MAYO...

ÓPERA SERIA EN TRES ACTOS: LA CORONACIÓN DE POPEA

Claudio Giovanni Antonio Monteverdi

(15 de mayo de 1567, Cremona - 29 de noviembre de 1643, Venecia)

racias al genio inspirado de Claudio Monteverdi, descubrirá la Opera la fuerza dramática que puede desprenderse de la "monodia acompañada" y hasta qué punto puede el canto, sostenido por las armonías del "bajo continuo", aumentar extraordinariamente la carga emotiva de la palabra, desentrañando sus más recónditos significados.

En la presentación de sus Madrigali guerreschi e amorosi, que publicó en Venecia cuando se hallaba en su plena madurez artística, declara Monteverdi haber reflexionado sobre los movimientos más profundos del alma: dolor, ira, dulzura, plegaria, a los que corresponden los tres "registros" de la voz humana: "apasionado", "delicado" y "sereno". Pero, prosigue, del "apasionado" no hay huella en las Operas musicales; falta ese elemento dramático innato en el hombre que canta el dolor, la amenaza, la guerra, en una expresiva fusión entre texto y música. En su apoyo cita su Combattimento fra Tancredi e Clorinda, sobre los versos de Tasso; dice que en esta obra trató de realizar una auténtica identificación de la música con los encontrados sentimientos del amor que combate, suplica y muere.

En esta búsqueda de una música rica de "pathos", inspirada por profundas exigencias expresivas, pero conseguida a través de una investigación rigurosa y un estudio severo del fenómeno musical, se encuentra ya perfilado el Monteverdi artista y hombre. Artista original e innovador, no es todavía el compositor romántico y revolucionario que obedece a una instintiva inspiración que rompe con el pasado: admite la tradición, pero renovada y regenerada con la impronta de su genio. Estudioso serio y apasionado, había publicado, desde muy joven y en Cremona, ciudad de fabricantes de instrumentos de cuerda, Madrigales a varias voces, y había estudiado todos los instrumentos de su tiempo, desde el órgano al laúd y al guitarrón, pero se había especializado en la viola, y precisamente como tañedor de este instrumento le encontramos en el Palacio Ducal de Mantua, en donde su maestro, Marcantonio Ingegneri, es músico de corte.

A finales del Cinquecento, Mantua es ciudad de arte, y en el espléndido marco del castillo de los Gonzaga se reúne el mundo intelectual de aquel tiempo; de Rubens a Vincenzo Galilei, a Tasso, de Luca Marenzio a Rinuccini, a Orazio Vecchi; cada uno deja allí una impronta de arte y de belleza exquisita, que hace a la ciudad extraordinariamente rica en fermentos culturales. Durante el período de transición entre los siglos XVI y XVII, en el ambiente excepcional de la corte mantuana, Monteverdi encuentra en Vincenzo Gonzaga al último mecenas de aquella señoría.

La amigable relación entre el músico y su señor durará veinte años, tanto en el espléndido escenario de la Corte como en las misiones diplomáticas o militares a través de Europa. Los recuerdos más significativos de la vida de Monteverdi están ligados a Mantua: el amor y el matrimonio con Claudia Cattaneo, cantante de la Corte, el nacimiento de sus dos hijos, la muerte de la esposa inmediatamente después de la primera representación triunfal del Orfeo. Pero no hay tiempo para el dolor; la Corte está alegre, y exige Madrigales y música "de baile". Así nacen el originalísimo Ballo delle Ingrate y Arianna. La primera representación de esta Opera supone para Monteverdi un nuevo motivo de dolor, ya que antes del espectáculo muere la protagonista, Caterina Martinelli; la voz de "Caterinuccia" poseía un especial timbre dramático, y Monteverdi lo había estudiado en todos sus registros, escribiendo la parte de Ariadna exclusivamente para ella.

Pocos años después, muere también Vincenzo Gonzaga, y la Corte se vuelve sombría. Mantua ha dado la gloria a Monteverdi, pero no le ha ahorrado tampoco envidias y enemistades; ya sin el apoyo del duque, el músico abandona para siempre a los Gonzaga, y acepta la invitación de la Serenísima, que le nombra maestro de Capilla en San Marcos.

El maestro llega a Venecia con el abatimiento en el espíritu y el cansancio en el cuerpo, tras un accidentado viaje; le han asaltado unos bandidos y le han despojado de todo. Ahora sólo suspira por una vida tranquila, amparada en la dorada quietud de la basílica, en un diálogo cada vez más íntimo con la música. Pero su fama ha llegado antes que él: la ciudad le espera, los nobles se disputan el honor de abrirle las puertas de sus palacios y el de ejecutar sus Operas en los pequeños teatros privados, abiertos a un público aristocrático. La actividad de Monteverdi como compositor se intensifica. El calendario litúrgico es exigente, los plazos improrrogables; el maestro vigila las ceremonias religiosas, dirige el coro y compone infatigablemente; pero publica con rigurosa selección, porque su severa autocrítica se niega a considerar como arte aquella música religiosa ocasional exigida por las circunstancias. Sigue componiendo también música profana, de inspiración dramática o mitológica, para el refinado gusto de los venecianos.

En Mantua, los últimos Gonzaga no pueden resignarse a perderle, y llega un momento en que se deciden a pedirle que vuelva, pero Monteverdi no puede renunciar a la dignidad de su cargo en Venecia y responde con una carta de negativa, llena de diplomacia, digna de un habilísimo embajador veneciano. Sobre Mantua se abatirá después la furia de los lunsquenetes, y la caída de aquel mundo de arte feliz supondrá un nuevo dolor para el maestro, que conserva todavía vivo el recuerdo de la fascinante ciudad en la que había pasado toda su juventud. Un gran silencio rodea ahora a Monteverdi, un silencio que se ha hecho todavía más trágico con la desaparición de sus dos hijos en una epidemia de peste. Salvado del contagio, él vistió el hábito sacerdotal, llevándolo con la noble dignidad que había caracterizado toda su vida.

Los últimos años transcurren serenos, fecundos en obra de creación, entre la veneración de toda la ciudad y la ferviente admiración del mundo artístico e intelectual; de todas las partes del mundo, llegan a Venecia músicos deseosos de conocerle. Sus últimas obras, Il ritorno di Ulisse in patria y L'Incoronazione di Poppea, dejarán las salas de los palacios aristocráticos para penetrar en el escenario de San Cassiano, el primer gran teatro veneciano abierto al público.

El Orfeo. No es cierto que Monteverdi estuviese en Florencia la noche del 6 de octubre de 1600, para asistir a la Eurídice de Peri; sí lo es, en cambio, que, acerca de esto, recibió noticias detalladas y entusiastas del joven príncipe Fernando, hijo del duque Vincenzo Gonzaga, en cuya Corte prestaba servicio el músico de Cremona. Tanto Fernando como el otro hijo del duque, Francesco, eran unos apasionados de la música, y la representación florentina les había interesado enormemente; por otra parte, la rica Corte mantuana tenía a su servicio cantantes famosos, habilísimos instrumentistas y un compositor como Monteverdi, cuya fama había traspasado ya los límites de la ciudad de los Gonzaga.

Inmediatamente se pensó, pues, en realizar también en Mantua un espectáculo teatral bajo la dirección de Francesco Gonzaga, al que después será dedicado el Orfeo.

Se tiene muy presente el ejemplo florentino, incluso en la elección del tema, cuya elaboración se encomienda a Alessandro Striggio, hijo del compositor del mismo nombre, autor del Cicalamento delle donne al bucato. Pero pronto podrán apreciarse las diferencias; el interés de la acción no se centra ya sobre Eurídice, sino sobre Orfeo; es decir, no ya sobre la mujer, víctima inocente de un hado cruel, sino sobre el hombre que se opone a la voluntad del destino con una dolorosa violencia, y logra derrotarlo, para sucumbir, de nuevo, víctima de su humana debilidad.

El ambiente es el fantástico de la Arcadia, pero el drama está transido de dolor; las figuras son míticas, pero viven y sufren. En el libreto de Rinuccini, en cambio, todo se allanaba, y la Opera terminaba con el alegre matrimonio entre Orfeo y Eurídice.

Alessandro Striggio inicia su tarea bajo la vigilancia atenta y severa del mismo Monteverdi, que ya se imagina la música y el drama, y quiere que la acción se reduzca a lo esencial, sin ampulosidades poéticas inútiles. El resultado es discreto, y se puede hablar del libreto del Orfeo como de uno de los mejores de toda la historia de la Opera musical.

Nos parece especialmente afortunado el relato de la muerte de Eurídice:

 

En un prado florido,

con otras compañeras

iba cortando flores

con que tejer guirnaldas para tus cabellos,

cuando un áspid venenoso,

entre la hierba oculto,

le clavó en un pie su diente emponzoñado.

Y he aquí que, de pronto,

su bello rostro palidece

y de sus ojos huye

aquella luz que le envidiaba el sol.

Entonces, nosotras,

asustadas y tristes,

la rodeamos, queriendo volverle

la vida que le escapaba,

con agua fresca y antídotos fuertes.

Más todo es inútil, ¡ay!, que desfallece.

Y abriendo cuanto pudo sus lánguidos ojos

y llamándote, Orfeo,

tras un hondo suspiro,

expiró entre estos brazos,

dejándome el corazón

lleno de piedad y espanto.

 

Cuando estos acentos resonaron en Mantua (primero ante un reducido círculo de invitados a la "Accademia degli Invaghiti", del que formaban parte los dos jóvenes Gonzaga, y después, el 24 de febrero y el 1 de marzo de 1607, en el Teatro de la Corte), la emoción fue muy grande. Monteverdi había sabido infundir al rígido esquematismo del "recitar cantando" florentino una singular vibración humana, una emoción que se volcaba, irrefrenable, sobre el auditorio, a través de la música. Aparentemente, todo había quedado igual; pero la correspondencia entre la palabra y la música había cambiado. Lo primero que se advertía era la preocupación por lo expresivo: a la palabra "dolor", correspondían largas notas, cada vez más apagadas y graves, mientras que la "alegría" era subrayada por una sonora escala ascendente; Monteverdi no renuncia, a veces, a estos efectos particulares, pero lo injerta, lo encuadra, lo envuelve todo siempre en la música, que es la que realmente juega el papel de elemento aglutinante, sobre el que surge y se plasma toda la línea dramática, en sus distintas gamas expresivas.

No faltan en el Orfeo de Monteverdi zonas sin nervio, recitados que siguen mecánicamente el ritmo de la poesía, y, muchas veces, la acción cristaliza en cuadros de un enervante estatismo. Pero cuando el texto se hace más apretado, cuando el ritmo de las escenas es más rápido, la música se enciende, de pronto, y levanta, con su poderoso impulso, todo el lastre de artificiosas escenas arcádicas que, en otras partes, la frena y la empobrece.

Por desgracia, lo que hoy poseemos del Orfeo, como de la gran mayoría de las Operas del siglo XVII, no es más que un pálido reflejo de lo que debieron de ser las representaciones de Mantua, y después las de Turín y de Florencia; dirigidas por el propio compositor. Conforme al uso de la época la parte escrita refleja sólo las líneas vocales y el bajo continuo, con algunas indicaciones para los acordes. Se relacionan también los instrumentos usados, y para el Orfeo el autor menciona 43, pero no es posible saber con exactitud cuál es el papel de cada uno, ni cuándo ni cómo intervienen. En el Orfeo se encuentran breves y bellísimos ritornelos instrumentales, pero ni siquiera en estos casos se indican los instrumentos que han de ejecutarlos.

Si se piensa en que al clavicordio o al órgano, a los que se encomendaban las armonías del bajo continuo, se sentaba casi siempre el mismo autor de la música, y que los demás instrumentos -violas, trompetas, laúdes- estaban, en la mayoría de los casos, en manos de otros magníficos músicos y compositores, puede hacerse una idea del excepcional nivel artístico de aquellas interpretaciones.

Un año después de la representación del Orfeo, se suceden, también en Mantua, una Dafne de Marco da Gagliano (1575 ap.-1642) y una nueva obra de Monteverdi, Arianna, de la que nos queda una sola y bellísima página, el conmovedor Lamento.

Muchas de las Operas compuestas por aquellos años se han perdido, pero tenemos algunas noticias de ellas. Sabemos, por ejemplo, que Monteverdi compuso fragmentos aislados para Operas de otros autores, dos Operas en 1617, otras dos en 1627, y otras más en los años siguientes.

Uno de los primeros teatros que se construyeron para albergar a los nuevos espectáculos, cada vez más fastuosos y para un público cada vez mayor, fue el de los Barberini, de Roma, capaz para unos tres mil espectadores. Se inaugura con el Sant'Alessio de Stefano Landi, sobre libreto de Giulio Rospigliosi, el futuro papa Clemente IX. Esto ocurría en 1632; cinco años después, abriría Venecia sus teatros con entradas de venta al público.


 

Aspectos del Teatro italiano del XVII

n el siglo XVII, Carlo Goldoni se expresaba así, a propósito del teatro que le había precedido: "Mis compatriotas estaban acostumbrados, desde hacia mucho tiempo, a las farsas triviales y a los espectáculos gigantescos... Mis versos no pertenecen a ese estilo sublime; pero esto era, precisamente, lo que se necesitaba para hacer entrar en razón, poco a poco, a un público acostumbrado a las hipérboles, a las antítesis y al ridículo de lo gigantesco y de lo novelesco". Es un juicio interesante que, en pocas palabras, ilustra y resume las características del teatro del XVII. Se habla de "antítesis", de "gigantesco" y de "novelesco", que son las características propias, durante el siglo XVII, no sólo del teatro como hecho literario, sino del teatro en general, como expresión de un gusto orientado hacia efectos escénicos y espectaculares cada vez más ricos y complejos.

En los minúsculos teatros de corte, la necesidad de que la acción se desenvolviera en un lugar preciso, una floresta, por ejemplo, y de embellecer plásticamente el lugar representado, cooperó al desarrollo de ricas y complejas escenificaciones. Cuando posteriormente se sumó a los temas de la tradición pastoril y bucólica el descubrimiento de todo el mundo de los "mitos" de la antigua Grecia clásica, el gusto por lo fantástico y por lo grandioso se fue imponiendo cada vez con mayor fuerza.

Todavía hoy, gran parte de la "maquinaria" teatral no presenta grandes cambios respecto a la del siglo XVII, y perviven aún, en ciertos casos, reminiscencias de la nomenclatura italiana de aquella época, buena prueba del auge que en la Italia de entonces hubieron de experimentar el arte y la ciencia de la escenografía.

Y esto se debe, en gran parte, al Melodrama y a su historia. El Melodrama fue, en efecto, el primer tipo de espectáculo en que se planteaba el problema de crear, por medio de elementos escénicos, un ambiente donde situar a los personajes.

A propósito del lento surgir y desarrollarse de la escenografía, paralelamente a los cambios y a la evolución de los gustos del público, podemos citar algunas frases de escritores de La época. En sus palabras encontramos el eco de lo que estos espectáculos debían de representar para las gentes de entonces, tanto en el plano del interés como en el del "divertimento".

"En primer lugar -escribe Gaetano Cesari-, pertenecían a esos espectáculos los "intermezzi", con los que se deleitaba, entre un acto y otro, a la multitud que se había reunido allí para gozar con la recitación de las comedias, de las tragedias y de los dramas del siglo XVII, tanto profanos como sacros. Baste recordar, entre otros muchos. por su magnificencia y por la participación que tuvieron algunos de entre los más activos escenógrafos, los famosos Intermedios intercalados en La Pellegrina de Bragagli, en la Corte de Toscana, con motivo de celebrarse, en mayo de 1589 la boda del gran duque Fernando con Cristina de Lorena... La extensa relación de ellos... reproduce aquel cuadro fantástico, en el que la mitología y la alegoría, las tramoyas y los trajes, la música y la danza se entrelazan, según el gusto del Renacimiento, en una acompasada mezcla de figuras, de luces y de sonidos". Con La Pellegrina nos encontramos todavía dentro de las reducidas dimensiones del Intermezzo, pero pronto asistiremos, con la Dafne de Rinuccini, al paso del Intermezzo a la Opera de los elementos fantástico decorativos.

Finalmente, Chiabrera, "entusiasta del tramoyismo de los Intermezzi, inundó la escena melodramática apenas inaugurada. El Parnaso con Apolo y las Musas; la Aurora entre nubes; el Carro del Sol naciente sobre el mar y tirado por cuatro corceles; el Océano, los Tritones y las Ballenas; después, el Sueño y la Muerte, precedidos por el Carro de la Noche tirado por cuatro lechuzas; el repentino resquebrajarse de las entrañas de la tierra, ofreciendo piedras preciosas, metales, aguas, hierbas y vientos".

Para hacerse una idea del esfuerzo de auténtica inventiva técnica que implicaba la representación de esas obras, conviene tener presente que, hasta entonces, el teatro se había servido casi exclusivamente de escenarios fijos, sin problemas de cambios o de efectos especiales; comedias, dramas y tragedias se escribían para ser representados en lugares no especialmente dispuestos. Al problema específico de la tramoya, se sumaba el de la construcción de escenarios que hicieran posible unos montajes hasta entonces inusitados e incluso desconocidos. Por eso se comprende perfectamente la admiración y el entusiasmo con que el público acogió ese tipo de espectáculo. "Los grandiosos paisajes, las nubes bajando del cielo, las cacerías, los bosques transformándose en mares, invadieron la escena del teatro veneciano, y ocuparon el primer plano, unos cincuenta años después de los Intermezzi de Doni y de Malvezzi, haciendo pasar a un plano secundario, en la estimación del público, tanto el valor del libreto como la belleza de la música".

Hubo un momento en que "maquinaria" y escenografía, en un intento de satisfacer el gusto del público, llegaron a dominar sobre la obra misma representada, tanto en lo que se refiere a los hechos que se narraban como a la música compuesta para acompañarlos.

Pero, a pesar de sus apariencias de tendencia vacía y formal, esta devoción por los efectos grandiosos no impidió al público distinguir y apreciar la inspiración más profunda y auténtica del genio musical, cuando éste se manifestaba en páginas de honda e íntima belleza. El éxito de las óperas de Monteverdi en Venecia así lo demuestra.


Monteverdi y la Opera veneciana

laudio Monteverdi está en Venecia en 1613. Con la muerte del duque Vincenzo Gonzaga, Mantua ha perdido gran parte de su vitalidad artística y mundana, y Monteverdi, el músico más célebre del momento, abandona aquella ciudad, atraído naturalmente por el reclamo de la "Serenísima", patria del famoso Giovanni Gabrieli, muerto solamente un año antes. La Capilla de San Marcos, cuna de la fastuosa música veneciana, tendrá a Monteverdi como director durante treinta años.

En este tiempo, compuso Misas, Magnificat, Salmos, Salve Regina, Gloria: una enorme producción sacra, de la que sólo nos ha llegado una parte muy pequeña. Son grandes frescos polifónicos que encuadran dentro de la mejor tradición veneciana, con extensos fragmentos reservados a la voz de un solista y sostenidos por una instrumentación de una deslumbrante variedad de timbres.

Pero Venecia es una ciudad demasiado rica de vida, de actividad, de iniciativas como para que la labor de Monteverdi pueda quedar reducida exclusivamente al servicio religioso; el músico compone y publica también bellísimos Madrigales, al mismo tiempo que se vuelve a encender en él, tras una pausa de muchos años, el interés por el nuevo género musical: la Opera.

Tras el brote inicial de Florencia y tras la gloriosa afirmación de Mantua, el cetro de la Opera ha pasado a Roma, que está elaborando un tipo de espectáculo completamente nuevo.

El contacto con la monumental polifonía sacra romana, impulsó a los compositores de Operas a abandonar cada vez más el escueto recitado florentino; se aumentan las partes corales e instrumentales, y se orienta la recitación hacia una contextura melódica que comienza a cristalizar en formas musicalmente acabadas.

Otros elementos típicamente romanos son la ampulosidad escénica, y el progresivo abandono de motivos pastoriles en favor de complicadas reconstrucciones mitológicas o bíblicas, con las primeras apariciones de personajes cómicos.

