*Act One, Intro And Chor, "Grands Dieux Soyez-nous Secourables"; Act Four, Chor, "O Diane, Sois-nous Propice", Recitative, "La Force M'abandonne".

FEBRERO...

ÓPERA EN CUATRO ACTOS: "IFIGENIA EN TÁURIDE"

El sacrificio de Ifigenia, Francesco Fontebasso, 1749.

Ópera en cuatro actos: "Ifigenia en Táuride"


rfeo y Eurídice de Christoph Willibald von Gluck, ha venido siendo una ópera sumamente activa en el repertorio operístico, desde su estreno en Viena el 5 de octubre de 1762, y Alcestes se cuenta asimismo entre las obras mejor conocidas del género. Es también sabido que Gluck ostentó el título de caballero (Ritter) y que su poco escrupuloso carácter ignoró limitaciones en su lucha por la preeminencia sobre el rival más importante que iba a encontrar en París, el italiano Niccolò Vito Piccinni. Fue después de Ifigenia en Táuride cuando la superioridad de Gluck logró el reconocimiento colectivo; el conjunto de la controversia suscitada entonces en la capital francesa, resulta sin embargo de muy escasa importancia cuando se piensa en la magnitud de la revolución que este compositor desencadenó en el mundo de la ópera durante la segunda mitad del siglo XVIII.

Cuando Gluck se presentó ante el público parisino, los amantes a la ópera no demostraban la menor impaciencia cuando algún cantante llegaba a vocalizar alrededor de diez minutos sobre un texto que rara vez pasaba de dos palabras y con un acompañamiento que tampoco era causa de mayor preocupación, provisto que pareciera al oído armoniosamente adecuado. Tal había llegado a ser el legado del compositor francés de origen italiano y creador de la ópera francesa, Jean Baptiste Lully, piadosamente respetado por sus sucesores franceses e italianos. Fue Gluck quien primero consideró la posibilidad de conferir cierta naturalidad a la declamación cantada; la música no era para él un medio para tornar incomprensible un texto, sino antes bien algo que servía para contribuir a su fuerza expresiva. Y la propia orquesta, en vez de limitarse a dar el tono a los cantantes y conservar el tempo giusto, debía a su juicio desempeñar un rol activo en la consistencia dramática de la obra.

Gluck hizo su presentación en París durante abril de 1774 invitado al efecto por su antigua discípula, María Antonieta, y paralelamente urgido por François-Louis Gand Le Bland (conocido como Leblanc du Roullet), agregado a la embajada francesa en Viena, quien lo había provisto de su primer libreto serio en lengua francesa, Ifigenia en Áulide. El compositor tenía ya 60 años y se había desempeñado como maestro de capilla de ópera en la corte vienesa durante más de veinte. El enorme éxito que acompañó a esta primera obra francesa fue confirmado cuatro meses más tarde por la adaptación francesa de Orfeo. Naturalmente, el nuevo estilo tuvo de inmediato sus detractores, ferozmente aferrados a la tradición lullista, cuando no firmemente convencidos de que sólo el italiano merecía ser tenido por idioma propio para la ópera. Pero la fuerte oposición se halló muy pronto en una situación insostenible, en primer término porque la forma gluckista respondía a una auténtica necesidad, y luego, porque el compositor alemán (aunque de origen bohemio), gracias a la protección de la reina, obtuvo el automático apoyo de todos los esnobs.

Armida en 1777 y Alcestes en 1778, confirmaron la reputación de Gluck; pero sus adversarios no rindieron todavía sus armas. Su coraje fue estimulado por madame du Barry, la antigua favorita del extinto rey Luis XV que se valía de la controversia para vengar los desaires de la joven reina, que hiciera venir de Italia a Niccolò Vito Piccinni, campeón de esas tradiciones que las nuevas teorías de Gluck pretendían desplazar. Como primer trabajo se confió a Piccinni la composición de la música para un libreto intitulado Roland, cuyo manuscrito había sido previamente proporcionado también a Gluck. Pero el italiano, si es que tuvo la intención de hacerlo, se vio privado de la posibilidad de enfrentar a su rival en formal competencia, ya que Gluck, informado muy pronto de la traición, arrojó a las llamas su partitura todavía con la tinta fresca. Una carta que escribió en esos momentos de justificada iracundia, al punto publicada por Du Roullet, señaló la iniciación de las hostilidades entre los dos compositores. Gluck se anotó un primer tanto con Armida; Piccinni replicó con un Roland bastante bien recibido. Fue entonces cuando, con libreto de Nicolas-François Guillard, según la tragedia de Racine, basada a su vez en la de Eurípides, fue estrenada en el Teatro de la Opera de París, el 18 de mayo de 1779, Ifigenia en Táuride y los piccinnistas optaron por abandonar la lid. Dos años después, en 1781, el infortunado Piccinni dio a conocer su propia Ifigenia en Táuride, fracasando rotundamente. Desde entonces no hubo más piccinnistas en París.


Resumen argumental y libreto

 

El sacrificio de Ifigenia, óleo de Leonaert Bramer, c. 1623.

omo la Ifigenia del dramaturgo francés Jean Racine, y aunque con ciertos cambios muy razonables, Ifigenia en Áulide había descrito el trágico conflicto interior soportado por Agamenón, a quien las circunstancias forzaran a sacrificar a su hija en el altar de Diana para asegurarse los vientos favorables que habían de conducir la flota griega hasta el escenario de la guerra troyana. A último momento, la diosa Artemisa (Diana), apiadada de la joven, la dejó en libertad, a razón por la cual podemos hallarla en Táuride al iniciarse la presente ópera. Con varias compañeras de exilio, Ifigenia se ha convertido en sacerdotisa de Diana. Entretanto ha finalizado la guerra de Troya al cabo de diez años de cruenta lucha, con la completa victoria de las armas griegas. Agamenón, de regreso a su tierra, fue asesinado por Clitemnestra y Egisto, su amante, so pretexto de haber dado muerte a Ifigenia. Tras largo interregno, Orestes retornó asimismo de su escondite para exterminar a los asesinos de su padre y verse luego él mismo condenado al exilio.


Personajes

 

IFIGENIA                                   Hija de Agamenón                                    Soprano

 

ORESTES                                    Hijo de Agamenón                                    Barítono

 

PÍLADES                                    Amigo de Orestes                                         Tenor

 

TOANTE                            Rey de Táuride y de los Escitas                                Bajo

 

DIANA                                                Diosa                                             Soprano

 

 

Primer acto

La acción se desarrolla en Táuride, Crimea, en el siglo XIII a.C

Ifigenia ha tenido en sueños la revelación del brutal destino reservado a su familia y ruega a Diana que le asegure el favor de una temprana muerte. Hace entonces su entrada el bárbaro rey de Táuride, Thoas, quien ha tenido asimismo lúgubres presentimientos. Está convencido de que podrá sin embargo manejar el destino a su antojo, sacrificando a la diosa los náufragos extranjeros que acaban de zozobrar con su navío junto a las costas de Táuride.



ACTO PRIMERO

 

(Un mar que se vuelve tempestuoso golpea con

furia las rocas. En el vestíbulo del templo de

Diana, Ifigenia y las sacerdotisas rezan para

aplacar la tempestad)

 

Introducción y Coro

 

IFIGENIA

¡Grandes dioses, venid a socorrernos!

¡Desviad los rayos vengadores!

Dejadlos caer sobre los culpables.

La inocencia habita en nuestros corazones.

 

CORO DE SACERDOTISAS

¡Grandes dioses, venid a socorrernos!...etc.

 

IFIGENIA

Si esta costa cruel y siniestra

Es la causa de vuestra ira,

Concededle a vuestros débiles siervos

Un asilo más pacífico.

 

CORO DE SACERDOTISAS

¡Grandes dioses, venid a socorrernos!...etc.

 

IFIGENIA

¡Que nuestras pecadoras manos,

No ensangrienten más vuestros altares!

¡Que el pueblo sea más avaro

Con la sangre de los infelices mortales!

 

CORO DE SACERDOTISAS

¡Grandes dioses, venid a socorrernos!...etc.

 

(La tempestad termina)

 

IFIGENIA

Que los dioses, a quienes nuestra voz implora,

Calmen finalmente su rigor.

Vuelve la calma, pero en el fondo de mi corazón,

¡Ay! la tormenta sigue su fragor.

 

PRIMERA SACERDOTISA

Ifigenia, ¡oh, cielo! ¿temes una desgracia?

 

SEGUNDA SACERDOTISA

¿De dónde nace el terrible espanto

Que aprisiona tu alma?

 

IFIGENIA

¡Justo cielo!

 

PRIMERA SACERDOTISA

¡Ay, habla, divina Ifigenia!

Nuestra desgracia es común:

Lejos de nuestra patria,

Nos trajeron junto contigo a esta costa funesta.

¿No hemos compartido siempre tu destino?

 

IFIGENIA

Esta noche he vuelto a ver el palacio de mi padre.

Quise disfrutar de su abrazo, y olvidé,

En un momento tan tierno,

Los antiguos rigores y quince años de sufrimiento.

La tierra tembló bajo mis pasos,

El sol indignado huyó de este paraje que él odia.

El aire quemaba, los rayos caían sobre el palacio.

¡Y lo devoraban en llamas!

De los escombros humeantes

Salía una voz lastimera y tierna

Que penetró en lo profundo de mi corazón.

Acudí a esa triste voz

Y allí, de pronto, apareció mi padre.

Sangrante y lleno de heridas,

Huyendo de la cólera asesina de un ser inhumano.

¡Ese espectro terrible, era mi madre!

Ella me dio una espada y desapareció al momento.

Quise escapar... Me dijeron: "¡alto, es Orestes!"

Vi a un infeliz y le tendí la mano.

Quería ayudarlo, pero una fuerza funesta

Obligaba a mi mano a atravesarle el pecho.

 

CORO DE SACERDOTISAS

¡Oh, horrible sueño! ¡Oh, noche terrible!

¡Oh, dolor! ¡Oh, horror mortal!

¿Tu cólera es implacable?

¡Oye nuestras súplicas! ¡Cielo, apacigua tu ira!

 

IFIGENIA

¡Oh, raza de Pélope! ¡Raza de un destino fatal!

¿Hasta la última generación

El cielo vengará el crimen de Tántalo?

Rey de reyes, sangre de los dioses,

Así Agamenón desciende en la noche infernal.

Su hijo se queda en mi dolor:

Solo de él espero que ponga fin a mi dolor.

¡Oh, mi querido Orestes! ¡Oh, mi hermano!

¿Nunca secarás las lágrimas de tu hermana?

 

SEGUNDA SACERDOTISA

¡Calma la desesperación que azota tu alma!

Los dioses conservarán esta cabeza sagrada.

¡Atrévete a esperarlo todo!

 

IFIGENIA

¡No, ya no tengo esperanza!

Desde que nací, soy el blanco de su cólera.

Mis días están tejidos de oprobio y tristeza.

