JULIO...

FÁBULA MUSICADA EN UN PRÓLOGO Y CINCO ACTOS: EL ORFEO

Fábula musicada en un prólogo y cinco actos: El Orfeo, SV 318

(Extracto referente al mes de mayo del 2011: "La coronación de Popea")


o es cierto que Monteverdi estuviese en Florencia la noche del 6 de octubre de 1600 para asistir a la Eurídice de Peri; sí lo es, en cambio, que acerca de esto, recibió noticias detalladas y entusiastas del joven príncipe Fernando, hijo del duque Vincenzo Gonzaga, en cuya Corte prestaba servicio el músico de Cremona. Tanto Fernando como el otro hijo del duque, Francesco, eran unos apasionados de la música, y la representación florentina les había interesado enormemente. Por otra parte, la rica Corte mantuana tenía a su servicio cantantes famosos, habilísimos instrumentistas y un compositor como Monteverdi, cuya fama había traspasado ya los límites de la ciudad de los Gonzaga.

Inmediatamente se pensó, pues, en realizar también en Mantua un espectáculo teatral bajo la dirección de Francesco Gonzaga, al que después será dedicado el Orfeo.

Se tiene muy presente el ejemplo florentino, incluso en la elección del tema, cuya elaboración se encomienda a Alessandro Striggio, hijo del compositor del mismo nombre, autor del Cicalamento delle donne al bucato. Pero pronto podrán apreciarse las diferencias; el interés de la acción no se centra ya sobre Eurídice, sino sobre Orfeo; es decir, no ya sobre la mujer, víctima inocente de un hado cruel, sino sobre el hombre que se opone a la voluntad del destino con una dolorosa violencia, y logra derrotarlo, para sucumbir, de nuevo, víctima de su humana debilidad.

El ambiente es el fantástico de la Arcadia, pero el drama está transido de dolor; las figuras son míticas, pero viven y sufren. En el libreto de Rinuccini, en cambio, todo se allanaba, y la Opera terminaba con el alegre matrimonio entre Orfeo y Eurídice.

Alessandro Striggio inicia su tarea bajo la vigilancia atenta y severa del mismo Monteverdi, que ya se imagina la música y el drama, y quiere que la acción se reduzca a lo esencial, sin ampulosidades poéticas inútiles. El resultado es discreto, y se puede hablar del libreto del Orfeo como de uno de los mejores de toda la historia de la Opera musical.

Nos parece especialmente afortunado el relato de la muerte de Eurídice:

 

En un prado florido,

con otras compañeras

iba cortando flores

con que tejer guirnaldas para tus cabellos,

cuando un áspid venenoso,

entre la hierba oculto,

le clavó en un pie su diente emponzoñado.

Y he aquí que, de pronto,

su bello rostro palidece

y de sus ojos huye

aquella luz que le envidiaba el sol.

Entonces, nosotras,

asustadas y tristes,

la rodeamos, queriendo volverle

la vida que le escapaba,

con agua fresca y antídotos fuertes.

Más todo es inútil, ¡ay!, que desfallece.

Y abriendo cuanto pudo sus lánguidos ojos

y llamándote, Orfeo,

tras un hondo suspiro,

expiró entre estos brazos,

dejándome el corazón

lleno de piedad y espanto.

 

Cuando estos acentos resonaron en Mantua (primero ante un reducido círculo de invitados a la "Accademia degli Invaghiti", del que formaban parte los dos jóvenes Gonzaga, y después, el 24 de febrero y el 1 de marzo de 1607, en el Teatro de la Corte), la emoción fue muy grande. Monteverdi había sabido infundir al rígido esquematismo del "recitar cantando" florentino una singular vibración humana, una emoción que se volcaba, irrefrenable, sobre el auditorio, a través de la música. Aparentemente, todo había quedado igual; pero la correspondencia entre la palabra y la música había cambiado. Lo primero que se advertía era la preocupación por lo expresivo: a la palabra "dolor", correspondían largas notas, cada vez más apagadas y graves, mientras que la "alegría" era subrayada por una sonora escala ascendente; Monteverdi no renuncia, a veces, a estos efectos particulares, pero lo injerta, lo encuadra, lo envuelve todo siempre en la música, que es la que realmente juega el papel de elemento aglutinante, sobre el que surge y se plasma toda la línea dramática, en sus distintas gamas expresivas.