Los venecianos se sienten atraídos por el nuevo tipo de espectáculo que en Roma está obteniendo tanto éxito. Cuando el Teatro San Cassiano inicia, en 1637, una temporada de 0pera de pago, se llama a Venecia al compositor Francesco Manelli, que está en Roma, y que es también cantante y empresario de la compañía, el cual compone la Andrómeda sobre un libreto de Benedetto Ferrari.

La idea de la Opero "de pago" representa una importante novedad: no se trata ya de la iniciativa personal de un príncipe que quiere distraer a los invitados y ostentar su riqueza, sino de un espectáculo que encuentra los motivos y las razones de su existencia, exclusivamente en la aprobación del público. Aun cuando, al principio, por el precio de cuatro liras vénetas, sólo entran los señores y, como máximo, sus criados acomodados en los "gallineros", el camino ha quedado abierto; desde entonces, la Opera vivirá en función de su público, y será el público -los ­nobles primero, los burgueses después, y, finalmente, el pueblo- quien influya en la suerte futura del Melodrama.

El pueblo no quiere fábulas o mitos, sino hechos y aventuras; cambian, pues, los temas, y con ellos también la música. Monteverdi observa y secunda las nuevas tendencias, comenzando a escribir cosas nuevas. Así nacieron Adone, en 1639; Nozze di Enea con Lavinia, en 1641, y Ritorno di Ulisse in patria, presentado en Bolonia en 1640. De todas estas obras, sólo el Ritorno di Ulisse in patria ha llegado hasta nosotros, pero es de calidad tan desigual, que hace pensar que solo en parte haya sido compuesta por Monteverdi. Finalmente, de 1642 es L'Incoronazione di Poppea, para la que Gian francesco Busenello preparó un magnífico libreto, construido sobre una lógica y apretada sucesión de escenas, bien ligadas una a otra.

La acción, llevada a solemne ritmo por los personajes principales -Nerón, su mujer Octavia, la cortesana Popea, su marido Otón, Séneca, que trata de impedir el nuevo matrimonio de Nerón y es ejecutado-, se aligera, a veces, en escenas secundarias que frecuentemente tienen un aire cómico.

Tras los temas pastoriles, mitológicos y bíblicos, tenemos en L'Incoronazione di Poppea el primer ejemplo importante de Melodrama de tipo histórico; por primera vez, se encuentran en escena personajes auténticos, vivos, no símbolos desfigurados con ropajes académicos.

Nerón ama, como Orfeo, pero no existe ningún destino que le señale un camino inevitable. Es el hombre el que decide, el que ama, el que lucha y el que sufre, solo contra los demás hombres. También los otros personajes viven y sienten como hombres; soldados que ríen y bromean esperando el alba, pajes y doncellas que se intercambian fugaces promesas de amor, una nodriza anciana y chismosa.

A los setenta y cinco años, después de haber trabajado y sufrido mucho, Monteverdi crea, con L'Incoronazione di Poppea, la Opera veneciana, el prototipo del drama musical que vivirá intacto durante más de medio siglo, hasta Alessandro Scarlatti.

Con el Orfeo había asimilado y superado las premisas de la Opera florentina y señalado un camino nuevo. Ahora, al cabo de treinta y cuatro años, la Opera no es ya una novedad, tiene una tradición y una sólida experiencia en su haber, y todavía es el viejo maestro el que aporta elementos nuevos.

Es realmente sorprendente comprobar cómo Monteverdi adapta su música a las distintas exigencias del argumento, utilizando, de cuando en cuando, las formas y el estilo corrientes, y adecuándolos magistralmente a sus fines. En el Orfeo, fábula musical, el ritmo lento de la declamación es impuesto por la naturaleza misma del relato, estática evocación mitológica, animada por ninfas y pastores, por figuras alegóricas y encuadres bucólicos; hasta las intervenciones musicales, ricas y de la mayor variedad de timbres, exigen la figuración de una pantomima o el movimiento coreográfico de un torneo. En L'Incoronazione di Poppea, los personajes se mueven como hombres reales y la música les guía, atenta a sus pensamientos más recónditos, a sus arranques de ira, a sus arrebatos de amor, a sus ligeras bromas. Y nos encontramos con recitados lentos y solemnes, como el de Séneca dispuesto a morir; dúos de amor voluptuosos, como los de Nerón y Popea, en los que la música se articula en formas acabadas, simétricas, y se traduce en un puro juego sonoro; encontramos pasajes de una angustiosa declamación, en el límite entre el recitado y el aria, como el "airoso" de Octavia repudiada que se dirige al exilio: A Dio Roma, a Dio patria, amici a Dio; y, finalmente, momentos de graciosa, exquisita y amena frescura, como en el jocoso y malicioso diálogo del paje y de la doncella. Falta por completo el coro, y las intervenciones instrumentales, tras la breve Sinfonía inicial, son muy escasas.

El libreto apunta los caracteres y las pasiones; el compositor los convierte en música y logra crear formas perfectas, musical y psicológicamente. No se limita a revestir de notas un drama que ya existe en las palabras, y tampoco busca formas musicales perfectas, pero dramáticamente inertes. Recibe los dos elementos, los funde sabiamente y crea el drama musical.

Para concluir, podríamos buscar una definición: el Orfeo es el padre de las Operas en que la música interviene para subrayar y realzar los elementos dramáticos, cómicos y líricos del texto -es el camino, por dar un nombre, de Gluck-; L'Incoronazione di Poppea es, en cambio, el primer ejemplo de Operas en que la música, trascendiendo el significado inmediato del texto, es, en sí misma, un drama, comedia, pasión, dolor, alegría -éste será el camino de Mozart-.

Cuando la última Opera de Monteverdi es presentada al público veneciano en el Teatro de San Juan y San Pablo, nos encontramos en el otoño de 1642; un año después, el 29 de noviembre de 1643, tras una última visita a la Cremona natal y a la Mantua que le ha proporcionado sus primeros éxitos, muere Claudio Monteverdi.

La Opera musical ha encontrado su camino, y comienza su grande y maravillosa aventura.

                                                        Afirmación de la ópera: Claudio Monteverdi
                                                                                    Volumen 11 de Historia de la música
                                                                                    Editorial Codex, 1966        


Resumen argumental

Acto I

 

Cuadro Primero: jardín en casa de Popea

Otón, amante de Popea, regresa inesperadamente de Lusitania, donde se encontraba al servicio del Imperio. Recuerda con ternura a su amada, de quien ha estado alejado tanto tiempo, pero de repente, al advertir la presencia de dos soldados que montan guardia por orden de Nerón, comprende la realidad de la situación. Impreca contra Popea por haberle sido infi­el y al eco de sus quejas despiertan los soldados, quienes, inquietos y malhumorados, buscan al intruso en la oscuridad. Pronto desisten de su intento y comentan los graves problemas que aquejan al Imperio: rebeliones, desastres y la latente tensión entre el Emperador y su consorte, provocada por los amores del soberano con Popea. Nerón desconfía de cuantos le rodean y sólo acepta los consejos de su preceptor, el fi­lósofo Séneca.

 

Cuadro Segundo: Interior de la casa de Popea

Nerón y Popea se despiden. Esta desearía que el Emperador permaneciera a su lado, pero Nerón no quiere que sus amores trasciendan hasta que no haya repudiado a Octavia. Popea mani­fiesta luego a Arnalta sus ambiciosos proyectos de ocupar el trono. Su con­fidente la pone en guardia contra los peligros que la acechan: la Emperatriz ha descubierto la in­fidelidad de su consorte y trama su venganza. Firme en sus propósitos, Popea le responde que no teme: "por ella que combaten el Amor y la Fortuna".

 

Cuadro Tercero: Palacio de Nerón

La Emperatriz Octavia expresa sus inquietudes por el abandono de Nerón. Deplora su angustiosa situación de esposa y soberana despreciada. Séneca viene a visitar a la Emperatriz y trata de consolarla. La soberana debe agradecer a los dioses por haberle dado oportunidad de poner a prueba su valor y su virtud. Octavia le informa entonces que Nerón intenta repudiarla, pidiéndole su intercesión ante el pueblo y el Senado. Ella, mientras tanto, implorará la protección de las divinidades tutelares. Séneca reflexiona sobre los atormentados sentimientos y las miserias que se ocultan bajo la magni­ficencia real. Se presenta Nerón y le dice que ha decidido ya el repudio de la Emperatriz. El fi­lósofo intenta disuadirlo, pero el Emperador, irritado por las penetrantes acusaciones de Séneca, le ordena retirarse.

 

Cuadro Quinto: Jardín en casa de Popea

Con ardientes y efusivas manifestaciones de amor, Nerón declara a Popea su decisión de elevarla a la dignidad imperial. Popea se regocija, deplorando, sin embargo, los obstáculos que constantemente oponen los enemigos a los designios del Emperador, en primer lugar, la obstinación de Séneca; "el estoico sagaz, el fi­lósofo astuto que trata de alejar a todos aquellos que puedan impedir su poderosa influencia sobre el cetro imperial". Nerón se enfurece ante las reflexiones de su amada y decide deshacerse de Séneca, disponiendo que él mismo se elimine.


Acto II

 

Cuadro Primero: Casa de Séneca

Séneca, en la apacible tranquilidad del hogar, expone sus conceptos sobre "la amada soledad santuario de la mente, delicia del intelecto…", tan diferente a la altanería y a la injusticia de la corte. Llega un emisario de Nerón, portador de la orden imperial que decreta su muerte. Séneca recibe con admirable presencia, con auténtico estoicismo, la decisión del Emperador, y se prepara a cumplirla. Antes de darse muerte, el fi­lósofo se despide de sus discípulos y familiares, consolándolos con palabras de inefable ternura.

 

Cuadro Segundo: Interior de la casa de Popea

Luego de la muerte de Séneca, Nerón se abandona al amor de Popea y celebra su belleza con apasionados cánticos, que entona secundado por Luciano.

 

Cuadro Tercero: En el palacio de Nerón

Otón siente remordimientos por haber pensado en una venganza contra Popea. La Emperatriz Octavia, recordándole los bene­ficios que otrora recibiera, le propone secundarla en sus planes de venganza. Vestido con ropas femeninas, Otón penetrará furtivamente en los aposentos de Popea y así podrá darle muerte para satisfacer las órdenes de Octavia.

 

Cuadro Cuarto: En el palacio de Nerón

Drusila espera ilusionada que Otón le con­fiese su amor. El paje de Octavia recuerda a la nodriza que aún el amor puede encontrar eco en su corazón, y la hace blanco de sus burlas mordaces. Poco después Otón confía a Drusila la orden que ha recibido de la Emperatriz y le pide sus vestidos para poder cumplirla según los regios deseos. La joven acepta, pero lo exhorta a obrar con prudencia.

 

Cuadro Quinto: Jardín en casa de Popea

Popea invoca al Amor para que venga en su ayuda. Arnalta imparte órdenes a las doncellas para que no perturben el sueño de su señora. Popea se adormece mecida por la diafanidad de una bella canción que entona Arnalta. El Amor aparece para vigilar el sueño de Popea. Otón, transformado en Drusila, entra decidido a cumplir el mandato de Octavia; una intensa lucha de sentimientos le hace retardar el golpe fatal. Sorprendido por Arnalta, que lo toma por Drusila, Otón huye precipitadamente.


Acto III

 

Cuadro Primero: Una prisión

Drusila ha sido arrestada y conducida ante Nerón, quien ordena para ella los más atroces tormentos. Otón, que no puede admitir tal injusticia, se presenta confesándose único culpable. Nerón condena a Otón al destierro y concede a Drusila el derecho de acompañarlo. Luego repudia públicamente a Octavia, ordenando su exilio para alejarla de Roma.

 

Cuadro Segundo: En las puertas de la ciudad

Octavia, la desdichada Emperatriz repudiada por Nerón, se encamina al destierro, despidiéndose tristemente de Roma.

Popea es entonces coronada emperatriz de Roma, y la obra se cierra con un dúo (Pur ti miro, pur ti godo) en el que se consagra el triunfo del amor.


Texto en español e italiano.

 

Personajes

 

POPEA                                            Amante de Nerón                                        Soprano

NERÓN                                        Emperador de Roma                                      Contralto

OTÓN                                              Noble Romano                                           Contralto

OCTAVIA                                       Esposa de Nerón                                  Mezzosoprano

DRUSILA                                Noble, enamorada de Otón                                      Tenor

SÉNECA                                 Filósofo, preceptor de Nerón                                       Bajo

ARNALTA                                     Doncella de Popea                                        Contralto

NODRIZA                                      Nodriza de Octavia                                       Contralto

LUCANO                                         Amigo de Nerón                                               Tenor

FORTUNA                                             Diosa                                                    Soprano

VIRTUD                                                Diosa                                                    Soprano

AMOR                                                    Dios                                                     Soprano

VENUS                                                  Diosa                                                   Soprano

MERCURIO                                             Dios                                                          Bajo

PALAS ATENEA                                     Diosa                                                   Soprano

LÍCTOR                                        Autoridad Romana                                               Bajo


La acción se desarrolla en Roma, en el año 62.

Sinfonía

 

PRÓLOGO

 

(Fortuna, Virtud, Amor)

 

(Escena aérea, con el horizonte debajo. La

Fortuna, la Virtud y el Amor están sobre las

nubes discutiendo su supremacía, y el Amor

consigue la preeminencia)

 

FORTUNA

Escóndete, pues, Virtud,

caída ya en la pobreza,

deidad no creída,

numen sin templo,

divinidad sin devotos y sin altares,

desaparecida,

abandonada,

aborrecida,

mal agradecida,

y comparada conmigo, siempre escarnecida.

Antes reina, ahora plebeya,

para compartir los alimentos y vestidos,

debiste vender privilegios y títulos.

Cualquiera que te profese,

si se aleja de mí,

se asemeja a un fuego pintado

que ni calienta ni brilla;

queda sólo un color como apagado,

carente de luz.

Quien profese la virtud,

no espere nunca poseer riqueza ni gloria alguna

si no está protegido por la Fortuna.

 

VIRTUD

Te lo ruego, desaparece malnacida,

vil quimera de los hombres,

elevada a diosa por los imprudentes.

Yo soy la verdadera escala

por la que la naturaleza al supremo bien asciende.

Yo soy la tramontana

que enseño al intelecto humano

el arte de navegar hacia el Olimpo.

Puede decirse, sin adulación alguna,

que mi puro e incorruptible ser

es parejo al de los dioses;

algo que no puede decirse de ti, Fortuna.

 

AMOR

¿Qué os creéis, oh diosas,

para dividir entre vosotras

el señorío y el gobierno del mundo,

excluyendo al Amor,

un dios tan superior a ambas?

Yo enseño las virtudes,

yo someto las fortunas,

esta edad infantil

vence en antigüedad

al tiempo y a cualquier otro dios.

Gemelos somos la eternidad y yo.

Reverenciadme,

adoradme,

y el nombre de soberano dadme.

 

FORTUNA, VIRTUD

No hay corazón humano ni celeste

que ose competir con Amor.

 

AMOR

Hoy comprobaréis, en un solo certamen,

la una y la otra derrotadas por mí,

que puedo mudar el mundo a mi antojo.

 

(A un gesto de Amor, el cielo se desvanece)

 

ACTO PRIMERO

 

(El escenario es la ciudad de Roma)

 

Escena Primera

 

(Exterior del palacio de Popea, al amanecer.

En la puerta, dos soldados de la guardia de

Nerón que duermen. Otón, amante de Popea,

visita la casa de su amada al romper el alba,

expresando su pasión amorosa. Al ver a los

guardias de Nerón, que permanece feliz dentro

del palacio, se lamenta de su miseria)

 

Ritornello

 

OTÓN

Y de nuevo vuelvo aquí, como la línea al centro,

como el fuego a la esfera y como el arrollo al mar.

Y aunque no me ilumine luz alguna,

¡ah, sé bien que mi sol está ahí dentro!

Querido techo amoroso,

albergue de mi vida y de mi bien,

mis pasos y mi corazón vienen a inclinarse ante ti.

Abre tu balcón, Popea,

y con tu hermoso rostro que alberga mi destino,

¡anuncia, alma mía, anticípate a la mañana!

Sal y disipa

las brumas y tinieblas de este cielo

con el alegre abrir de tus párpados.

¡Sueños, llevad volando

y haced oír en dulce fantasía

estos suspiros a mi amada!

Pero ¿qué veo, infeliz?

No son fantasmas ni espectros nocturnos,

¡estos son los siervos de Nerón!

Así, pues, a los insensibles vientos

confiaré mis lamentos.

Necesito que las piedras me compadezcan,

pues estoy adorando a estos mármoles,

he bañado con lágrimas de amor a un balcón,

¡y Popea duerme en brazos de Nerón!

Ha traído a estos

para protegerse a sí mismo de los engaños.

¡Oh, seguridad de los príncipes infelices!

Duermen profundamente sus custodios.

¡Ah, pérfida Popea!

¿Son éstas las promesas y juramentos

que inflamaron mi corazón?

¿Es ésta la fidelidad? ¡Oh, dioses!

Yo soy ese Otón

que te siguió,

que te deseó,

que te sirvió,

que te adoró,

que para doblegarte y someter tu corazón,

adornó de lágrimas cual perlas sus ruegos

sacrificando su propio espíritu como ofrenda.

Me aseguraste al fin

que abrazaría tu bello pecho

y alcanzaría la alegría del amor.

Yo, de la crédula esperanza esparcí las semillas,

pero el aire y el cielo se han vuelto en mi contra...

 

Escena Segunda

 

(Otón y los dos soldados. Los soldados de

Nerón se despiertan y maldicen los amores

de Popea y Nerón¸ asimismo murmuran

sobre la corte)

 

PRIMER SOLDADO

¿Quién habla?

 

OTÓN

Y han arruinado...

 

PRIMER SOLDADO

¿Quién habla?

 

OTÓN

...mi cosecha.

 

PRIMER SOLDADO

¿Quién anda ahí?

 

SEGUNDO SOLDADO

Camarada, camarada...

 

PRIMER SOLDADO

¡Ay, aún no es de día!

 

SEGUNDO SOLDADO

Camarada, ¿qué haces?

Parece que hablas soñando.

 

PRIMER SOLDADO

Surgen los primeros rayos del alba.

 

SEGUNDO SOLDADO

¡Arriba! ¡Despiértate, rápido...

 

PRIMER SOLDADO

No he dormido en toda la noche.

 

SEGUNDO SOLDADO

¡Arriba! ¡Despiértate rápido!

Guardemos nuestro puesto.

 

PRIMER SOLDADO

¡Malditos sean Amor, Popea, Nerón,

Roma y la milicia!

No puedo dedicar a la pereza

ni una hora, ni tan solo un día.

 

SEGUNDO SOLDADO

Nuestra emperatriz

se deshace en llanto,

pues Nerón la rechaza por Popea.

Armenia se rebela,

pero él no piensa en ello.

Panonia se levanta en armas y él se ríe.

Así, por lo que veo,

el imperio va de mal en peor.

 

PRIMER SOLDADO

Di también que nuestro príncipe roba a todos

para dárselo a algunos.

La inocencia se castiga

y los malvados están siempre a su derecha.

 

SEGUNDO SOLDADO

Sólo del pedante Séneca se fía.

 

PRIMER SOLDADO

¿De ese viejo rapaz?

 

SEGUNDO SOLDADO

¡De ese zorro sagaz!

 

PRIMER SOLDADO

¿De ese malvado cortesano

que hace su fortuna

traicionando al compañero?

 

SEGUNDO SOLDADO

¡De ese impío arquitecto

que levanta su casa sobre los sepulcros de otros!

 

PRIMER SOLDADO

No repitas a nadie esto que decimos.

Ten cuidado en quién confías;

aunque los ojos no se fíen uno de otro,

siempre miran juntos.

 

AMBOS

Aprendamos de los ojos

a no comportarnos como idiotas.

 

PRIMER SOLDADO

Pero ya asoma el alba y llega el día.

