del primer acto.
Aparentemente abandonados por sus respectivas amigas, el pintor y el poeta han retornado al viejo ático que tantos recuerdos encierra para ellos. Uno y otro pretenden engañarse –sin conseguirlo- acerca de la verdadera importancia que atribuyen a la doble ausencia de Mimí y Musetta. Cuando a poco llegan sus amigos, todos bailan alegremente para levantar el ánimo decaído. La cómica escena desemboca sin transición en el trágico epílogo, al aparecer Musetta en el vano de la escalera, presa de inusitada agitación. Les anuncia que Mimí ha quedado aguardándola en la planta baja, puesto que sus actuales fuerzas no le alcanzan para ascender hasta la bohardilla por sus solos medios. Los cuatro amigos vuelan en auxilio de la enferma, y de retorno con ella, la acomodan tiernamente en un lecho que disponen sumariamente en el centro de la estancia. La pobre muchacha, sintiéndose morir, le ha pedido a Musetta que la acompañase hasta la vieja y querida bohardilla que fue testigo de sus amores con Rodolfo y donde, a despecho de las continuadas riñas, ha vivido las únicas horas felices de su existencia. Mientras Rodolfo se esmera inútilmente por entibiar entre las suyas las manos de la enferma, Musetta decide empeñar sus pendientes para comprarle el pequeño manguito por el cual suspira la moribunda. Y el heroico Colline -en uno de los pasajes más conmovedores e inspirados de la magistral partitura- comprende que es su deber empeñar también el viejo -y único- gabán de que dispone, para comprar lo que demanden el alivio -o la curación- de la pobre Mimí. Durante un momento quedan solos en el ático los antiguos amantes, recordando nostálgicos las más bellas horas del pasado. Los amigos retornan con el manchón y un poco de vino cordial para calentar a la moribunda. Esta parece reposar. Rodolfo sólo comprende la verdad cuando la lee en los rostros acongojados de sus amigos. Mimí ha muerto con la misma suave dulzura con que viviera, y sobre su cuerpo exánime estallan los sollozos del poeta a quien tanto amara la frágil heroína del romance de Murger, salvada del olvido por la música inmortal de Giacomo Puccini.
Juan Manuel Puente
Descargue el libro "Scènes de la vie de bohème" -idioma francés- de Henry Murger.
Texto en español e italiano.
Personajes
|
RODOLFO MARCELO SCHAUNARD COLLINE MIMÍ MUSETTA ALCINDORO BENOÎT |
Poeta, Amante
de Mimí Pintor, Amante de Musetta Músico Filósofo
Modistilla, Amante de
Rodolfo Amante de Marcelo Viejo Protector de Musetta Casero de los Bohemios |
Tenor Barítono Barítono Bajo Soprano Soprano Bajo Bajo |
La acción se desarrolla en el Barrio Latino de París en el año 1840
ACTO PRIMERO
En la Buhardilla
(Amplia ventana desde la cual se
divisan tejados cubiertos de nieve.
A la izquierda una estufa. Una mesa,
una cama, un caballete con una tela
esbozada, un taburete, una cama.
Libros esparcidos, pilas de papeles,
dos candelabros, cuatro sillas, un
armario pequeño,. Una puerta en
el centro; otra, a la izquierda.
Rodolfo, en la ventana, mira hacia
fuera, meditabundo. Marcelo
trabaja en su cuadro "El paso del
Mar Rojo", con las manos rígidas
por el frío, que calienta con su
boca. Cambia de posición con
frecuencia debido al intenso frío)
MARCELO
(Sentado, mientras está pintando)
Este Mar Rojo me empapa
y me deja aterido de frío como si
me cayese encima, de un golpe.
Para vengarme, ahogaré al Faraón.
(Vuelve a su tarea. A Rodolfo)
¿Qué haces!
RODOLFO
(Girándose un poco)
En los cielos grises
contemplo humear
las miles de chimeneas de París,
(Señala su estufa, sin fuego)
y pienso en esta holgazana, vieja,
escuálida y engañosa chimenea
que vive ociosa,
como un gran señor.
MARCELO
Sus honestas rentas
hace tiempo no recibe.
RODOLFO
Y esos estúpidos bosques,
¡qué hacen ahí, bajo la nieve?
MARCELO
Rodolfo, quiero decirte
un pensamiento mío, profundo.
(mientras se sopla en los dedos)
Tengo un frío de perros.
RODOLFO
(acercándose a Marcelo)
Y yo, Marcelo, no te oculto
que no creo en el sudor de la frente.
MARCELO
Tengo helados los dedos;
casi como si los tuviese metidos
en ese carámbano enorme,
que es el corazón de Musetta.
(Emite un largo y burlón suspiro
y deja de pintar; suelta la paleta y
los pinceles)
RODOLFO
El amor es una estufita
que nos consume demasiado...
MARCELO
...y muy deprisa!
RODOLFO
...en ella, el hombre es la brasa.
MARCELO
...y la mujer es el altar...
RODOLFO
...el uno arde en un soplo...
MARCELO
...¡y la otra se queda mirando!
RODOLFO
Mientras tanto, aquí nos helamos...!
MARCELO
...¡y nos morimos de hambre!
RODOLFO
Necesitamos un fuego...
MARCELO
(Agarrando una silla y haciendo el
acto de romperla)
Espera... ¡sacrificaremos la silla!
(Rodolfo impide la acción de Marcelo,
con alegría, por una idea que se le
acaba de ocurrir)
RODOLFO
¡Eureka!
MARCELO
¿Lo has encontrado?
RODOLFO
(Corre hacia la mesa y saca,
un voluminoso manuscrito)
¡Sí! Aguza el ingenio...
¡Que ardan en llamas las ideas!
MARCELO
(señalando su cuadro)
¿Quemamos el Mar Rojo?
RODOLFO
No; apesta la tela pintada.
Mi obra de teatro...
¡Que nos caliente mi fogoso drama!
MARCELO
(Teatralizando un gesto de espanto)
¿Vas a leerlo quizás?
Me congelaría aun más.
RODOLFO
No;
que el papel se convierta en cenizas
y la inspiración vuele a los cielos.
(Declamando, grandilocuente)
Al siglo, gran daño le amenaza...
Está Roma en peligro...
MARCELO
(Exagerando)
¡Qué gran corazón!
RODOLFO
Para ti el Acto Primero...
MARCELO
¡Dame!
RODOLFO
¡Rompe!
MARCELO
¡Quémalo!
(Rodolfo golpea con un atizador,
enciende una candela y va hacia la
estufa con Marcelo; Los dos hacen
arder una parte del manuscrito.
Luego, cogen un par de sillas en
las que se sientan frente al fuego
y se calientan con todo placer)
RODOLFO, MARCELO
¡Qué bello resplandor!