¡Y ahora, también se han llevado a mi hermano!

 

Aria

 

¡Tú, que me has alargado la vida:

Vuelve a llevarte un bien que detesto!

¡Diana, te lo suplico! Te lo suplico, ¡detenlos!

¡Reúne a Ifigenia con el infeliz Orestes!

¡Ay de mí, soy un juguete del destino!

La muerte me es imprescindible.

He visto levantarse en mi contra

A los dioses, a la patria y a mi padre.

¡Tú, que me has alargado la vida... etc.

 

CORO DE SACERDOTISAS

¿Cuándo dejarán de correr nuestras lágrimas?

¿Acaso nacen de una fuente infinita?

¡Ay, en un círculo de dolor

El cielo marcó nuestro destino!

 

(Entra Toante, acompañado por guardias)

 

TOANTE

(aparte)

¡Dioses! La desgracia me sigue a donde voy.

Gritos de dolor retumban en estos arcos.

 

(a Ifigenia)

 

¡Sacerdotisa! Disipa el terror de Toante.

Intérprete de los dioses,

¡Que tus lágrimas los conmuevan!

 

IFIGENIA

El cielo hace oídos sordos a mis lamentos, ¡ay!

 

TOANTE

¡No quiere lágrimas, sino sangre!

 

IFIGENIA

¡Qué ofrenda tan espantosa!

¿Apaciguaremos a los dioses con asesinatos?

 

TOANTE

Con un brillante milagro

El cielo os lo explica:

Mis días estarán contados, dice el oráculo.

¡Si la sangre de un solo extranjero,

Desterrado entre nosotros,

Escapa de su furia.

 

Aria

 

Presentimientos negros, llenos de terror y espanto,

Obsesionan mi alma sin cesar.

El día hiere mis ojos y parece oscurecerse.

Siento el pavor de los culpables.

Creo ver bajo mis pies cómo se abre la tierra,

Y cómo el infierno se prepara

Para tragarme en sus abismos espantosos.

No sé que voz grita en el fondo de mi corazón:

"¡Tiembla, tu suplicio se prepara!"

La oscuridad de este tormento duplica mi espanto,

¡Y los rayos de un dios vengador

Parecen suspendidos sobre mi cabeza!

 

(Entra una muchedumbre de escitas)

 

CORO DE ESCITAS

Los dioses apaciguan su furia,

Pues nos han proporcionado víctimas.

Que sea sacrificada la sangre

De los justos vengadores de crímenes.

 

IFIGENIA

(aparte)

¡Desgraciado!

 

TOANTE

¡Grandes dioses, recibid nuestra ofrenda!

Cuando menos lo espero, recibo vuestros favores.

 

UN ESCITA

Dos jóvenes griegos, náufragos en nuestras costas,

Trataron largo tiempo de defenderse.

Vienen por fin para rendirse,

Después de esfuerzos penosos.

Uno de ellos estaba lleno de desesperación feroz.

Las palabras,"crimen", "remordimiento",

No cesaban de salir de su boca.

Detesta la vida y llama a la muerte.

 

CORO DE ESCITAS

Los dioses apaciguan su furia…etc.

 

IFIGENIA

¡Dioses, ahogad en mí el grito de la naturaleza!

Si mi deber es santo ¡ay! también es cruel.

 

TOANTE

(a Ifigenia y las sacerdotisas)

¡Marcharos! Los cautivos os seguirán al altar.

Sobre mí pesa el augurio siniestro

De la furia de los dioses,

Mi presencia perjudicaría vuestros ritos.

 

(Ifigenia y las sacerdotisas salen)

 

TOANTE

(al pueblo)

¡Y vosotros, dirigid vuestros cantos belicosos

A los dioses que nos protegen!

¡Que vuestro justo entusiasmo

Ascienda a los cielos!

 

CORO DE ESCITAS

La sangre expiará nuestros crímenes.

¡Los cautivos están encadenados, el altar listo!

Los mismos dioses nos enviaron las víctimas.

¡Que nuestro agradecimiento iguale su bondad!

Que bajo el cuchillo sagrado corra su sangre!

¡Que su presencia impura no infecte este lugar!

¡Ofrezcamos su sangre en sacrificio,

Será un incienso digno de los dioses!

 

Ballet

 

(Orestes y Pílades entran encadenados)

 

TOANTE

¡Desgraciados! ¿Con qué fin, que os llevó

A la perdición, habéis venido a mi reino?

 

PÍLADES

Nuestro proyecto es un misterio.

Es el secreto de los dioses, no lo sabrás.

 

TOANTE

De tu arrogancia altiva, la muerte será el precio.

¡Guardias, lleváoslos!

 

ORESTE

(a Pílades)

¡Oh, querido amigo, yo soy la causa de tu muerte.

 

(Los guardias se llevan a Orestes y Pílades)

 

CORO DE ESCITAS

Necesitábamos sangre… etc.



PREMIER ACTE

 

(Une mer qui devient orageuse; sur les côtés des

rochers. Le vestibule du temple de Diane, Iphigénie et

les prêtresses sont en prières pour que la tempête soit

apaisée)

 

Introduction et Choeur

 

IPHIGÉNIE

Grands Dieux! soyez-nous secourables.

Détournez vos foudres vengeurs!

Tonnez sur les têtes coupables:

L'innocence habite nos coeurs.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Grands Dieux! soyez-nous secourables, etc

 

IPHIGÉNIE

Si ces bords cruels et sinistres

Sont l'objet de votre courroux,

Daignez à vos faibles ministres

Offrir des asiles plus doux.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Grands Dieux! soyez-nous secourables, etc

 

IPHIGÉNIE

Que nos mains, saintement barbares,

N'ensanglantent plus vos autels!

Rendez ces peuples plus avares

Du sang des malheureux mortels.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Grands Dieux! soyez-nous secourables, etc

 

(La tempête a cessé)

 

IPHIGÉNIE

Ces Dieux, que notre voix implore,

Apaisent enfin leur rigueur.

Le calme reparaît, mais au fond de mon coeur,

Hélas! l'orage habite encore.

 

PREMIERE PRÊTRESSE

Iphigénie, ô ciel, craindrait-elle un malheur?

 

DEUXIÈME PRÊTRESSE

D'où naît le trouble affreux

Dont votre âme est saisie?

 

IPHIGÉNIE

Juste ciel!

 

PREMIÊRE PRÊTRESSE

Ah! parlez! divine Iphigénie!

Nos malheurs sont communs: loin de notre patrie,

Conduites avec vous sur ce funeste bord,

N'avons pas

toujours partagé votre sort?

 

IPHIGÉNIE

Cette nuit j'ai revu le palais de mon père.

J'allais jouir de ses embrassements,

J'oubliais, en ces doux moments,

Ses anciennes rigueurs et quinze ans de misère

La terre tremble sous mes pas;

Le soleil indigné fuit ces lieux qu'il abhorre.

Le feu brille dans l'air et la foudre en éclats

Tombe sur le palais, l'embrase et le dévore!

Du milieu des débris fumants

Sort une voix plaintive et tendre,

Jusqu'au fond de mon coeur elle se fait entendre.

Je vole à ces tristes accents

À mes yeux se présente mon père,

Sanglant, percé de coups, et d'un spectre inhumain

Fuyant la rage meurtrière.

Ce spectre affreux, c'était ma mère!

Elle m'arme d'un glaive et disparaît soudain.

Je veux fuir on me crie: "arrête! c'est Oreste!"

Je vois un malheureux et je lui tends la main,

Je veux le secourir, un ascendant funeste forçait

mon bras à lui percer le sein.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Ô songe affreux! Ô nuit effroyable!

Ô douleur! Ô mortel effroi!

Ton courroux est-il implacable?

Entends nos cris! Ô ciel, apaise-toi!

 

IPHIGÉNIE

Ô race de Pélops! race toujours fatale!

Jusque dans ses derniers neveux

Le ciel poursuit encore le crime de Tantale!

Le roi des rois, le sang des Dieux,

Agamemnon descend dans la nuit infernale.

Son fils restait à ma douleur:

J'attendais de lui seul la fin de ma misère.

Ô mon cher Oreste! Ô mon frère!

Tu ne sécheras pas les larmes de ta soeur.

 

DEUXIÈME PRÊTRESSE

Calmez ce désespoir votre âme est livrée;

Les Dieux conserveront cette tête sacrée:

Osez tout espérer.

 

IPHIGÉNIE

Non, je n'espère plus.

Depuis que je respire, en butte à leur colère,

D'opprobre et de malheurs tous mes jours sont tissus.

Ils y mettent le comble, ils m'enlèvent mon frère.

 

Air

 

Ô toi, qui prolongeas mes jours,

Reprends un bien que je déteste.

Diane! Je t'implore. Je t'implore, arrêtes-en le cours.

Rejoins Iphigénie au malheureux Oreste!

Hélas, tout m'en fait une loi.

La mort me devient nécessaire.

J'ai vu s'élever contre moi,

Les Dieux, ma patrie et mon père.

Ô toi, qui prolongeas mes jours, etc.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Quand verrons-nous tarir nos pleurs?

La source en est-elle infinie?

Ah, dans un cercle de douleur

Le ciel marqua le cours de noire vie!

 

(Thoas entre avec des gardes)

 

THOAS

(à part)

Dieux! le malheur en tous lieux suit mes pas.

Des cris du désespoir ces voûtes retentissent.

 

(à Iphigénie)

 

Prêtresse! dissipez les terreurs de Thoas.

Interprète des Dieux,

Que vos voeux les fléchissent!

 

IPHIGÉNIE

À mes gémissements le ciel est sourd, hélas!

 

THOAS

Ce ne sont pas des pleurs, c'est du sang qu'il demande!

 

IPHIGÉNIE

Quelle effroyable offrande!

Apaise-t-on les Dieux par des assassinats?

 

THOAS

Le ciel par d'éclatants miracles

A daigné s'expliquer à vous.

Mes jours sont menacés par la voix des oracles,

Si d'un seul étranger,

relégué parmi nous,

Le sang échappe à leur courroux.

 

Air

 

De noirs pressentiments, mon âme intimidée,

De sinistres terreurs est obsédée.

Le jour blesse mes yeux et semble s'obscurcir.

J'éprouve l'effroi des coupables.

Je crois voir sous mes pas la terre s'entrouvrir

Et l'enfer prêt à m'engloutir

Dans ses abîmes effroyables.

Je ne sais quelle voix crie au fond de mon coeur:

"Tremble, ton supplice s'apprête!"

La nuit de ses tourments redouble encore l'horreur

Et les foudres d'un Dieu vengeur

Semblent suspendus sur ma tête!

 

(Les scythes entrent en foule)

 

CHOEUR DES SCYTHES

Les Dieux apaisent leur courroux;

Ils nous amènent des victimes.

À ces justes vengeurs de crimes,

Que leur sang soit offert pour nous.

 

IPHIGÉNIE

(à part)

Malheureuse!