 

AMBOS

¡Calla, Nerón viene!

 

Escena Tercera

 

(Popea y Nerón salen al alba abrazados

amorosamente y se despiden con afectuosa

ternura)

 

POPEA

¡Señor, ah, no te vayas!

Deja que estos brazos

te rodeen el cuello

igual que tu belleza

envuelve mi corazón.

 

NERÓN

Popea, deja que me vaya.

 

POPEA

¡No te vayas, señor, no te vayas!

Apenas despunta el alba,

y tú que eres mi sol encarnado,

mi luz palpable

y el día amoroso de mi vida.

¿Quieres alejarte de mí tan rápidamente?

¡Ah, no hables de irte!

Que el solo sonido de una palabra tan amarga

hace que sienta morir a mi propia alma.

 

NERÓN

Tu nobleza de nacimiento

no nos permite que Roma

sepa de nuestra unión

antes que Octavia...

 

POPEA

Antes que...

 

NERÓN

Antes que Octavia no quede excluida...

 

POPEA

No quede...

 

NERÓN

Antes de que Octavia no quede excluida

mediante mi repudio.

 

POPEA

Ve, bien mío...

 

Ritornello

 

NERÓN

En un suspiro que viene

de lo más profundo del pecho,

incluyo un beso ¡oh, querida! y un adiós.

Volveremos a vernos pronto, ídolo mío.

 

Ritornello

 

POPEA

Señor, siempre me ves,

o mejor, nunca me ves.

¿Por qué si es verdad que estoy en tu corazón

y oculta en tu pecho,

no puedo ser mirada por tus ojos?

 

NERÓN

¡Adorados luceros,

quedaos aquí!

Sigue siendo, ¡oh, mi Popea!

mi corazón, mi encanto y mi luz.

 

POPEA

¡Ah, no hables de irte!

Que el solo sonido de una palabra tan amarga

hace que sienta morir a mi propia alma.

 

NERÓN

No temas, tú estás conmigo a todas horas,

esplendor de mis ojos y diosa de mi corazón.

 

POPEA

¿Volverás?

 

NERÓN

Aunque me vaya,

contigo estoy.

 

POPEA

¿Volverás?

 

NERÓN

Mi corazón de tus luceros

no puede apartarse.

 

POPEA

¿Volverás?

 

NERÓN

No puedo vivir separado de ti,

si no se desmiembra la unidad del punto.

 

POPEA

¿Volverás?

 

NERÓN

Volveré.

 

POPEA

¿Cuándo?

 

NERÓN

Bien pronto.

 

POPEA

Bien pronto. ¿Me lo prometes?

 

NERÓN

Te lo juro.

 

POPEA

¿Y lo cumplirás?

 

NERÓN

Si yo no vengo a ti, tú vendrás a mí.

 

POPEA

¡Adiós!...

 

NERÓN

¡Adiós!...

 

POPEA

¡Nerón, Nerón, adiós!

 

NERÓN

¡Popea, Popea, adiós!

 

POPEA

¡Adiós, Nerón, adiós!

 

NERÓN

¡Adiós, Popea, bien mío!

 

Escena Cuarta

 

(Popea discute con su vieja consejera

Arnalta sobre sus esperanzas de grandeza.

Arnalta la alecciona y le recomienda no

fiarse de los grandes, ni confiar tanto en

la diosa Fortuna)

 

Ritornello

 

POPEA

Esperanza, tú me vas

acariciando el corazón.

Esperanza, tú me vas

deleitando el ánimo

y me rodeas mientras tanto

de un regio, sí, pero imaginario manto.

No, no temo desventura alguna,

a mi favor luchan Amor y Fortuna.

 

ARNALTA

¡Ay, hija! Quiera el cielo

que estos abrazos

no sean un día tu perdición.

 

POPEA

No, no temo desventura alguna.

 

ARNALTA

La emperatriz Octavia ha descubierto

los amores de Nerón.

Siento pavor y temo que,

en cualquier día, en cualquier momento,

llegue el fin de tus días.

 

POPEA

Por mí guerrean Amor y Fortuna.

 

ARNALTA

Frecuentar a los reyes es peligroso,

el amor y el odio no tienen fuerza en ellos,

sus afectos son sólo puros intereses.

Si Nerón te ama, es mera cortesía,

y si te abandona, no puedes dolerte.

Como mal menor te convendría callar.

 

POPEA

No, no temo desventura alguna.

 

ARNALTA

El grande siempre honra con su presencia,

y deja, mientras llena la casa de aire,

reputación y humo como recompensa.

Pierdes el honor al decir: "Nerón me goza".

Son inútiles los vicios ambiciosos,

prefiero los pecados beneficiosos.

Con él no puedes tratar de igual a igual,

y si tu objetivo y final es una boda,

estás mendigando tu propia ruina.

 

POPEA

No, no temo desventura alguna.

 

ARNALTA

Mira, mira, Popea,

donde el prado es más ameno y placentero,

allí se esconde la serpiente.

Los golpes del destino son funestos,

la calma siempre presagia la tempestad.

 

POPEA

No, no temo desventura alguna,

por mí guerrean Amor y Fortuna.

 

ARNALTA

Estás bien loca si crees

que te pueden mantener contenta y a salvo

un niño ciego y una mujer calva.

 

Escena Quinta

 

(Habitaciones imperiales. La emperatriz Octavia

muestra sus preocupaciones a la nodriza,

lamentado la ausencia de su esposo Nerón. La

nodriza bromea con ella sobre los nuevos amores

para apartarla de esos pensamientos; Octavia,

persistente, persevera en su aflicción)

 

OCTAVIA

Reina despreciada,

del monarca romano afligida esposa,

¿Qué hago? ¿Dónde estoy?¿En qué pienso?

¡Oh, miserable sexo de las mujeres!

Si la naturaleza y el cielo

libres nos crean,

el matrimonio nos encadena como esclavas.

Si concebimos a un hombre,

¡oh, miserable sexo de las mujeres!,

formamos los miembros de nuestro impío tirano,

amamantamos al cruel verdugo

que nos descarna y nos desangra,

y estamos forzadas por la indigna suerte

a engendrar nosotras mismas a la muerte.

¡Nerón, impío Nerón,

marido, oh dioses, marido

por siempre injuriado y maldito

por mi sufrimiento

¿Dónde, ay, dónde estás?

En brazos de Popea

permaneces y disfrutas feliz, y mientras tanto,

el frecuente caer de mi llanto

va formando un diluvio de espejos

en los que miras dentro de tus delicias,

mi martirio.

Destino, si estás ahí arriba

¡Júpiter, escúchame tú!

¡Si para castigar a Nerón

no tienes rayos,

de impotencia te acuso,

de injusticia te inculpo!

¡Ay! He ido demasiado lejos y me arrepiento,

suprimo y entierro,

en taciturna agonía, mi tormento.

 

NODRIZA

Octavia, Octavia...

 

OCTAVIA

¡Oh cielos, que se extinga tu ira!

Que mis defectos no pongan a prueba tu rigor...

 

NODRIZA

¡Octavia, oh, única emperatriz

de todos los pueblos del universo!...

 

OCTAVIA

Erró la superficie, el fondo es puro,

inocente fue el corazón, pecó la lengua.

 

NODRIZA

...escucha, escucha.

De tu fiel nodriza oye el consejo.

Si Nerón ha perdido la cabeza

para gozar de Popea,

escoge a alguno que te sea digno

y se contente de abrazarte.

Si tanto gusta a Nerón la injuria,

ten placer tú también con la venganza.

Y si el áspero remordimiento del honor

te aflige,

reflexiona sobre mi discurso,

que todo dolor te será alegría.

 

OCTAVIA

Tan ruines argumentos

nunca oí de ti, nodriza.

 

NODRIZA

Reflexiona sobre mi discurso,

que todo dolor te será alegría.

La infamia está en soportar las afrentas

y consiste el honor en vengarse.

Tienen esta ventaja

los errores amorosos de las reinas:

si los sabe el idiota, no los cree,

si los descubre el astuto, los calla,

y el pecado callado y no creído

permanece secreto y seguro en cualquier parte,

como el que habla entre un sordo y un mudo.

 

OCTAVIA

No, mi querida nodriza,

la mujer asesinada por su marido

por deseos adúlteros

queda ultrajada, sí, pero no infame.

Por el contrario, queda

el esposo deshonrado

si mancilla el lecho conyugal.

 

NODRIZA

Hija y señora mía, tú no entiendes

el principal misterio de la venganza.

La ofensa en el rostro

de una sola guantada

se venga con el hierro y con la muerte.

A quien te hiera en los sentimientos

hiérele en el honor,

si quiero decirte la verdad

ni siquiera así estarás bien vengada.

En tus más profundos sentimientos te hiere Nerón,

¿y tú sólo le dañarás la reputación?

Reflexiona sobre mi discurso,

que todo dolor te será alegría.

 

OCTAVIA

Si no existiesen el honor ni los dioses,

sería yo misma mi propia diosa,

y mis fallos castigaría con mi propia mano;

pero por verme ajena a los errores, mientras tanto,

divido mi corazón entre la inocencia y el llanto.

 

Escena Sexta

 

(Séneca anima a Octavia a ser constante. El paje

de Octavia, para entretener a la emperatriz, se

burla de Séneca, al que se encomienda Octavia,

que se marcha a rezar al templo)

 

SÉNECA

He aquí la desconsolada mujer

elevada al imperio

para sufrir la servidumbre.

¡Oh, gloriosa emperatriz del mundo!

Sobre los títulos excelsos

de tu insigne estirpe, conspicua y grande,

la vanidad del llanto de los ojos imperiales

es oficio indigno.

Da gracias a la Fortuna

que con sus golpes,

incrementa tus encantos.

La piedra no golpeada

no puede producir chispas;

tú, golpeada por el destino,

produces para ti misma altos esplendores

de vigor y fortaleza,

que son glorias mucho mayores que la belleza.

Los encantos del rostro y la figura,

que adornan la apariencia

y resplandecen coloridos y delicados,

son robados en unos pocos días ladrones.

Pero la virtud constante,

que desafía a las estrellas,

el destino y el azar, jamás ven el ocaso.

 

OCTAVIA

Tú me estás prometiendo

el bálsamo del veneno

y la gloria de los tormentos.

Perdóname, estos son, Séneca mío,

ilusiones engañosas,

estudiados artificios

e inútiles remedios para los infelices.

 

PAJE

Señora, con tu permiso,

quiero desahogar la rabia que me provoca

este filósofo tan astuto, que embaucaría a Júpiter.

Me hace inflamar de rabia

este acuñador de bellos conceptos.

No puedo contenerme

mientras engaña a otros con palabras de oro.

Éste vende las meras invenciones de su cerebro

como si fueran misterios… ¡y son canciones!

Señora, si él... estornuda o bosteza...

presume de enseñar cosas morales;

y tanto las deforma, que me hace reír.

¡Astuta filosofía! Donde ella reina

siempre hace lo contrario de lo que enseña.

Funda siempre el pedante

sobre la ignorancia de otros, su ganancia;

y es tan hábil argumentando,

que no tiene a Júpiter por dios,

sino por compañero.

Complica sus argumentos de tal modo,

que al fin, ni siquiera él mismo, sabe lo que dice.

 

OCTAVIA

Nerón pretende el repudio de mi persona

para así desposar a Popea.

Que se divierta si es posible divertirse

con tan indigno ejemplo.

Tú ruega por mí al pueblo y al Senado,

que yo me dirijo a poner mis votos en el templo.

 

PAJE

Si tú no socorres

a nuestra reina,

a fe mía que voy a encenderte fuego

en la barba y en la biblioteca...

¡A fe mía!

 

Escena Séptima

 

(Séneca reflexiona sobre la grandeza perecedera

del mundo)

 

SÉNECA

La púrpura real e imperial

de agudas espinas y tribulaciones está surcada,

y bajo la forma de vestimenta,

son el martirio de los príncipes infelices.

Las coronas eminentes

sirven sólo para laurear tormentos.

De la grandeza real se ven

la pompa y los esplendores,

pero están siempre invisibles los dolores.

 

Escena Octava

 

(Palas Atenea, desde el aire, predice la muerte

de Séneca, prometiéndole que recibirá antes un

aviso de Mercurio por ser un hombre virtuoso

y querido para ella, a lo que Séneca queda

agradecido)

 

PALAS ATENEA

Séneca, veo en el cielo infaustos rayos

que amenazan para ti una gran ruina.

Si hoy llega tu vida a su fin,

tendrás antes un aviso certero de Mercurio.

 

SÉNECA

Venga la muerte, pues,

constante y fuerte venceré las desgracias y los miedos.

Tras el girar de los días oscuros

la muerte es el alba de un día infinito.

 

Escena Novena

 

(Nerón intenta convencer a Séneca para que

éste secunde sus deseos. Séneca le responde

disuadiéndolo moral y políticamente. Nerón

se indigna y lo arroja de su presencia)

 

NERÓN

Estoy decidido en suma,

¡oh, Séneca! ¡oh, maestro!

a apartar a Octavia

de la condición de esposa

y a casarme con Popea.

 

SÉNECA

Señor, en el fondo de la mayor dulzura

se encuentra escondido el arrepentimiento.

Mal consejero es el sentimiento

que odia a las leyes y a la razón desprecia.

 

NERÓN

La ley es para quienes sirven, y si lo quiero,

puedo abolir la antigua y dictar otra nueva.

Está dividido el imperio: el cielo es de Júpiter,

pero el cetro del mundo es mío.

 

SÉNECA

El querer desordenado no es querer,

sino, con tu permiso, furor.

 

NERÓN

La razón es una medida rigurosa

para el que obedece y no para el que ordena.

 

SÉNECA

Pero las órdenes irracionales

destruyen la obediencia.

 

NERÓN

Deja el discurso, quiero hacerlo a mi manera.

 

SÉNECA

No irrites al pueblo y al Senado.

 

NERÓN

El Senado y el pueblo me traen sin cuidado.

 

SÉNECA

Que te importen al menos tú mismo y tu fama.

 

NERÓN

Arrancaré la lengua a quien ose reprocharme.

 

SÉNECA

Cuanto más los silencies más hablarán.

 

NERÓN

Octavia es frígida e infecunda.

 

SÉNECA

Quien no tiene razón, busca pretextos.

 

NERÓN

A quien puede lo que quiere, no le falta razón.

 

SÉNECA

Le faltan seguridad a las obras injustas.

 

NERÓN

Será siempre más justo, el más poderoso.

 

SÉNECA

Pero quien no sabe reinar, siempre puede menos.

 

NERÓN

La fuerza es la ley en la paz...

 

SÉNECA

La fuerza enciende los odios...

 

NERÓN

...y la espada en la guerra...

 

SÉNECA

...y remueve la sangre...

 

NERÓN

...y no tiene necesidad de la razón.

 

SÉNECA

La razón rige a los hombres y a los dioses.

 

NERÓN

¡Tú me empujas a la cólera!

A pesar de ti, del pueblo y del Senado,

de Octavia, del cielo y del abismo,

ya sean justos o injustos mis deseos,

¡hoy, hoy Popea será mi esposa!

 

SÉNECA

Sean inocentes los reyes

o que se enfurezcan sólo por causas nobles.

Si la inocencia se pierde,

piérdase sólo para conquistar reinos,

pues el pecado cometido

para agrandar el imperio,

se disuelve en sí mismo,

pero que una mujer tenga poder

de conducirte al error,

no es culpa de rey o semidiós,

¡es un crimen plebeyo.!

 

NERÓN

¡Sal de mi vista,

maestro impertinente,

filósofo insolente!

 

SÉNECA

El peor partido siempre prevalece

cuando la fuerza pugna contra la razón.

 

Escena Décima

 

(Popea conversa con Nerón sobre las alegrías

pasadas, quedando Nerón preso de la belleza de

Popea y prometiéndole hacerla emperatriz. Popea

muestra a Séneca como enemigo y Nerón ordena

su muerte. Popea hace votos al Amor para que

exalte su grandeza, y Otón, que permanece

aparte, lo observa todo)

 

Sinfonía

 

POPEA

¿Cómo de dulces, señor,

cómo de suaves llegaron a ti,

la pasada noche, los besos de esta boca?

 

NERÓN

Más queridos cuanto más mordientes.

 

POPEA

¿Y las manzanas de estos senos?

 

NERÓN

Tus pechos merecerían un nombre más dulce.

 

POPEA

¿Y la ardiente cadena de estos brazos?

 

NERÓN

¡Ídolo mío, ojalá te tuviera aún en mis brazos!

Popea, respiro apenas.

Miro tus labios y viéndolos,

recupero con los ojos

ese espíritu inflamado

que al besarte ¡oh, querida! difundí en ti.

No está, no está ya en el cielo mi destino,

sino en el hermoso rubí de tus labios.

 

POPEA

Señor, tus palabras son tan dulces,

que en mi propia alma

me las repito a mí misma,

y al decirlas para mí,

hacen fundirse mi corazón amante.

Como palabras las oigo,

y como besos las gozo.

Son tus queridas palabras

tan suaves y vivaces,

que no contentas con acariciar el oído,

me vienen a estampar en el corazón sus besos.

 

NERÓN

La excelsa diadema con la que rijo

los destinos de los hombres y los reinos

quiero compartir contigo,

y no estaré feliz

hasta que tengas el título de emperatriz.

Pero, ¿qué digo, oh Popea?

Roma es demasiado pequeña para tus méritos,

demasiado angosta es Italia para tus alabanzas

y para tu bello rostro,

es poco para ti ser la esposa de Nerón.

Tienen esta desventaja tus bellos ojos,

que trascendiendo los ejemplos corrientes

y no tocando el cielo por modestia,

no reciben el tributo de otro honor

que el silencio y el estupor.

 

POPEA

A esperanzas sublimes elevo el corazón

porque tú lo ordenas,

y mi modestia recibe fuerzas.

Pero es mucho lo que obstaculiza e impide

el fin último de tus promesas reales.

Séneca, tu maestro,

ese estoico sagaz,

ese filósofo astuto,

que siempre intenta persuadir a otros

de que tu cetro depende sólo de él...

 

NERÓN

¿Qué? ¿Qué?

 

POPEA

De que tu cetro depende sólo de él...

 

NERÓN

¿Ese loco decrépito...

 

POPEA

¡Ése! ¡Ése!

 

NERÓN

...a tanto se atreve?

 

POPEA

¡A tanto!

 

NERÓN

(A los soldados de su guardia)

¡Eh, que uno de vosotros

vaya volando a ver a Séneca

y le imponga que en este día muera!

 

(Para sí)

 

Quiero que mi arbitrio dependa sólo de mí

y no de conceptos ni sofismas de otros.

Casi renegaría

de la potencia de mi alma

si creyese que, servilmente indigna,

actúa movida por otros.

 

(A Popea)

 

Popea, queda de buen ánimo,

hoy verás lo que puede hacer Amor.

 

(Nerón sale)

 

POPEA

Si me conduces, Amor,

a la real majestad,

en tu templo colgará

mi corazón cual ofrenda.

Inspira mi pecho,

fuente de todo bien,

y elévame al trono.

Amor, pongo en ti toda mi esperanza.

Las maravillas, Amor,

son obra de tus manos,

pues trasciende todo asombro

tu poder soberano.

Consuela mis suspiros,

cumple mis deseos,

elévame al trono.

Amor, pongo en ti toda mi esperanza.

 

Escena Undécima

 

(Otón habla con Popea de sus esperanzas

muertas y le reprocha su pasión amorosa. Popea

se enfada, y despreciándolo, se va diciendo estar

sujeta a Nerón)

 

Ritornello

 

OTÓN

A otros toca en suerte beber el licor,

y a mí, mirar el vaso.

Abiertas están las puertas a Nerón,

pero Otón se ha quedado fuera.

Él se sienta a la mesa a saciar su apetito,

mas en amargo ayuno, muero yo de hambre.

 

POPEA

Quien nace desafortunado,

cúlpese a sí mismo y no a otros.

De tu penoso estado no soy ni fui, Otón,

la amarga causa.