No faltan en el Orfeo de Monteverdi zonas sin nervio, recitados que siguen mecánicamente el ritmo de la poesía, y muchas veces, la acción cristaliza en cuadros de un enervante estatismo. Pero cuando el texto se hace más apretado, cuando el ritmo de las escenas es más rápido, la música se enciende de pronto, y levanta, con su poderoso impulso, todo el lastre de artificiosas escenas arcádicas que, en otras partes, la frena y la empobrece.

Por desgracia, lo que hoy poseemos del Orfeo, como de la gran mayoría de las Operas del siglo XVII, no es más que un pálido reflejo de lo que debieron de ser las representaciones de Mantua, y después las de Turín y de Florencia, dirigidas por el propio compositor. Conforme al uso de la época, la parte escrita refleja sólo las líneas vocales y el bajo continuo, con algunas indicaciones para los acordes. Se relacionan también los instrumentos usados, y para el Orfeo el autor menciona 43, pero no es posible saber con exactitud cuál es el papel de cada uno, ni cuándo ni cómo intervienen. En el Orfeo se encuentran breves y bellísimos ritornelos instrumentales, pero ni siquiera en estos casos se indican los instrumentos que han de ejecutarlos.

Si se piensa en que al clavicordio o al órgano, a los que se encomendaban las armonías del bajo continuo, se sentaba casi siempre el mismo autor de la música, y que los demás instrumentos -violas, trompetas, laúdes- estaban, en la mayoría de los casos, en manos de otros magníficos músicos y compositores, puede hacerse una idea del excepcional nivel artístico de aquellas interpretaciones.


Resumen argumental y libreto


Personajes

 

MÚSA DE LA MÚSICA                                                                                    Soprano

ORFEO                                                                                                              Tenor

EURÍDICE                                                                                                     Soprano

UNA MENSAJERA                                                                                          Soprano

LA ESPERANZA                                                                                             Soprano

PROSERPINA                                                                                                Soprano

CARONTE                                                                                                           Bajo

PLUTÓN                                                                                                             Bajo

APOLO                                                                                                          Barítono

NINFA                                                                                                          Soprano

COROS                                                                           (pastores, espíritus, sombras)


Prólogo


uego de la imponente y marcial tocata en Re Mayor, se abre camino la musa de la música, quien hace alabanza de los presentes y los insta a guardar silencio, mientras se narra la historia de Orfeo, hijo del dios Apolo y la musa Caliope.


Tocata

Ritornello

La Musica
Dal mio Permesso amato à voi ne vegno,
incliti eroi, sangue gentil di regi,
di cui narra la Fama eccelsi pregi,
nè giugne al ver perch' è troppo alto il segno.

Io la Musica son, ch' à i dolci accenti
sò far tranquillo ogni turbato core,
et hor di nobil ira, et hor d' amore
posso infiammar le più gelate menti.

Io sù cetera d' or cantando soglio
mortal orecchio lusingar talhora
e in guisa tal de l' armonia sonora
de le rote del ciel più l' alme invoglio.

Quinci a dirvi d’Orfeo desìo mi sprona,
D’Orfeo che trasse al suo cantar le fere,
E servo fè l’Inferno a sue preghiere,
Gloria immortal di Pindo e d’Elicona.

Or mentre i canti alterno, or lieti, hor mesti,
non si mova augellin fra queste piante,
nè s' oda in queste rive onda sonante,
et ogni Auretta in suo camin s' arresti.