(Se abre, ruidosamente, la puerta
y entra Colline tiritando, helado
sacudiéndose los pies. Arroja
sobre la mesa un paquete
de libros atado con un pañuelo)
COLLINE
Ya se ven las señales
del Apocalipsis...
¡En Nochebuena
no se aceptan empeños!
(Se interrumpe, sorprendido al ver
la estufa funcionando)
¡Un fuego!
RODOLFO
(A Colline)
¡Calla!
Se está representando mi obra...
MARCELO
...en el fuego.
COLLINE
La encuentro centelleante.
RODOLFO
Vivaz.
(El fuego va apagándose)
COLLINE
Pero dura poco.
RODOLFO
La brevedad: una gran virtud.
COLLINE
(Quitándole la silla a Rodolfo)
Autor: ¡dame la silla!
MARCELO
Estos intermedios
hacen morir de aburrimiento.
¡Rápido!
RODOLFO
(En las manos, tiene otra parte del
manuscrito)
¡Acto Segundo!
MARCELO
(A Colline)
No rechistes.
(Rodolfo rompe parte del
manuscrito y lo arroja a la
estufa: el fuego se reaviva.
Colline acerca la silla y se
calienta las manos; Rodolfo de pié,
con lo que queda del manuscrito)
COLLINE
¡Sabia razón!
MARCELO
!El color exacto!
RODOLFO
En ese azul resplandor, se esfuma
una ardiente escena de amor...
COLLINE
Crepita una página...
MARCELO
... donde había besos...
RODOLFO
Ahora, quiero oír, de un golpe,
tres actos.
(Arroja al fuego el resto del
manuscrito)
COLLINE
¡Así son las ideas de los audaces!
TODOS
(Aplauden, con entusiasmo)
Se desvanece la belleza
en alegre llamarada...
(Las llamas, poco a poco, van
decreciendo)
MARCELO
¡Oh, Dios! Ya declinan las llamas...
COLLINE
¡Qué fútil! ¡Qué obra tan frágil!
MARCELO
Resplandece, se encrespa, muere....
COLLINE, MARCELO
(el fuego se apaga)
¡Abajo, abajo el autor...!
(Por lo puerta entran dos niños,
llevando uno, comida,
botellas de vino y cigarros;
y el otro, un haz de leña.
Marcelo, Rodolfo y Colline
se vuelven y, gritando, se
lanzan, hacia las provisiones,
que ponen sobre la mesa.
Colline coge la leña y la pone
junto a la chimenea)
RODOLFO
¡Leña!
MARCELO
¡Cigarros!
COLLINE
¡Burdeos!
RODOLFO
¡Leña!
MARCELO
¡Burdeos!
TODOS
¡La abundancia de una feria
nos ha regalado el destino...!
(Los muchachos se van. Schaunard
entra, con aire triunfal, arrojando
unas monedas al suelo)
SCHAUNARD
¡El banco de Francia
por vosotros entrará en quiebra!...
COLLINE
(Recogiendo las monedas junto a
los otros)
¡Recógelas! ¡Recógelas!
MARCELO
(Incrédulo)
¡Son piezas de plata!
SCHAUNARD
(Le muestra una moneda)
¿Estás sordo?... ¿Estás ciego?
¿Quién es este hombre?
RODOLFO
(Inclinándose)
¡Luis Felipe!
¡Me inclino ante mi rey...!
TODOS
¡A nuestros pies está Luis Felipe!
(Schaunard quiere contarles su
buena suerte, pero los demás no lo
escuchan. Van y vienen atareados,
disponiendo todo sobre la mesa y,
la leña, en la estufa)
SCHAUNARD
Ahora voy a contaros algo,
pues este oro, o mejor dicho, plata,
tiene su historia peculiar...
RODOLFO
(Poniendo leña en la estufa)
¡Templemos la estufa!
COLLINE
¡Ha padecido tanto frío...!
SCHAUNARD
Un inglés... un señor...; lord
o milord, o lo que fuera, quería
que un músico...
MARCELO
(Tirando de la mesa los libros de
Colline)
¡Fuera! ¡Pongamos la mesa!
SCHAUNARD
¿Yo? ¡Vuelo!
RODOLFO
La lumbre, ¿dónde está?
COLLINE
Ahí.
(Prenden fuego en la estufa)
MARCELO
Coge aquí
SCHAUNARD
...y me presento...
Me acepta, le pregunto...
(Ponen las viandas en su sitio;
Rodolfo enciende la otra vela)
COLLINE
¡Asado frío!
MARCELO
¡Pasteles!
SCHAUNARD
...¿Para cuándo las lecciones?
(viendo que nadie le hace caso)
Me presento, me acepta,
le pregunto:
¿Cuándo empezamos...?
Responde:
(Imitando el acento ingles)
"Comenzaremos...¡Mire!"
Y me señala un papagayo
que hay en un primer piso.
Después, añade:
"Usted tocar hasta que ése morir"
RODOLFO
La sala refulge espléndida
MARCELO
(pone las dos velas sobre la mesa)
Ahora, las velas.
SCHAUNARD
Y sucedió así:
Toqué durante tres largos días...
Entonces, usé el encanto
de mi bella presencia...,
seduje a la doncella...,
le di perejil.. al loro...
MARCELO
Comer... ¿sin mantel?
RODOLFO
No; tengo una idea...
(Saca, de uno de sus bolsillos, un
periódico; y lo despliega)
MARCELO, COLLINE
¡El Constitucional!
RODOLFO
¡Qué buen papel!
¡Comamos y devoremos!
(Extienden el periódico en la mesa,
como un mantel. Rodolfo y Marcelo
acercan las cuatro sillas a la mesa;
mientras, Colline sigue atareado
con los platos de comida)
SCHAUNARD
...el lorito extendió sus alas,
el lorito abrió el pico,
un poco de perejil;
y ¡murió como Sócrates
(Viendo que nadie le hace caso,
agarra a Colline, que pasa por
su lado con un plato)
COLLINE
(A Schaunard)
¿Quién?
SCHAUNARD
(Enfurruñado)
¡Idos todos al infierno!...
(Viendo a los otros a punto de
comerse el pastel de carne fría)
Pero bueno, ¿qué es lo que hacéis?
(Con gesto solemne, pone la mano
sobre los alimentos e impide que
los amigos los coman; después,
los toma y los mete en el armario)
¡No! Esta comida es la reserva
para los días futuros,
tenebrosos y oscuros.
¿Cenaremos en casa
el día de Nochebuena mientras
en el Barrio Latino se llenan
las calles de salchichas y golosinas?
¿cuando un olor a frituras
embalsama las callejas?
Allí, las chicas cantan alegres...
TODOS
(Rodean a Schaunard, entre risas)
¡La Noche de Navidad!
SCHAUNARD
...y todas desean tener
a un estudiante!
Un poco de tradición,
señores míos:
se bebe en casa,
pero se come fuera...