El destino tira los dados y espera los puntos;

el resultado, bueno o malo, de él depende.

 

OTÓN

Esperé que esa roca, bella Popea,

que te rodea el corazón,

fuese por el benigno amor

enternecida en pro de mi dolor.

Ahora, el duro pedernal de tu blanco pecho

es la sepultura de mis esperanzas muertas.

 

POPEA

No me reproches más,

deja ya de martillear,

deja de tentarme.

A la voluntad imperial se somete Popea.

Apaga tu fuego y templa tu indignación,

pues yo te dejo para ganar un reino.

 

OTÓN

¿Y así es la ambición de quien ostenta

la monarquía de todos los vicios?

 

POPEA

Así mi razón

acusa a tus caprichos de locura.

 

OTÓN

¿Es ésta la recompensa por mi amor?

 

POPEA

¡Ten modestia!

 

OTÓN

¿Es ésta la recompensa por mi amor?

 

POPEA

¡Ah, no más!...

 

OTÓN

¿Es ésta la recompensa por mi amor?

 

POPEA

¡No más, no más! ¡Soy de Nerón!

 

OTÓN

¡Ay! Quien pone su fe en un bello rostro,

edifica en el aire y cimenta en el vacío,

trata de palpar el viento

e inmóviles cree al humo y a las olas.

 

ARNALTA

¡Infeliz muchacho!

Me mueve a compasión el miserable.

Popea nunca tuvo cerebro,

pues carece de piedad.

Cuando yo tenía otra edad,

nunca quise amantes,

destruidos por las lágrimas,

por compasión, los contentaba a todos.

 

Escena Duodécima

 

(Otón, amante desesperado, ataca

animosamente a Popea)

 

OTÓN

Otón, vuelve en ti,

el más imperfecto sexo

no tiene por naturaleza

más de humano que la figura.

Otón, vuelve en ti,

ella piensa en el poder, y si lo consigue,

mi vida está perdida...

Otón, vuelve en ti,

ella, temiendo que Nerón sepa

de mis pasados amores,

urdirá insidias contra mi inocencia,

le inducirá por la fuerza a acusarme

de lesa majestad y de felonía.

La calumnia, favorita de los grandes,

destruye de los inocentes el honor y la vida.

Debo adelantarme

con la espada o con el veneno;

no quiero alimentar más esta serpiente en mi seno.

¿A éste, a este fin

debe llegar tu amor,

perfidísima Popea?

 

Escena Decimotercera

 

(Otón, antiguo amante de Drusila, dama de la

corte, viéndose despreciado por Popea reanuda

sus amores prometiéndole lealtad. Drusila se

consuela por recuperar su afecto)

 

DRUSILA

Siempre hablas de Popea

con la lengua o con el pensamiento.

 

OTÓN

Separado del corazón está la lengua,

y de la lengua confío a los vientos

el nombre de la infiel

que traicionó mi afecto.

 

DRUSILA

El tribunal de Amor

hace así justicia;

de mí no tienes piedad,

y otro se ríe, Otón, de tu dolor.

 

OTÓN

A ti cuanto soy,

bellísima doncella,

te entrego ahora libremente.

Me alejo de cualquier otra

y solo tuyo seré, Drusila mía.

Perdonad, ¡oh, dioses!

perdonad mi pasada descortesía.

 

DRUSILA

¿Ya sepultó el olvido

los amores pasados?

¿Es verdad, Otón, es verdad

que a mi corazón fiel, el tuyo se une?

 

OTÓN

¡Es verdad, Drusila; Drusila, es verdad, sí, sí!

 

DRUSILA

Temo que estés mintiéndome.

 

OTÓN

¡No, no, Drusila; Drusila, no!

 

DRUSILA

Otón, Otón, no sé, no sé.

 

OTÓN

Contigo no puede mentir mi lealtad.

 

DRUSILA

¿Me amas?

 

OTÓN

Te deseo.

 

DRUSILA

¡Y cómo! ¿En un momento?

 

OTÓN

El amor es fuego y se enciende súbitamente.

 

DRUSILA

Esta repentina dulzura

la goza mi corazón, pero no la entiende.

¿Me amas?

 

OTÓN

Te deseo.

Que hable tu belleza de mi amor.

Por ti, mi corazón tiene una nueva forma impresa,

cree en tus propios milagros.

 

DRUSILA

Contenta me voy: Otón, queda feliz.

Voy a ver a la emperatriz.

 

OTÓN

La tempestad de mi corazón se ha calmado.

Otón sólo será de Drusila; y para mi desgracia,

inicuo Amor, tengo a Drusila en la boca

y a Popea en el corazón.

 

ACTO SEGUNDO

 

Escena Primera

 

(Jardín de la villa de Séneca. Mercurio, enviado

a la tierra por Palas Atenea, anuncia a Séneca

que morirá ese día, y aquél da gracias al cielo sin

turbarse por el horror de la muerte. Al finalizar el

mensaje, Mercurio vuela al cielo)

 

SÉNECA

Soledad amada,

refugio de la mente,

retiro de los pensamientos,

delicia para el intelecto

que discurre y contempla

imágenes celestiales,

bajo formas innobles y terrenales.

A ti acude mi alma alegre

y lejos de la corte que,

insolente y altanera,

hace trizas mi paciencia.

Aquí, entre las hojas y la hierba,

me siento en el regazo de mi paz.

 

MERCURIO

Verdadero amigo del cielo,

precisamente en este solitario lugar

quería visitarte.

 

SÉNECA

¿Y cuándo, cuándo

he merecido las visitas divinas?

 

MERCURIO

La virtud soberana de la que estás lleno

deifica a los mortales

y por eso tienes bien merecidas

las embajadas celestiales.

Palas a ti me envía

y te anuncia la proximidad de la última hora

de esta frágil vida

y el paso a otra eterna e infinita.

 

SÉNECA

¡Oh, qué feliz soy!

Si hasta ahora he vivido

la vida de los hombres,

viviré a través de la muerte

la vida de los dioses.

Numen cortés, ¿me anuncias hoy la muerte?

Ahora confirmo mis escritos

y autentifico mis estudios.

Abandonar la vida es una alegre suerte

si a través de una boca divina llega la muerte.

 

MERCURIO

Prepárate alegre

para el celestial viaje,

para el tránsito feliz.

Te enseñaré el camino

que conduce al polo estrellado.

¡Séneca, hacia allá levanto ya mi vuelo!

 

Escena Segunda

 

(Séneca recibe al liberto que le anuncia la

muerte por orden de aquél. Séneca, estoico,

se prepara para abandonar la vida)

 

LIBERTO

(Para sí)

La órdenes tiránicas

excluyen toda razón

y sólo tratan de violencia o muerte.

Debo decirlo, y pese a no ser más

que el inocente mensajero,

me parece ser partícipe del mal

que debo referir.

 

(A Séneca)

 

Séneca, mucho me pesa encontrarte,

aunque te buscaba.

No me mires con mirada torva;

aunque sea para ti pájaro de mal agüero.

 

SÉNECA

Amigo, hace ya mucho tiempo

que llevo el pecho protegido

contra los golpes del destino.

Las noticias del siglo en el que vivo

no suenan extrañas para mi mente.

Si me anuncias la muerte,

no me pidas perdón.

Río mientras me traes un regalo tan bello.

 

LIBERTO

Nerón...

 

SÉNECA

¡No más, no más!...

 

LIBERTO

... a ti me envía.

 

SÉNECA

¡No más! Te he entendido, y obedezco.

 

LIBERTO

¿Y cómo puedes entenderme antes de que hable?

 

SÉNECA

La forma en que hablas

y la persona que a mí te envía,

son dos señales amenazandoras y crueles

de mi fatal destino.

Ya lo he adivinado.

Nerón a mí te envía

a imponerme la muerte.

 

LIBERTO

Señor, lo adivinaste.

Muere, muere feliz,

que así como van los días,

al encuentro del sol,

a llenarse de luz,

a tus escritos vendrán

para tomar su luz los escritos de otros.

Muere, muere feliz.

 

SÉNECA

Vete, vete pues,

y si hablas con Nerón antes de esta noche,

le dirás que yo estoy muerto y enterrado.

 

Escena Tercera

 

(Séneca consuela a sus familiares, que tratan de

disuadirle, y les ordena prepararle un baño para

recibir a la muerte)

 

SÉNECA

Amigos, ha llegado la hora

de poner en práctica

esa virtud que tanto he celebrado.

Breve angustia es la muerte;

un suspiro pasajero parte del corazón

donde ha estado muchos años

casi como en un hospicio, cual forastero,

y vuela hacia el Olimpo,

verdadera morada de la felicidad.

 

FAMILIARES

¡No mueras, Séneca, no!

Yo no querría morir.

 

Ritornello

 

Esta vida es demasiado dulce,

este cielo es demasiado sereno,

toda amargura, todo veneno,

finalmente es un leve obstáculo.

Si me entrego al leve sueño,

me despierto por la mañana,

pero una tumba de pulido mármol

jamás devuelve lo que recibe.

¡No mueras, Séneca, no!

Yo no querría morir.

 

SÉNECA

Suprimid vuestra angustia,

enviad el llanto

de los canales de vuestros ojos

a la fuente del alma, queridos míos.

Vaya ese agua conmigo

a lavar de mi corazón

la indigna mancha de la inconstancia.

Otro tributo,

mayor que un gemido doliente,

busca Séneca moribundo.

Id todos a prepararme el baño,

que si la vida corre

como el río que fluye,

en un cálido río quiero que esta sangre inocente

vaya a cubrirme de púrpura

el camino de la muerte.

 

Escena Cuarta

 

(El paje y la dama de la emperatriz bromean

amorosamente)

 

Ritornello

 

PAJE

Siento un cierto no sé qué

que me pellizca y me deleita,

dime tú lo que es

dama amorosa.

Te haría, te diría,

pero no sé lo que querría.

Si estoy contigo, el corazón me late;

si te vas, me siento estúpido.

En tu pecho, blanco como la leche,

siempre anhelo y siempre pienso.

Te haría, te diría,

pero no sé lo que querría.

 

DAMA

Astuto muchachito,

Amor juega contigo.

Si te vuelves amante,

perderás bien pronto el cerebro.

Amor urde enredos con niños para divertirse,

pero Amor y tú sois dos malandrines.

 

PAJE

¿Así comienza el amor?

Es una cosa muy dulce.

Yo daría por gozar de este placer

cerezas, peras y dulces.

Pero si amarga se volviese

esta miel que me deleita

¿la endulzarías tú?

¡Dímelo, vida mía, dímelo tú!

 

DAMA

¡La endulzaría, sí, sí!

 

PAJE

¿Y cómo lo harías?

 

DAMA

¿Acaso no lo sabes?

 

PAJE

No lo sé, querida, no lo sé.

Dime cómo se hace;

haz que lo sepa pronto

para que si el orgullo llegase

a subírseme a la cabeza,

yo sepa sacar dulzura de mí mismo.

Me parece que por ahora

si me dices que me amas,

me contentaré.

Dímelo, querida,

y si vivo me quieres, no digas que no.

 

DAMA

Te amo, querido paje,

y en el fondo del corazón siempre te tendré.

 

PAJE

No querría, esperanza mía, estar en tu corazón,

querría estar más arriba;

no sé si mi deseo es sabio o estúpido,

yo querría que mi corazón anidase

en los hoyuelos bellos y delicados

que no están lejos de tu boca.

 

DAMA

¿Y si te mordiese?

Te lamentarías llorando todo el día.

 

PAJE

Muérdeme cuanto sepas,

que no me lamentaré.

Mordiscos tan dulces

los querría gozar siempre.

Que para ser besado por tus rubíes

me muerdan tus perlas.

¡Muérdeme cuanto sepas: muérdeme, sí!

 

Escena Quinta

 

(Nerón, enterado de la muerte de Séneca, canta

amorosamente con el poeta Lucano sobre su amor

por Popea)

 

NERÓN

Ahora que Séneca ha muerto,

cantemos, Lucano,

canciones de amor

en honor de un bello rostro que de su mano,

Amor me ha impreso en el corazón.

 

LUCANO

Cantemos, señor, cantemos...

 

NERÓN, LUCANO

A ese rostro sonriente

que exhala gloria e influye amor.

Cantemos a ese rostro querido,

en el que lo ideal se vuelve realidad,

y cuya blancura,

cual nuevo prodigio,

supo animarse del color de la granadilla.

Cantemos a esa boca

a la que la India y Arabia

consagraron sus perlas y sus perfumes.

Boca, boca...

 

LUCANO

Boca, que si razona o ríe,

hiere con invisibles armas,

y al alma entrega la felicidad mientras la mata.

Boca, que si me trae lasciva

sus tiernos rubíes,

embriaga el corazón de néctar divino.

 

NERÓN

¡Ay, destino!

 

LUCANO

Señor, tú estás

gozando del éxtasis del amor;

y caen de tus ojos

gotas de ternura

y lágrimas de dulzura.

 

NERÓN

Ídolo mío,

celebrarte yo quisiera

pero mis palabras son diminutas llamas vacilantes

comparadas con tu sol.

 

Ritornello

 

Son rubíes preciosos

tus labios amorosos,

y mi corazón constante

es de sólido diamante;

así, Amor, ha convertido en gemas

tu belleza y mi corazón.

Son rosas sin espinas

tus mejillas queridas,

más puro que los lirios

es el candor de mi fe.

Así, entre tu bello rostro y mi corazón,

ha dividido su primavera Amor.

¡Soy el más feliz de los amantes!

 

LUCANO

¡Oh, feliz Popea,

señora de tus alabanzas!

¡Oh, feliz Nerón,

en brazos de Popea!

De Nerón...

 

NERÓN, LUCANO

¡Cantemos la belleza de Popea,

cantemos la dicha de Nerón!

 

NERÓN

Que el cielo abra la catarata del amor.

 

LUCANO

Y que diluvie y lo inunde todo siempre...

 

NERÓN, LUCANO

... ¡de felicidad sobre los queridos amantes!

 

Escena Sexta

 

NERÓN

¡Oh, qué a tiempo

llegas, adorada mía!

Estaba contemplando

tu rostro con el pensamiento,

ahora lo venero con ojos idólatras.

Ojos queridos, ojos dulces,

a cuya amorosa oscuridad

se rinde la luz del más querido día,

de vosotros salió la saeta

que me atravesó suavemente el corazón.

¡Por vosotros vive Nerón y por vosotros muere!

 

POPEA

Y yo no encuentro un día

en el que tú no resplandezcas.

Mi corazón no quiere

que yo respire aire alguno

si no es iluminado por tu rostro,

rostro que circundado

de majestad amorosa,

entró en mi corazón a través de estos ojos.

Siempre llevaré de tu divino semblante

¡oh, mi señor!

un retrato en los ojos y otro en el corazón.

 

NERÓN

¡Ah! ¿Por qué no seré

un sutil y respirable elemento para entrar,

¡oh, querida!

por esa boca de rubíes

y besar de incógnito

un corazón divino?

 

POPEA

¡Ah! ¿Por qué no soy yo

la sombra de tu bello cuerpo, oh señor mío,

para asistirte siempre

con la compañía de Amor?

Ah, que para consolar mi dolor, el cielo haga

de ti y de mí, señor, un solo cuerpo.

 

NERÓN, POPEA

¡Vayámonos,

bien pronto nos uniremos!

Nada separará nuestras manos,

ni nuestro corazón.

Tú aquí, yo aquí.

¡Ay, hoy tengo los ojos llenos de lágrimas,

pero bien pronto vendrán las horas tranquilas!

 

Escena Séptima

 

(Otón se recrimina a sí mismo la idea de ofender

a Popea a causa de su desesperado afecto, al que

se resigna a vivir sujeto)

 

OTÓN

Mi súbita ira

y mis intereses,

me indujeron a pensar

en asesinar a Popea.

¡Oh, maldita mente!

¿Por qué eres inmortal y no puedo

desangrarte y castigarte?

¿Pensé, hablé de asesinarte, bien mío?

Mi genio perverso,

renegado el afecto

que un día me diste,

cayó y se derrumbó en un pensamiento

tan detestable como criminal.

¡Cambiadme este alma deforme,

dadme un espíritu menos impuro,

por piedad, oh dioses!

Reniego de un intelecto

que discurre despiadado

y que pensó, sanguinario e infernal,

en ofender y desangrar a mi bien.

¡Desvanécete, desfallece,

miserable memoria al recordarlo!

¡Despréciame cuanto sepas,

ódiame cuanto quieras,

quiero ser Clicia bajo el sol de tus ojos!

Amaré sin esperanzas

a pesar del destino;

Sea mi delicia el amarte desesperado.

Blandiré los tormentos

que nacen de tu bello rostro,

estaré herido, sí, pero en el paraíso.

 

Escena Octava

 

(La emperatriz Octavia ordena a Otón

que asesine a Popea, amenazándole con su

indignación y diciéndole que vista ropas de mujer

para su seguridad. Otón se entristece y sale)

 

OCTAVIA

Tú, que de mis antepasados

heredaste la grandeza,

si tienes memoria de los beneficios recibidos,

préstame ayuda.

 

OTÓN

Majestad, lo que pides

lo ordena el destino.

Estoy dispuesto a servirte, ¡oh, reina!

aun cuando ello implicase

sacrificarte mi ruina.

 

OCTAVIA

Quiero que tu espada

escriba tus deudas conmigo

con sangre de Popea. ¡Quiero que la mates!

 

OTÓN

¿Que mate a quién?

 

OCTAVIA

A Popea.

 

OTÓN

¿Que mate a quién?

 

OCTAVIA

¡A Popea! ¿Por qué?

¿Te niegas acaso

a lo que me has prometido?

 

OTÓN

¿A lo que te he prometido?

 

(Para sí)

 

El saber estar, los cumplidos humildes,

la modestia de las palabras, la cortesía,

¿a qué pena mortal me han condenado?

 

OCTAVIA

¿Qué estás murmurando?

 

OTÓN

Estudio el modo

más cauto y seguro

para una empresa tan grande.

 

(Para sí)

 

Oh, cielo, dioses,

en este horrible punto

despojadme la vida y el espíritu.

 

OCTAVIA

¿Qué murmuras?

 

OTÓN

Hago votos a la Fortuna

para que me dé aptitud para servirte.

 

OCTAVIA

Y puesto que lo que tienes que hacer,

me será más grato cuanto más rápido,

¡apresúrate a prepararte!

 

OTÓN

(Para sí)

¿Tan pronto he de morir?

 

OCTAVIA

Pero ¿a qué viene

tanto soliloquio?

Te avisa mi odio imperial:

si no cumples tu cometido pronto,

¡pagarás tu pereza con la cabeza!

 

OTÓN

¿Y si se enterase Nerón?

 

OCTAVIA

¡Cambia tus ropas!

Toma un vestido de mujer

y con un engaño oportuno,

sagaz ejecutor, cumple con tu obra.

 

OTÓN

Dame tiempo para que pueda

enfurecer mis sentimientos,

deshumanizar el corazón.

 

OCTAVIA

¡Apresúrate a prepararte!

 

OTÓN

Dame tiempo para que pueda

embrutecer la mano.

No puedo cambiar en un momento

el alma de enamorado

por las artes de un carnicero despiadado.

 

OCTAVIA

Si no me obedeces,

te acusaré ante Nerón

de haber pretendido contra mí

violencias deshonestas,

y haré que te rodeen

la tortura y la muerte en este día.

 

OTÓN

A obedecerte, emperatriz, voy.

¡Oh cielo, oh dioses, en este horrible punto

despojadme la vida y el espíritu!

 

Escena Novena

 

(Drusila se consuela con las promesas amorosas

de Otón, y el paje bromea con la nodriza sobre su

vejez)

 

DRUSILA

Feliz corazón mío

festeja en mi pecho.

Tras las horribles nubes gozaré del claro cielo.

Hoy espero que Otón

me confirme su prometido amor.

Feliz corazón mío

festeja en mi pecho;

festeja en mi pecho, corazón alegre.

