*Así habló Zarathustra.

JULIO...

ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA OP. 30, TrV 176

Así habló Zarathustra Op. 30, TrV 176

a evolución de la estética musical de Strauss estuvo fuertemente influida por Nietzsche, cuyas obras admiraba por sobremanera y de cuya teoría del Superhombre el compositor era un firme creyente. Esta convicción lo llevó a describir musicalmente las vidas de muchos personajes -legendarios o no- cada uno de los cuales, en todos sus intentos o propósitos, es una especie de Superhombre. Esto incluye los héroes de Don Juan, Till Eulenspiegel, Una vida de héroe y Así hablaba Zarathustra.

Esta última obra, comenzada en Munich el 24 de febrero de 1896, y completada allí el 24 de agosto, fue estrenada en Frankfurt am Main el 27 de noviembre de ese año. Está basada directamente en el famoso libro homónimo de Nietzsche, "un libro para todos y para ninguno"; se dirigieron muchas críticas al compositor por "intentar escribir música filosófica". Pero el propio Strauss ofreció esta explicación de la obra: "No he tratado de escribir música filosófica o describir musicalmente la gran obra de Nietzsche. He querido dar, por medio de la música, una idea del desarrollo de la raza humana desde su origen, a través de las varias fases de su desarrollo religioso y científico hasta la idea de Nietzsche del Superhombre. Todo el poema sinfónico está ideado como un homenaje al genio de Nietzsche, que encuentra su expresión máxima en su libro "Así hablaba Zarathustra".

Como prefacio al poema sinfónico, en la carátula de la partitura se ha impreso un fragmento del libro de Nietzsche -la primera sección del discurso inicial de Zarathustra: "Habiendo alcanzado la edad de treinta años, Zarathustra abandonó su hogar y el lago de su casa y partió hacia las montañas. Entonces se regocijó en su espíritu y en su soledad, y no se cansó de ello durante diez años. Pero finalmente su corazón cambió- una mañana se levantó al alba y se situó frente al Sol y le habló así: ¡Oh, gran astro! ¿Cual sería tu felicidad si no fuera por aquellos para quienes brillas? Durante diez años has venido hasta mi cueva. Te hubieses hartado de tu luz y tu trayecto de no haber sido por mí, mi águila y mi serpiente. Pero te esperamos cada mañana, recibimos tu abundancia y te bendecimos por eso. ¡Escucha! Estoy cansado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel; necesito manos estiradas, pidiéndola. Gustosamente la concedería y distribuiría hasta que los sabios entre los hombres puedan nuevamente gozar de su locura y los pobres de sus riquezas. Para tal fin debo descender a las profundidades, como tú al crepúsculo, cuando hundiéndote detrás del mar das luz a las regiones más bajas, ¡oh resplandeciente astro! Yo como tú, debo descender como dicen los hombres -hombres hacia quienes yo descendería-. Entonces bendíceme, tú, ojo impasible, que puedes ver sin envidia aún al exceso de felicidad. Bendice esta copa que pronto desbordará, de modo que la dorada agua que fluirá de ella pueda transmitir por doquier el reflejo de tu éxtasis. ¡Óyeme! esta copa está por vaciarse de nuevo y Zarathustra volverá a ser hombre una vez más". De este modo comenzó el descenso de Zarathustra".

¿Podrá alguna vez la mente humana resolver el enigma del universo?" Unos pocos y calmos compases introductorios, y ya las trompetas hacen resonar pp su solemne lema Do-Sol-Do, llamado tema del Enigma del Mundo que, en diversas apariencias, surge a través de toda la obra hasta su final. La simple pero expresiva introducción aumenta su intensidad y finaliza majestuosamente en el climático acorde de Do mayor del órgano y la orquesta en pleno.

Una misteriosa frase tremolando a cargo de los cellos y contrabajos prepara la atmósfera de! primer episodio en La bemol mayor, que se titula "Von den Hinterweltern"; y al punto los cornos, contra este fondo casi místico, entonan solemnemente el majestuoso himno gregoriano "credo ¡n unum deum", pues los Habitantes del Mundo Anterior son aquellos que buscan la solución del Enigma del Mundo en la religión -¿y acaso Nietzsche no se encontraba entre ellos?-.

