Junio 2014: “Impromptus op. 90 y op. posth. 142” de Franz Peter Schubert

“IMPROMPTUS OP. 90 Y OP. POSTH. 142”

 

Los ocho impromptus —cuatro opus 90 y otros tantos opus 142— fueron completados por Schubert hacia fines de 1827, un año antes de su prematura muerte. El músico envió las cuatro páginas hoy identificadas como opus 90 al editor Tobias Haslinger, de Viena, que publicó las dos primeras y proyectó hacerlo más tarde también con las otras dos. Pero al morir Schubert, estos dos impromptus inéditos fueron dejados de lado e ignorados, hasta que resurgió el interés en el autor después de promediar el siglo XIX. Se publicaron recién en 1857 o 1858, si bien el n.° 3 fue "simplificado" por el editor. Schubert lo había escrito en sol bemol mayor y en largos compases dobles de 4/4. El editor cambió la tonalidad de sol mayor; y el compás, a compasillo simple.

Por lo que respecta a los cuatro impromptus del op. 142, Schubert mantuvo correspondencia sobre ellos con el editor Bernhard Schott, de Maguncia (Mainz), durante 1828. Schott —y esto es típico de los editores— estaba deseoso de que el compositor le enviara cierto número de manuscritos, pues se percataba de que Schubert empezaba a hacerse de algún renombre, pero se mostró indeciso en aceptar los impromptus y los devolvió al autor después de tenerlos medio año. La excusa para esa actitud es que la filial de la editora en París opinaba que no eran las "bagatelas" que el título de "impromptus" sugería, y que en realidad eran difíciles de ejecutar.

Mayo 2014: “Don Juan, op. 20” de Richard Georg Strauss

“DON JUAN, OP. 20”

 

A través de Don Juan, concitó Strauss la atención del mundo; vivió lo bastante (hasta 1949) para verse transformado en un "clásico", para hallarse convertido (en los conceptos de Karl Geiringer) en "virtualmente un monumento de su propio gran pasado". La juvenil exuberancia de su obra, que lleva el opus 20, acaso no tenga igual en el resto de su ulterior producción; hay quienes consideran a Don Juan como su composición más inspirada entre las de cepa puramente orquestal. Fue la primera composición que lo mostró en toda la impresionante garra de su personalidad y en donde se reveló contra la dominante tradición clásico-romántica. Fue, al mismo tiempo, su primera obra maestra, que lo conduciría a la eclosión de su personalidad avasalladora, llena de vigor y fuerza expresiva. Todas las principales características del arte de Strauss se encuentran ya claramente evidentes en esta obra de juventud: el incomparable vuelo de sus temas y de sus desarrollos, la intensidad de la expresión armónica, el esplendor —brillante y opulento— del color orquestal y, sobre todo, la fuerza de su rica inspiración que —en este caso— imprime a la obra variedad de emociones opuestas que prenden en el oyente llevándolo de la mano por un universo sonoro exuberante y cargado de emoción.

Abril 2014: “Oratorio de Pascua, BWV 249” de Johann Sebastian Bach

“ORATORIO DE PASCUA, BWV 249”

 

El Oratorio de Pascua, BWV 249, del cual se conservan tres manuscritos, fue presentado como tal, la primavera de 1735 en Leipzig. La obra consistió en la reelaboración de material ya existente para ser empleado en alguna ocasión religiosa determinada. Se ha destacado que los tres movimientos de la introducción (u obertura) forman una especie de concerto grosso en el que las voces se unen a los instrumentos en el Allegro Final. Investigaciones a mediados del siglo pasado parecen confirmar que esos tres movimientos proceden de los numerosos bosquejos acumulados durante la composición de los Conciertos Brandeburgueses presentados en 1721.

Pero el material más importante de este oratorio fue obtenido de una cantata profana previa...

Marzo 2014: “Sinfonía n.° 5, en do menor, op. 67, Sinfonía del Destino” de Ludwig van Beethoven

“SINFONÍA N.° 5, EN DO MENOR, OP. 67, SINFONÍA DEL DESTINO

 

La Sinfonía n.° 5, en do menor, op. 67, Sinfonía del Destino es, quizá la plasmación más clara y vigorosa de una idea, específicamente beethoveniana: un combate espiritual, que termina con la afirmación de la voluntad victoriosa.