 

PAJE

Nodriza, ¿cuánto pagarías por un día

de alegre juventud como Drusila?

 

NODRIZA

Todo el oro del mundo pagaría.

La envidia por el bien de otras,

el odio de ser yo misma,

la flaqueza del alma,

la enfermedad de los sentidos,

son cuatro ingredientes,

o mejor, cuatro elementos

de esta miserable vejez que,

canosa y temblorosa,

de sus propios huesos es un cementerio andante.

 

DRUSILA

No te lamentes así pues, aún estás lozana.

Aún no se ha puesto el sol

aunque hace ya mucho paso la rojiza aurora.

 

Ritornello

 

NODRIZA

El día femenino

encuentra su tarde a mediodía.

Del mediodía en adelante

se marchita la belleza.

Con el tiempo se vuelve dulce

el fruto amargo y duro,

pero en pocas horas se pudre lo que está maduro.

Creed en mí

¡oh, jovencitas, frescas en su mañana!

la primavera es la estación

en la que Amor está con vosotras.

No dejéis que pasen

el verde abril o mayo.

Se suda mucho en julio para ir de viaje.

 

PAJE

Vayamos a ver a Octavia,

mi señora abuela...

 

NODRIZA

¡Te daré una guantada!

 

PAJE

Venerable anciana.

 

NODRIZA

¡Mentiroso!

 

PAJE

Idolatrada amiga del buen Caronte.

 

NODRIZA

¡Que sí, mentiroso insolente! ¡Que sí!

 

PAJE

Vayamos, que tú estás más cerca

de la media noche que del mediodía.

 

Escena Décima

 

(Otón confiesa a Drusila que debe asesinar a

Popea por orden de Octavia y le pide, para pasar

desapercibido en su empresa, sus ropas. Ella le

promete sus vestidos, su silencio y su ayuda)

 

OTÓN

No sé a dónde voy.

El palpitar del corazón

y los pasos del pie no van de acuerdo.

El aire que entra en mi pecho cuando respiro

encuentra tan afligido mi corazón,

que se transforma súbitamente en lágrimas.

Y así, mientras yo peno,

el aire, por compasión, llora en mi pecho.

 

DRUSILA

¿Y dónde, señor mío?

 

OTÓN

¡Drusila! ¡Drusila!

 

DRUSILA

¿Dónde, dónde, señor mío?

 

OTÓN

¡Sólo a ti te busco!

 

DRUSILA

Aquí estoy para lo que quieras.

 

OTÓN

Drusila, quiero confiarte

un secreto gravísimo:

¿prometes silencio y ayuda?

 

DRUSILA

Todo aquello que de mi sangre o de mis bienes

pueda ayudarte y servirte,

es ya más tuyo que mío.

Relátame el secreto,

que además del silencio

te doy en prenda mi alma y mi fe.

 

OTÓN

Ya no estarás más celosa

de Popea...

 

DRUSILA

No, no.

 

OTÓN

...de Popea.

 

DRUSILA

¡Feliz corazón mío, festeja en mi pecho!

 

OTÓN

Escucha, escucha.

 

DRUSILA

Festeja en mi pecho...

 

OTÓN

Escucha.

Yo debo, por una orden terrible,

hundirle en el pecho mi espada;

y para encubrir

tan terrible crimen

querría tus vestidos.

 

DRUSILA

Los vestidos, y la sangre de mis venas te daré.

 

OTÓN

Si consigo ocultarme,

viviremos siempre unidos en la dicha del amor.

Si me condenan a morir,

en el idioma de un piadoso llanto

dame exequias ¡oh, Drusila!

Si, fugitivo,

debo evitar la ira mortal de quien ordena,

socórreme en mi suerte.

 

DRUSILA

Mis vestidos y la sangre de mis venas

te daré voluntariosa.

Pero ve con cuidado y actúa con cautela.

Por lo demás,

ten por seguro que mi fortuna y riqueza

te darán tributo en cualquier lugar.

Así probarás que una amante

tan noble como Drusila

no la hubo nunca, ni en los tiempos antiguos.

¡Feliz corazón mío, festeja en mi pecho!

Vayamos ya a que me desvista,

quiero travestirte con mis propias manos.

Pero quiero saber por ti y con más detalle

la razón de una empresa tan horrenda.

 

OTÓN

¡Vayamos, vayamos ya,

que con gran estupor lo oirás todo!

 

Escena Undécima

 

(El jardín de Popea. Popea, alegre por la muerte

de Séneca, perturbador de su grandeza, pide a

Amor que prospere su fortuna y promete a su

nodriza Arnalta la continuidad de su afecto.

Soñolienta, se recuesta en el jardín, donde

Arnalta la duerme con una suave nana)

 

POPEA

Ahora que Séneca ha muerto,

Amor, recurro a ti:

¡guía mi esperanza a buen puerto

y hazme esposa de mi rey!

 

ARNALTA

Siempre de tu boda

estás canturreando...

 

POPEA

En otra cosa, Arnalta mía, no pienso.

 

ARNALTA

La pasión más inquieta

es la loca ambición;

pero si alcanzas tu cetro y tu corona,

no te olvides de mí,

tenme siempre cerca tuya,

y no te fíes jamás de los cortesanos

porque sólo en dos cosas

es Júpiter impotente:

que en el cielo entre la muerte

y que la lealtad se encuentre en la corte.

 

POPEA

No dudes que conmigo

serás siempre la misma,

y no temas que ninguna otra

sea mi confidente.

Amor, recurro a ti,

lleva a buen puerto mi esperanza

y hazme esposa de mi rey.

Parece que el sueño me invita

a cerrar los ojos en esta quietud.

Aquí, en el jardín, Arnalta,

dispón el modo para que pueda dormir,

que con el aire fresco me gusta adormecerme.

 

ARNALTA

¡Ya habéis oído, doncellas! ¡Vamos!

 

POPEA

Si el sueño me transporta

más tiempo del acostumbrado,

ven a despertarme.

No permitas a nadie el ingreso en el jardín,

salvo a Drusila o a otra confidente.

 

ARNALTA

Recuéstate, Popea.

Serénate, alma mía,

que estarás bien custodiada.

Que el suave olvido

de los dulces sentimientos

te adormezcan, hija mía.

Cerraos, ojos ladrones,

¿qué hacéis aún abiertos

si también robáis cerrados?

Popea, reposa en paz.

Queridos y dulces luceros,

¡dormid ahora, dormid!

¡Amantes,

admirad este nuevo milagro!

El día es luminoso

a pesar que el sol se ha dormido!

 

Escena Duodécima

 

(Amor baja del cielo mientras Popea duerme)

 

AMOR

Duerme, la incauta duerme.

Ella no sabe

que ahora vendrá

el instante mortal.

Así, la humanidad vive en la oscuridad,

y cuando ha cerrado los ojos

se cree del mal a buen seguro.

¡Oh, estúpidos!

¡Oh, frágiles sentidos mortales!

Mientras caéis en el soñoliento olvido,

sobre vuestro sueño está vigilante el dios.

 

Ritornello

 

¡Duerme, oh Popea,

diosa terrenal!

Amor, que mueve el sol y las estrellas,

te salvará de las armas de tus enemigos.

Ya se avecina

tu ruina,

pero no te ocurrirá ningún extraño accidente,

pues Amor es pequeño, sí, pero omnipotente.

 

Escena Decimotercera

 

(Otón, vestido como Drusila, entra en el jardín

donde duerme Popea para asesinarla, pero Amor

lo evita. Popea se despierta y Otón, confundido

con Drusila, huye perseguido por los sirvientes

de Popea. Amor, exclamando que además de

defender a Popea quiere hacerla emperatriz,

vuela al cielo y termina el acto segundo)

 

OTÓN

Heme aquí transformado de Otón en Drusila.

No, no de Otón en Drusila,

sino de hombre en una serpiente

cuyo veneno y rabia

ni ha visto ni verá igual el mundo.

Pero ¿qué veo, infeliz? ¿Duermes, alma mía?

¿Cerraste los ojos para no abrirlos más?

Queridas pupilas, el sueño os cerró

para que no veáis este extraño prodigio:

salir vuestra muerte de mis manos.

¡Ay! Tiembla el pensamiento,

el movimiento se detiene,

y tengo el corazón fuera de sí,

errando por las vísceras temblorosas

en busca de un lugar donde esconderse;

envuelto en un sollozo,

trata de huir fuera de mí mismo

para no participar en esta atrocidad.

Pero ¿por qué vacilo? ¿Qué espero?

Ella me aborrece y me desprecia, ¿y aún la amo?

Lo he prometido a Octavia: si me arrepiento

acelero el funesto fin de mis días.

Manténgase lejos de la corte

quien quiera ser puro.

Quien busca otra cosa

que no sea su propio interés, merece ser ciego.

El hecho queda oculto,

la manchada conciencia

se lava finalmente con el olvido.

¡Popea, te mato! ¡Amor, honor, adiós!

 

AMOR

Loco desgraciado,

enemigo de mi divinidad,

¿a tanto te atreves?

Fulminarte debería,

pero no mereces morir

por la mano de los dioses.

Ve ileso de estas agudas flechas,

que no privaré al verdugo de lo que es suyo.

 

POPEA

¡Drusila!

¿Llegas a mí con un arma desnuda en la mano

mientras duermo sola en mi jardín?

 

ARNALTA

¡Corred, corred!

¡Acudid siervos y doncellas!

¡Seguid a Drusila, vamos, vamos!

¡No dejéis escapar a ese monstruo!

¡Vamos, vamos, vamos, vamos!

 

AMOR

¡He defendido a Popea,

quiero hacerla emperatriz,

he defendido a Popea!

 

Sinfonía

 

ACTO TERCERO

 

Escena Primera

 

(Drusila se regocija esperando recibir la noticia

de la muerte de Popea para así gozar de Otón)

 

DRUSILA

¡Oh, feliz Drusila! ¡Oh! ¿Qué puedo esperar?

Se acerca la hora decisiva.

Perecerá, morirá mi rival

y Otón será finalmente mío.

¡Oh! ¿Qué puedo esperar?

Si mis vestidos

han servido

para protegerle,

con vuestro permiso, dioses,

quiero adorarlos.

¡Oh! ¿Qué puedo esperar?

 

Escena Segunda

 

(Arnalta, nodriza de Popea, hace prender

a Drusila, ante lo cual, ésta se lamenta)

 

ARNALTA

¡Esta es la miserable

que pensando en ocultarse

se ha cambiado de vestidos!

 

DRUSILA

¿Y qué pecado?...

 

LICTOR

¡Detente, estás muerta!

 

DRUSILA

¿Y qué pecado me conduce a la muerte?

 

LICTOR

¿Aún finges, indigna sanguinaria?

¡Tramaste asesinar a Popea

mientras dormía!

 

DRUSILA

¡Ay, querido amigo! ¡Ay, suerte!

¡Ay, mis ropas inocentes!

Por mí debo lamentarme y no por otros.

Fui demasiado crédula e incauta.

 

Escena Tercera

 

(Nerón interroga a Drusila sobre el intento de

asesinato, y ella, para salvar a Otón de la ira de

Nerón, confiesa haber querido asesinar a Popea,

por lo que Nerón la condena a muerte)

 

ARNALTA

Señor, ésta es la criminal

que trató de asesinar

a la señora Popea.

La inocente dormía en su jardín

cuando llegó ella con la espada desnuda.

Si tu devota sirvienta

no llega a despertar en ese momento,

ella hubiese dado el golpe cruel.

 

NERÓN

¿Por qué tanta audacia?

¿Qué te indujo, rebelde, a la traición?

 

DRUSILA

Inocente soy,

lo sabe mi conciencia y lo saben los dioses.

 

NERÓN

No, no, confiesa si atentaste por odio,

cumpliste la orden de otro, o fue por oro

lo que te llevaron al gran crimen.

 

DRUSILA

Inocente soy yo,

lo sabe mi conciencia y lo saben dioses.

 

NERÓN

¡Tormentos, cadenas y fuego

te arrancarán los nombres

del culpable y los cómplices!

 

DRUSILA

(Para sí)

Pobre de mí,

antes de que un atroz tormento

me haga decir lo que quiero callar,

sobre mí misma arrojaré

la sentencia mortal y la condena.

¡Oh, vosotros, que en el mundo os llamáis amigos,

miraos reflejados en mí,

estos son los oficios del verdadero amigo!

 

ARNALTA

¿Qué murmuras, infame?

 

LICTOR

¿Qué deliras, asesina?

 

NERÓN

¿Qué dices, traidora?

 

DRUSILA

(Para sí)

Pelean en mi pecho

en feroz concurrencia

el amor y la inocencia.

 

NERÓN

¡Antes de que horribles tormentos

te hagan sentir mi cólera,

persuade a tu obstinada mente

a rebelar tu imprudente traición!

 

DRUSILA

Señor, yo fui la culpable

que intentó asesinar

a la inocente Popea.

Mi persona y esta mano

fueron los únicos cómplices.

A ello me indujo un antiguo odio oculto,

no busques más, la verdad te digo.

 

NERÓN

¡Conducidla

al verdugo!

Que le aplique

una muerte lenta

que haga su agonía amarga.

¡Que sea horrible la muerte de esta criminal!

 

DRUSILA

(Para sí)

Adorado bien mío,

ámame al menos enterrada,

y que sobre mi sepultura

tus ojos derramen,

de la fuente del corazón,

lágrimas de piedad, si no de amor.

Yo voy, como verdadera amiga y fiel amante,

a través de la ira del verdugo

a expiar con mi sangre tus pecados.

 

NERÓN

¿Por qué tardáis, oh, ministros?

¡Que con un atroz fin

ella pruebe hoy

mil muertes y mil ruinas!

 

Escena Cuarta

 

(Otón, viendo condenada a la inocente Drusila,

se acusa a sí mismo confesando haber intentado

cometer el delito por orden de la emperatriz

Octavia. Nerón le perdona la vida, enviándole

al exilio y despojándole de su fortuna. Drusila

pide acompañarle en el exilio y se marchan

consolados. Nerón decreta el repudio de la

emperatriz Octavia, ordenando que sea dejada en

una barca en el mar a merced de los vientos)

 

OTÓN

¡No, no, que esta sentencia

caiga sobre mí, que la merezco!

 

DRUSILA

Yo fui la culpable, que quiso asesinar

a la inocente Popea.

 

OTÓN

Sed testigos, ¡oh, cielos! ¡oh, dioses!

Ella es inocente.

 

DRUSILA

Mi persona y esta mano

fueron los únicos cómplices.

A ello me indujo un antiguo odio oculto;

no busques más, la verdad te digo.

 

OTÓN

¡Inocente, ella es inocente!

Yo fui, con los vestidos de Drusila,

y por orden de la emperatriz Octavia,

a asesinar a Popea.

Dame, señor, la muerte con tu mano.

 

DRUSILA

¡Yo fui la culpable, que quiso asesinar

a la inocente Popea!

 

OTÓN

¡Júpiter, Némesis, Astrea,

fulminad mi cabeza,

pues como justa venganza,

el horrible patíbulo me espera!

 

DRUSILA

¡A mí me espera!

 

OTÓN

¡A mí me espera!

 

DRUSILA

¡A mí!

 

OTÓN

¡A mí.!

 

DRUSILA

¡A mí!

 

OTÓN

¡A mí me espera!

Dame, señor, la muerte con tu mano;

y si no quieres que tu mano

adorne de decoro mi final,

privado de tu gracia

déjame vivir en la infelicidad.

Si quieres atormentarme,

mi conciencia te dará los azotes.

Si a los leones y a los osos quieres abandonarme,

déjame con el pensamiento de mis culpas,

que me devorará los huesos y la carne.

 

NERÓN

Vive, pero ve a los más remotos desiertos

despojado de títulos y de fortuna,

y que te sirva, mendigo y despreciado,

de flagelo y de cobijo tu propio delito.

Y tú, que fuiste tan audaz ¡oh, noble señora!

como para cubrirle

con salvadores engaños,

vive a la fama de mi clemencia,

vive a la gloria de tu fortaleza.

Que tu constancia, en este siglo,

sea un bello ejemplo para tu sexo.

 

DRUSILA

Consiente, señor mío,

que en el exilio junto a él

pase mis días felices.

 

NERÓN

Haz lo que quieras.

 

OTÓN

Señor, no soy castigado sino bendecido.

La virtud de ella

será la riqueza y la gloria de mis días.

 

DRUSILA

¡Vivir y morir contigo: otra cosa no quiero!

Doy a Fortuna

todo lo que me entregó,

para que tú reconozcas

una fe constante en este corazón de mujer.

 

LICTOR

¡Vamos, vamos, terminemos; idos en mala hora!

 

NERÓN

Proclamo y decido

con edicto solemne

el repudio de Octavia,

y con el exilio perpetuo de Roma

la proscribo.

Que sea conducida a la costa más cercana

y se le prepare en un momento

una balsa,

para que sea abandonada a los vientos.

Doy así justa rienda suelta a mi cólera.

Volad a obedecerme.

 

Escena Quinta

 

(Nerón jura a Popea que ese día será su nueva

esposa)

 

POPEA

Señor, hoy renazco a las primeras flores

de esta nueva vida.

Quiero que mis suspiros

te den testimonio

de que, renacida por ti, languidezco y muero,

y muriendo y viviendo, siempre te adoro.

 

NERÓN

No fue Drusila

quien intentó asesinarte.

 

POPEA

¿Quién fue? ¿Quién fue el infame?

 

NERÓN

Nuestro amigo Otón.

 

POPEA

¿Por sí mismo?

 

NERÓN

La idea fue de Octavia.

 

POPEA

Ahora tienes justa causa

para el repudio.

 

NERÓN

Hoy, como te prometí,

serás mi esposa.

 

POPEA

No espero volver a ver un día tan querido.

 

NERÓN

Por el nombre de Júpiter y por el mío,

te aseguro y te juro

con palabra real

que serás emperatriz de Roma

 

POPEA

¿Con palabra real?

 

NERÓN

Con palabra real te lo aseguro.

 

POPEA

Ídolo de mi corazón, ha llegado la hora

en la que gozaré de mi bien.

 

NERÓN, POPEA

No se interpondrán más penas ni demoras.

No tengo el corazón en el pecho,

me lo has robado, sí, sí,

de mi pecho lo ha robado

la luz serena de tus bellos ojos.

Por ti, bien mío, no tengo el corazón en el pecho.

Estrecharé entre mis brazos enamorados

a la que me ha herido... ¡ay!

No tendrán interrupción las horas felices,

si estoy perdido(a) en ti,

en ti me buscaré,

en ti me encontraré,

y volveré a perderme, bien mío,

pues perdido(a) en ti quiero estar siempre.

 

Escena Sexta

 

(Octavia, repudiada por Nerón y sin sus atributos

imperiales, parte sola y miserablemente, llorando

el abandono de la patria y sus familiares)

 

OCTAVIA

¡Adiós, Roma! ¡Adiós, patria! ¡Amigos, adiós!

Inocente, debo alejarme de vosotros.

Marcho al exilio en amargo llanto.

Navegaré desesperada los sordos mares.

El aire que cada hora

recibirá mis suspiros

y los llevará en nombre de mi corazón,

a ver y a besar los muros de la patria.

Yo estaré sola,

alternando el llanto con mis pasos,

enseñando piedad a los troncos y a las piedras.

Remad hoy, gentes perversas,

alejadme de las amadas costas.

¡Ay, dolor sacrílego!

Tú me prohíbes el llanto

cuando dejo la patria.

No puedo derramar una lágrima

mientras digo a mis parientes y a Roma: ¡adiós!

 

Escena Séptima

 

(Arnalta, nodriza y consejera de Popea, goza

de verse elevada al grado de confidente de una

emperatriz y muestra su júbilo)

 

ARNALTA

Hoy será Popea

de Roma emperatriz.

Y yo, que soy su nodriza,

ascenderé los escalones de la grandeza.

¡No, no, con la chusma ya no me trato más!

Quien me habla de tú

ahora, con nueva armonía,

tendrá que gorjearme como "vuestra señoría".