 La próxima sección, agitato, en su pasaje ascendente en Si menor en los cellos y fagotes, sus rápidas escalas en las cuerdas agudas y las terceras cromáticas de las maderas que responden, es la De la Gran Ansia (Von der Grossen Sehnsucht).

Un veloz doble glissando del arpa lleva sin interrupción al episodio intitulado Von den Freuden -und Leidenschaften-, un apasionado animato en la que una patética cantilena, a cargo de los segundos violines, oboes y cornos, es gráfica descripción "De Alegrías y Pasiones".

Le sigue Grablied (Canción de la Tumba). Nuevamente le es confiada una cantilena, tierna esta vez, al oboe, melodía que sobrevuela el motivo del Ansia a cargo de los cellos y fagotes.

Como para describir exactamente el clima del próximo eoisodio, Von der Wissenschaft (de la Ciencia), Richard Strauss adoptó la que es a menudo considerada como la forma musical más científica: la fuga. Los contrabajos divididos y los cellos abren este episodio con un fugado cuyo tema contiene todos los grados -tanto diatónicos como cromáticos- de la escala. El próximo

episodio, Der Genesende (El Convaleciente) surge en Si menor en un pasaje de las cuerdas a cargo de los cellos y las violas. El Tanzlied (Canción de Danza) subsiguiente, con su risueña introducción a cargo de las maderas, lleva a un algo pesado movimiento valseado en 3/4 cuyo carácter no deja de tener un cierto parentesco con los valses del "Caballero de la Rosa". Como contraste, el Nachtlied (Canción de la Noche) ofrece un tema muy lírico que se apoya en acordes sostenidos.

Una campana resuena en fortissimo y comienza el Nachtwanderlied (Canción del que Camina en la Noche), acentuado cada cuatro compases por la campana cuyos doce toques se desvanecen en un decrescendo sostenido.

Finalmente llega la conclusión mística que, finalizando en dos tonalidades distintas, provocó una gran controversia cuando la obra se representó por primera vez. Mientras los trombones se aferran tenazmente al acorde Do-Mi-Fa sostenido, los violines y las maderas agudas elevan el Tema del Ideal en Si mayor, mientras los pizzicati de los contrabajos siguen haciendo oír el Do-Sol-Do del Enigma del Mundo. Evidentemente el gran problema permanece sin resolverse.

 

                                                                                                E. C. Stone

Poema sinfónico dividido en nueve episodios.

 

1. “Introducción”

 

En el prefacio de la partitura se encuentra una cita, la invocación inicial al sol naciente de Zaratustra, en la que, después de pasar diez años como eremita en las montañas, decide regresar al mundo de abajo. La obra comienza con una serie de notas en grave, apenas perceptibles hasta alcanzar un fortísimo. Luego de apagarse los últimos sonidos de la orquesta, queda sólo el eco del órgano.

 

2. “De los hombres de un mundo ultraterreno”

 

Con un compás de silencio se inicia este cuadro. En un clima misterioso el clarinete entona un sencillo motivo. Violonchelos y contrabajos en pizzicato preparan la llegara de un nuevo tema: un “Credo” tomado del canto llano. Una hermosa canción de cámara es interpretada por violines y violonchelos: es el momento en que Zaratustra abandona su fe en Dios y la creencia en el más allá. Con los sonidos del corno inglés y las violas recreando la atmósfera del episodio, enlazan con el cuadro siguiente.

 

3. “De la aspiración suprema”

 

El episodio se vivifica con los violonchelos y fagotes. El querer ascender y no poder es el motivo de este episodio. Las trompas, anuncian una nueva melodía expuesta por las violas, que es abruptamente cortada por la intervención del corno inglés.

La música se agita con rápidas escalas ascendentes en violonchelos y contrabajos y esta se apodera de la orquesta.

 

4. “De las alegrías y las pasiones”

 

Un mismo acorde actúa como final del cuadro anterior y principio de este. El drama se impone en todo el episodio. Una extensa melodía alcanza aquí su punto de mayor intensidad que termina con un acorde en fortísimo. La obra irá acumulando tensión a través de este diseño rítmico. Las trompas, surgen de entre la gran agitación orquestal y tocan el tema de los violines de comienzo de sección. El clima se hace mas sereno al final del episodio.