(Rodolfo cierra la puerta con
llave; luego, van todos hacia
la mesa y sirven el vino)
BENOÎT
(Desde fuera, llamando a la puerta)
¿Se puede?
COLLINE
¿Quién es?
BENOÎT
Benoît.
MARCELO
¡El dueño de la casa!
(Dejan los vasos sobre la mesa)
SCHAUNARD
Dale con la puerta en las narices.
COLLINE
(Grita)
¡No hay nadie!
SCHAUNARD
¡Esta cerrado!
BENOÎT
Una palabra.
SCHAUNARD
(Después de consultar con
los demás, va a abrir)
¡Una sola!
(Entra Benoît sonriendo)
BENOÎT
(ve a Marcelo y le muestra un
papel)
El alquiler.
MARCELO
(muy cordialmente)
¡Eh! ¡Dadle una silla!
RODOLFO
¡Enseguida!
BENOÎT
(A la defensiva)
No hace falta. Quería...
SCHAUNARD
(Insistiendo, y con dulce violencia,
le hace sentarse)
¡Siéntese!
MARCELO
(Le ofrece un vaso a Benoît)
¿Quiere beber algo?
BENOÎT
Gracias.
RODOLFO, COLLINE
¡Brindemos!
SCHAUNARD
Beba
(Beben. Benoît, Rodolfo, Marcelo y
Schaunard sentados, Colline de pie.
Benoît deja el vaso sobre mesa
y le muestra a Marcelo el papel)
BENOÎT
Este es el último trimestre...
MARCELO
(Con ingenuidad)
Muy bien...
BENOÎT
Pues, por tanto...
SCHAUNARD
(Interrumpiéndolo)
Un sorbo más.
(Rellenando el vaso)
BENOÎT
Gracias.
RODOLFO, COLLINE
(Se ponen de pie)
¡Brindemos!
(Todos acercan su vaso
al de Benoît)
TODOS
(De pie)
¡A su salud!
(Se sientan y beben. Colline
coge el escabel del caballete,
y se sienta él también)
BENOÎT
(a Marcelo)
A usted me dirijo
porque el trimestre pasado
me prometió...
MARCELO
¡Lo prometí y lo mantengo!
(Señala las monedas
que están sobre la mesa)
RODOLFO
( en voz baja a Marcelo)
¿Qué haces?...
SCHAUNARD
¿Estás loco?
MARCELO
(A Benoît)
¿Lo ve? Ahora, vamos,
quédese un momento en nuestra
compañía.
(Apoyándose sobre la mesa)
Dígame: ¿cuántos años tiene,
querido señor Benoît?
BENOÎT
Los años... ¡Por favor!
RODOLFO
Más o menos, de nuestra edad.
BENOÎT
(protestando)
Más, muchos más.
(Mientras hacen hablar a Benoît,
le llenan el vaso conforme lo va
vaciando)
COLLINE
Ha dicho más o menos...
MARCELO
(Bajando la voz y con un tono
pícaro, de complicidad )
La otra noche, en el Mabil...
¡lo han pillado
en pecado de amor...!
BENOÎT
(Nervioso)
¿A mi?
MARCELO
¿Lo niega?
BENOÎT
Una casualidad.
MARCELO
(Adulándolo)
¡Hermosa mujer!
BENOÎT
(Medio iluminado, de pronto)
¡Ah! ¡Mucho!
SCHAUNARD
(Dándole golpecitos en el hombro)
¡Pillín!
RODOLFO
¡Bribón!
COLLINE
(golpea sobre el otro hombro)
¡Seductor!
MARCELO
(Magnificando)
¡Una fiera...! ¡Un cañón...!
RODOLFO
El señor tiene buen gusto.
BENOÎT
(Riéndose)
¡Bueno, bueno!
MARCELO
El pelo rizado y hueco.
SCHAUNARD
¡Pícaro!
MARCELO
Él se pavoneaba, sacaba pecho...
BENOÎT
Soy viejo, pero robusto.
COLLINE, SCHAUNARD, RODOLFO
(Con irónica admiración)
Él se pavoneaba, sacaba pecho...
MARCELO
A él se rendía
la femenina virtud.
BENOÎT
(Con plena confianza)
Tímido cuando joven;
ahora me resarzo.
Ya se sabe, es un "divertimento"
cualquier mujercita alegre... y ...
un poco...
(Dibuja curvas femeninas)
No digo una ballena
o un mapamundi
o una cara redonda, de luna llena,
pero, delgada, flaca... ¡no!
¡desde luego que no!
Las mujeres delgadas
son insoportables
siempre... neuróticas...
y están llenas de dolores,
se quejan...;
por ejemplo: mi mujer...
(Marcelo da un puñetazo
y se levanta; los otros lo imitan,
Benoît les mira, estupefacto)
MARCELO
(con fuerza)
¡Este hombre está casado
y tiene deseos impuros
en el corazón!
LOS DEMÁS
¡Qué horror!
RODOLFO
Y envilece, y mancilla
nuestra honrada casa.
(Benoît, pálido, se levanta e
intenta, inútilmente, hablar)
LOS DEMÁS
¡Fuera!
MARCELO
¡Es necesario esparcir incienso!
COLLINE
¡Y deshacerse del réprobo!
SCHAUNARD
¡La moral ofendida
es la que os expulsa!
BENOÎT
(Gritando)
Yo no... Yo no...
RODOLFO, COLLINE, MARCELO
(Rodeandolo y empujándolo,
poco a poco, hacia la puerta)
¡Silencio!
BENOÎT
(Cada vez mas atónito)
Señores míos...
LOS DEMÁS
(Empujando a Benoît)
¡Silencio!...¡Váyase, señor!...
(Todos mirando hacia el
rellano de la escalera)
¡Váyase de aquí! Y...
¡Buenas noches
a vuestra señoría!
¡Ja, ja, ja, ja...!
(Volviendo al centro del
escenario, riendo)
¡Ja, ja, ja, ja...!
MARCELO
(Cierra la puerta)
Ya he pagado el trimestre.
SCHAUNARD
¡En el Barrio Latino
nos espera Momus!
MARCELO
¡Viva quien gasta!
LOS DEMÁS
¡Compartamos el botín!
(Se reparten las monedas)
RODOLFO, COLLINE
¡Repartamos!
MARCELO
(Pone, frente a Colline, un
espejo roto)
Ahí fuera hay bellezas
caídas del cielo.
Ahora que eres rico,
adecenta tu imagen.
Oso: ¡córtate el pelo!
COLLINE
Conoceré por primera vez
a un barbero.
Guiadme, pues,
al ridículo ultraje
de una navaja de afeitar.
MARCELO, SCHAUNARD, COLLINE
(Cómicamente)
¡Andando!
RODOLFO
Yo me quedo, para terminar
el editorial del "Castor"
MARCELO
Apresúrate.