Quien me encuentra por la calle

me dice: "¡mujer lozana y aún bella!"

pero yo bien sé que parezco

una de las sibilas de la antigüedad legendaria.

Así pues, todos me adulan

creyendo ganarme

para que interceda por ellos ante Popea.

Y yo, fingiendo no entender el engaño,

en la copa de las mentiras bebo los elogios.

Nací sierva y moriré matrona.

Moriré de mala gana.

Si renaciese un día,

querría nacer matrona y morir sierva.

Quien deja las grandezas llorando,

a la muerte va,

pero quien sirviendo está,

con una suerte más feliz,

como al fin de sus penalidades ama la muerte.

 

Escena Última

 

(El palacio de Nerón. Nerón asiste solemnemente

a la coronación de Popea, que es coronada por

los cónsules y tribunos. Amor desciende del cielo

con Venus, las Gracias y los Amorcillos y también

corona a Popea como diosa de la belleza en la

Tierra, con lo que termina la ópera)

 

NERÓN

Asciende ¡oh, amada mía!

a la cima sublime

de la grandeza soberana.

Rodeada de glorias

que ambicionan servirte como doncellas,

aclamada por el mundo y por las estrellas.

Que entre los más queridos trofeos

de tu triunfo,

se encuentre, adorada Popea, mi amor.

 

POPEA

Mi mente, confundida

por esta inusitada luz,

casi pierde la costumbre, señor,

de darte gracias.

En esta excelsa cima

en la que me has colocado,

mi corazón no me basta

para venerarte plenamente.

Debería la naturaleza

para un afecto tan excesivo,

fabricar otro corazón en el pecho.

 

NERÓN

Para caber en tus ojos,

el sol se ha empequeñecido;

para vivir en tu seno,

el alba ha dejado el cielo;

y para hacerte soberana de mujeres y diosas,

Júpiter destiló las estrellas

y plasmó el ideal en tu bello rostro.

 

POPEA

Da licencia a mi espíritu

para salir del laberinto amoroso

de estos halagos

y humillarse ante ti como es debido,

mi rey, mi esposo, mi señor, mi bien.

 

NERÓN

Aquí vienen los cónsules y tribunos

para reverenciarte ¡oh, querida!

Sólo mirándote,

el pueblo y el Senado

comienzan a sentirse dichosos.

 

Sinfonía

 

CÓNSULES, TRIBUNOS

A ti, soberana augusta,

con el consenso universal de Roma,

te coronamos con la diadema.

Ante ti Asia, ante ti África, se inclinan.

Ante ti Europa y el mar que la circunda,

este imperio feliz,

te consagra y entrega

esta corona imperial del mundo.

 

Sinfonía

 

AMOR

Descendamos,

compañeros alados.

 

CORO DE AMORES

Volemos

hasta los esposos amantes.

 

AMOR

A nuestro vuelo

asisten resplandecientes los dioses.

 

CORO DE AMORES

Del alto polo

se ve el resplandor de vivos rayos.

 

AMOR

Si los cónsules y tribunos,

Popea, te han coronado

sobre provincias y reinos,

ahora te corona Amor, mujer feliz,

como emperatriz de las mujeres bellas.

Madre, madre, si me lo permites,

tú eres la Popea en el cielo,

y ésta es la Venus en la tierra,

a quien todo lo creado se inclina

para reverenciarla.

 

VENUS

Yo me complazco ¡oh, hijo!

con todo cuanto te agrada.

Concédase, pues, a Popea

el título de diosa.

 

POPEA, NERÓN

Que Venus y Amor

alegren el alma y exalten el corazón.

Que nadie escape de su áurea faz,

que aunque abrase, siempre agrada.

Que Venus y Amor

alegren el alma y exalten el corazón.

 

AMORCILLOS

Ahora cantemos alegres,

festejemos riendo en la tierra y en el cielo

la alegría desbordante,

y que en cada clima, en cada región,

se escuche decir "Popea y Nerón".

 

POPEA, NERÓN

Por ti miro, por ti gozo,

te abrazo, te estrecho,

ya no peno, ya no muero,

¡oh, mi vida! ¡oh, mi tesoro!

Yo soy tuya...

Tuyo soy yo…

Esperanza mía, dilo,

tú eres mi ídolo,

sí, bien mío,

sí, corazón, vida mía, sí.

Por ti miro, por ti gozo,

te abrazo, te estrecho,

ya no peno, ya no muero,

¡oh, mi vida! ¡oh, mi tesoro!

 

Sinfonia

 

PROLOGO

 

(Fortuna, Virtù, Amore)

 

(Scena aerea con orizzonti bassi. Fortuna, Virtù,

Amore in aria sopra nuvole. La Fortuna, la Virtù,

ed Amor nell'aria contrastano di superiorità, e ne

riceve la preminenza, Amore)

 

FORTUNA

Deh, nasconditi, o Virtù,

già caduta in povertà,

non creduta deità,

nume ch'è senza tempio,

diva senza devoti, e senza altari,

dissipata,

disusata,

aborrita,

mal gradita,

ed in mio paragon sempre avvilita.

Già regina, or plebea, che per comprarti

gl'alimenti e le vesti

i privilegi e i titoli vendesti.

Ogni tuo professore,

se da me sta diviso

sembra un foco dipinto

che né scalda, né splende,

resta un calor sepolto

in penuria di luce;

Chi professa virtù non speri mai

di posseder ricchezza, o gloria alcuna,

se protetto non è dalla Fortuna.

 

VIRTÙ

Deh, sommergiti, mal nata,

rea chimera delle genti,

fatta dèa dagl'imprudenti.

Io son la vera scala,

per cui natura al sommo ben ascende.

Io son la tramontana,

che sola insegno agl'intelletti umani

l'arte del navigar verso l'Olimpo.

Può dirsi, senza adulazione alcuna,

il puro incorruttibil esser mio

termine convertibile con dio,

che ciò non si può dir di te, Fortuna.

 

AMORE

Che vi credete, o dèe,

divider fra di voi del mondo tutto

la signoria, e 'l governo,

escludendone Amore,

nume, ch'è d'ambe voi tanto maggiore?

Io le virtudi insegno,

io le fortune domo,

questa bambina età

vince d'antichità

il tempo, e ogn'altro dio:

gemelli siam l'eternitade ed io.

Riveritemi,

adoratemi,

e di vostro sovrano il nome datemi.

 

FORTUNA, VIRTÙ

Uman non è, non è celeste core,

che contender ardisca con Amore.

 

AMORE

Oggi in un sol certame,

l'un e l'altra di voi da me abbattuta,

dirà, che 'l mondo a' cenni miei si muta.

 

(Ad un cenno di Amore il cielo svanisce)

 

ATTO PRIMO

 

(La scena è la città di Roma)

 

Scena Prima

 

(Fuori del palazzo di Poppea, all’alba. Ottone, due

Soldati della guardia di Nerone, che dormono. Ottone,

amante di Poppea al schiarir dell'alba visita l'albergo

della sua amata, esagerando le sue passioni amorose, e

vedendo addormentate in strada le Guardie di Nerone,

che in casa di Poppea dimora in contenti, compiange le

sue miserie)

 

Ritornello

 

OTTONE

E pur io torno qui, qual linea al centro,

qual foco a sfera, e qual ruscello al mare,

e se ben luce alcuna non m'appare,

ah! so ben io, che sta 'l mio sol qui dentro.

Caro tetto amoroso,

albergo di mia vita, e del mio bene,

il passo e 'l core e ad inchinarti viene.

Apri un balcon Poppea

col bel viso in cui son le sorti mie,

previeni, anima mia, precorri il die.

Sorgi, e disgombra omai,

da questo ciel caligini e tenebre

con il beato aprir di tue palpebre.

Sogni, portate a volo,

fate sentire in dolce fantasia

questi sospir alla diletta mia.

Ma che veggio, infelice?

Non già fantasmi o pur notturne larve,

son questi i servi di Nerone; ahi dunque

agl'insensati venti

io diffondo i lamenti.

Necessito le pietre a deplorarmi,

adoro questi marmi,

amoreggio con lagrime un balcone,

e in grembo di Poppea dorme Nerone.

Ha condotti costoro,

per custodir sé stesso dalle frodi.

O salvezza de' prencipi infelice:

dormon profondamente i suoi custodi.

Ah, perfida Poppea,

son queste le promesse e i giuramenti

ch’accesero il cor mio?

Questa è la fede, o dio!

Io son quell'Ottone,

che ti seguì,

che ti bramò,

che ti servì,

che t'adorò;

che per piegarti o intenerirti il core

di lagrime imperlò preghi devoti,

gli spirti a te sacrificando in voti.

M'assicurasti alfine

ch'abbracciate averei nel tuo bel seno

le mie beatitudini amorose;

io di credula speme il seme sparsi,

ma l'aria e 'l cielo a' danni miei rivolto...

 

Scena Seconda

 

(Ottone, i due Soldati che si risvegliano. Soldati di

Nerone si svegliano, e da' patimenti sofferti in quella

notte malediscono gl'amori di Poppea, e di Nerone,

e mormorano della corte)

 

PRIMO SOLDATO

Chi parla?

 

OTTONE

Tempestò di ruine...

 

PRIMO SOLDATO

Chi parla?

 

OTTONE

...il mio raccolto.

 

PRIMO SOLDATO

Chi va lì?

 

SECONDO SOLDATO

Camerata, camerata!...

 

PRIMO SOLDATO

Ohimè, ancor non è dì!

 

SECONDO SOLDATO

Camerata, che fai?

Par che parli sognando.

 

PRIMO SOLDATO

Sorgono pur dell'alba i primi rai.

 

SECONDO SOLDATO

Su, risvegliati tosto...

 

PRIMO SOLDATO

Non ho dormito in tutta notte mai.

 

SECONDO SOLDATO

Su, risvegliati tosto,

guardiamo il nostro posto.

 

PRIMO SOLDATO

Sia maledetto Amor, Poppea, Nerone

e Roma, e la milizia,

soddisfar io non posso alla pigrizia

un'ora, un giorno solo.

 

SECONDO SOLDATO

La nostra imperatrice

stilla sé stessa in pianti,

e Neron per Poppea la vilipende;

l'Armenia si ribella,

ed egli non ci pensa.

La Pannonia dà all'armi, ed ei se ne ride,

così, per quant'io veggio,

l'impero se ne va di male in peggio.

 

PRIMO SOLDATO

Di' pur che il prence nostro ruba a tutti

per donar ad alcuni;

l'innocenza va afflitta

e i scellerati stan sempre a man dritta.

 

SECONDO SOLDATO

Sol del pedante Seneca si fida.

 

PRIMO SOLDATO

Di quel vecchion rapace?

 

SECONDO SOLDATO

Di quel volpon sagace!

 

PRIMO SOLDATO

Di quel reo cortigiano

che fonda il suo guadagno

sul tradire il compagno!

 

SECONDO SOLDATO

Di quell'empio architetto

che si fa casa sul sepolcro altrui.

 

PRIMO SOLDATO

Non ridire ad alcun quel che diciamo.

Nel fidarti va scaltro;

se gl'occhi non si fidan l'un dell'altro

e però nel guardar van sempre insieme.

 

AMBI

Impariamo dagl'occhi,

a non trattar da sciocchi.

 

PRIMO SOLDATO

Ma, già s'imbianca l'alba, e vien il dì.

 

AMBI

Taciam, Neron è qui.

 

Scena Terza

 

(Poppea, e Nerone escono al far del giorno

amorosamente abbracciati, prendendo

commiato l'un dall'altro con tenerezze affettuose)

 

POPPEA

Signor, deh, non partire!

Sostien, che queste braccia

ti circondino il collo,

come le tue bellezze

circondano il cor mio.

 

NERONE

Poppea, lascia ch'io parta.

 

POPPEA

Non partir, signor, deh non partire.

Appena spunta l'alba, e tu che sei

l'incarnato mio sole,

la mia palpabil luce,

e l'amoroso dì della mia vita,

vuoi sì repente far da me partita?

Deh non dir di partire

che di voce sì amara a un solo accento,

ahi perir, ahi spirar quest'alma io sento.

 

NERONE

La nobiltà de' nascimenti tuoi

non permette che Roma

sappia che siamo uniti,

in sin ch'Ottavia...

 

POPPEA

In sin che...

 

NERONE

In sin ch'Ottavia non rimane esclusa...

 

POPPEA

Non rimane...

 

NERONE

In sin ch'Ottavia non rimane esclusa

col ripudio da me.

 

POPPEA

Vanne ben mio...

 

Ritornello

 

NERONE

In un sospir che vien

dal profondo del sen,

includo un bacio, o cara, ed un addio:

si rivedrem ben tosto, idolo mio.

 

Ritornello

 

POPPEA

Signor, sempre mi vedi,

anzi mai non mi vedi.

Perché s'è ver, che nel tuo cor io sia,

entro al tuo sen celata,

non posso da' tuoi lumi esser mirata.

 

NERONE

Adorati miei rai,

deh restatevi omai!

Rimanti, o mia Poppea,

cor, vezzo, e luce mia.

 

POPPEA

Deh non dir di partire,

che di voce sì amara a un solo accento

ahi perir, ahi mancar quest'alma io sento.

 

NERONE

Non temer, tu stai meco a tutte l'ore,

splendor negl'occhi, e deità nel core.

 

POPPEA

Tornerai?

 

NERONE

Se ben io vo

pur teco io sto.

 

POPPEA

Tornerai?

 

NERONE

Il cor dalle tue stelle

mai non si disvelle.

 

POPPEA

Tornerai?

 

NERONE

Io non posso da te viver disgiunto

se non si smembra la unità del punto.

 

POPPEA

Tornerai?

 

NERONE

Tornerò.

 

POPPEA

Quando?

 

NERONE

Ben tosto.

 

POPPEA

Ben tosto, me 'l prometti?

 

NERONE

Te 'l giuro.

 

POPPEA

E me l'osserverai?

 

NERONE

E s'a te non verrò, tu a me verrai.

 

POPPEA

A dio...

 

NERONE

A dio...

 

POPPEA

Neron, Neron, a dio!

 

NERONE

Poppea, Poppea, a dio!

 

POPPEA

A Dio, Nerone, a dio!

 

NERONE

A Dio, Poppea, ben mio!

 

Scena Quarta

 

(Poppea con Arnalta vecchia sua consigliera

discorre della speranza sua alle grandezze;

Arnalta la documenta, e ammaestra a non

fidarsi tanto de' grandi, né di confidar tanto

nella Fortuna)

 

Ritornello

 

POPPEA

Speranza, tu mi vai

il cor accarezzando.

Speranza, tu mi vai

il genio lusingando,

e mi circondi intanto

di regio sì, ma immaginario manto.

No, non temo, no, di noia alcuna,

per me guerreggia Amor, e la Fortuna.

 

ARNALTA

Ahi figlia, voglia il cielo,

che questi abbracciamenti

non sian un giorno i precipizi tuoi.

 

POPPEA

No, non temo, no, di noia alcuna.

 

ARNALTA

L'imperatrice Ottavia ha penetrati

di Neron gli amori,

ond'io pavento e temo

ch'ogni giorno, ogni punto

sia di tua vita il giorno, il punto estremo.

 

POPPEA

Per me guerreggia Amor, e la Fortuna.

 

ARNALTA

La pratica coi regi è perigliosa,

l'amor e l'odio non han forza in essi,

sono gli affetti lor puri interessi.

Se Neron t'ama, è mera cortesia,

s'ei t'abbandona, non te n' puoi dolere.

Per minor mal ti converrà tacere.

 

POPPEA

No, non temo, no, di noia alcuna.

 

ARNALTA

Il grande spira onor con la presenza,

lascia, mentre la casa empie di vento,

riputazione e fumo in pagamento.

Perdi l'onor con dir: «Neron mi gode».

Son inutili i vizi ambiziosi,

mi piaccion più i peccati fruttuosi.

Con lui tu non puoi mai trattar del pari,

e se le nozze hai per oggetto e fine,

mendicando tu vai le tue ruine.

 

POPPEA

No, non temo, no, di noia alcuna.

 

ARNALTA

Mira, mira Poppea,

dove il prato è più ameno e dilettoso,

stassi il serpente ascoso.

Dei casi le vicende son funeste,

la calma è profezia delle tempeste.

 

POPPEA

No, non temo, no, di noia alcuna,

per me guerreggia Amor, e la Fortuna.

 

ARNALTA

Ben sei pazza, se credi

che ti possano far contenta e salva

un garzon cieco ed una donna calva.

 

Scena Quinta

 

(Gli appartamenti imperiali Ottavia imperatrice

esagera gl'affanni suoi con la nutrice, detestando

i mancamenti di Nerone suo consorte. La Nutrice

scherza seco sopra novelli amori per traviarla da'

cupi pensieri; Ottavia resistendo costantemente

persevera nell'afflizioni)

 

OTTAVIA

Disprezzata regina,

del monarca romano afflitta moglie,

che fo, ove son, che penso?

O delle donne miserabil sesso:

se la natura e 'l cielo

libere ci produce,

il matrimonio c'incatena serve.

Se concepiamo l'uomo,

o delle donne miserabil sesso,

al nostr'empio tiran formiam le membra,

allattiamo il carnefice crudele

che ci scarna e ci svena,

e siam forzate per indegna sorte

a noi medesme partorir la morte.

Nerone, empio Nerone,

marito, o dio, marito

bestemmiato pur sempre,

e maledetto dai cordogli miei,

dove, ohimè, dove sei?

In braccio di Poppea,

tu dimori felice e godi, e intanto

il frequente cader de' pianti miei

pur va quasi formando

un diluvio di specchi, in cui tu miri,

dentro alle tue delizie, i miei martiri.

Destin, se stai lassù,

Giove ascoltami tu,

se per punir Nerone

fulmini tu non hai,

d'impotenza t'accuso,

d'ingiustizia t'incolpo;

ahi, trapasso tropp'oltre, e me ne pento,

sopprimo e seppellisco

in taciturne angosce il mio tormento.

 

NUTRICE

Ottavia, Ottavia...

 

OTTAVIA

O ciel, deh, l'ira tua s'estingua,

non provi i tuoi rigori il fallo mio...

 

NUTRICE

Ottavia, o tu dell'universe genti

unica imperatrice...

 

OTTAVIA

Errò la superficie, il fondo è pio,

innocente fu il cor, peccò la lingua.

 

NUTRICE

...odi, odi.

Di tua fida nutrice odi gli accenti.

Se Neron perso ha l'ingegno,

di Poppea ne' godimenti,

scegli alcun, che di te degno,

d'abbracciarti si contenti.

Se l'ingiuria a Neron tanto diletta,

abbi piacer tu ancor nel far vendetta.

E se pur aspro rimorso

dell'onor t'arreca noia,

fa' riflesso al mio discorso,

ch'ogni duol ti sarà gioia.

 

OTTAVIA

Così sozzi argomenti

non intesi più mai da te, Nutrice!

 

NUTRICE

Fa' riflesso al mio discorso,

ch'ogni duol ti sarà gioia.

L'infamia sta gl'affronti in sopportarsi,

e consiste l'onor nel vendicarsi.

Han poi questo vantaggio

delle regine gli amorosi errori,

se li sa l'idiota, non li crede,

se l'astuto li penetra, li tace,

e 'l peccato taciuto e non creduto

sta segreto e sicuro in ogni parte,

com'un che parli in mezzo un sordo, e un muto.

 

OTTAVIA

No, mia cara Nutrice:

la donna assassinata dal marito

per adultere brame,

resta oltraggiata sì, ma non infame!

Per il contrario resta

lo sposo inonorato,

se il letto marital li vien macchiato.

 

NUTRICE

Figlia e signora mia, tu non intendi

della vendetta il principale arcano.

L'offesa sopra il volto

d'una sola guanciata

si vendica col ferro e con la morte.

Chi ti punge nel senso,

pungilo nell'onore,

se bene a dirti il vero,

né pur così sarai ben vendicata;

nel senso vivo te punge Nerone,

e in lui sol pungerai l'opinione.