 

THOAS

Grands Dieux, recevez nos offrandes!

Moins je les espérais plus vos faveurs sont grandes.

 

UN SCYTHE

Deux jeunes Grecs, échoués sur ces bords,

Ont longtemps contre nous tenté de se défendre:

Ils viennent enfin de se rendre

Après de pénibles efforts.

L'un d'eux était rempli d'un désespoir farouche.

Les mots de "crime", de "remords",

Etaient sans cesse dans sa bouche.

Il détestait la vie, il appelait la mort.

 

CHOEUR DES SCYTHES

Les Dieux apaisent leur courroux, etc.

 

IPHIGÉNIE

Dieux, étouffez en moi le cri de la nature.

Si mon devoir est saint, hélas, qu'il est cruel!

 

THOAS

(à Iphigénie)

Allez! Les captifs vont vous suivre à l'autel.

Pour moi, qu'un trop sinistre augure

Menace du courroux des Dieux,

Ma présence pourrait nuire à vos saints mystères.

 

(Iphigénie et les prêtresses sortent)

 

THOAS

(au peuple)

Et vous, à nos Dieux tutélaires

Adressez vos chants belliqueux!

Que vos justes transports

Pénètrent jusqu'aux cieux!

 

CHOEUR DES SCYTHES

Il nous fallait du sang pour expier nos crimes.

Les captifs sont aux fers, les autels sont prêts!

Les Dieux nous ont eux-mêmes amené les victimes.

Que la reconnaissance égale leurs bienfaits!

Sous le couteau sacré que leur sang rejaillisse,

Que leur aspect impur n'infecte plus ces lieux!

Offrons leur sang en sacrifice,

C'est un encens digne des Dieux!

 

Ballet

 

(Oreste et Pylade sont conduits, enchaînés)

 

THOAS

Malheureux! Quel dessein à vous-mêmes contraire

Vous amenait en mes États?

 

PYLADE

Notre projet est un mystère.

C'est le secret des Dieux, tu ne le sauras pas.

 

THOAS

De ton arrogance hautaine la mort sera le prix.

Gardes, qu'on les emmène!

 

ORESTE

(à Pylade)

Ô mon ami, c'est moi qui cause ton trépas!

 

(Les gardes emmènent Oreste et Pylade)

 

CHOEUR DES SCYTHES

Il nous fallait du sang, etc


Segundo acto

Los náufragos son casualmente Orestes, hermano de Ifigenia y Electra, y su bienamado compañero Pílades. Ambos han sido encerrados en estrecha prisión donde aguardan el momento en que serán ejecutados. Orestes enfrenta la muerte con negra desesperación; en su amigo, en cambio, priva un sentimiento de resignación. Ambos son separados. Ya solo, Orestes recibe la visita de una de las sacerdotisas de Diana. Es Ifigenia, que sin reconocer a su hermano ni ser reconocida por éste, sabe de sus labios que el asesinato de su padre está vengado por mano de Orestes. Confirmados ya todos sus temores, la infortunada no halla consuelo para su dolor, y convencida de que también Orestes está muerto, se dispone a honrar su memoria con piadosa ceremonia.



ACTO SEGUNDO

 

(Interior del templo donde Pílades y Orestes se

encuentran encadenados)

 

PÍLADES

¡Qué silencio tan terrible! ¡Qué dolor funesto!

¿Sólo me respondes con sollozos?

¿Qué puede la muerte sobre el alma de los héroes?

¿Acaso no soy Pílades? ¿Y tú Orestes?

 

ORESTES

¡Dioses! ¿Qué horrores me habíais reservado?

Deplorable víctima de un destino ciego,

Errante para siempre y por siempre rechazado.

Mi suerte está echada: ¡he nacido para el crimen!

 

PÍLADES

¿Qué dices? ¿Qué son esos remordimientos?

¿De qué nuevo crimen hablas?

 

ORESTES

Soy responsable de tu muerte.

¿No fue suficiente que mi mano asesina

clavara el puñal en el corazón de una madre?

Los dioses me reservaban para una nueva tarea:

Sólo me quedaba un amigo, ¡y seré su verdugo!

 

Aria

 

¡Dioses que me perseguís!

¡Dioses, autores de mis crímenes!

Abrid bajo mis pies el abismo del infierno.

¡Su suplicio será para mi demasiado dulce!

Traicioné la amistad, traicioné la naturaleza.

He cruzado la frontera de los actos más horrendos.

¡Dioses, golpead al culpable y justificaros!

 

PÍLADES

¡Qué lenguaje abrumador para un amigo!

Vuelve en ti. Muramos con dignidad.

Deja ya, en tu furor extremo, de ultrajar

A los dioses, a mí, Pílades, y a ti mismo.

Si la muerte nos es inevitable...

¿Qué terror vano te hace palidecer por mí?

¡No soy tan desgraciado

Porque muero junto a ti!

 

Aria

 

Unidos desde la más tierna infancia,

Siempre tuvimos un solo deseo.

¡Oh, mi corazón aplaude por anticipado

El golpe que ha de unirnos!

El destino decidió que debemos morir juntos.

No lo acuses de dureza.

La misma muerte es un favor,

Puesto que la tumba nos unirá.

 

(Entran un ministro del santuario y guardias

del templo)

 

EL MINISTRO DEL SANTUARIO

¡Desgraciados extranjeros, debéis separaros!

 

(a Pílades)

 

¡Tú, sígueme!

 

PÍLADES, ORESTES

¡Por los dioses! ¿Qué ordenas, bárbaro?

 

ORESTES

(a Pílades)

¡No, no me dejes, amigo único y fiel!

 

PÍLADES Y ORESTES

(a los guardias)

Ser cruel ¿debemos implorarte?

Apresuraos a darnos la muerte que nos espera,

Pero permitidnos recibirla juntos.

¡Vuestras espadas y hogueras son

Cien veces menos horribles

Que el momento en que nos separéis!

 

EL MINISTRO DEL SANTUARIO

¡Obedezco a nuestras leyes y a nuestros dioses!

 

(a los guardias)

 

¡Lleváoslo!

 

ORESTES

¡Alto!

 

PÍLADES

¡Ay de mí!

 

ORESTES

¡Monstruos salvajes!

 

(Salen todos menos Orestes)

 

¡Ay, se lo han llevado!

¡Pílades muere por mi culpa!

¡Dioses protectores de estas horribles costas!

¡Dioses ávidos de sangre, tronad! ¡Aplastadme!

 

(Cae)

 

¿Dónde estoy? Al horror que me obsesiona...

¿Qué tranquilidad le sigue?

 

Aria

 

La calma vuelve a mi corazón.

Mi sufrimiento ha calmado la ira celeste.

Me aproximo al término de la desgracia.

¿Dejáis vivir al parricida Orestes?

¡Dioses justos! ¡Cielo vengador!

Sí, la calma vuelve a mi corazón.

 

(Se duerme agobiado. Las Euménides aparecen y

rodean a Orestes. Unas ejecutan a su alrededor

un baile de espanto, otras le hablan. Orestes

permanece adormecido durante toda la escena)

 

LAS EUMÉNIDES

¡Venguemos a la naturaleza y a los dioses!

¡Inventemos tormentos! ¡Él mató a su madre!

 

ORESTES

¡Ah!

 

LAS EUMÉNIDES

¡Inventemos tormentos! ¡Él mató a su madre!

¡Venguemos a la naturaleza y a los dioses!

 

ORESTES

¡Ay, qué tormentos!

 

LAS EUMÉNIDES

Aún son muy suaves.

¡Venguemos a la naturaleza y a los dioses!

¡Él mató a su madre!

 

(La sombra de Clitemnestra aparece en medio

de las Euménides y desaparece enseguida)

 

ORESTES

¡Un espectro! ¡Ah!

 

LAS EUMÉNIDES

¡No hay piedad para ti! ¡Mataste a tu madre!

 

ORESTES

¡Tened piedad!

 

LAS EUMÉNIDES

¿Piedad? ¡Monstruo! ¡Él mató a su madre!

¡Venguemos a la naturaleza y a los dioses!

 

ORESTES

¡Tened piedad!

¡Oh, qué tormento!

 

LAS EUMÉNIDES

Igualemos si es posible su rabia asesina.

Aquel crimen horrible no puede ser perdonado.

¡No hay perdón para un crimen tan horrendo!

 

ORESTES

¡Tened piedad, dioses crueles!

 

(percibiendo a Ifigenia)

 

¡Mi madre, oh cielos!

 

(Las puertas de la estancia se abren; entran las

sacerdotisas y las Euménides desaparecen sin

ser percibidas por aquellas)

 

IFIGENIA

(a Orestes)

Veo el horror que mi presencia te inspira.

Pero si pudieses ver el fondo de mi corazón,

extranjero desgraciado, lamentarías mi suerte

Como os lamentáis de la vuestra.

 

ORESTES

(aparte)

¡Esos rasgos, qué asombroso parecido!

 

IFIGENIA

(a Orestes)

¿En qué costas habéis nacido?

¿Qué venís a buscar a este terrible lugar?

 

ORESTES

¿Qué vano deseo os lleva a querer conocerme?

 

IFIGENIA

¡Habla!

 

ORESTES

(aparte)

¿Qué responderle? ¡Oh, cielo!

 

IFIGENIA

¿Por qué suspira tu corazón?

¿Quién eres?

 

ORESTES

¡Un desgraciado! Más no puedo deciros.

 

IFIGENIA

Te ruego que me respondas: ¿de dónde vienes?

¿Cuál es tu linaje?

 

ORESTES

¿Queréis saberlo? Nací en Micenas.

 

IFIGENIA

¡Dioses! ¿Qué oigo? ¡Sigue hablando!

Háblame del destino de Agamenón...

¡Y de Grecia!

 

ORESTES

¿Agamenón?

 

IFIGENIA

¿De dónde nace el dolor que te acosa?

 

ORESTES

¿Agamenón?

 

IFIGENIA

¡Veo correr tus lágrimas!

 

ORESTES

Cayó bajo un puñal parricida.

 

IFIGENIA

(aparte)

¡Muero!

 

ORESTES

(aparte)

¿Quién es esta mujer?

 

IFIGENIA

¿Y qué monstruo execrable

Osó levantar la mano contra un rey tan grande?

 

ORESTES

¡Por todos los dioses, no me preguntéis más!

 

IFIGENIA

¡Por todos los dioses, habla!

 

ORESTES

El monstruo abominable fue...

 

IFIGENIA

¡Continúa, me haces estremecer!

 

ORESTES

...¡su esposa!

 

IFIGENIA

¡Por todos los dioses! ¿Clitemnestra?

 

ORESTES

Ella misma.

 

LAS SACERDOTISAS

¡Cielos!

 

IFIGENIA

Y la justicia suprema de los dioses vengadores...

¿Ha contemplado ese crimen atroz?

 

ORESTES

¡Fue vengado! Su hijo...

 

IFIGENIA

¡Cielos!