RODOLFO
Cinco minutos; conozco el trabajo.
COLLINE
Te esperamos abajo,
donde el portero.
MARCELO
Si tardas, vas a oír qué coro...
RODOLFO
Cinco minutos.
(Coge una luz y va a abrirles.
Marcelo, Schaunard y Colline
bajan por la escalera)
SCHAUNARD
(Al salir)
Córtale rala la cola a tu "Castor"
MARCELO
(Desde fuera)
Ojo con la escalera
¡Sujetaos en la barandilla!
RODOLFO
(En el rellano de la escalera,
alzando la luz)
¡Despacio!
COLLINE
(Fuera)
¡Está muy oscuro!
(Las voces se van
alejando cada vez mas)
SCHAUNARD
¡Maldito portero!
(se oye un ruido)
COLLINE
(Gritando)
¡Maldita sea!
RODOLFO
Colline, ¿estás muerto?
COLLINE
(Desde abajo)
¡Todavía no!
.
MARCELO
¡Ven enseguida!
(Rodolfo cierra la puerta.
Sobre la mesa coloca tinta y
papel, y se pone a
escribir. Escribe, deja de
escribir, piensa, vuelve a la
escritura. Se pone nervioso,
destruye lo que había escrito
y tira la pluma, con genio)
RODOLFO
(Desalentado)
No estoy en vena.
(llaman tímidamente a la puerta)
¿Quién es?
MIMÍ
(Desde fuera)
Disculpe.
RODOLFO
(levantándose)
¡Una mujer!
MIMÍ
Por favor,
se me ha apagado la vela.
¿Le importaría...?
RODOLFO
(Abriendo la puerta)
Pase; siéntese un momento.
MIMÍ
(En la puerta, con una vela en
la mano y una llave)
No se moleste.
RODOLFO
(insistiendo)
Se lo ruego; entre.
(Entra Mimí y, de repente,
se siente sofocada)
RODOLFO
(Solícito)
¿Se encuentra mal?
MIMÍ
No;... no es nada.
RODOLFO
¡Palidece!
MIMÍ
(Tose)
Es que me falta el aliento...
Esas escaleras...
(Se desmaya y, Rodolfo, la
acomoda sobre una silla;
de las manos de Mimí, caen
el candelabro y las llaves)
RODOLFO
(Con embarazo)
Y ahora, ¿Qué hago?...
(Va a buscar agua con la
que salpica el rostro de ella)
¡Así!
(Mirándola con mucha atención)
¡Qué cara de enferma!
(Mimí se recupera)
¿Se encuentra mejor?
MIMÍ
(con un hilo de voz)
Sí.
RODOLFO
Aquí hace tanto frío.
Siéntese junto al fuego.
(Mimí; niega con un gesto)
Espere...
quizás un poco de vino...
MIMÍ
Gracias.
RODOLFO
(Le da el vaso y le sirve vino)
A su gusto...
MIMÍ
Poco, poco.
RODOLFO
¿Así?
MIMÍ
Gracias.
(Bebe)
RODOLFO
(mirándola, para sí)
¡Qué muchacha tan guapa!
MIMÍ
(Se levanta y busca su candelabro)
Ahora, permítame
que encienda la vela.
Ya me encuentro mejor.
RODOLFO
¡Tenéis prisa!
MIMÍ
Sí.
(Rodolfo recoge el candelabro,
lo enciende y se lo da a Mimí
sin decir una palabra)
MIMÍ
(En ademán de salir)
Gracias. Buenas noches.
RODOLFO
(La acompaña hasta la puerta)
Buenas noches.
(Vuelve, rápidamente, a la mesa)
MIMÍ
(Sale)
¡Oh! ¡Qué despistada soy!
(Entra de nuevo en escena
y se para en la puerta, que
se había quedado abierta)
La llave de mi habitación,
¿dónde la he dejado?
RODOLFO
No se quede en la puerta;
la llama vacila con el aire.
(La vela de Mimí se apaga)
MIMÍ
¡Oh, Dios mío!
¡Vuelva a encender!
(Rodolfo acude con su vela para
encender la de Mimí, pero,
al acercarse a la puerta, sopla
furtivamente y apaga su vela. La
habitación se queda a oscuras)
RODOLFO
¡Oh, Dios mío!...
También se ha apagado la mía.
MIMÍ
(Avanzando a tientas, deja
sobre la mesa el candelabro)
Y la llave, ¿dónde estará?
RODOLFO
( cierra la puerta)
¡No se ve nada!
MIMÍ
¡Qué mala suerte tengo!
RODOLFO
¿Donde estará?
MIMÍ
Qué inoportuna es su vecina...
RODOLFO
(Se vuelve hacia donde
oye la voz de Mimí)
¿Usted cree?
MIMÍ
(Repite con gracia, avanzando
con cuidado)
Qué inoportuna es su vecina...
(Busca la llave en el suelo,
arrastrando los pies)
RODOLFO
¡Qué cosas dice! ¿Usted cree?
MIMÍ
Busque.
RODOLFO
(Deja su vela y se pone a
buscar la llave palpando el
suelo con las manos)
Busco.
MIMÍ
¿Dónde estará?
RODOLFO
(Al encontrar la llave,
deja escapar una exclamación
pero, arrepentido, se la mete
en el bolsillo)
¡Ah!
MIMÍ
¿La ha encontrado?
RODOLFO
No.
MIMÍ
Me pareció...
RODOLFO
Pues, no.
MIMÍ
(Buscando a tientas)
¿Está buscando?
RODOLFO
(Finge que busca pero,
guiado por la voz de Mimí,
intenta aproximarse a ella)
La busco.
(Mimí, sobre el suelo, busca
a tientas. Rodolfo se ha
acercado y su mano
encuentra la de Mimí)
MIMÍ
(Sorprendida)
¡Ah!
RODOLFO
(Sujetando la mano de Mimí y
con la voz henchida de emoción)
¡Qué manita tan fría!
Déjeme que se la caldee.
Buscar, ¿qué importa?
En la oscuridad nada se encuentra.
Aunque, por fortuna,
es una noche de luna,
y, aquí, la luna la tenemos cerca.
(Mimí intenta liberar su mano)
Espere, señorita,
le diré en dos palabras quién soy,
qué hago, cómo vivo.
¿Quiere?
(Mimí calla. Rodolfo suelta la mano
de Mimí, Quien, yendo hacia atrás,
encuentra una silla sobre la que se
deja caer ,abatida por la emoción)
¿Quién soy?...Soy un poeta.
¿A qué me dedico?...Escribo.
Y, ¿cómo vivo?...Vivo.
Aun en mi pobreza despilfarro,
como un gran señor,
rimas e himnos de amor.
En sueños y en quimeras
y en castillos en el aire
tengo el alma millonaria.