Ante esta obra cumbre de la creación sinfónica universal, ante este eterno poema de la voluntad, muchos han sido los comentarios y las interpretaciones de músicos y críticos. Para identificarnos con su juicio recurrimos a las palabras de Berlioz: "La sinfonía en do menor, al contrario que las anteriores, emana directa y únicamente del genio de Beethoven; en ella va a desarrollar su idea íntima; sus secretos dolores, sus cóleras concentradas, sus ensueños de tan abrumadora tristeza, sus visiones nocturnas, sus arrebatos de entusiasmo son la materia prima de esta composición, y las formas de la melodía, de la armonía, del ritmo y de la instrumentación se mostrarán en ella tan esencialmente individuales y nuevas, como ricas de poder y nobleza". Hoffmann, el autor de los Cuentos fantásticos, había intentado un análisis en profundidad subrayando de qué forma los movimientos de la Quinta "se enlazan fantásticamente unos con otros, dando como resultado de conjunto una rapsodia genial" que deja honda huella en todo oyente que tenga sensibilidad. Efectivamente nos encontramos ante una de las obras más perfectas del coloso de Bonn, que tiene la grandiosidad de un Partenón, o la belleza de los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Una lección magistral de filosofía, que por ser tan humana parece casi divina. Son los sentimientos desordenados, torturantes, de un alma grande presa de desesperación, llevadas al pentagrama, en unas melodías de nitidez espiritual y con clarividencia reveladora.

Febrero 2014: “Singspiel en un acto, Bastien und Bastienne, KV 50 (46b)” de Wolfgang Amadeus Mozart

“SINGSPIEL EN UN ACTO, BASTIEN UND BASTIENNE, KV 50 (46b)”

 

La esperanza del joven Mozart (a la sazón de doce años), de ver su ópera italiana La Finta Semplice (La ingenua fingida) en la escena de la Opera Imperial de Viena resultó frustrada. Fue en ese entonces que —se supone— un hombre respetado y de posición (el doctor Franz Anton Mesmer; precursor de lo que él llamó magnetismo animal —hipnotismo— y otros después llamaron "mesmerismo"), comisionó al genial niño un drama musical en el que tal vez venía ya trabajando de tiempo atrás.

Mesmer se proponía hacerlo representar en el teatro al aire libre que tenía en su mansión de las afueras de Viena. El libreto se basaba en la cruda y bastante libre traducción de Friedrich Wilhelm Weiskern, Johann Heinrich Müller y Johann Andreas Schachtner, de la ópera cómica francesa Les Amours de Bastien et Bastienne, compuesta por la actriz y cantante parisina Madame Favart (Marie-Justine-Benoîte Duronceray). Esa opereta francesa era una simple parodia basada en una comedia pastoril de J.J. Rousseau, Le Devin du Village (El adivino del pueblo), de 1752, que pronto alcanzó fama mundial.

La parodia en cuestión, transformó la delicada atmósfera del pastor y la pastora en algo más natural y de mayor consistencia campesina.

Enero 2014: “Sonatas para cello y piano, op. 5 n.° 2 y op. 69 n.° 3” de Ludwig van Beethoven

“SONATAS PARA CELLO Y PIANO, OP. 5 N.° 2 Y OP. 69 N.° 3”

 

La Sonata para cello y piano en sol menor, op. 5 n.° 2 y la Sonata para cello y piano en la mayor, op. 69 n.° 3, de Ludwig van Beethoven son notables, no sólo por su belleza intrínseca, sino también por el importante lugar que ocupan en la historia de la música para cello. En la sonata en sol menor, junto con su compañera la Sonata para cello y piano en fa mayor, op. 5 n.° 1, compuesta en 1796, puede decirse que Beethoven ha creado, de un solo trazo, la clásica sonata para cello y piano, no sólo dándole su propio y recientemente desarrollado estilo pianístico, grande, casi orquestal, sino también otorgándole al cello un aire de esplendor, al mismo tiempo íntimamente lírico y grandiosamente dramático. Y de estas dos obras la sonata en sol menor se sitúa quizás en un plano algo más elevado por su lenta introducción, extraordinaria y larga, una música tan hermosa como ninguna de las que haya jamás compuesto para cello y piano. Luego, con la sonata en la mayor op. 69, escrita doce años más tarde, en 1808, Beethoven produjo una de las obras más perfectas para cello, llena de vida, de canto y maravillosamente planeada desde su principio hasta el fin.

Diciembre 2013: “Concierto para violín, cello y orquesta en la menor, op. 102, Doble concierto” de Johannes Brahms

“CONCIERTO PARA VIOLÍN, CELLO Y ORQUESTA EN LA MENOR, OP. 102”

 

El Concierto para violín, cello y orquesta en la menor, op. 102, Doble concierto, nació en 1887. Es sintomático que, como el Concierto para violín y orquesta en re mayor op. 77 diez años antes y el Concierto para piano y orquesta n.° 2 en si bemol mayor, op. 83 en 1881, esa nueva y estupenda creación surgiera luego de un viaje de vacaciones a Italia, coronado esta vez no en la villa austriaca de Pressbaum, ni en el pintoresco refugio veraniego de Pörtschach, sobre los Alpes Austriacos, sino en la encantadora aldea de Thun, en Suiza. Se diría que el Brahms ya sazonado para producir en música lo mejor de su espíritu, necesitaba de la lírica polaridad itálica y la ciclópea sugestión de la montana germánica para madurar sus últimas y prodigiosas criaturas sinfónicas.