 

 

Ritornello

Tocata

 

Ritornello

La Música
Desde mi Parnaso amado vengo a vosotros,
ilustres héroes descendientes de reyes,
de los que la Fama imperfectamente relata
vuestros méritos, pues son sublimes.
.
Soy yo, la Música, quien con dulces acentos
sabe apaciguar los corazones alterados
y puede inflamar, de cólera o amor,
los espíritus más fríos.

Cantando a los sones de mi cítara de oro,
acostumbro a alegrar los oídos de los mortales
e incito a las almas a desear fervientemente
la armonía sonora de la lira divina.

Eso me incita a hablaros de Orfeo,
tras cuyo canto marchaban las fieras
e hizo al Infierno siervo de sus ruegos;
gloria inmortal de Pindo y Helicón.

Ahora, mientras alterno cánticos, alegres o tristes,
ningún pájaro se mueva en las ramas,
ninguna onda murmure sobre las orillas
y la brisa suspenda su camino.

Ritornello


Acto Primero

 

En un prado en medio del campo, pastores y ninfas celebran con júbilo el día esplendoroso en que se casarán el mítico cantor de la Tracia, Orfeo, y su amada, la ninfa Eurídice; cantan uno de los pasajes corales más representativos de la época, “Lasciate i monti”.

Orfeo relata cómo se enamoró de ella y ésta responde con no menos ardor. Luego Eurídice va con sus compañeras a recoger guirnaldas de flores, mientras los pastores y las ninfas continúan con sus alegres danzas y cantos. El regocijo y la felicidad son generales.


ATTO PRIMO

PASTORE
In questo lieto e fortunato giorno
ch' hà posto fine
a gli amorosi affanni
del nostro Semideo,
cantiam, pastori,
in sì soavi accenti
che sian degni d' Orfeo
nostri concenti.
Oggi fatt' è pietosa
l' alma già sì sdegnosa
de la bella Euridice.
Oggi fatt' è felice Orfeo
nel sen di lei, per cui già tanto
per queste selve
ha sospirato, e pianto.
Dunque,
in sì lieto e fortunato giorno ...

CHORO NINFE, PASTORI
Vieni, Imeneo, deh vieni
e la tua face ardente
sia quasi un Sol nascente
ch' apporti à questi amanti
i dì sereni
e lunge homai disgombre
de gli affanni e del duol
le nebbie e l'ombre.

NINFA
Muse honor di Parnaso,
amor del cielo,
gentil conforto
a sconsolato core,
vostre cetre sonore
squarcino d' ogni nube
il fosco velo;
e mentre oggi propizio
al vostro Orfeo
invochiam Imeneo
sù ben teamprate corde.
Co' l vostro suon,
nostra armonia s' accorde.

NINFE, PASTORI
Lasciate i monti, lasciate i fonti,
ninfe vezzose e liete,
e in questi prati
a i balli usati
leggiadro il piè rendete.
Qui miri il sole
vostre carole
più vaghe assai di quelle,
ond' a la Luna,
a l' aria bruna,
danzan in ciel le stelle.
Poi di bei fiori, per voi s' onori,
di questi amanti il crine,
ch' or dei martiri
de i lor desiri
godon beati al fine.

Ritornello

PASTORE
Ma tu, gentil cantor,
s'à'tuoi lamenti
già festi lagrimar
queste campagne,
perch' hora al suon
de la famosa cetra
non fai teco gioir
le valli e i poggi?
Sia testimon del core
qualche lieta canzon
che detti amore.

ORFEO
Rosa del ciel, vita del giorno,
e degna prole di lui
he l' Universo affrena,
sol, che'l tutto circondi
e 'l tutto miri,
da gli stellati giri,
dimmi:
vedesti mai di me più lieto
e fortunato amante ?
Fu ben felice il giorno,
mio ben, che pria ti vidi,
e più felice l' hora
che per te sospirai,
poich' al mio sospirar
tù sospirasti.
Felicissimo il punto
che la candida mano
pegno di pura fede à me porgesti.
Se tanti cori avessi
quant' occh' il ciel sereno
e quante chiome sogliono i
colli haver
l'Aprile e 'l Maggio,
colmi si farien tutti
e traboccanti di quel piacere
ch'oggi mi fà contento.