Y ahora, del cofre de mis tesoros
me roban todas las joyas
dos ladrones: Esos bellos ojos
que han entrado con usted,
y, mis sueños de siempre,
mis bellos sueños,
veo evaporarse!
Pero no importa que me los roben
pues han hecho renacer en mí
una dulce esperanza.
Ahora que me conoce,
hable usted; vamos, hable.
¿Quién es?
¿Le apetece decírmelo?
MIMÍ
(Titubea, pero se decide a hablar.
Sigue sentada)
Sí.
Me llaman Mimí,
aunque me llamo Lucia.
La historia mía es breve.
En tela o en seda bordo,
en casa y fuera.
Soy tranquila y alegre,
y me distraigo
haciendo lirios y rosas.
Me gustan las cosas
que tienen ese dulce hechizo,
que hablan de amor,
de primaveras;
que hablan de sueños,
y de quimeras,
esas cosas que llaman poesía...
¿Me entiende?
RODOLFO
(Conmovido)
Sí.
MIMÍ
Me llaman Mimí.
El por qué ... no lo sé.
Sola me hago la comida,
para mi sola.
No voy siempre a misa,
pero le rezo bastante al Señor.
Vivo sola, solita; ahí,
en una pequeña habitación blanca,
miro a los tejados y al cielo.
Y, cuando comienza el deshielo,
el primer sol es mío,
¡el primer beso de abril es mío!
Germina, plantada, una rosa,
hoja a hoja, la aspiro;
es tan delicado
el perfume de una flor...
Pero las flores que yo hago,
¡ay de mi!
las flores que yo hago... ¡ay!
no tienen olor...
De mi, nada más sabría contarle.
Soy su vecina que le viene,
a deshora, a importunar.
SCHAUNARD
(Desde el corredor)
¡Eh, Rodolfo!
COLLINE
¡Rodolfo!
MARCELO
¡Aquí! ¿No nos oyes?
(Con los gritos de los amigos,
Rodolfo se impacienta)
¡Pesado!
COLLINE
¡Poetastro!
SCHAUNARD
¡A por los vagos!
(Rodolfo, impaciente, va
a tientas hasta la ventana,
se asoma un poco, para
responder a los amigos.
Por ella entran los rayos
de luna que iluminan la
habitación)
RODOLFO
(en la ventana)
Escribo tres líneas más y vuelo.
MIMÍ
(acercándose a la ventana)
¿Quiénes son?
RODOLFO
(a Mimí)
Mis amigos.
SCHAUNARD
¡Nos vas a oír!
MARCELO
¿Qué es lo que haces ahí solo?
RODOLFO
No estoy solo; estamos dos.
Id a Momus; coged sitio;
iré enseguida.
(Se queda en la ventana
para ver que sus amigos se
van. Se acerca Mimí y los
rayos de luna la iluminan)
MARCELO, SCHAUNARD, COLLINE
(Alejándose)
Momus, Momus, Momus,
callados, discretos,
nos vamos de aquí.
MARCELO
Ha encontrado la inspiración.
(Rodolfo, al volverse, ve a Mimí
envuelta en un haz de luz y la
contempla, extasiado)
RODOLFO
¡Oh, tierna niña!
¡Dulce carita de bondad
arropada por la luz de la luna!
Tú eres el sueño
que siempre quise soñar!
MIMÍ
(Muy conmovida)
¡Ah! ¡Todo lo que tú quieras,
amor...!
RODOLFO
(Estrechándola entre sus brazos)
Tiembla mi alma,
por una extrema dulzura.
MIMÍ
(Casi abandonándose a él)
¡Oh! ¡Cuán dulces penetran
tus palabras en mi corazón!...
¡Amor, sólo mandas tú!...
RODOLFO
¡En mi beso palpita el amor...!
(La besa)
MIMÍ
(Desasiéndose)
¡No, por caridad!
RODOLFO
¡Eres mía!
MIMÍ
Le esperan sus amigos...
RODOLFO
¿Quieres que me vaya?
MIMÍ
(Titubeando)
Quería decir...,
pero no me atrevo...
RODOLFO
(Con cortesía)
Dilo.
MIMÍ
(Con una graciosa sonrisa pícara)
Y... ¿si fuese con vosotros?
RODOLFO
(Sorprendido)
¿Qué? ¡Mimí!
(Insinuante)
Sería tan dulce quedarse aquí...;
hace frío ahí fuera.
MIMÍ
(Con sentimiento)
Estaré a tu lado.
RODOLFO
(Amorosamente, ayuda a Mimí
a ponerse el chal)
Y, ¿a la vuelta?
MIMÍ
(Maliciosa)
¡Qué curioso!
RODOLFO
Dame tu brazo, pequeñita mía...
MIMÍ
(Da el brazo a Rodolfo)
¡Le obedezco, señor!
(Se van hacia la puerta tomados
del brazo)
RODOLFO
Que me amas... dímelo...
MIMÍ
(Entusiasmada)
¡Yo, te amo...!
(Se van)
RODOLFO, MIMÍ
¡Amor! ¡Amor! ¡Amor!
(Cae el telón)
ACTO SEGUNDO
En el Barrio Latino
(Un cruce de calles; la parte más ancha
toma la forma de una plazoleta repleta
de tiendas, vendedores de todo tipo. A
un lado, el Café Momus. La víspera de
Navidad. Abundante y variopinto gentío:
burgueses, soldados, chicos, niñas,
estudiantes, modistas, gendarmes, etc. A
la puerta de sus tiendas las vendedores
gritan a todo pulmón, incitando a la
masa de compradores. Separados, entre
esa presión de gente, andan, de un lado
a otra Rodolfo y Mimí. Colline está junto
a la tienda de una zurcidora; Schaunard,
en una tienda de viejo, comprando un
silbato y una cama. Marcelo, va de un
lado a otro, a donde lo lleva lo gente.
Parejas de burgueses en mesas, fuera
del Café Momus. Atardecer. Las tiendas
están iluminadas can lamparillas y
farolillos encendidos; un gran farol
ilumina la entrada del café. La masa de
gente hace que el bullicio sea incesante)
VENDEDORES
(En la puerta de sus tiendas, todos
gritando)
¡Naranjas! ¡Dátiles!
¡Castañas calientes!
¡Muñecos, cruces!
¡Turrones y caramelos!
¡Flores, para las mujeres guapas!
¡Vaya pasteles!
¡Nata montada!
¡Gorriones, pájaros!
¡Dátiles! ¡Truchas!
¡Leche de coco!
¡Zanahorias!
GOLFILLOS
(Gritando)
¡Naranjas! ¡Muñecos!
¡Castañas calientes y caramelos!
¡Turrones!
LA MULTITUD
¡Cuánta gente! ¡Qué jaleo!
(Se alza el telón)
Sujétate a mí. ¡Qué jaleo!