 

ORESTES

...¡vengó a su padre!

 

IFIGENIA, SACERDOTISAS

Crimen tras crimen, ¡qué suma tan espantosa!

 

ORESTES

¡Qué conjunto de horribles crímenes!

 

IFIGENIA

¿Dónde está el hijo que sirvió a la cólera divina?

¿El fatal instrumento de la venganza celestial?

 

ORESTES

Encontró la muerte que tanto buscaba.

Sólo queda Electra en Micenas.

 

IFIGENIA

(aparte)

Todo acabó. Todos los tuyos han muerto.

Tristes presentimientos, ¡no me engañabais!

 

(a Orestes)

 

Vete. Ya he escuchado suficiente.

 

(Orestes sale)

 

IFIGENIA

¡Oh, cielo! Causa y testigo de mi tormento,

Alégrate del sufrimiento que me has causado.

¡No podría ser más profundo!

 

SACERDOTISAS

Patria infortunada,

Que aún nos mantienes unidos

Con tus dulces lazos.

¡Has desaparecido para nosotros!

 

IFIGENIA

¡Oh, desgraciada Ifigenia!

¡Tu familia está aniquilada!

Ya no tenéis reyes, ya no tengo padres.

¡Mezclad vuestros sollozos con mis lamentos!

 

SACERDOTISAS

¡Mezclemos nuestros sollozos con sus lamentos!

 

IFIGENIA

Ya no tenéis reyes, ya no tengo padres.

 

SACERDOTISAS

Sólo teníamos esperanzas en Orestes, ¡ay!

Hemos perdido todo, ya no nos queda esperanza.

 

IFIGENIA

¡Honrad conmigo a ese héroe que ya no vive!

Al menos, a los manes de mi hermano

Rindamos los últimos deberes.

¡Traedme la urna funeraria!

Ofrezcamos a esa sombra tan querida

Los fríos honores que le son debidos.

 

(Traen la urna funeraria y comienzan la

ceremonia fúnebre)

 

SACERDOTISAS

Contemplad esta triste ofrenda,

Manes sagrados, sombras lastimeras.

¡Que nuestras lágrimas, que nuestros pesares,

Alcancen la infernal orilla!

 

IFIGENIA

¡Oh, hermano mío, oye

Los acentos de mi dolor!

¡Que los pesares de tu hermana

Hasta ti puedan descender!

 

SACERDOTISAS

Contemplad esta triste ofrenda... etc



DEUXIÈME ACTE

 

(Appartement intérieur du temple destine aux victimes,

où Pylade et Oreste sont enchaînés)

 

PYLADE

Quel silence effrayant! quelle douleur funeste!

Quoi, tu ne me réponds que par des longs sanglots?

Que peut la mort sur l'âme des héros?

Ne suis-je plus Pylade? N'es-tu plus Oreste?

 

ORESTE

Dieux! à quelles horreurs m'aviez-vous réservé?

D'un aveugle destin, déplorable victime,

Partout errant, partout réprouve.

Mon sort est accompli. J’étais pour le crime!

 

PYLADE

Que dis-tu? quel est ce remords?

Quel nouveau crime enfin?

 

ORESTE

Je t'ai donné la mort.

Ce n'était pas assez que ma main meurtrière,

Eût plongé le poignard dans le coeur d'une mère.

Les Dieux me réservaient pour un forfait nouveau:

Je n'avais qu'un ami, je deviens son bourreau.

 

Air

 

Dieux, qui me poursuivez,

Dieux, auteurs de mes crimes,

De l'enfer sous mes pas, entrouvrez les abîmes!

Ses supplices pour moi seront encore trop doux!

J'ai trahi l'amitié, j'ai trahi la nature.

Des plus noirs attentats j'ai comble la mesure:

Dieux! Frappez le coupable et justifiez-vous.

 

PYLADE

Quel langage accablant pour un ami qui t'aime!

Reviens à toi, mourons dignes de nous!

Cesse, dans ta fureur extrême,

D'outrager et les Dieux et Pylade et toi-même!

Si le trépas nous est inévitable,

Quelle vaine terreur te fait pâlir pour moi?

Je ne suis pas si misérable,

Puisque enfin je meurs près de toi!

 

Air

 

Unis dès la plus tendre enfance,

Nous n'avions qu'un même désir.

Ah! mon cour applaudit d'avance

Au coup qui va nous réunir.

Le sort nous fait périr ensemble,

N'en accuse point la rigueur;

La mort même est une faveur,

puisque le tombeau nous rassemble.

 

(Entrent un ministre du sanctuaire et des gardes

du temple)

 

LE MINISTRE DU SANCTUAIRE

Etrangers malheureux, il faut vous séparer.

 

(à Pylade)

 

Vous, suivez-moi.

 

PYLADE, ORESTE

Grands Dieux! qu'ordonnes-tu barbare?

 

ORESTE

(à Pylade)

Non, ne me quitte pas, ami fidèle et rare!

 

PYLADE, ORESTE

(aux gardes)

Cruels, faut-il vous implorer?

Hâtez la mort qu'on nous prépare,

Mais laissez-nous la recevoir à deux!

Vos glaives, vos bûchers

sont cent fois moins affreux

Que le moment qui nous sépare!

 

LE MINISTRE DU SANCTUAIRE

J'obéis â nos lois, j'obéis à nos Dieux!

 

(aux gardes)

 

Qu'on le conduise!

 

ORESTE

Arrête!

 

PYLADE

Hélas!

 

ORESTE

Monstres sauvages!

 

(Pylade, le ministre du sanctuaire et les gardes sortent)

 

On te l'enlève, hélas!

Pylade est mort pour toi.

Dieux! protecteurs de ces rivages!

Dieux! avides de sang, tonnez!, tonnez, écrasez-moi.

 

(Il tombe)

 

suis-je? à l'horreur qui m'obsède,

Quelle tranquillité succède?

 

Air

 

Le calme rentre dans mon coeur...

Mes maux ont donc lassé la colère céleste,

Je touche au terme du malheur.

Vous laissez respirer le parricide Oreste.

Dieux justes! Ciel vengeur!

Oui, le calme rentre dans mon coeur.

 

(Il s'endort d'accablement. Les Euménides paraissent

entourent Oreste. Les unes exécutent autour de lui un

ballet pantomime de terreur les autres lui parlent.

Oreste reste endormi pendant toute la scène)

 

LES EUMÉNIDES

Vengeons et la nature et les Dieux en courroux!

Inventons des tourments. Il a tué sa mère.

 

ORESTE

Ah! ah! ah!

 

LES EUMÉNIDES

Inventons des tourments. Il a tué sa mère.

Vengeons et la nature et les Dieux en courroux!

 

ORESTE

Ah! quels tourments! ah! quels tourments!

 

LES EUMÉNIDES

Ils sont encore trop doux.

Vengeons et la nature et les Dieux en courroux!

Il a tué sa mère!

 

(L'ombre de Clytemnestre paraît au milieu

des Euménides et s'abîme aussitôt )

 

ORESTE

Un spectre! ah! ah!

 

LES EUMÉNIDES

Point de grâce, il a tué sa mère!

 

ORESTE

Ayez pitié!

 

LES EUMÉNIDES

Pitié? le monstre! il a tué sa mère!

Vengeons et la nature et les Dieux en courroux!

 

ORESTE

Ayez pitié!

Ah, quels tourments!

 

LES EUMÉNIDES

Egalons, s'il se peut, sa rage meurtrière.

Ce crime affreux ne peut être expié,

Ton forfait ne peut être expié!

 

ORESTE

Ayez pitié! Dieux cruels!

 

(apercevant Iphigénie)

 

Ma mère! Ciel!

 

(Les portes de l'appartement s'ouvrent; les prêtresses

paraissent les Euménides s'abîment sans pouvoir être

aperçues)

 

IPHIGÉNIE

(à Oreste)

Je vois toute l'horreur que ma présence vous inspire.

Mais au fond de mon coeur, étranger malheureux,

si vos yeux pouvaient lire,

Autant que je vous plains, vous plaindriez mon sort.

 

ORESTE

(à part)

Quels traits! quel étonnant rapport!

 

IPHIGÉNIE

(à Oreste)

Quels bords vous ont vu naître?

Que veniez-vous chercher dans ces climats affreux?

 

ORESTE

Quel vain désir vous porte à me connaître?

 

IPHIGÉNIE

Parlez!

 

ORESTE

(à part)

Que lui répondre? Ô Dieux!

 

IPHIGÉNIE

D'où vient que votre coeur soupire?

Qu'êtes-vous?

 

ORESTE

Malheureux! C'est assez vous en dire.

 

IPHIGÉNIE

De grâce, répondez: de quels lieux venez-vous?

Quel sang vous donna l'être?

 

ORESTE

Vous le voulez? Mycènes m'a vu naître.

 

IPHIGÉNIE

Dieux! qu'entends-je? achevez, dites!

Informez-nous du sort d'Agamemnon,

De celui de la Grèce.

 

ORESTE

Agamemnon?

 

IPHIGÉNIE

D'où naît la douleur qui vous presse?

 

ORESTE

Agamemnon?

 

IPHIGÉNIE

Je vois couler vos pleurs!

 

ORESTE

Sous un fer parricide est tombé.

 

IPHIGÉNIE

(à part)

Je me meurs.

 

ORESTE

(à part)

Quelle est donc cette femme?

 

IPHIGÉNIE

Et quel monstre exécrable

A sur un roi si grand osé lever le bras?

 

ORESTE

Au nom des Dieux, ne m'interrogez pas!

 

IPHIGÉNIE

Au nom des Dieux, parlez!

 

ORESTE

Ce monstre abominable, c'est...

 

IPHIGÉNIE

Achevez! vous me faites frémir.

 

ORESTE

...son épouse!

 

IPHIGÉNIE

Grands Dieux! Clytemnestre?

 

ORESTE

Elle-même!

 

LES PRÊTRESSES

Ciel!

 

IPHIGÉNIE

Et des Dieux vengeurs la justice suprême

A vu ce crime atroce?

 

ORESTE

Elle a su le punir! Son fils...

 

IPHIGÉNIE

Ô ciel!

 

ORESTE

...il a vengé son père!

 

IPHIGÉNIE, PRÊTRESSES

De forfaits sur forfaits quel assemblage affreux!

 

ORESTE

De mes forfaits quel assemblage affreux!

 

IPHIGÉNIE

Ce fils, qui du ciel a servi la colère,

Ce fatal instrument des vengeances des Dieux?

 

ORESTE

A rencontré la mort qu'il a longtemps cherchée.

Électre dans Mycènes est seule demeurée.

 

IPHIGÉNIE

(à part)

C'en est fait. Tous les tiens ont subi le trépas.

Tristes pressentiments, vous ne me trompez pas.

 

(à Oreste)

 

Eloignez-vous. Je suis assez instruite.

 

(Oreste sort)

 

IPHIGÉNIE

Ô ciel! de mes tourments la cause et le témoin,

Jouissez du malheurs vous m'avez réduite.