Fa' riflesso al mio discorso,

ch'ogni duol ti sarà gioia.

 

OTTAVIA

Se non ci fosse né l'onor, né dio,

sarei nume a me stessa, e i falli miei

con la mia stessa man castigherei,

e però lunge dagli errori intanto

divido il cor tra l'innocenza e 'l pianto.

 

Scena Sesta

 

(Seneca consola Ottavia ad esser constante. Valletto

paggio d'Ottavia per trattenimento dell'imperatrice

burla Seneca al quale Ottavia si raccomanda, e va a

porger preghiere al tempio)

 

SENECA

Ecco la sconsolata

Donna, assunta all'impero

per patir il servaggio: o gloriosa

del mondo imperatrice,

sovra i titoli eccelsi

degl'insigni avi tuoi cospicua e grande,

la vanità del pianto

degl'occhi imperiali è ufficio indegno.

Ringrazia la Fortuna,

che con i colpi suoi

ti cresce gl'ornamenti.

La cote non percossa

non può mandar faville;

tu dal destin colpita

produci a te medesma alti splendori

di vigor, di fortezza,

glorie maggiori assai, che la bellezza.

La vaghezza del volto, i lineamenti,

ch'in apparenza illustre

risplendon coloriti, e delicati,

da pochi ladri dì ci son rubati.

Ma la Virtù costante

usa a bravar le stelle, il fato, e 'l caso,

giammai non vede occaso.

 

OTTAVIA

Tu mi vai promettendo

balsamo dal veleno,

e glorie da' tormenti.

Scusami, questi son, Seneca mio,

vanità speciose,

studiati artifici,

inutili rimedi agl'infelici.

 

VALLETTO

Madama, con tua pace,

io vo' sfogar la stizza, che mi move

il filosofo astuto, il gabba Giove.

M'accende pure a sdegno,

questo miniator di bei concetti.

Non posso star al segno,

mentre egli incanta altrui con aurei detti.

Queste del suo cervel mere invenzioni,

le vende per misteri e son canzoni!

Madama, s'ei... sternuta o s'ei sbadiglia...

presume d'insegnar cose morali,

e tanto l'assottiglia,

che moverebbe il riso a' miei stivali.

Scaltra filosofia! dov'ella regna,

sempre al contrario fa di quel ch'insegna.

Fonda sempre il pedante

su l'ignoranza d'altri il suo guadagno,

e accorto argomentante

non ha Giove per dio, ma per compagno,

e le regole sue di modo intrica,

ch'al fin neanch'egli sa ciò, ch'ei si dica.

 

OTTAVIA

Neron tenta il ripudio

della persona mia

per isposar Poppea. Si divertisca,

se divertir si può sì indegno esempio.

Tu per me prega il popol e 'l senato,

ch'io mi riduco, a porger voti al tempio.

 

VALLETTO

Se tu non dài soccorso

alla nostra regina, in fede mia,

che vo' accenderti il foco,

e nella barba, e nella libreria...

in fede mia.

 

Scena Settima

 

(Seneca fa considerazione sopra le grandezze

transitorie del mondo)

 

SENECA

Le porpore regali e imperatrici,

d'acute spine e triboli conteste,

sotto forma di veste

sono il martirio a' prencipi infelici;

le corone eminenti

servono solo a indiademar tormenti.

Delle regie grandezze

si veggono le pompe e gli splendori,

ma stan sempre invisibili i dolori.

 

Scena Ottava

 

(Pallade in aria predice la morte a Seneca,

promettendoli che se doverà certo morire glielo

farà di novo intender per bocca di Mercurio, e

ciò per esser come uomo virtuoso suo caro e

diletto; venendo ringraziata sommamente da Seneca)

 

PALLADE

Seneca, io veggo in cielo infausti rai

che minacciano te d'alte ruine;

s'oggi verrà della tua vita il fine,

pria da Mercurio avvisi certi avrai.

 

SENECA

Venga la morte pur; costante e forte,

vincerò gli accidenti e le paure;

dopo il girar delle giornate oscure

è di giorno infinito alba la morte.

 

Scena Nona

 

(Nerone con Seneca discorre, dicendo voler adempire

alle sue voglie. Seneca moralmente, e politicamente gli

risponde dissuadendolo, Nerone si sdegna, e lo scaccia

dalla sua presenza)

 

NERONE

Son risoluto insomma

o Seneca, o maestro,

di rimovere Ottavia

dal posto di consorte,

e di sposar Poppea.

 

SENECA

Signor, nel fondo della maggior dolcezza

spesso giace nascosto il pentimento.

Consiglier scellerato è 'l sentimento,

ch'odia le leggi, e la ragion disprezza.

 

NERONE

La legge è per chi serve, e se vogl'io,

posso abolir l'antica e indur le nove;

è partito l'impero, è 'l ciel di Giove,

ma del mondo terren lo scettro è mio.

 

SENECA

Sregolato voler non è volere,

ma, dirò con tua pace, egli è furore.

 

NERONE

La ragione è misura rigorosa

per chi ubbidisce e non per chi comanda.

 

SENECA

Anzi l'irragionevole comando

distrugge l'ubbidienza.

 

NERONE

Lascia i discorsi, io voglio a modo mio.

 

SENECA

Non irritar il popolo e 'l senato.

 

NERONE

Del senato e del popolo non curo.

 

SENECA

Cura almeno te stesso, e la tua fama.

 

NERONE

Trarrò la lingua a chi vorrà biasmarmi.

 

SENECA

Più muti che farai, più parleranno.

 

NERONE

Ottavia è infrigidita ed infeconda.

 

SENECA

Chi ragione non ha, cerca pretesti.

 

NERONE

A chi può ciò che vuol, ragion non manca.

 

SENECA

Manca la sicurezza all'opre ingiuste.

 

NERONE

Sarà sempre più giusto il più potente.

 

SENECA

Ma chi non sa regnar sempre può meno.

 

NERONE

La forza è legge in pace...

 

SENECA

La forza accende gli odi...

 

NERONE

...e spada in guerra...

 

SENECA

...e turba il sangue...

 

NERONE

...e bisogno non ha della ragione.

 

SENECA

La ragione regge gl'uomini e gli dèi.

 

NERONE

Tu mi forzi allo sdegno; al tuo dispetto,

e del popol in onta e del senato

e d'Ottavia, e del cielo, e dell'abisso,

siansi giuste od ingiuste le mie voglie,

oggi, oggi Poppea sarà mia moglie!

 

SENECA

Siano innocenti i regi

o s'aggravino sol di colpe illustri;

s'innocenza si perde,

perdasi sol per guadagnar i regni,

che il peccato commesso

per aggrandir l'impero

si assolve da sé stesso;

ma ch'una femminella abbia possanza

di condurti agli errori,

non è colpa di rege o semideo:

è un misfatto plebeo.

 

NERONE

Levamiti dinnanzi,

maestro impertinente,

filosofo insolente!

 

SENECA

Il partito peggior sempre sovrasta

quando la forza alla ragion contrasta.

 

Scena Decima

 

(Poppea con Nerone discorrono de' contenti passati,

restando Nerone preda delle bellezze di Poppea,

promettendoli volerla crear imperatrice, e da Poppea

venendo messo in disgrazia di lui Seneca, Nerone

adirato gli decreta la morte, Poppea fa voto ad Amore

per l'esaltazione delle sue grandezze, e da Ottone, che

se ne sta in disparte, viene inteso e osservato il tutto)

 

Sinfonia

 

POPPEA

Come dolci, signor, come soavi

riuscirono a te la notte andata

di questa bocca i baci?

 

NERONE

Più cari i più mordaci.

 

POPPEA

Di questo seno i pomi?

 

NERONE

Mertan le mamme tue più dolci nomi.

 

POPPEA

Di queste braccia mie gli stretti amplessi?

 

NERONE

Idolo mio, deh in braccio ancor t'avessi!

Poppea respiro appena;

miro le labbra tue,

e mirando recupero con gl'occhi

quello spirto infiammato,

che nel baciarti, o cara, in te diffusi.

Non è, non è più in cielo il mio destino,

ma sta dei labbri tuoi nel bel rubino.

 

POPPEA

Signor, le tue parole son sì dolci,

ch'io nell'anima mia

le ridico a me stessa,

e l'interno ridirle

necessita al deliquio il cor amante.

Come parole le odo,

come baci io le godo;

son de' tuoi cari detti

i sensi sì soavi, e sì vivaci,

che, non contenti di blandir l'udito,

mi passano a stampar sul cor i baci.

 

NERONE

Quell'eccelso diadema ond'io sovrasto

degl'uomini, e de' regni alle fortune,

teco divider voglio,

e allor sarò felice

quando il titol avrai d'imperatrice;

ma che dico, o Poppea!

Troppo picciola è Roma ai merti tuoi,

troppo angusta è l'Italia alle tue lodi,

e al tuo bel viso è basso paragone

l'esser detta consorte di Nerone;

e han questo svantaggio i tuoi begl'occhi,

che, trascendendo i naturali esempi,

e per modestia non toccando i cieli,

non ricevon tributo d'altro onore,

che di solo silenzio, e di stupore.

 

POPPEA

A speranze sublimi il cor innalzo

perché tu lo comandi,

e la modestia mia riceve forza;

ma troppo s'attraversa ed impedisce

delle regie promesse il fin sovrano.

Seneca, il tuo maestro,

quello stoico sagace,

quel filosofo astuto,

che sempre tenta persuader altrui

che il tuo scettro dipende sol da lui...

 

NERONE

Che? che?

 

POPPEA

Che il tuo scettro dipende sol da lui...

 

NERONE

Quel decrepito pazzo...

 

POPPEA

Quel, quel!

 

NERONE

...ha tanto ardire?

 

POPPEA

Ha tanto ardire.

 

NERONE

(Gli soldati)

Olà, vada un di voi

a Seneca volando, e imponga a lui,

che in questo giorno ei mora.

 

(Fra sé)

 

Vo' che da me l'arbitrio mio dipenda,

non da concetti e da sofismi altrui;

rinnegherei per poco

le potenze dell'alma, s'io credessi

che servilmente indegne

si movessero mai col moto d'altre.

 

(A Poppea)

 

Poppea, sta di buon core,

oggi vedrai ciò che sa far Amore.

 

(Nerone esce)

 

POPPEA

Se mi conduci, Amor,

a regia maestà,

al tuo tempio il mio cor,

voto si apprenderà.

Spirami tutto in sen

fonte d'ogni mio ben,

al trono innalza me,

Amor, ogni mia speme io pongo in te.

Le meraviglie, Amor,

son opre di tua man,

trascende gli stupor

il tuo poter sovran.

Consola i miei sospir,

adempi i miei desir,

al trono innalza me,

Amor, ogni mia speme io pongo in te.

 

Scena Undicesima

 

(Ottone con Poppea palesa le sue morte speranze

con lei, e da passione amorosa la rinfaccia, Poppea

si sdegna, e sprezzandolo parte dicendo esser soggetta

a Nerone)

 

Ritornello

 

OTTONE

Ad altri tocca in sorte

bere il licor, e a me guardar il vaso,

aperte stan le porte

a Neron, ed Otton fuori è rimaso;

sied'egli a mensa a satollar sue brame,

in amaro digiun mor'io di fame.

 

POPPEA

Chi nasce sfortunato

di sé stesso si dolga, e non d'altrui;

del tuo penoso stato

aspra cagion, Otton, non son, né fui;

il destin getta i dadi, e i punti attende:

l'evento, o buono o reo, da lui dipende.

 

OTTONE

Sperai che quel macigno,

bella Poppea, che ti circonda il core,

fosse d'amor benigno

intenerito a pro del mio dolore,

or del tuo bianco sen la selce dura

di mie morte speranze è sepoltura.

 

POPPEA

Deh, non più rinfacciarmi,

porta, deh porta il martellino in pace,

cessa di più tentarmi,

al cenno imperial Poppea soggiace;

ammorza il foco omai, tempra gli sdegni;

io lascio te per arrivar ai regni.

 

OTTONE

E così, e così l'ambizione

sovra ogni vizio tien la monarchia.

 

POPPEA

Così, così la mia ragione

incolpa i tuoi capricci di pazzia.

 

OTTONE

È questo del mio amor il guiderdone?

 

POPPEA

Modestia, olà...

 

OTTONE

È questo del mio amor il guiderdone?

 

POPPEA

Olà, non più,...

 

OTTONE

È questo del mio amor il guiderdone?

 

POPPEA

Non più, non più, son di Nerone.

 

OTTONE

Ahi, chi ripon sua fede in un bel volto,

fabbrica in aria, e sopra il vacuo fonda,

tenta palpare il vento,

ed immobili afferma il fumo, e l'onda.

 

ARNALTA

Infelice garzone!

Mi move a compassion il miserello;

Poppea non ha cervello

a non gl'aver pietà,

quand'ero in altra età

non volevo gl'amanti

in lacrime distrutti,

per compassion gli contentavo tutti.

 

Scena Dodicesima

 

(Ottone amante disperato imperversa con

l'animo contro Poppea)

 

OTTONE

Otton, torna in te stesso,

il più imperfetto sesso

non ha per sua natura

altro d'uman in sé, che la figura.

Otton, torna in te stesso,

costei pensa al comando, e se ci arriva

la mia vita è perduta...

Otton, torna in te stesso,

ella temendo che risappia Nerone

i miei passati amori,

ordirà insidie all'innocenza mia,

indurrà co' la forza un che m'accusi

di lesa maestà di fellonìa,

la calunnia, da' grandi favorita,

distrugge agl'innocenti onor, e vita.

Vo' prevenir costei

col ferro o col veleno,

non mi vo' più nutrir il serpe in seno.

A questo, a questo fine

dunque arrivar dovea

l'amor tuo, perfidissima Poppea!

 

Scena Tredicesima

 

(Ottone di già amante di Drusilla dama di corte,

vedendosi sprezzato da Poppea rinnova seco gl'amori

promettendoli lealtà. Drusilla resta consolata del

ricuperato suo affetto, e fornisse l'atto primo)

 

DRUSILLA

Pur sempre di Poppea,

o con la lingua, o col pensier discorri.

 

OTTONE

Discacciato dal cor viene alla lingua,

e dalla lingua è consegnato ai venti

il nome di colei

ch'infedele tradì gl'affetti miei.

 

DRUSILLA

Il tribunal d'Amor

tal or giustizia fa:

di me non hai pietà,

altri si ride, Otton, del tuo dolor.

 

OTTONE

A te di quanto son,

bellissima donzella

or fo libero don;

ad altri mi ritolgo,

e solo tuo sarò, Drusilla mia.

Perdona, o dio, perdona

il passato scortese mio costume.

 

DRUSILLA

Già l'oblio seppellì

gl'andati amori?

È ver, Otton, è ver,

ch'a questo fido cor il tuo s'unì?

 

OTTONE

È ver, Drusilla, Drusilla, è ver, sì, sì.

 

DRUSILLA

Temo che tu mi dica la bugia.

 

OTTONE

No, no, Drusilla, Drusilla, no.

 

DRUSILLA

Otton, Otton, non so, non so.

 

OTTONE

Teco non può mentir la fede mia.

 

DRUSILLA

M'ami?

 

OTTONE

Ti bramo.

 

DRUSILLA

E come in un momento?

 

OTTONE

Amor è foco, e subito s'accende.

 

DRUSILLA

Sì sùbite dolcezze

gode lieto il mio cor, ma non l'intende.

M'ami?

 

OTTONE

Ti bramo.

Ti dican l'amor mio le tue bellezze.

Per te nel cor ho nova forma impressa,

i miracoli tuoi credi a te stessa.

 

DRUSILLA

Lieta m'en vado: Otton, resta felice;

m'indirizzo a riverir l'imperatrice.

 

OTTONE

Le tempeste del cor tutte tranquilla;

d'altri Otton non sarà che di Drusilla;

e pur al mio dispetto, iniquo Amore,

Drusilla ho in bocca e ho Poppea nel core.

 

ATTO SECONDO

 

Scena Prima

 

(Il giardino della villa di Seneca, fuori Roma. Mercurio

in terra mandato da Pallade annunzia a Seneca dover

egli certo morire in quel giorno, il quale senza punto

smarrirsi degl'orrori della morte, rende grazie al cielo,

e Mercurio dopo fatta l'ambasciata se ne vola al cielo)

 

SENECA

Solitudine amata,

eremo della mente,

romitaggio a' pensieri,

delizia all'intelletto

che discorre, e contempla

l'immagini celesti

sotto le forme ignobili e terrene,

a te l'anima mia lieta se n' viene,

e lunge dalla corte,

ch'insolente e superba

fa della mia pazienza anatomia

qui tra le frondi, e l'erbe,

m'assido in grembo della pace mia.

 

MERCURIO

Vero amico del cielo

appunto in questa solitaria chiostra

visitarti io volevo.

 

SENECA

E quando, e quando mai

le visite divine io meritai?

 

MERCURIO

La sovrana virtù di cui sei pieno

deifica i mortali,

e perciò son da te ben meritate

le celesti ambasciate.

Pallade a te mi manda,

e t'annunzia vicina l'ultim'ora

di questa frale vita,

e 'l passaggio all'eterna ed infinita.

 

SENECA

Oh me felice, adunque

s'ho vissuto sinora

degl'uomini la vita,

vivrò dopo la morte

la vita degli dèi.

Nume cortese, oggi il morir m'accenni?

Or confermo i miei scritti,

autentico i miei studi;

l'uscir di vita è una beata sorte,

se da bocca divina esce la morte.

 

MERCURIO

Lieto dunque t'accingi

al celeste viaggio,

al felice passaggio,

t'insegnerò la strada,

che ne conduce allo stellato polo;

Seneca or colà su io drizzo il mio volo.

 

Scena Seconda

 

(Seneca riceve da Liberto, Capitano della guardia

di Nerone, l'annunzio di morte d'ordine di Nerone;

Seneca costante si prepara all'uscir di vita)

 

LIBERTO

(Fra sè)

Il comando tiranno

esclude ogni ragione,

e tratta solo o violenza, o morte.

Io devo riferirlo, e nondimeno

relatore innocente

mi par d'esser partecipe del male,

ch'a riferire io vado.

 

(A Seneca)

 

Seneca, assai m'incresce di trovarti,

mentre pur ti ricerco.

Deh non mi riguardar con occhio torvo

se a te sarò d'infausto annunzio il corvo.

 

SENECA

Amico è già gran tempo,

ch'io porto il seno armato

contro i colpi del fato.

La notizia del secolo in cui vivo,

forestiera non giunge alla mia mente;

se m'arrechi la morte,

non mi chieder perdono:

rido, mentre mi porti un sì bel dono.

 

LIBERTO

Nerone...

 

SENECA

Non più, non più...

 

LIBERTO

A te mi manda.

 

SENECA

Non più, t'ho inteso, e ubbidisco or ora.

 

LIBERTO

E come intendi, prima ch'io m'esprima?

 

SENECA

La forma del tuo dire, e la persona

che a me ti manda, son due contrassegni

minacciosi e crudeli

del mio fatal destino;

già, già son indovino.

Nerone a me t'invia

a imponermi la morte.

 

LIBERTO

Signor indovinasti;

mori, e mori felice,

che come vanno i giorni

all'impronto del sole

a marcarsi di luce,

così alle tue scritture

verran per prender luce i scritti altrui.

Mori, e mori felice!

 

SENECA

Vanne, vattene omai,

e se parli a Nerone avanti sera,

ch'io son morto, e sepolto, gli dirai.

 

Scena Terza

 

(Seneca consola i suoi Famigliari, quali lo dissuadono

a morire, e ordina a quelli di prepararli il bagno per

ricever la morte)

 

SENECA

Amici è giunta l'ora

di praticare in fatti

quella virtù, che tanto celebrai.

Breve angoscia è la morte;

un sospir peregrino esce dal core,

ov'è stato molt'anni,

quasi in ospizio, come forestiero,

e se ne vola all'Olimpo,

della felicità soggiorno vero.

 

FAMIGLIARI

Non morir, Seneca, no.

Io per me morir non vo'.