Dejen pasar... ¡corramos!
¡Lisa! ¡Emma!
¡Ven rápido, Emma,
cuando te llamo!
Aún nos queda otra calle...
cojamos la calle Mazzarino,
que me falta ya el aliento...
¿Lo ves? El Café está aquí al lado.
¡Oh! ¡Qué joyas tan estupendas!
¡Los ojos más bonitos que he visto!
Peligrosos ejemplos
nos está dando hoy la multitud...
En mis tiempos era mejor.
¡Viva la libertad!
EN EL CAFÉ
(Gritando y reclamando al camarero
que va y viene atareado)
¡Rápido Aquí! ¡Camarero! ¡Un vaso!
¡Cerveza! ¡Un café!
VENDEDORES
(De un lado a otro, entre la multitud,
ofreciendo mercancía)
¡Caramelos! ¡Flores para las guapas!
¡Pasteles! ¡Nata montada!
¡Gorriones y pinzones! ¡Dátiles!
¡Leche de coco!
GOLFILLOS
¡Vamos, deprisa! ¡Leche de coco!
VENDEDORES
¡Leche de coco! ¡Zanahorias!
SCHAUNARD
(Después de haber tocado la corna
por la que ha regateado durante
un buen rato con un buhonero)
¡Falso es este Rey!
Boquilla y corna... Cuánto es?
(Paga. Rodolfo y Mimí, pasan
por entre la multitud, hacia el taller
de la modista)
COLLINE
(Junto a la zurcidora que le ha
cosido el bajo del chambergo)
Está un poco usado...
RODOLFO
Vamos...
MIMÍ
¿Vamos por el sombrerito?
COLLINE
...pero es bueno, y a buen precio
(Paga. Luego distribuye, los
libros con lo que va cargando, entre
los muchos bolsillos del chambergo)
RODOLFO
Sujétate de mi brazo,
Así, bien sujeta... ¡Vamos!
(entran en la tienda de una modista)
MARCELO
(Completamente solo, entre la
gente, con un paquete bajo el brazo,
mirando a las jóvenes que el gentío
casi le pone en sus brazos)
Yo, casi me siento capaz de gritar:
"¿Quién quiere, alegres damiselas,
un poco de amor?".
VENDEDORES
¡Dátiles! ¡Truchas!
UN VENDEDOR AMBULANTE
(Atraviesa la escena, gritando)
¡Ciruelas de Tours!
MARCELO
(Acercándose a una muchacha)
¡Vayamos juntos a
comprar y vender!
Yo, doy por una sola moneda,
mi virginal corazón!
(La muchacha se aleja, riéndose)
SCHAUNARD
(Se pasea frente al café Momus,
esperando a los amigos, armado
con el enorme el cuerno de caza,
mira curiosamente a la multitud)
Entre empujones y pisotones
se apresura la multitud,
entreteniéndose en probar
placeres nuevos... tonterías...
Insatisfechos.
(Entra un grupo de vendedoras)
ALGUNAS VENDEDORAS
¡Muñecos, alfileres!
¡Dátiles y caramelos!
COLLINE
(Sale al encuentro de Schaunard,
triunfalmente, con un viejo libro)
Copia rara. mas bien, única:
¡la Gramática Rúnica!
SCHAUNARD
(Le da unas palmaditas en la
espalda, compadeciéndolo)
¡Hombre ingenuo!
MARCELO
(Al llegar al café Momus, les grita
a Schaunard y a Colline)
¡A comer!
SCHAUNARD, COLLINE
¿Y Rodolfo?
MARCELO
Entró en una modista.
RODOLFO
(Subiendo de la modista con a Mimí)
Ven, nos esperan los amigos.
(Marcelo, Schaunard y Colline buscan
una mesa libre en la terraza del café,
pero sólo hay una y ocupada por un
grupo de burgueses. Los tres los
fulminan con miradas displicentes
de desprecio. Entran en el Café)
MIMÍ
(Señalando el sombrerito que
lleva puesto con mucha gracia)
¿Me queda bien este sombrero rojo?
RODOLFO
(A Mimí)
Eres morena
y ese color te va muy bien.
CLIENTES DEL CAFÉ
¡Camarero! ¡Un vaso!
¡Deprisa! ¡Aquí!
¡Licor de cerezas!
MIMÍ
(Extasiada ante una tienda)
¡Qué precioso collar de coral!
RODOLFO
Tengo un tío millonario.
Si el buen Dios se hace cargo de él,
voy a comprarte un collar
mucho más bonito...!
(Rodolfo y Mimí, conversando
se dirigen hacia el fondo
pierdéndose entre la multitud.
En una tienda un vendedor,
sobre una silla, ofrece a la venta,
gesticulando, lencería, gorros de
dormir, etc. Un grupo de chicos se
paran ante la tienda y estallan
en carcajadas)
GOLFILLOS, MODISTAS, ESTUDIANTES
(Riendo)
¡Ja, la, la, la...!
BURGUESES
¡Hagamos cola con la multitud!
¡Niños: estad atentos!
¡Qué jaleo! ¡Cuánta gente!
¡Cojamos la calle Mazzarino!
Me ahogo... ¡Vámonos!
¡Mira! ¡el café está aquí cerca!
¡Entremos en el Momus!
¡Ah!
VENDEDORES
¡Naranjas! ¡Dátiles!
¡Muñecos! ¡Flores!
(mucha gente por todas partes,
va de aquí para allá de la pequeña
placita; luego, se reúnen al fondo.
Colline, Schaunard y Marcelo
salen del café llevando una mesa; les
sigue un camarero con las sillas. Los
burgueses de la mesa de al lado,
fastidiados por el ruido, se
levantan y se van, al poco rato.
Avanzan Rodolfo y Mimí; ella
observa a un grupo de estudiantes)
RODOLFO
(Con un dulce reproche a Mimí)
¿A quién miras?
COLLINE
Odio al vulgo profano,
igual que Horacio.
MIMÍ
(A Rodolfo)
¿Estás celoso?
RODOLFO
Al hombre feliz la sospecha
siempre acecha.
SCHAUNARD
Yo, cuando me he saciado,
quiero abundancia de espacio...
MIMÍ
(A Rodolfo)
¿Eres feliz?
MARCELO
(Al camarero)
Queremos una cena suculenta.
RODOLFO
(Apasionadamente)
¡Claro que si! Mucho...
MARCELO
¡Rápido!
SCHAUNARD
Para muchos.
RODOLFO
¿Y tú?
MIMÍ
¡Si! ¡Mucho...!
MODISTAS, ESTUDIANTES
(Algunos)
¡Allí! ¡Vamos a Momus!
(Entran en el café)
MARCELO, SCHAUNARD, COLLINE
(Al camarero, que entra corriendo al
café, mientras, otro sale con una
bandeja con todo lo necesario para
preparar la mesa)
¡Rápido!