Ils ne pouvait aller plus loin.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Patrie infortunée,

par des noeuds si doux

Notre âme est enchaînée,

Vous avez disparu pour nous!

 

IPHIGÉNIE

Ô malheureuse Iphigénie!

Ta famille est anéantie!

Vous n'avez plus de rois, je n'ai plus de parents.

Mêlez vos cris plaintifs à mes gémissements.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Mêlons nos cris plaintifs à ses gémissements.

 

IPHIGÉNIE

Vous n'avez plus de rois, je n'ai plus de parents.

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Nous n'avions d'espérance, hélas, que dans Oreste:

Nous avons tout perdu, nul espoir ne nous reste.

 

IPHIGÉNIE

Honorez avec moi ce héros qui n'est plus.

Au moins, qu'aux mânes de mon frère

Les derniers devoirs soient rendus.

Apportez-moi la coupe funéraire;

Offrons à cette ombre si chère

Les froids honneurs qui lui sont dus!.

 

(On apporte la coupe et l'on commence

les cérémonies funèbres)

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Contemplez ces tristes apprêts,

Mânes sacrés, ombre plaintive.

Que nos larmes, que nos regrets,

Pénètrent l'infernale rive!

 

IPHIGÉNIE

Ô mon frère, daignez entendre

Les accents de ma douleur:

Que les regrets de ta soeur

Jusqu'à toi puissent descendre!

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Contemplez ces tristes apprêts, etc


Tercer acto

Mientras tanto, este extranjero ha llegado oportunamente para traer a Ifigenia el recuerdo de su adorado hermano. Decidida a salvarle por eso, requiere a entrambos amigos que decidan entre ellos cual de los dos debe morir; el otro será enviado a Grecia con un mensaje para su hermana Electra. Como es natural, cada uno de ellos pretende que el otro se salve, e Ifigenia es quien debe decidir por ellos. Y salvará la vida a Orestes. Pero el joven jura que, en tal caso, se dará muerte por su propia mano, y Pílades accede al fin dirigirse a Grecia, en la esperanza de poder salvar a su amigo con algún recurso providencial.



ACTO TERCERO

 

(Aposentos de Ifigenia)

 

IFIGENIA

¡Cedo a su deseos! De la suerte que los acucia,

Informaré Electra, mi hermana.

Arrancaré de las garras de la muerte una víctima,

Y así servir a mi corazón y a la naturaleza.

¡Ay de mí, no lo puedo resistir!

Por ese infortunado,

Condenado por nuestras bárbaras leyes,

Siento la piedad más tierna.

Un lazo secreto une nuestros corazones.

Orestes sería de su edad.

Este cautivo desgraciado me recuerda su imagen,

Y su noble orgullo, evoca sus rasgos.

 

Aria

 

¡Ay de mí! Aún hablo tan feliz

De su querida presencia.

Mi alma se anima alimentando la esperanza,

Que me ha sido arrebatada.

¡Fantasías inútiles y queridas!

Persigo una vana quimera.

¡Ay, sólo tras las oscuras fronteras

Podré encontrar a mi hermano!

 

(Unas sacerdotisas traen a Orestes y Pílades)

 

UNA SACERDOTISA

He aquí los cautivos desgraciados.

 

IFIGENIA

¡Iros! ¡Dejadme sola con ellos!

 

(Las sacerdotisas salen)

 

ORESTES

(corriendo hacia Pílades)

¡Oh, júbilo inesperado!

¡Podré abrazarte por última vez!

 

PÍLADES

Mi suerte es menos horrible pues te veo de nuevo.

 

IFIGENIA

¡Viendo esta imagen mi alma se conmueve!

Habéis visto mis lágrimas, no pude resistirlo.

¡Ay! ¿Quién no las derramaría

Tras escuchar tal historia?

Aunque sobre estas costas sangrantes

El cielo fijó nuestros pasos,

Nacimos en un lugar de clima más dulce

Y Grecia es nuestra patria.

 

PÍLADES

¿Qué?

¿Perderemos la vida a manos de una griega?

 

IFIGENIA

¡Oh, daría mi vida por salvar la vuestra!

Pero Toante quiere sangre.

Su crueldad aumentará los males

Que os tienen preparados,

Si os libero de vuestras ataduras.

 

Trío

 

IFIGENIA

Aunque podría saciar la barbarie del tirano...

Matando sólo a uno y salvando al otro.

 

PÍLADES, ORESTES

¡Amigo mío, vivirás, salvarán tu vida!

 

IFIGENIA

A aquél de vosotros que me deba la vida,

¿Podría pedirle un favor?

 

PÍLADES, ORESTES

¡Decidlo, respondo de su agradecimiento!

 

IFIGENIA

Nací en Argos, como vosotros.

Me quedan allí todavía unos amigos.

Jurad que llevaréis fielmente una carta...

 

PÍLADES Y ORESTES

¡Juro por los dioses que cumpliré vuestro deseo!

 

IFIGENIA

Entonces habré de elegir una víctima.

¡Ay, qué dilema!...

¡Cómo desearía salvaros a ambos!

¡Pero es necesario que uno de los dos muera!

 

(aparte)

 

¡Mi alma se rompe!

Debo hacer la elección fatal...

 

(a Orestes)

 

Serás tú quien partirá.

 

ORESTES

¿Yo debo irme? ¿Y él morir? ¡Oh, cielos!

 

IFIGENIA

Obedece mi decisión y prepárate a partir.

Voy a disponerlo todo.

 

(Sale)

 

PÍLADES

¡Oh, momento de júbilo!

¡Mi muerte salvará la vida de mi amigo!

 

ORESTES

¿Y debo consentir que te quiten la tuya?

¿Me amas? ¡Habla!

 

PÍLADES

¡Por los dioses! ¿Osas preguntarlo?

 

ORESTES

¿Me amas?

 

PÍLADES

¡Qué pregunta! ¿Eres presa del delirio?

 

ORESTES

¡Renuncia a la elección de la sacerdotisa!

 

PÍLADES

¡No, me es demasiado grata para renunciar a ella!

 

Dúo

 

ORESTES

¿Y todavía pretendes quererme?

Al sacrificar tu vida, desprecias a los dioses...

 

PÍLADES

Ellos velan la tuya y protegen tu destino.

Cumpliré sus deseos supremos.

 

ORESTES

¿Quieres unirte al conjuro de esos dioses

Para añadir dolor a los tormentos que sufro?

 

PÍLADES

¿Qué me pides?

 

ORESTES

¡Que dejes que yo muera!

 

PÍLADES

No lo esperes.

 

ORESTES

¡Orestes te lo ruega!

 

PÍLADES

¡Cruel!

 

PÍLADES, ORESTES

¡Dioses, conmoved su corazón!

¡Devolvedme a mi amigo!

¡Que mi sangre os satisfaga!

¡Que sólo mi sangre baste para vuestro rigor!

 

ORESTES

¡Qué! ¿No venceré tu constancia funesta?

¡Qué! ¿Tu alma se resiste a mis súplicas?

¿No sabes que para Orestes

La vida es un suplicio horrible?

¿No sabes que estas manos matricidas

Aún huelen a la sangre que derramé?

¿No sabes que el infierno enfurecido

Reúne a mi alrededor a sus negras Euménides

Que me obsesionan en cualquier lugar?

¡Están aquí, sus manos son como serpientes!

¿Adónde huir? ¡Eh! ¿Qué?

¿Pílades me evita y me aborrece?

¡Me entrega a sus golpes! ¡Oh, grandes dioses!

 

PÍLADES

¡Eh! ¿Qué? ¿Acaso ignoras los ruegos de Pílades?

 

ORESTES

¿Serás tú, Pílades, quien debe morir?

 

PÍLADES

¡Oh, dioses! ¿Él no puede apaciguar vuestra ira?

 

ORESTES

Sólo la muerte me liberará de mis tormentos.

Me había merecido y ahora Pílades me la quita.

 

Aria

 

PÍLADES

¡Oh, amigo mío, imploro tu piedad!

¡Ay de mí! ¿Orestes puede confundir mis actos?

¡Que le conmuevan las lágrimas de la amistad!

Tu corazón no está cerrado frente al mío.

Este amigo que te era tan querido,

Pílades, está a tus pies, te suplica e implora.

¡Déjame salvarte de tus delirios!

¡Acepta la elección de la sacerdotisa!

 

ORESTES

¡Pílades!

 

PÍLADES

¡Oh, amigo mío, imploro tu piedad!

¡Ay de mí! ¿Orestes puede confundir mis actos?

 

ORESTES

¡Grandes dioses!

 

PÍLADES

¡Que le conmuevan las lágrimas de la amistad!

Tu corazón no está cerrado frente al mío.

 

ORESTES

¡A pesar tuyo, sabré arrancarte de la muerte!

 

(Entran Ifigenia y las sacerdotisas)

 

IFIGENIA

(a Pílades)

¡Cómo os compadezco!

 

(a las sacerdotisas)

 

¡Lleváoslo!

 

ORESTES

¡No, sacerdotisa, alto!

¡Vuestra piedad me tortura!

 

IFIGENIA

¿Qué quieres decir?

 

ORESTES

¡Yo soy el que debe morir!

Mi amigo os servirá.

¡Que él sea el ejecutor de vuestras órdenes!

 

PÍLADES

¡No escuchéis sus desvaríos!

 

IFIGENIA

(a Orestes)

¡Vive y sírveme!

 

ORESTES

No puedo, sin cometer un crimen.

 

PÍLADES

¿Cruel, qué furor te anima?

 

IFIGENIA

¡Mi elección fue dictada por los dioses!

 

ORESTES

(a Pílades)

¡Ya basta! Aquí y ahora declaro...

 

PÍLADES

¡Detente!

 

ORESTES

(a Ifigenia)

... que debéis saber...

 

PÍLADES

¡Detente! ¡Justos dioses!

 

IFIGENIA

(a Pílades)

¿Qué terrible horror se apoderó de su alma?

 

ORESTES

(a Ifigenia)

¡Pronunciad mi muerte!

 

IFIGENIA

¡No, no lo esperes!

Un poder desconocido, poderoso e irresistible,

Sobre el altar de los dioses detendría mi brazo.

 

ORESTES

¿Sois insensible a mis súplicas?

Pero es en vano, y pongo a los dioses por testigos:

Si mi amigo no escapa de la suerte que le espera,

Me inmolaré yo mismo ante vuestros ojos.

¡Y derramaré toda la sangre que el cielo ansía!

 

IFIGENIA

¡Oh, dioses! ¡Bien, cruel, cumpliré tus deseos!

 

ORESTES

(a Pílades)

¡Vive, amigo mío, Y sirve a la sacerdotisa!

Si vuelves a ver a mi querida hermana,

Llévale mis últimos suspiros.

¡Adiós!