 

5. “El canto fúnebre”

 

Aquí aparecen dos temas que ya han aparecido, por un lado los violonchelos tocan el inicio de “De la aspiración suprema” en tanto el oboe solista toca “De las alegrías y las pasiones”. El solo de clarinete enlazará con el siguiente cuadro.

 

6. “De la ciencia”

 

El violonchelo, con un tema sencillo realiza una serie de preguntas y respuestas. La trompeta toca el tema de la introducción, en tanto la orquesta se apaga.

 

7. “El convaleciente”

 

El trombón y el violonchelo son los encargados de la conducción temática. El enlace con el siguiente cuadro se produce por las flautas y clarinetes.

 

8. “La canción de vals”

 

El título ya anunciaba una danza, y Richard Strauss fue un asiduo cultivador del vals. Se instala nuevamente un clima dramático. Los violonchelos exponen el recurrente motivo inicial de “De la aspiración suprema”. Con la orquesta en un unísono se llega al punto más alto del cuadro. Varios motivos de secciones anteriores se entremezclan.

 

9. “Canto del sonámbulo”

 

La entrada a este cuadro se produce sin divisiones con respecto al anterior. Se dejan oír doce campanadas. Con tres notas en pizzicato a cargo de violonchelos y contrabajos se cierra la obra.

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Así habló Zarathustra (1 de 4).

l'Orchestra Nazionale di Santa Cecilia
            Antonio Pappano
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Biografía de Richard Georg Strauss

 

ació en Munich, Alemania el 11 de junio de 1864. Hijo de un intérprete de trompa de la corte de Múnich, Franz Strauss, Richard fue “niño prodigio”. Empieza su carrera en forma parecida a la de Mahler, es decir, como excelente director de orquesta; mas pronto llama la atención por sus composiciones. Al principio cultiva sobre todo el género del poema sinfónico, que llega a perfeccionar desde todo punto de vista. ("Macbeth", "Don Juan", "Muerte y transfiguración", "Las travesuras de Till Eulenspiegel", "Así hablaba Zarathustra", "Don Quijote", "La vida de un héroe"; y en un marco más amplio: "De Italia", fantasía sinfónica; "Sinfonía doméstica" y "Sinfonía de los Alpes".) Aunque en aquellas primeras obras aún se notan fuertes influencias wagnerianas, se muestra ya la maestría de Strauss en dar a su orquesta un colorido nunca experimentado. Luego se dedica al teatro lírico, creando dos óperas verdaderamente excepcionales: "Salomé" y "Electra", ambas de un naturalismo crudo y de extraordinaria audacia armónica; se esperaba que Strauss traspasara los límites de la tonalidad, pero él, por el contrario, retoma el camino de la melodía y armonía creando "El caballero de la rosa", luego "Ariadna en Naxos" y "La mujer sin sombra". Después, Strauss se vuelve más y más hacia un estilo clasicista que contrasta abiertamente con la música "atonal" de la época entre las dos guerras mundiales. ("La Helena egipcia", "Arabella", "La mujer silenciosa", "Dafne" "Intermezzo", "Un día de paz", "Capricho".) Donde muy especialmente se muestra el talento melodioso e íntimo de Strauss es en los lieder, que pertenecen a los más logrados del género. El ciclo más célebre es el que vino a ser su testamento musical, Cuatro últimas canciones (Vier letzte Lieder), que, con textos de poemas de Hermann Hesse y Joseph von Eichendorff, vieron la luz un año antes de la muerte del compositor.

Strauss, fue durante cierto tiempo director de la ópera de Viena, vivió después en Baviera, mudándose a Suiza después de la segunda guerra mundial. Fue cuestionado por su adherencia al partido nazi durante su vigencia en Europa, durante el régimen nazi en Alemania, desempeñó el cargo de director honorario del Departamento de Música del Tercer Reich (1933-1935). Strauss deja en claro su lejana responsabilidad del hecho. Entre otros datos tiene en su haber la composición del himno para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, celebrados en la Alemania nazi.

Fallece el 8 de septiembre de 1949 en Garmisch-Partenkirchen, a lo 85 años de edad.

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