(Rodolfo y Mimí se dirigen
al café Momus)
LA VOZ DE PARPIGNOL
(VENDEDOR AMBULANTE)
(Desde lejos)
¡Llegan los juguetes de Parpignol!
RODOLFO
(Se une a sus amigos y les
presenta a Mimí)
Dos sillas.
COLLINE
¡Por fin!
RODOLFO
Ya estamos aquí.
Os presento a Mimí, sabia florista.
Su venida completa
la agradable compañía.
Pues... porque yo soy el poeta
y ella, la poesía.
De mi mente, nacen los cantos:
de sus dedos, nacen las flores...
De las almas exultantes
¡nace el amor!
MARCELO, SCHAUNARD, COLLINE
(Riendo)
¡Ja, ja, ja, ja!
MARCELO
(Con ironía)
¡Dios qué ideas tan raras!
COLLINE
(Solemne, señalando a Mimí)
Digna es de entrar.
SCHAUNARD
(Teatralizando la autoridad)
Que entre pues; si es necesario.
COLLINE
Yo no le doy sino un "accésit"
LA VOZ DE PARPIGNOL
(Más cerca)
¡Llegan los juguetes de Parpignol!
(Se sientan todos a la mesa; entretanto,
vuelve el camarero)
COLLINE
(al ver al camarero, le grita con
énfasis)
¡Salami!
(El camarero les da la lista de platos
que pasa por las manos de los cuatro
amigos, la miran en profundidad, con
una especie de admiración. Por la
calle Delfino aparece una carreta
de chucherías y flores iluminada
con farolillos. Quien la empuja es
Parpignol el popular vendedor de
juguetes; los niños la siguen
brincando y rodeando el carro,
extasiados con los juguetes)
CHICOS, NIÑAS
(Alrededor)
¡Parpignol! ¡Parpignol! ¡Parpignol...!
(Salen)
¡Aquí está Parpignol! ¡Parpignol!
¡Con la carreta llena de flores!
¡Aquí está Parpignol!
¡Quiero la trompeta, el caballito!
¡El tambor, el tamboril...!
¡Quiero el cañón, quiero el látigo,
el ejército de soldaditos!
(Niñas y chicos rodean la carreta
de Parpignol gesticulando con gran
vivacidad Un grupo de madres
buscan a los chicos y, al encontrarlos
junto a Parpignol, se ponen
a gritarles: una coge al hijito por una
mano, la otra saca de ahí a su niña.
Algunas amenazan; otras gritan
aunque, inútilmente, porque ni las
niñas ni los niños quieren separarse
de la carreta)
SCHAUNARD
¡Ciervo asado!
MARCELO
(Examinando el papel y pidiendo,
en voz alta, al camarero)
¡Un pavo!
SCHAUNARD
¡Vino del Rin!
COLLINE
¡Vino de mesa!
SCHAUNARD
¡Langosta sin piel!
LAS MADRES
(Furiosas, amenazantes)
¡Ah, pequeños endemoniados!
¿Qué habéis venido a hacer
a este lugar?
¡A casa! ¡A la cama!
¡Vamos, traviesos, descarados!
¿Los coscorrones os
han sabido a poco?
(Una mamá coge de la oreja
a un niño y este se pone a
lloriquear)
UN NIÑO
(Lloriqueando)
¡Quiero la trompeta, el caballito...!
RODOLFO
Y tú, Mimí, Qué quieres?
MIMÍ
La crema.
(Las mamas, enternecidas, se
deciden a comprar a Parpignol.
Los niños saltan de alegría,
apropiándose de los juguetes)
SCHAUNARD
(Con muchísima importancia
dice al camarero que tome buena
nota de todo lo que le han pedido)
Y, bien servido pues...
¡hay una dama!
(Parpignol va hacia la calle Comedia.
Los niños lo siguen, con alegría,
marchando y fingiendo que van
tocando los instrumentos musicales
que les acaban de comprar)
NIÑOS, NIÑAS
¡Viva Parpignol! ¡Parpignol!
¡El tambor! ¡El tamboril...!
¡El ejército de soldaditos ...!
(salen, siguiendo la carreta
de Parpignol)
MARCELO
(Como siguiendo la conversación)
Señorita Mimí, ¿qué regalo raro
os ha hecho su Rodolfo?
MIMÍ
(Muestra un sombrerito que saca
de un paquete envuelto)
Un sombrerito con encajes,
bordado todo en rojo.
Con mi cabello oscuro va muy bien.
Hacía tiempo que un sombrerito así
había deseado... y él ha sabido leer
lo que guardaba en mi corazón...
Quien puede leer un corazón
conoce el amor... y lo interpreta.
SCHAUNARD
Experto profesor...
COLLINE
(Siguiendo la idea de Schaunard)
...que ya tiene diplomas
y no son armas nuevas sus rimas...
SCHAUNARD
(Interrumpiendo)
¡Hasta parece cierto
todo lo que expresa!
MARCELO
(Mirando a Mimí)
¡Oh, bella edad
de engaños y de utopía!
Se cree, se espera,
y todo parece ser bello...
RODOLFO
El más bello poema
es aquél, amigo mío,
que nos enseña a amar.
MIMÍ
Amar es aún más dulce que la miel
MARCELO
(Enfadado)
Según el paladar, es miel o es hiel.
MIMÍ
(Sorprendida, a Rodolfo)
¡Oh, Dios mío! ¡Lo he ofendido!
RODOLFO
El está de luto, querida Mimí.
SCHAUNARD, COLLINE
(Por cambiar de conversación)
¡Animaos! ¡Un brindis!...
MARCELO
(Al camarero)
¡Aquí el licor!...
TODOS
(Levantándose)
Fuera las preocupaciones...
¡Arriba los vasos!... ¡bebamos!
MARCELO
(Interrumpe, al ver que
entra Musetta, riendo)
¡Para mi, veneno!
(cae en la silla. Por la esquina
de la calle Mazzarino aparece una
belle señorita de modales coquetos
y alegres, de sonrisa provocativa. La
sigue, detrás, Alcindoro un anciano
pomposo en el vestir, en las maneras
sociales y en la personalidad)
SCHAUNARD, COLLINE, RODOLFO
(Sorprendidos, al ver a Musetta)
¡Oh! ¡Musetta!
MARCELO
¡Ella!
TENDERAS
(Al ver a Musetta)
¡Anda! ¡Ella! ¡Si!
¡Anda, si es ella, Musetta!
¡Estamos en auge...! ¡Qué ropas!
ALCINDORO
(Convulso)
Como un portamaletas...
corriendo por aquí y por allá...
¡No, no! ¡Así no podemos seguir!...
MUSETTA
(deprisa, mirando aquí y allá,
como buscando a alguien; Alcindoro
la sigue, bufando y enfadado.