 

(Las sacerdotisas se llevan a Orestes)

 

IFIGENIA

Puesto que el mismo cielo se interesa por tu vida,

dame el socorro que me habías prometido.

Lleva esta carta a Grecia

Y entrégasela a Electra, en persona.

 

PÍLADES

¿Qué oigo? ¿Qué lazos os unen?

 

IFIGENIA

Respeté vuestro secreto, no me pidas nada más.

 

PÍLADES

Seréis obedecida,

Cumpliré vuestros deseos si el cielo lo permite.

 

(Ifigenia sale)

 

Aria

 

PÍLADES

¡Divinidad de las grandes almas!

¡Amistad, ven a armar mi brazo!

Llena mi corazón de tus celestiales llamas.

¡Salvaré a Orestes, o encontraré la muerte!



TROISIÈME ACTE

 

(L'appartement d'Iphigénie)

 

IPHIGÉNIE

Je cède à vos désirs: du sort qui vous opprime,

Instruisons Électre, ma soeur.

Aux horreurs du trépas j'arrache une victime

Et je sers à la fois la nature et mon coeur.

Hélas! je ne puis m'en défendre,

Pour l'un de ces infortunés,

Par nos barbares lois à la mort condamnes,

Je sens la pitié la plus tendre.

Mon coeur s'unit à lui par des rapports secrets...

Oreste serait de son âge:

Ce captif malheureux m'en rappelle l'image,

Sa noble fierté m'en retrace les traits.

 

Air

 

D'une image, hélas, trop chérie,

J'aime encore à m'entretenir.

Mon âme se plaît à nourrir

L'espérance qui m'est ravie.

Inutiles et chers transports!

Chassons une vaine chimère:

Ah, ce n'est plus qu'aux sombres bords

Que je puis retrouver mon frère!

 

(Oreste et Pylade sont conduits)

 

UNE PRÊTRESSE

Voici ces captifs malheureux.

 

IPHIGÉNIE

Allez! laissez-moi seule avec eux!

 

(Les prêtresses sortent)

 

ORESTE

(courant à Pylade)

Ô joie inattendue!

Je puis donc t'embrasser pour la dernière fois!

 

PYLADE

Mon sort est moins affreux, puisque je te revois.

 

IPHIGÉNIE

À leur aspect touchant, je sens mon âme émue!

Vous avez vu mes pleurs, je n'ai pu m'en défendre.

Hélas! qui n'en verserait pas au récit

Que je viens d'entendre?

Si sur ces bords sanglants

Le ciel fixe nos pas,

Nous avons vu le jour dans de plus doux climats

Et la Grèce est notre patrie.

 

PYLADE

Quoi?

Des mains d'une Grecque il faut perdre la vie?

 

IPHIGÉNIE

Ah! pour sauver vos jours, je donnerais les miens.

Mais Thoas veut du sang.

Sa piété barbare ajouterait aux maux

Qu'on vous prépare,

si de tous deux je brisais les liens.

 

Trio

 

IPHIGÉNIE

Je pourrais du tyran tromper la barbarie,

De l'un de vous au moins que les jours conservés.

 

PYLADE, ORESTE

Mon ami, tu vivras, tes jours seront sauvés.

 

IPHIGÉNIE

De celui de vous deux qui me devra la vie,

Pourrais-je attendre un service?

 

PYLADE, ORESTE

Achevez, je réponds de sa reconnaissance.

 

IPHIGÉNIE

Dans Argos comme vous, j'ai reçu la naissance:

Il m'y reste encore des amis.

Jurez-moi qu'un billet fidèlement remis...

 

PYLADE ET ORESTE

J'en atteste les Dieux, vos voeux seront remplis.

 

IPHIGÉNIE

Il faut donc entre vous choisir une victime.

Hélas! dans le soin qui m'anime,

Que ne puis-je à tous deux rendre un service égal!

Il faut que l'un des deux expire!

 

(à part)

 

Mon âme se déchire!

Mais puisqu'il faut enfin faire un choix si fatal...

 

(à Oreste)

 

C'est vous qui partirez.

 

ORESTE

Que je parte? qu'il meure? Ô ciel!

 

IPHIGÉNIE

Répondez à mes voeux.

Soyez prêt à partir: je cours en presser l'heure.

 

(Elle sort)

 

PYLADE

Ö moment trop heureux!

Ma mort à mon ami va donc sauver la vie!

 

ORESTE

Et je consentirais, qu'elle te fût ravie?

M'aimes-tu? Parle!

 

PYLADE

Ô Dieux! tu l'oses demander?

 

ORESTE

M'aimes-tu?

 

PYLADE

Quel discours! quelle fureur te presse?

 

ORESTE

Renonce au choix de la prêtresse!

 

PYLADE

Ah! ce choix m'est trop cher, pour le pouvoir céder.

 

Duo

 

ORESTE

Et tu prétends encore que tu m'aimes?

Lorsqu'au mépris des dieux sacrifiant tes jours...

 

PYLADE

Ils veillent sur les tiens; ils protègent leur cours.

Je remplis leurs décrets suprêmes.

 

ORESTE

À ces Dieux conjurés prétends-tu donc t'unir

Pour ajouter aux tourments que j'endure?

 

PYLADE

Que me demandes-tu?

 

ORESTE

De me laisser mourir!

 

PYLADE

Non, ne l'espère pas.

 

ORESTE

Oreste t'en conjure.

 

PYLADE

Cruel!

 

PYLADE, ORESTE

Dieux, fléchissez son coeur!

Rendez-moi mon ami, qu'il m'accorde sa grâce,

Que tout mon sang vous satisfasse,

Qu'il suffise à votre rigueur!

 

ORESTE

Quoi! je ne vaincrai pas ta constance funeste?

Quoi! ton âme toujours se refuse à mes voeux?

Ne sais-tu pas que pour Oreste

La vie est un supplice affreux?

Ne sais-tu pas que ces mains parricides

Fument encore du sang que j'ai versé?

Ne sais-tu pas que l'enfer courroucé

Rassemble autour de moi ses noires Euménides?

Qu'elles m'obsèdent en tous lieux?

Les voici! des serpents leurs mains s'arment encore!

Où fuir? Eh! quoi?

Pylade me fuit et m'abhorre?

il me livre à leurs coups! Arrêtez! Ah! grands Dieux!

 

PYLADE

Eh! quoi? méconnais-tu Pylade qui t'implore?

 

ORESTE

Eh bien, Pylade, est-ce à toi de mourir?

 

PYLADE

Ô Dieux, votre courroux ne peut-il se fléchir?

 

ORESTE

La mort à mes tourments est l'unique relâche.

Je l'obtenais; Pylade me l'arrache!

 

Air

 

PYLADE

Ah! mon ami, j'implore ta pitié!

Oreste, hélas, peut-il me méconnaître?

Qu'il s'attendrisse aux pleurs de l'amitié.

Ton coeur au mien n'est pas fermé peut-être.

Cet ami qui te fut si cher,

Pylade est à tes pieds, il conjure, il te presse:

À tes fureurs, laisse-moi t'arracher.

Souscris au choix dicté par la prêtresse!

 

ORESTE

Pylade!

 

PYLADE

Ah! mon ami, j'implore ta pitié!

Oreste, hélas, peut-il me méconnaître?

 

ORESTE

Grands Dieux!

 

PYLADE

Qu'il s'attendrisse aux pleurs de l'amitié.

Ton coeur au mien n'est pas fermé peut-être.

 

ORESTE

Malgré toi, je saurai t'arracher au trépas!

 

(Entrent Iphigénie et les prêtresses)

 

IPHIGÉNIE

(à Pylade)

Que je vous plains!

 

(aux prêtresses)

 

Vous, conduisez ses pas!

 

ORESTE

Non, prêtresse, arrêtez!

Votre pitié s'égare!

 

IPHIGÉNIE

Que dites-vous?

 

ORESTE

C'est à moi de mourir,

Mon ami pourra vous servir,

Qu'il soit le digne objet d'un service si rare.

 

PYLADE

N'écoutez point ses transports furieux.

 

IPHIGÉNIE

(à Oreste)

Vivez et me servez.

 

ORESTE

Je ne le puis sans crime.

 

PYLADE

Cruel, quelle fureur t'anime?

 

IPHIGÉNIE

Ah! je sens que mon choix est dicté par les Dieux!

 

ORESTE

(à Pylade)

C'en est fait. Ici même, à l'instant, je déclare...

 

PYLADE

Arrête!

 

ORESTE

(à Iphigénie)

Eh bien! sachez

 

PYLADE

Arrête! justes Dieux!

 

IPHIGÉNIE

(à Pylade)

Quelle soudaine horreur de votre âme s'empare?

 

ORESTE

(à Iphigénie)

Prononcez, que ma mort...

 

IPHIGÉNIE

Non, ne l'espérez pas.

Un pouvoir inconnu, puissant, irrésistible,

Sur l'autel des Dieux même arrêterait mon bras.

 

ORESTE

Quoi, toujours à mes voeux, vous êtes insensible?

Mais c'est en vain, j'en atteste les Dieux:

Si mon ami n'échappe au sort qu'on lui prépare,

Je vais, m'immolant à vos yeux,

Répandre tout ce sang dont le ciel est avare.

 

IPHIGÉNIE

Ô Dieux! Eh! bien, cruel, remplissez vos désirs.

 

ORESTE

(à Pylade)

Vis, mon ami, cours servir la prêtresse.

D'une soeur qui m'est chère, adoucis la tristesse,

Porte-lui mes derniers soupirs.

Adieu!

 

(Les prêtresses emmènent Oreste)

 

IPHIGÉNIE

Puisque le ciel à vos jours s'intéresse,

Prêtez-moi le secours que vous m'avez promis.

Portez cet écrit jusqu'en Grèce,

Qu'entre les mains d'Électre il soit par vous remis.

 

PYLADE

Qu'entends-je? Quel rapport l'une à l'autre vous lie?

 

IPHIGÉNIE

J'ai respecté votre secret, n'exigez rien de plus.

 

PYLADE

Vous serez obéie,

Je remplirai vos voeux si e ciel le permet.

 

(Iphigénie sort)

 

Air

 

PYLADE

Divinité des grandes âmes!

Amitié, viens armer mon bras!

Remplis mon coeur de tes célestes flammes,

Je vais sauver Oreste, ou courir au trépas!


Cuarto acto

Próximo ya el momento en que deberá sacrificar a Orestes, Ifigenia implora a la diosa extinguir de su corazón cualquier último resto de humano sentimiento. Se resigna luego a consumar el aborrecido sacrificio. Orestes es conducido ante ella, dispuesto ya a morir, en tanto que el coro de sacerdotisas entona un himno en honor de la diosa. Cuando la espada está a punto de caer sobre la cabeza de Orestes, éste evoca en voz alta el similar destino de su hermana, y revela así involuntariamente su identidad. Ifigenia cae entonces en sus brazos, pero Thoas, siempre sediento de sangre, ha tenido asimismo noticias de su traición, y está dispuesto a llevar personalmente a su término el proyectado sacrificio, cuando Pílades retorna al frente de aguerrida hueste de soldados griegos. Thoas muere durante el combate, y Diana aparece en buen momento para bendecir a los sobrevivientes. La ópera finaliza, pues, en medio del júbilo general.