Noviembre 2013: “Sinfonía n.° 6, en fa mayor, op. 68, Pastoral” de Ludwig van Beethoven

“SINFONÍA N.° 6, EN FA MAYOR, OP. 68, PASTORAL

 

Heiligenstadt. ¡Quién podría haber previsto que esa localidad, cuna de uno de los más dramáticos manifiestos de desesperanza e infortunio concebidos por un gran artista, sería pocos años más tarde el lugar donde, plácida y gentilmente, en armoniosa paz espiritual, ese mismo creador daría cima a una obra de radiante poesía como la Sinfonía n.° 6, en fa mayor, op. 68, Pastoral!

En efecto, Heiligenstadt ve nacer el 10 de octubre de 1802 el llamado "Testamento" de Beethoven, donde el músico confiesa la intolerable tragedia de su sordera progresiva, explica a los hombres el por qué de su endiablado humor y concluye con esta manifiesta intención de suicidio: "Adiós, y no me olvidéis del todo cuando haya muerto; merezco esto de vosotros porque, a menudo, en vida, he cabilado sobre cómo haceros felices. Así sea. Ludwig van Beethoven".

Afortunadamente para la humanidad, Beethoven logró sobreponerse a ese estado de ánimo, y su suicidio no sobrepasó los límites epistolares. Le quedaba la parte más difícil y heroica de la vida...

Octubre 2013: “Quinteto para piano y cuerdas en la mayor, La trucha, D. 667 (op. posth. 114)” de Franz Peter Schubert

“QUINTETO PARA PIANO Y CUERDAS EN LA MAYOR, LA TRUCHA, D. 667 (OP. POSTH. 114)”

 

A veces puede perjudicar a una composición, más que serle de utilidad, el intento de condensar su natural contenido y mensaje en un subtítulo y adosar éste a la obra como si fuera una etiqueta. En ocasiones, no obstante, hay subtítulos que se ocupan de las cosas primordiales y aún más, de las del pensamiento, como no lo hace un número de opus. Pero raramente se encuentra un título para una obra que cumpla ambas funciones y que, además, sea exactamente concreto, porque expresa lo específico de la obra misma.

El Quinteto para piano y cuerdas en la mayor, La trucha (Die Forelle), D. 667 (op. posth. 114), de Schubert, posee uno de estos títulos excepcionalmente afortunados, que describe a una de las obras más conocidas y estimadas de toda la literatura de cámara.

Septiembre 2013: “Sinfonía coreográfica para orquesta y coros, Dafnis y Cloe” de Joseph Maurice Ravel

“SINFONÍA COREOGRÁFICA PARA ORQUESTA Y COROS, DAFNIS Y CLOE”

 

La personalidad musical de Joseph Maurice Ravel define las características de uno de los compositores franceses más extraordinarios del siglo XX. Artista renovador, orientado hacia una nueva estética; no obstante sus métodos modernos de instrumentación y de forma, ha sido considerado como un digno continuador de Couperin, Rameau, Chabrier y Fauré, autores que culminando con Debussy, sintetizan en Francia la interesante evolución del arte de los sonidos.

Original y minucioso, Ravel, utilizando su poderosa fantasía, somete su obra a los estilos más diversos, manifestando siempre un concepto elevado, un sentido preciso que otorga el perfecto equilibrio sonoro y la pureza expresiva a sus más notables creaciones. Tales particularidades surgen esencialmente visibles en Dafnis y Cloe, partitura que presenta las principales características del autor, manifestándose a la vez como una de sus obras maestras.

Agosto 2013: “Quinteto para Piano n.° 2 en la mayor, op. 81” de Antonín Leopold Dvořák

“QUINTETO PARA PIANO N.° 2 EN LA MAYOR, OP. 81”

 

A Antonín Dvořák (1841-1904) le debemos, después de Brahms, la mayor contribución a la música de cámara de la segunda mitad del siglo XIX. Y entre sus mejores obras para cámara figura el Quinteto para piano n.° 2 en la mayor, Op. 81, compuesto en 1887. Está al mismo nivel que los tres quintetos para piano que lo preceden: el Quinteto para piano en la mayor, D. 667, La trucha de Schubert; el Quinteto para piano en mi bemol mayor, Op. 44 de Schumann y el Quinteto para piano en fa menor, Op. 34 de Brahms. Al igual que ellos, posee su propio sonido, forma y estilo característicos. Es uno de los ejemplos más admirables de la habilidad de Dvořák para crear obras que exhalan los típicos giros y ritmos de la música folklórica, a la par que ostentan exaltada belleza, refinamiento estructural, amplitud emocional y la profundidad característica de una obra maestra.