Ella lo llama, como si fuese un perro)
¡Ven, Lulú!
ALCINDORO
¡Ya no puedo más!
MUSETTA
¡Vamos, Lulú!
SCHAUNARD
¡Ese animal estúpido hasta parece
que esta sudando!
(Musetta ha visto la mesa de los
amigos delante del café Momus e
indica a Alcindoro que se siente
en la mesa que han dejado libre
los burgueses)
ALCINDORO
(a Musetta)
¿Cómo? ¿Aquí fuera?
¿Aquí...?
MUSETTA
¡Siéntate, Lulú!
(Irritado, se sienta, y, con genio, se
sube el cuello del abrigo)
ALCINDORO
(Barruntando)
Esos apodos, te lo ruego,
resérvalos para la intimidad.
(Un camarero se acerca y
prepara la mesa)
MUSETTA
¡No te hagas el Barbazul!
(Ella se sienta también a
la mesa, de cara al café)
COLLINE
(Examinando al viejo)
Es un vicioso discreto...
MARCELO
(Con desprecio)
¡Con la casta Susana!.
MIMÍ
(A Rodolfo)
Va muy bien vestida.
RODOLFO
Los ángeles van desnudos.
MIMÍ
(Con curiosidad)
¿La conoces? ¿Quién es?
MARCELO
(A Mimí)
Pregúntamelo a mi.
Se llama Musetta...
MUSETTA
(Molesta, al ver que los amigos de la
mesa de al lado no la miran)
Marcelo me ha visto...
MARCELO
...de apellido: ¡Tentación!
MUSETTA
...¡y no me mira, el malvado!...
MARCELO
Por vocación propia se dedica
a ser la rosa de los vientos...
MUSETTA
(Cada ve mas alterada)
¡Y ese Schaunard, riéndose...!
MARCELO
...va cambiando, de un día a otro,
de amantes y de amores...
MUSETTA
¡Me están revolviendo el estómago!
MARCELO
...y así como la lechuza...
MUSETTA
¡Si pudiese picarlo!
¡Si lo pudiese arañar...!
MARCELO
...es un pájaro sanguinario;
su alimento cotidiano
¡es el corazón...!
MUSETTA
Pero no tengo a mano
sino a ¡este pelicano!...
MARCELO
¡Come corazones!
MUSETTA
...¡espera!
MARCELO
(Con amargura)
Por eso, yo ya no tengo...
¡Eh, camarero!
(Ocultando su emoción)
¡Pasadme la salsa!
MUSETTA
(Grita, al oler uno de los platos,
al camarero, que corre hacia ella)
¡Eh! ¡Camarero!
¡Este plato apesta a refrito!
(Con fuerza, arroja el plato al
suelo, el camarero recoge los
pedazos)
ALCINDORO
(Reteniéndola)
¡No, Musetta! ¡Calla! ¡Cálmate!
MUSETTA
(Viendo que Marcelo no se vuelve)
¡Y no se vuelve!
ALCINDORO
(Con ridícula desesperación)
¡Calla, calla!
¡Modérate! ¡Ten maneras!
¿A quién le estás hablando?
COLLINE
¡Este pollo es un poema!
MUSETTA
(Furiosa)
Le voy a pegar... ¡Lo mato!
ALCINDORO
Pero... ¿a quién le estas hablando?
MUSETTA
Al camarero. ¡No me fastidies!
SCHAUNARD
¡El vino es excelente!
MUSETTA
Quiero hacer mi voluntad...
ALCINDORO
Habla más bajo...
Habla más bajo...
(Coge el menú y empieza
a pedir la cena)
MUSETTA
¡Quiero hacer lo que me apetezca!
¡No me fastidies!
ALCINDORO
¡Habla más bajo!... ¡Más bajo...!
MUSETTA
¡No me fas-ti-dies!
MODISTAS
(Atraviesan la escena; se paran un
momento al ver a Musetta)
Mira, mira a quién se ve:
¡pero si es ella: la misma Musetta!
ESTUDIANTES
(Atravesando la escena)
Con ese viejo que tartamudea...
¡ella... la mismísima Musetta!
(Riendo)
¡ja, ja, ja, ja!
MUSETTA
¿Estará celoso de esta momia?...
ALCINDORO
(Interrumpe su pedido al camarero
para sosegar a Musetta, que sigue
muy agitada)
La apariencia...
la posición... la virtud...
MUSETTA
...veamos si me queda
poder sobre él
para hacerlo ceder.
SCHAUNARD
¡La representación es estupenda!
MUSETTA
(Mirando a Marcelo, en voz alta)
¡No me estás mirando!
ALCINDORO
(Cree que Musetta se está
dirigiendo a él, se complace y
le responde con gravedad)
¡Ya ves que te obedezco!...
SCHAUNARD
¡La representación es estupenda!
COLLINE
¡Estupenda!
RODOLFO
(A Mimí)
Ten en cuenta, que no voy a
estar perdonándote siempre.
SCHAUNARD
Ella habla a uno,
para que se entere el otro.
MIMÍ
(A Rodolfo)
Te amo, y soy toda tuya...
¿Qué me dices de perdones?
COLLINE
(A Schaunard)
Y el otro, indiferente, cruel,
finge no enterarse de nada,
pero liba la miel.
MUSETTA
Pero tu corazón te golpea el pecho.
ALCINDORO
Baja el tono de voz, despacio
MUSETTA
Pero tu corazón
te golpea fuerte el pecho.
ALCINDORO
Habla más bajo, más bajo.
MUSETTA
(Sentada, dirigiéndose
intencionadamente a Marcelo,
que empieza a removerse en la silla)
Cuando voy solita por la calle,
la gente se para y mira,
y mi belleza
todos admiran,
de la cabeza a los pies...
MARCELO
(A los amigos, con voz sofocada)
¡Atadme a la silla!
ALCINDORO
¿Qué estará diciendo esa gente?
MUSETTA
Y saboreo, entonces, ese anhelo
sutil que en sus ojos brillan
y la suave evidencia de mostrar
la oculta belleza.
(Se pone de pie)
Así, el efluvio del deseo,
toda me envuelve,
y me siento feliz, ¡liviana y feliz!...
ALCINDORO
(Se dirige a Musetta
tratando de que se siente)
¡Ese canto impúdico
me revuelve la bilis!
MUSETTA
(A Marcelo)
Y tú, que conoces, que recuerdas
y te abrasas, ¿tanto huyes de mi?
Bien lo sé: tu angustia
no voy a desvelar,
¡pero te sientes morir!
MIMÍ
(A Rodolfo)
Bien se ve ..
que la pobrecita
suspira por Marcelo...
Suspira por él...
(Schaunard y Colline se levantan
y observan la escena con
curiosidad, mientras que
Rodolfo y Mimí siguen sentados
hablándose con ternura. Marcelo,
todavía más nervioso, ha dejado su