ACTO CUARTO

 

(Interior del templo de Diana. La estatua de la

diosa se eleva sobre un estrado; al lado, el altar

de los sacrificios. Ifigenia se encuentra sola)

 

IFIGENIA

¡No, este deber horrible no puedo cumplirlo!

A favor de del griego, sin duda un dios habla.

Un sacrificio horrible que hace temblar mi alma,

No, no lo puedo cumplir.

 

Aria

 

¡Te imploro y tiemblo, oh diosa implacable!

Siembra la crueldad en mi corazón,

Y ahoga la humanidad de mi voz lastimera.

¡Ay de mí! ¡ah! ¿Cuál es el rigor de mi suerte?

Soy víctima inocente de un ministerio sangriento.

¡Obedezco, pero me remuerde el corazón!

 

(Entran las sacerdotisas con Orestes)

 

SACERDOTISAS

¡Oh Diana, sénos propicia!

La víctima está preparada y vamos a inmolarla.

Que la sangre que va a fluir y nuestras lágrimas,

¡Puedan apaciguar tu justicia!

 

IFIGENIA

Las fuerzas me abandonan, ¡oh, momento terrible!

 

ORESTES

He aquí el final feliz de mis largos sufrimientos.

¡Grandes dioses, que éste sea también

El fin de vuestra venganza!

 

IFIGENIA

¡Oh, cielo!

 

ORESTES

(a Ifigenia)

Secad las lágrimas que fluyen de vuestros ojos,

No compadezcáis mi suerte,

Pues la muerte es lo que ansío.

¡Golpead!

 

IFIGENIA

¡Oh, oculta esa virtud horrible!

Los dioses protegen tu vida,

Pero vas a morir porque así lo deseas.

 

ORESTES

Los dioses lo consideran un deber necesario.

Queriendo prolongar mi vida,

Cometíais un crimen involuntario.

 

IFIGENIA

¿Un crimen? ¿Oh, matarte es un crimen?

 

ORESTES

Estos lamentos conmovedores

exaltan mi corazón.

¡Cómo suavizan mis tormentos!

Desde aquel instante fatal ¡ay!

Desde hace mucho tiempo, nadie había llorado

por mi cruel destino.

 

IFIGENIA

¡Ay de mí!

 

Himno

 

SACERDOTISAS

(Conducen a Orestes al santuario donde

lo adornan con cintas y guirnaldas).

¡Casta hija de Latona, oye nuestros cantos!

Que nuestras oraciones y nuestro incienso

Se eleven hasta tu trono.

Todo, en cielo y tierra, está sometido a tu ley.

Todo lo que rodea a Erebo,

Ante tu nombre palidece de pavor.

Siempre te consultamos,

En la paz, en los combates;

Y te ofrecemos el único culto

Verdadero de estos parajes.

¡Casta hija de Latona, etc.

 

(Cuando Orestes está engalanado de guirnaldas,

lo llevan tras del altar; queman perfumes y lo

purifican con libaciones en la cabeza)

 

IFIGENIA

¡Qué momento! ¡Dioses poderosos, socorredme!

 

CUATRO SACERDOTISAS

(guiando a Ifigenia hacia el altar)

Acercaos, soberana sacerdotisa,

Cumplid con vuestro augusto deber.

 

IFIGENIA

(caminando a duras penas hacia el altar)

¡Crueles, ya basta, respetad mi debilidad!

 

(una sacerdotisa le presenta el cuchillo sagrado)

 

¡Dioses, la sangre se hiela en mi corazón!

Tiemblo y mi brazo tan frágil...

 

SACERDOTISAS

¡Golpead!

 

ORESTES

Así pereciste en Áulide, Ifigenia, ¡oh, hermana!

 

IFIGENIA

¿Mi hermano?... ¡Orestes!...

 

SACERDOTISAS

¡Orestes, nuestro rey!

 

ORESTES

¿Dónde estoy? ¿Dónde?

 

IFIGENIA

¡Sí, es él, mi hermano!

 

ORESTES

¡Mi hermana Ifigenia! ¿Es a ella a quien veo?

 

IFIGENIA

¡Sí, es a ella, a quien Diana salvó de los furores

de un padre y de la ira de los griegos!

 

SACERDOTISAS

¡Sí, es Ifigenia!

 

IFIGENIA

¡Oh, mi hermano!

 

ORESTES

¡Oh, mi hermana!

¡Sí, eres tú! ¡Sí, mi corazón me lo atestigua!

 

IFIGENIA

¡Oh, mi hermano! ¡Oh, mi querido Orestes!

 

ORESTES

¿Qué, aún puedes quererme?

¿No estás horrorizada?

 

IFIGENIA

¡Oh, dejemos atrás un recuerdo tan funesto!

¡Déjame sentir este exceso de felicidad!

Sin haberte reconocido, ya estabas en mi corazón.

Al cielo y a la tierra rogué por mi hermano...

¡Helo aquí, lo tengo! ¡Está entre mis brazos!

Pero ¿qué veo?

 

(Una mujer griega entra corriendo)

 

UNA MUJER GRIEGA

¡Temblad, se ha revelado el misterio!

El tirano dirige aquí sus pasos.

Sabe que uno de los cautivos destinados

al suplicio fue salvado por ti y ha huido.

El tirano furioso viene hacia aquí

A acelerar el sacrificio del que queda.

 

SACERDOTISAS

¡Grandes dioses, socorrednos!

 

IFIGENIA

No se hará ese sacrificio abominable e impío...

¡Salvad a vuestro rey de la locura de Toante!

¡Él tiene sangre de los dioses

Y ellos que defenderán su vida!

 

(Entran Toante y los guardias)

 

TOANTE

(a Ifigenia)

La trama de tu crimen ha sido descubierta.

Traicionabas a los dioses y planeabas mi caída.

Ya es hora de castigar tu negra perfidia,

Ya es hora de satisfacer los deseos del cielo.

¡Inmola a este cautivo para que su sangre expíe

Tu audacia y tu crimen!

 

IFIGENIA

¿Que osas proponer, cruel?

 

SACERDOTISAS

¡Salvadnos, dioses justos,

Alejad los horrores que se avecinan!

 

TOANTE

(a Ifigenia)

Obedece a los dioses.

¡El cielo ha hablado, ya basta!

 

(a los guardias)

 

¡Guardias, ayudadme!

¡Atrapadlo!

 

IFIGENIA

¡Oh, cielo! ¿Qué osas hacer?

 

TOANTE

¡Arrastradlo al altar!

 

IFIGENIA

¡Cruel, es mi hermano!

 

TOANTE

¿Tu hermano?

 

ORESTES

¡Sí, lo soy!

 

IFIGENIA

Es mi hermano y mi rey,

El hijo de Agamenón.

 

TOANTE

¡Matadlo, sea quien sea!

 

IFIGENIA

(a los guardias)

¡Atrás!

 

(a las sacerdotisas)

 

¡Y vosotras, defended a vuestro señor!

 

TOANTE

(a los guardias)

¡Cobardes! ¿Retrocedéis por miedo?...

Yo mismo inmolaré, frente a la diosa,

Al prisionero y a la sacerdotisa.

 

ORESTES

¿Inmolar? ¿A quién? ¿A mi hermana?

 

(Se oye un gran ruido en el exterior del templo)

 

TOANTE

¡Sí, debo castigarla y a su estirpe!

 

(Pílades entra, seguido por una tropa de griegos)

 

PÍLADES

(hiriendo a Toante)

¡Tú serás el que morirá!

 

GUARDIAS DEL REY

¡Venguemos la sangre de nuestro rey!

¡Golpeemos!

 

IFIGENIA, SACERDOTISAS

¡Grandes dioses salvad a mi/su hermano!

 

PÍLADES

(a los griegos)

¡Valor, amigos, seguidme!

 

ORESTES

¡Pílades! ¡Oh, mi dios tutelar!

 

PÍLADES

¡Oh, mi único amigo!

 

IFIGENIA, SACERDOTISAS

¡Grandes dioses, socorrednos!

¡Grandes dioses salvad a mi/su hermano!

 

GRIEGOS

De este pueblo odioso,

Exterminemos hasta el menor rastro.

¡Sirvamos a la venganza celestial,

Y purifiquemos este lugar

En nombre de Pílades y de Orestes!

 

GUARDIAS DEL REY

¡Huyamos de este lugar funesto!

¡Salvémonos, evitemos sus golpes!

¡Los dioses combaten por Orestes!

 

(La diosa Diana desciende en una nube entre

los combatientes)

 

DIANA

¡Alto! ¡Oíd mis decretos eternos!

Escitas, devolved mis estatuas a los griegos.

Demasiado tiempo, en estos climas salvajes,

Habéis deshonrado mi culto y mis altares.

 

(a Orestes)

 

Me ocupo de tu destino, Orestes.

Tus remordimientos borran tus crímenes.

Micenas espera a su rey. Ve y reina en paz...

Devuelve a Ifigenia a una Grecia agradecida.

 

(Diana sube al cielo)

 

PÍLADES

¡Tu hermana! ¿Que oí?

 

ORESTES

Comparte mi felicidad.

 

Aria

 

En este dulce ser, a quién debo la vida,

Y que era la predilecta a mi corazón,

Reconoce a mi hermana, Ifigenia.

 

SACERDOTISAS, GRIEGOS, ESCITAS

Los dioses, mucho tiempo furiosos,

Cumplieron sus oráculos.

No temamos más obstáculos,

Un día más puro luce para nosotros.

Una paz dulce y profunda

Reina sobre el pináculo de la ola.

El mar, la tierra y el cielo,

Todo favorece nuestra felicidad.



QUATRIÈME ACTE

 

(L'intérieur du temple de Diane. La statue de la déesse

est élevée sur une estrade; à côté, l'autel des sacrifices.

Iphigénie se trouve seule aux pieds de la statue)

 

IPHIGÉNIE

Non, cet affreux devoir je ne puis le remplir.

En faveur de ce Grec un Dieu parlait sans doute.

Au sacrifice affreux que mon âme redoute,

Non, je ne saurai consentir.

 

Air

 

Je t'implore et je tremble, ô Déesse implacable!

Dans le fond de mon coeur mets la férocité,

Étouffe de l'humanité la voix plaintive et lamentable.

Hélas! ah! quelle est donc la rigueur de mon sort?

D'un sanglant ministère, victime involontaire,

J'obéis: et mon coeur est en proie au remords!

 

(Entrent les prêtresses avec Oreste)

 

CHOEUR DES PRÊTRESSES

Ô Diane, sois-nous propice!

La victime est parée, et l'on va l'immoler.

Puisse le sang qui va couler,

Puissent nos pleurs apaiser ta justice!