 

Ritornello

 

Questa vita è dolce troppo,

questo ciel troppo è sereno,

ogni amar, ogni veleno

finalmente è lieve intoppo.

Se mi corco al sonno lieve,

mi risveglio in sul mattino,

ma un avel di marmo fino,

mai no dà quel che riceve.

Non morir, Seneca, no.

Io per me morir non vo'.

 

SENECA

Sopprimete i singulti,

rimandate quei pianti

dai canali degl'occhi

alle fonti dell'anime, o i miei cari.

Vada quell'acqua omai

a lavarmi dai cori

dell'incostanza vil le macchie indegne.

Altr'esequie ricerca,

che un gemito dolente

Seneca moriente.

Itene tutti, a prepararmi il bagno,

che se la vita corre

come il rivo fluente,

in un tepido rivo

questo sangue innocente io vo' che vada

a imporporarmi del morir la strada.

 

Scena Quarta

 

(Valletto, paggio, e Damigella dell'imperatrice

scherzano amorosamente insieme)

 

Ritornello

 

VALLETTO

Sento un certo non so che,

che mi pizzica, e diletta,

dimmi tu che cosa egli è,

damigella amorosetta.

Ti farei, ti direi,

ma non so quel ch'io vorrei.

Se sto teco il cor mi batte,

se tu parti, io sto melenso,

al tuo sen di vivo latte,

sempre aspiro e sempre penso.

Ti farei, ti direi,

ma non so quel ch'io vorrei.

 

DAMIGELLA

Astutello, garzoncello,

bamboleggia amor in te.

Se divieni amante, affé,

perderai tosto il cervello.

Tresca Amor per sollazzo coi bambini,

ma siete Amor, e tu, due malandrini.

 

VALLETTO

Dunque amor così comincia?

È una cosa molto dolce?

Io darei per godere il tuo diletto

i cireggi, le pera, ed il confetto.

Ma se amaro divenisse

questo miel, che sì mi piace,

lo addolciresti tu?

Dimmelo vita mia, dimmelo tu?

 

DAMIGELLA

L'addolcirei, sì, sì.

 

VALLETTO

Ma come poi faresti?

 

DAMIGELLA

Che dunque non lo sai?

 

VALLETTO

No 'l so, cara, no 'l so.

Dimmi, come si fa;

fa' ch'io lo sappia espresso,

perché se la superbia si ponesse

sul grave del sussiego

io sappia raddolcirmi da me stesso.

Mi par che per adesso,

se mi dirai, che m'ami,

io mi contenterò,

dimmelo dunque, o cara,

e se vivo mi vuoi, non dir di no.

 

DAMIGELLA

T'amo, caro Valletto,

e nel mezzo del cor sempre t'avrò.

 

VALLETTO

Non vorrei, speme mia, starti nel core,

vorrei starti più in su

non so, se sia mia voglia o saggia, o sciocca;

io vorrei, che 'l mio cor facesse nido

nelle fossette belle, e delicate,

che stan poco discoste alla tua bocca.

 

DAMIGELLA

Se ti mordessi poi?

Ti lagneresti in pianti tutto un dì.

 

VALLETTO

Mordimi quanto sai,

mai non mi lagnerò,

morditure sì dolci

vorrei sempre goderle,

purché baciato io sia da' tuoi rubini

mi mordan pur le perle.

Mordimi quanto sai: mordimi sì.

 

Scena Quinta

 

(Nerone intesa la morte di Seneca, canta amorosamente

con Lucano poeta suo famigliare deliriando nell'amor

di Poppea)

 

NERONE

Or che Seneca è morto,

cantiam, cantiam Lucano,

amorose canzoni

in lode d'un bel viso,

che di sua mano Amor nel cor, m'ha inciso.

 

LUCANO

Cantiam, signore, cantiamo...

 

NERONE, LUCANO

Di quel viso ridente,

che spira glorie, ed influisce amori;

cantiam di quel viso beato

in cui l'idea miglior sé stessa pose,

e seppe su le nevi

con nova meraviglia,

animar, incarnar la granatiglia.

Cantiam, di quella bocca

a cui l'India e l'Arabia

le perle consacrò, donò gli odori.

Bocca, bocca...

 

LUCANO

Bocca, che se ragiona, o ride,

con invisibil arme punge, e all'alma

dona felicità mentre l'uccide.

Bocca, che se mi porge

lasciveggiando il tenero rubino

m'inebria il cor di nettare divino.

 

NERONE

Ahi destin! Ahi destino!

 

LUCANO

Tu vai, signor, tu vai

nell'estasi d'amor deliciando,

e ti piovon dagl'occhi

stille di tenerezza,

lacrime di dolcezza.

 

NERONE

Idolo mio,

celebrarti io vorrei,

ma son minute fiaccole, e cadenti,

dirimpetto al tuo sole i detti miei.

 

Ritornello

 

Son rubin preziosi

i tuoi labbri amorosi,

il mio core costante

è di saldo diamante,

così le tue bellezze, ed il mio core

di care gemme ha fabbricato Amore.

Son rose senza spine

le guance tue divine,

gigli, e ligustri eccede

il candor di mia fede,

così tra 'l tuo bel viso, ed il mio core

la primavera sua divide Amore.

Ond’io lieto men vo or tra gli amanti.

 

LUCANO

O felice Poppea

signor nelle tue lodi.

O felice Nerone

in grembo di Poppea.

Di Neron...

 

NERONE, LUCANO

Di Poppea cantiamo i canti,

Di Neron cantiamo i vanti.

 

NERONE

Apra le cataratte il ciel d'amore.

 

LUCANO

E diluvi, ed inondi a tutte l'ore...

 

NERONE, LUCANO

Felicità sovra gli amati amanti.

 

Scena Sesta

 

NERONE

O come, o come a tempo,

bella adorata mia, mi sopraggiungi.

Io stavo contemplando

col pensier il tuo volto,

or con occhi idolatri io lo vagheggio;

occhi cari, occhi dolci,

al cui negro amoroso

cede la luce del più caro dì,

da voi lo strale uscì,

che mi piagò soavemente il core,

per voi vive Nerone, e per voi more.

 

POPPEA

Ed io non trovo giorno,

dove tu non risplendi,

e non vuole il cor mio,

ch'alcun aria da me sia respirata,

se non è dal tuo viso illuminata,

viso che circondato

di maestà amorosa,

passando per quest'occhi al cor m'entrò,

ond'io per sempre avrò,

del tuo divin sembiante, o mio signore,

un ritratto negl'occhi, ed un nel core.

 

NERONE

Deh perché non son io

sottile, e respirabile elemento,

per entrar mia diletta

in quella bocca amata,

che passerei per uscio di rubino

a baciar di nascosto un cor divino?

 

POPPEA

Deh perché non son'io

l'ombra del tuo bel corpo, o mio signore,

per assisterti sempre

in compagnia d'Amore?

Deh faccia il ciel, per consolar mio duolo

di te, di me, signor, un corpo solo.

 

NERONE, POPPEA

Partiam partiamo,

ben tosto si unirà.

Né più si scioglierà la destra, e 'l core;

tu di là,

io di qua.

Ahi che di pianto omai le luci ho piene,

ma ben presto verran l'ore serene.

 

Scena Settima

 

(Ottone s’adira contro a se medesimo delli pensieri

avuti di voler offendere Poppea nel disperato affetto

della quale si contenta viver soggetto)

 

OTTONE

I miei subiti sdegni,

la politica mia già poco d'ora

m'indussero a pensare

d'uccidere Poppea.

Oh mente maledetta,

perché se' tu immortale, ond'io non posso

svenarti, e castigarti?

Pensai, parlai d'ucciderti, ben mio?

Il mio genio perverso,

rinnegati gl'affetti,

ch'un tempo mi donasti,

piegò, cadé, proruppe

in un pensier sì detestando, e reo.

Cambiatemi quest'anima deforme,

datemi un altro spirito meno impuro

per pietà vostra, o dèi!

rifiuto un intelletto,

che discorre impietadi

che pensò sanguinario, ed infernale

d'offendere il mio bene, e di svenarlo.

Isvieni, tramortisci,

scellerata memoria, in ricordarlo.

Sprezzami quanto sai,

odiami quanto vuoi,

voglio esser Clizia al sol de' lumi tuoi.

Amerò senza speme

al dispetto del fato,

fia mia delizia, amarti disperato.

Blandirò i miei tormenti,

nati dal tuo bel viso,

sarò dannato, sì, ma in paradiso.

 

Scena Ottava

 

(Ottavia imperatrice comanda ad Ottone, che uccida

Poppea sotto pena della sua indignazione, e che per

sua salvezza si ponga in abito femminile, Ottone tutto

si contrista e parte confuso)

 

OTTAVIA

Tu che dagli avi miei

avesti le grandezze,

se memoria conservi

de' benefici avuti, or dammi aita.

 

OTTONE

Maestade, che prega

è destin che necessita: son pronto

a servirti, o regina,

quando anco bisognasse

sacrificare a te la mia ruina.

 

OTTAVIA

Voglio che la tua spada

scriva gl'obblighi miei

col sangue di Poppea; vuò che l'uccida.

 

OTTONE

Che uccida chi?

 

OTTAVIA

Poppea.

 

OTTONE

Che uccida chi?

 

OTTAVIA

Poppea, perché?

Dunque ricusi

quel che già promettesti?

 

OTTONE

Io ciò promisi?

 

(Fra sè)

 

Urbanità di complimento umile,

modestia di parole costumate,

a che pena mortal mi condannate?

 

OTTAVIA

Che discorri fra te?

 

OTTONE

Discorro il modo

più cauto, e più sicuro

d'una impresa sì grande.

 

(Fra sè)

 

O ciel, o dèi,

in questo punto orrendo

ritoglietemi i giorni, e i spirti miei.

 

OTTAVIA

Che mormori?

 

OTTONE

Fo voti alla fortuna,

che mi doni attitudine a servirti.

 

OTTAVIA

E perché l'opra tua

quanto più presta fia, tanto più cara,

precipita gl'indugi.

 

OTTONE

(Fra sè)

Sì tosto ho da morir?

 

OTTAVIA

Ma che frequenti

soliloqui son questi? Ti protesta

l'imperial mio sdegno,

che se non vai veloce al maggior segno,

pagherai la pigrizia con la testa.

 

OTTONE

Se Neron lo saprà?

 

OTTAVIA

Cangia vestiti.

Abito muliebre ti ricopra,

e con frode opportuna,

sagace esecutor t'accingi all'opra.

 

OTTONE

Dammi tempo, ond'io possa

inferocir i sentimenti miei,

disumanare il core!

 

OTTAVIA

Precipita gl'indugi.

 

OTTONE

Dammi tempo, ond'io possa

imbarbarir la mano;

assuefar non posso in un momento

il genio innamorato

nell'arti di carnefice spietato.

 

OTTAVIA

Se tu non m'ubbidisci,

t'accuserò a Nerone,

ch'abbia voluto usarmi

violenze inoneste,

e farò sì, che ti si stanchi intorno

il tormento, e la morte in questo giorno.

 

OTTONE

Ad ubbidirti, imperatrice, io vado.

O ciel, o dèi, in questo punto orrendo

ritoglietemi i giorni e i spirti miei.

 

Scena Nona

 

(Drusilla vive consolata dalle promesse amorose di

Ottone, e Valletto scherza con la Nutrice sopra la

sua vecchiaia)

 

DRUSILLA

Felice cor mio

festeggiami in seno,

dopo i nembi, e gl'orror godrò il sereno.

Oggi spero ch'Ottone

mi riconfermi il suo promesso amore,

felice cor mio

festeggiami in seno,

festeggiami nel sen, lieto mio core.

 

VALLETTO

Nutrice, quanto pagheresti un giorno

d'allegra gioventù, com'ha Drusilla?

 

NUTRICE

Tutto l'oro del mondo io pagherei.

L'invidia del ben d'altri,

l'odio di sé medesma,

la fiacchezza dell'alma,

l'infermità del senso:

son quattro ingredienti,

anzi i quattro elementi

di questa miserabile vecchiezza,

che canuta e tremante,

dell'ossa proprie è un cimitero andante.

 

DRUSILLA

Non ti lagnar così, sei fresca ancora;

non è il sol tramontato

se ben passata è la vermiglia aurora.

 

Ritornello

 

NUTRICE

Il giorno femminil

trova la sera sua nel mezzo dì.

Dal mezzo giorno in là

sfiorisce la beltà;

col tempo si fa dolce

il frutto acerbo, e duro,

ma in ore guasto vien, quel ch'è maturo.

Credetel pure a me,

o giovanette fresche in sul mattin;

Primavera è l’età

Ch’Amor con voi si sta;

Non lasciate che passi

il verde april o’l maggio.

Si suda troppo in Iuglio a far viaggio.

 

VALLETTO

Andiam a Ottavia omai

signora nonna mia...

 

NUTRICE

Ti darò una guanciata!

 

VALLETTO

Venerabile antica.

 

NUTRICE

Bugiardello!

 

VALLETTO

Del buon Caronte idolatrata amica.

 

NUTRICE

Che sì, bugiardello insolente, che sì.

 

VALLETTO

Andiam, che in te è passata

la mezza notte, nonché il mezzo dì.

 

Scena Decima

 

(Ottone palesa a Drusilla dover egli uccider Poppea

per commissione d'Ottavia imperatrice, e chiede per

andar sconosciuto all'impresa gl'abiti di lei la quale

promette non meno gl'abiti che secretezza, ed aiuto)

 

OTTONE

Io non so dov'io vada;

il palpitar del core

ed il moto del piè non van d'accordo.

L'aria che m'entra in seno, quand'io respiro,

trova il mio cor sì afflitto

Ella si cangia in subitaneo pianto;

e così mentr'io peno,

l'aria per compassion mi piange in seno.

 

DRUSILLA

E dove signor mio?

 

OTTONE

Drusilla, Drusilla!

 

DRUSILLA

Dove, dove, signor mio?

 

OTTONE

Te sola io cerco.

 

DRUSILLA

Eccomi a' tuoi piaceri.

 

OTTONE

Drusilla, io vo' fidarti

un secreto gravissimo; prometti

e silenzio, e soccorso?

 

DRUSILLA

Ciò che del sangue mio, non che dell'oro,

può giovarti e servirti,

è già tuo più che mio.

Palesami il secreto,

che del silenzio poi

ti do l'anima in pegno, e la mia fede.

 

OTTONE

Non esser più gelosa

di Poppea...

 

DRUSILLA

No, no.

 

OTTONE

...di Poppea.

 

DRUSILLA

Felice cor mio, festeggiami in seno.

 

OTTONE

Senti, senti.

 

DRUSILLA

Festeggiami in seno...

 

OTTONE

Senti, io devo

or ora per terribile comando

immergerle nel sen questo mio brando.

Per ricoprir me stesso

in misfatto sì enorme

io vorrei le tue vesti.

 

DRUSILLA

E le vesti e le vene io ti darò.

 

OTTONE

Se occultarmi potrò, vivremo poi

uniti sempre in dilettosi amori;

se morir converrammi,

nell'idioma d'un pietoso pianto

dimmi esequie, o Drusilla,

se dovrò fuggitivo

scampar l'ira mortal di chi comanda,

soccorri a mie fortune.

 

DRUSILLA

E le vesti e le vene

ti darò volentieri;

ma circospetto va', cauto procedi.

Nel rimanente sappi

che le fortune e le ricchezze mie

ti saran tributarie in ogni loco;

e proverai Drusilla

nobile amante, e tale,

che mai, l'antica età non ebbe uguale.

Felice cor mio, festeggiami in seno.

Andiam pur, ch'io mi spoglio,

e di mia man travestirti io voglio.

Ma vuò da te saper più a dentro, e a fondo

di così orrenda impresa la cagione.

 

OTTONE

Andiam, andiam omai,

che con alto stupore il tutto udrai.

 

Scena Udecima

 

(Iliardino di Poppea. Poppea godendo della morte di

Seneca perturbatore delle sue grandezze prega Amor

che prosperi le sue fortune, e promette ad Arnalta sua

nutrice continuato affetto, ed'essendo colta dal sonno se

fa adagiar riposo nel giardino, dove da Arnalta con

nanna soave vien addormentata)

 

POPPEA

Or che Seneca è morto,

Amor ricorro a te,

guida mie spemi in porto,

fammi sposa al mio re.

 

ARNALTA

Pur sempre sulle nozze

canzoneggiando vai.

 

POPPEA

Ad altro, Arnalta mia, non penso mai.

 

ARNALTA

Il più inquieto affetto

è la pazza ambizione;

ma se arrivi agli scettri, e alle corone,

non ti scordar di me,

tiemmi appresso di te,

né ti fidar giammai di cortigiani,

perché in due cose sole

Giove è reso impotente:

ei non può far che in cielo entri la morte,

né che la fede mai si trovi in corte.

 

POPPEA

Non dubitar, che meco

sarai sempre la stessa,

e non fia mai che sia

altra che tu la secretaria mia.

Amor, ricorro a te,

guida mia speme in porto,

fammi sposa al mio re.

Par che 'l sonno m'alletti

a chiuder gl'occhi alla quiete in grembo.

Qui nel giardin, o Arnalta,

fammi apprestar del riposare il modo,

ch'alla fresc'aria addormentarmi io godo.

 

ARNALTA

Udiste, ancelle, olà!

 

POPPEA

Se mi trasporta il sonno

oltre gli spazi usati,

a risvegliarmi vieni;

né conceder l'ingresso nel giardino

fuor ch'a Drusilla, o ad altre confidenti.

 

ARNALTA

Adagiati, Poppea,

acquietati, anima mia:

sarai ben custodita.

Oblivion soave

i dolci sentimenti

in te, figlia, addormenti.

Posatevi occhi ladri,

aperti deh che fate,

se chiusi ancor rubate?

Poppea, rimanti in pace;

luci care e gradite,

dormite omai dormite.

Amanti vagheggiate

il miracolo novo:

è luminoso il dì, sì come suole,

e pur vedete, addormentato il sole.

 

Scena Dodicesima

 

(Amore scende dal Cielo, mentre Poppea dorme)

 

AMORE

Dorme, l'incauta dorme,

ella non sa,

ch'or or verrà

il punto micidiale;

così l'umanità vive all'oscuro,

e, quando ha chiusi gl'occhi

crede essersi dal mal posta in sicuro.

O sciocchi, o frali

sensi mortali

mentre cadete in sonnacchioso oblio

sul vostro sonno è vigilante dio.

 

Ritornello

 

Dormi, o Poppea,

terrena dèa;

ti salverà dall'armi altrui rubelle,

Amor che move il sol e l'altre stelle.

Già s'avvicina

la tua ruina;

ma non ti nuocerà strano accidente,

ch'Amor picciolo è sì, ma onnipotente.

 

Scena Tredicesima

 

(Ottone travestito da Drusilla capita nel giardino dove

sta addormentata Poppea per ucciderla, e Amor lo

vieta. Poppea nel fatto si sveglia, e inseguito (Ottone

creduto Drusilla) dalle Serventi di Poppea fugge.

Amor, protestando voler oltre la difesa di Poppea

incoronarla in quel giorno imperatrice, se ne vola

al cielo, e fornisse l'atto secondo)

 

OTTONE

Eccomi trasformato,

d'Otton in Drusilla.

No, non d’Otton in Drusilla,

ma d'uom in serpe, al cui veleno, e rabbia

non vide il mondo, e non vedrà simile.

Ma che veggio infelice?

Tu dormi anima mia? Chiudesti gl'occhi

per non aprirli più? Care pupille,

il sonno vi serrò

affinché non vediate

questi prodigi strani:

la vostra morte uscir dalle mie mani.

Ohimè, trema il pensiero, il moto langue,

e 'l cor fuor del suo sito

ramingo per le viscere tremanti

cerca un cupo recesso per celarsi,

o involto in un singulto,

ei tenta di scampar fuor di me stesso,

per non partecipar d'un tanto eccesso.

Ma che tardo? Che bado?

Costei m'aborre, e sprezza, e ancor io l'amo?