EURIDICE
Io non dirò qual sia nel tuo gioire,
Orfeo, la gioia mia,
che non hò meco il core,
ma teco stassi
in compagnia d' Amore.
Chiedilo dunque a lui s'
intender brami quanto lieta
i gioisca,
e quanto t' ami.

NINFE, PASTORI
Lasciate i monti,
Lasciate i fonti, ...
Vieni Imeneo, deh vieni, ...

Ritornello

PASTORE
Ma s' il nostro gioir
dal ciel deriva,
come dal ciel ciò
che quà giù s' incontra,
giust' è ben che divoti
gl' offriam
incensi e voti.
Dunque al tempio ciascun
rivolga i passi
a pregar lui ne
la cui destra
è il mondo,
che lungamente
il nostro ben conservi.

Ritornello

PASTORI
Alcun non sia che disperato
in preda si doni al duol,
benché talhor n' assaglia
possente sì che
la nostra vita inforsa.

Ritornello

NINFE, PASTORI
Che poi che nembo rio
gravido il seno
d' atra tempesta inorridito
hà il mondo,
dispiega il sol più chiaro
i rai lucenti.

Ritornello

PASTORI
E dopo l' aspro gel
del verno ignudo
veste di fior la primavera
i campi.

NINFE, PASTORI
Orfeo di cui pur dianzi furon cibo
i sospir bevanda il pianto,
oggi felice è tanto
che nulla è più che
da bramar gli avanzi.

 

PRIMER ACTO

PASTOR
En este día feliz y afortunado
que ha puesto fin
a los tormentos amorosos
de nuestro semi dios,
cantemos, pastores,
con acentos tan suaves
que nuestro concierto
sea digno de Orfeo.
Hoy ha compartido el alma
que antes le era tan altiva
de la bella Eurídice.
Hoy Orfeo ha conocido la felicidad
sobre el pecho de aquella
por la que él tanto ha suspirado
y gemido en estos bosques.
Por consiguiente,
en este día feliz y afortunado...

NINFAS, PASTORES
Ven, Himeneo, ven, de gracia,
y que tu rostro radiante
sea como un sol naciente,
aporte a estos amantes dí
as serenos,
y que se alejen para siempre
los horrores y las sombras
del dolor y de los tormentos.

NINFA
Musas, honor del Parnaso,
amor del cielo,
amable confortamientos
de los corazones desolados
que los acordes de vuestras liras
desgarren el velo negro
de las nubes,
y mientras nosotros invocamos hoy
a Himeneo pidiéndole
que sea propicio a nuestro Orfeo.
Con instrumentos bien afinados,
que vuestro canto
se una al nuestro.

NINFAS, PASTORES
Dejad los montes, dejad los arroyos,
ninfas encantadoras y divertidas,
y pisad con vuestros bonitos pies
estos prados
acostumbrados a los danzantes.
Que el sol contemple aquí
vuestras evoluciones
mucho más bellas que aquellas que,
en las oscuridad de la noche,
las estrellas hacen
alrededor de la luna.
Sí, bellas flores, para honraros,
adornad la cabellera
de estos amantes que,
terminados sus tormento
por fin disfrutan de su felicidad.

Ritornello

PASTOR
Pero tú, noble cantor,
si tus lamentos
han hecho ya llorar
a estos campos,
¿por qué no puedes gozar
el presente al son
de tu ilustre lira,
los valles y las colinas?
Que un canto alegre,
inspirado en el amor,
sea el testigo de tu felicidad.