 

IPHIGÉNIE

La force m'abandonne; ô moment douloureux!

 

ORESTE

Voilà le terme heureux de mes longues souffrances:

Puise-t-il l'être aussi, grands dieux,

De vos vengeances!

 

IPHIGÉNIE

Ô ciel!

 

ORESTE

(à Iphigénie)

Séchez les pleurs qui coulent de vos yeux,

Ne plaignez point mon sort,

La mort fait mon envie:

Frappez!

 

IPHIGÉNIE

Ah! cachez-moi cette horrible vertu!

Les Dieux protégeaient votre vie,

Mais vous allez mourir et vous l'avez voulu.

 

ORESTE

Ces Dieux m'en avaient fait un devoir nécessaire.

En voulant prolonger mon sort,

Vous commettiez un crime involontaire.

 

IPHIGÉNIE

Un crime? ah! c'en est un de vous donner la mort.

 

ORESTE

Que ces regrets touchants

Pour mon coeur ont de charmes.

Qu'ils adoucissent mes tourments!

Depuis l'instant fatal, hélas!

Depuis longtemps, personne à mes malheurs

N'avait donné des larmes.

 

IPHIGÉNIE

Hélas!

 

Hymne

 

LES PRÊTRESSES

(Environnant Oreste et le conduisant dans le sanctuaire

ou elles l'ornent de bandelettes et de guirlandes)

Chaste fille de Latone, prête l'oreille à nos chants:

Que nous voeux, que notre encens

S'élèvent jusqu'à ton trône.

Dans les cieux et sur la terre tout est soumis à ta loi.

Tout ce que l'Erèbe enserre,

À ton nom pâlit d'effroi.

En tous temps on te consulte,

Dans la paix, dans les combats;

Et l'on t'offre le seul culte

Révéré dans ces climats.

Chaste fille de Latone, etc.

 

(Lorsqu'Oreste est paré de guirlandes, on le conduit

derrière l'autel; on brûle des parfums autour de lui,

on le purifie en faisant des libations sur sa tête)

 

IPHIGÉNIE

Quel moment! Dieux puissants, secourez-moi!

 

QUATRE PRÊTRESSES

(guidant Iphigénie vers l'autel)

Approchez, souveraine prêtresse,

Remplissez votre auguste emploi.

 

IPHIGÉNIE

(marchant péniblement vers l'autel)

Barbares, arrêtez, respectez ma faiblesse!

 

(une prêtresse lui présente le couteau sacré)

 

Dieux! tout mon sang se glace dans mon coeur.

Je tremble… et mon bras, plus timide ...

 

LES PRÊTRESSES

Frappez!

 

ORESTE

Ainsi tu péris en Aulide, Iphigénie, ô ma soeur.

 

IPHIGÉNIE

Mon frère,., Oreste!...

 

LES PRÊTRESSES

Oreste, notre roi!

 

ORESTE

suis-je? Se peut-il .

 

IPHIGÉNIE

Oui, c’est lui, c’est mon frère!

 

ORESTE

Ma soeur Iphigénie! Est-ce elle que je vois?

 

IPHIGÉNIE

Oui, c’est elle, qu’aux fureurs d’un père,

Qu’à la rage des Grecs Diane a su soustraire!

 

LES PRÊTRESSES

Oui, c'est Iphigénie!

 

IPHIGÉNIE

Ô mon frère!

 

ORESTE

Ô ma soeur!

Oui, c’est vous: oui, tout mon coeur me l’atteste.

 

IPHIGÉNIE

Ô mon frère! Ô mon cher Oreste!

 

ORESTE

Quoi, vous pouvez m'aimer,

Vous n'avez point horreur?

 

IPHIGÉNIE

Ah! Laissons-là ce souvenir funeste,

Laissez-moi ressentir l'excès de mon bonheur!

Sans te connaître encore je t'avais dans mon coeur.

Au ciel, à l'univers, je demandais mon frère…

Le voilà, je le tiens! Il est entre mes bras!

Mais que vois-je?

 

(Un femme grecque entre en courant)

 

UNE FEMME GRECQUE

Tremblez! On sait tout le mystère:

Le tyran porte ici ses pas.

Il sait qu'un des captifs, destinés au supplice,

Sauvé par vous, fuyait loin de ces lieux!

Le tyran furieux vient de l'autre

À l'instant presser le sacrifice.

 

LES PRÊTRESSES

Grands Dieux! secourez-nous!

 

IPHIGÉNIE

Il ne se fera pas, ce sacrifice abominable, impie…

Vous sauvez votre roi des fureurs de Thoas!

Il est du sang des Dieux,

Ils défendront sa vie!

 

(Entrent Thoas et les gardes)

 

THOAS

(à Iphigénie)

De tes forfaits la trame est découverte:

Tu trahissais les Dieux et conjurais ma perte.

Il est temps de punir ta noire perfidie,

Il est temps que le ciel soit enfin satisfait.

Immole ce captif, que tout son sang expie

Et ton audace et ton forfait!

 

IPHIGÉNIE

Qu'oses-tu proposer, barbare?

 

LES PRÊTRESSES

Sauvez-nous, justes Dieux,

éloignez les horreurs que ce moment prépare!

 

THOAS

(à Iphigénie)

Obéissez aux Dieux;

le ciel parle, il suffit!

 

(aux gardes)

 

Gardes, secondez-moi!

Qu'on le saisisse!

 

IPHIGÉNIE

Ô ciel! qu'oses-tu faire?

 

THOAS

Qu'on le traîne à l'autel!

 

IPHIGÉNIE

Cruel, il est mon frère!

 

THOAS

Ton frère?

 

ORESTE

Oui, je le suis!

 

IPHIGÉNIE

C'est mon frère et mon roi,

Le fils d'Agamemnon.

 

THOAS

Frappez! quel qu'il puisse être!

 

IPHIGÉNIE

(aux gardes)

N'approchez pas!

 

(aux prêtresses)

 

Et vous, défendez votre maître!

 

THOAS

(aux gardes)

Lâches! Vous reculez d'effroi

J'immolerai moi-même, aux yeux de la Déesse,

Et la victime et la prêtresse!

 

ORESTE

L'immoler? qui, ma soeur?

 

(On entend un grand bruit derrière le théâtre)

 

THOAS

Oui, je dois la punir, et tout son sang!

 

(Pylade entre rapidement suivi d'une troupe de Grecs)

 

PYLADE

(frappant Thoas)

C'est à toi de mourir!

 

CHOEUR DES GARDES DU ROI

Vengeons le sang de notre roi!

Frappons!

 

IPHIGÉNIE, PRÊTRESSES

Grands Dieux' sauvez mon/son frère!

 

PYLADE

(aux Grecs)

Courage, mes amis, et suivez-moi!

 

ORESTE

Pylade! Ô mon Dieu tutélaire!

 

PYLADE

O mon unique ami!

 

IPHIGÉNIE, PRÊTRESSES

Grands Dieux, secourez-nous!

Grands Dieux, sauvez mon/son frère!

 

CHOEUR DES GRECS

De ce peuple odieux,

Exterminons jusqu'au moindre reste.

Servons la vengeance céleste,

Et purifions ces lieux

Au nom de Pylade et d'Oreste.

 

CHOEUR DES GARDES DU ROI

Fuyons de ce lieu funeste!

Sauvons-nous, évitons leurs coups!

Les Dieux combattent pour Oreste.

 

(La déesse Diane descend dans un nuage

au milieu des combattants)

 

DIANE

Arrêtez! écoutez mes décrets éternels!

Scythes, aux mains des Grecs remettez mes images:

Vous avez trop longtemps, dans ces climats sauvages,

Déshonoré mon culte et mes autels.

 

(à Oreste)

 

Je prends soin de ta destinée, Oreste

Tes remords effacent tes forfaits:

Mycènes attend son roi, vas y régner en paix

Et rends Iphigénie à la Grèce étonnée.

 

(Diane remonte au ciel)

 

PYLADE

Ta soeur! qu'ai-je entendu?

 

ORESTE

Partage mon bonheur.

 

Air

 

Dans cet objet touchant à qui je dois la vie,

Et qu'un penchant si doux rendait cher à mon coeur,

Connais ma soeur Iphigénie.

 

PRÊTRESSES, GRECS, SCYTHES

Les Dieux, longtemps en courroux,

Ont accompli leurs oracles;

Ne redoutons plus d'obstacles,

Un jour plus pur luit pour nous.

Une paix douce et profonde

Règne sur le sein de l'onde;

La mer, la terre et les cieux,

Tout favorise nos voeux.


Ifigenia en Táuride
De Nederlandse Opera
Les Musiciens du Louvre Grenoble
Marc Minkowski
Pierre Audi

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Ifigenia en Táuride

Resumen argumental


Christoph Willibald von Gluck, compositor y teórico alemán de origen germano-bohemio, nacido en Erasbach, actual Alemania, el 2 de julio de 1714 y fallecido en Viena el 15 de noviembre de 1787.

El lugar destacado que ocupa en la historia de la música radica sobre todo en la reforma que llevó a cabo del género operístico, precursora que propugnaría Richard Wagner un siglo después. Hijo de un guarda forestal, en 1736 el príncipe Lobkowitz tomó a Gluck a su servicio en Viena, y un año después el príncipe Melzi se lo llevó consigo a Milán, Italia, donde recibió lecciones de composición por parte de Giovanni Battista Sammartini.

Fruto de esta educación fue su primera ópera seria, Artajerjes (1741), según el estilo italiano entonces imperante. Dado el éxito alcanzado, Gluck dio a la escena nuevos títulos, entre ellos Il Tigrane (1743), La clemencia de Tito (1752) y La Cinesi (1754). Ninguno de ellos dejaba entrever las innovaciones que lo harían célebre. Se adaptaban plenamente a las convenciones formales de la ópera seria.

Determinante en su posterior evolución fue el conocimiento de la ópera francesa, la tragédie-lyrique de Lully y Rameau, que tuvo oportunidad de estudiar en Viena. Influido por ella, dio a conocer en 1762 la obra que inauguraba su reforma, Orfeo y Eurídice, con libreto de su colaborador Raniero de Calzabigi. Esta reforma, sistematizada con detalle en el prólogo de su posterior trabajo, Alceste (1767), intentaba devolver a la ópera el espíritu de la tragedia griega.

Con ese fin, Gluck eliminó el aria da capo, adecuó las voces a los personajes, sustituyó los recitativos secchi por otros acompañados por la orquesta, a la que enriqueció en efectivos y otorgó un mayor protagonismo, y difuminó las diferencias entre estos recitativos y las arias. El resultado fueron unas obras en las que devolvía a la ópera su contenido teatral, perdido en el Barroco.

La reforma no consiguió consolidarse en Viena, pero sí en Francia, país en el cual el músico se estableció en el año 1773, y en el cual dio a conocer con éxito Ifigenia en Áulide (1774), Armide (1777) e Ifigenia en Táuride (1779).


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