ORFEO
Rosa del cielo, día del mundo y
digno descendiente
de aquel que rige el universo,
sol, tú, que todo lo rodeas y
que todo lo ves, dime:
¿has visto alguna vez,
en tu carrera entre las estrellas,
un amante más alegre y feliz que yo?
Fue muy feliz, el día, amor mío,
en que te vi por primera vez,
y más feliz la hora
en la que suspiraba por ti,
porque tus suspiros
respondieron a los míos.
Fue muy feliz el momento
en que tú me tendiste
tu blanca mano
como prenda de la pureza de tu fe.
Si hubiese tenido tantos corazones
como ojos tiene el cielo eterno y
vegetación esas amables colinas
en el verde mes de mayo,
todos hubieran sido colmados y
desbordados por el placer
que me proporcionó, ese día,
la felicidad.

EURÍDICE
Yo no sabría decir
cuánta alegría,
Orfeo, me has proporcionado,
pues mi corazón no está conmigo,
sino contigo,
en compañía del amor.
Pregúntale, pues,
si quieres saber lo feliz que es y
cuánto te ama.

NINFAS, PASTORES
Dejad los montes,
dejad los arroyos, ...
Ven, Himeneo, ven, de gracia...

Ritornello

PASTOR
Pero si nuestra felicidad
viene del cielo,
como viene del cielo
cuanto nos acontece,
es lógico que nosotros
le ofrezcamos con devoción,
incienso y votos.
Que cada uno dirija, pues,
sus pasos hacia el templo,
para rezar a aquel que
tiene en las manos,
el destino del mundo,
para que nos conserve nuestra
felicidad durante mucho tiempo

Ritornello

PASTORES
Que ninguno se abandone,
por desesperación,
a la tristeza que
a veces nos asalta
y puede amargar nuestra vida.

Ritornello

NINFA, PASTORES
Pues una vez que las negras nubes,
llevando en su seno
una terrible tempestad,
han conmovido al mundo,
el sol más claro
lanza sus rayos luminosos.

Ritornello

PASTORES
Y después del áspero frío
del invierno desnudo
la primavera vuelve a vestir
de flores el campo

NINFAS, PASTORES
Ved a Orfeo, para quien
los suspiros eran la comida
y las lágrimas la bebida,
hoy es tan feliz
que no desea nada más.

 


Acto segundo

 

Orfeo, rodeado por los pastores, canta a la naturaleza y cuenta cómo corría por los sombríos bosques antes de conocer el amor.

La alegría se interrumpe con la llegada de la Mensajera, quien le anuncia a Orfeo, con sentidos versos, la muerte de Eurídice por la picadura de una serpiente mientras recogía flores.

La propia Mensajera considera que ya no podrá vivir como hasta ahora y tendrá que lamentar toda su vida haber traído una noticia semejante. Orfeo decide descender a los infiernos a rescatar a Eurídice (al descenso voluntario al infierno se lo denomina catábasis), o quedarse con ella si esto no fuera posible, a la vez que entona un desesperado lamento.


ATTO SECONDO

Sinfonia

ORFEO
Ecco pur ch'à voi ritorno
care selve e piaggie amate,
da quel Sol fatte beate
per cui sol
mie notti han giorno.

Ritornello

PASTORE
Mira,
ch' à se n' alletta
l' ombra Orfeo di que' faggi
hor ch' infocati raggi
Febo dal ciel saetta.

Ritornello

Sù quell' erbose sponde
posiamci,
e 'n varij modi
ciascun sua voce snodi
al mormorio de l' onde.

Ritornello

DUE PASTORI
In questo prato adorno
ogni selvaggio Nume
sovente hà per costume
di far lieto soggiorno.

Ritornello

Quì Pan, Dio de' Pastori,
s'udì talhor dolente
rimembrar dolcemente
suoi sventurati amori.

Ritornello

Qui le Napee vezzose,
schiera sempre fiorita,
con le candide dita
fur viste à coglier rose.

NINFE, PASTORI
Dunque fa' degn' Orfeo,
del suon de l' aurea lira.
Questi campi ove spira
aura d' odor sabeo.

Ritornello

ORFEO
Vi ricorda ò boschi ombrosi,
de' miei lunghi aspri tormenti,
quando i sassi a' miei lamenti
rispondean fatti pietosi ?

Ritornello

Dite, allhor non vi sembrai
più d' ogni altro sconsolato?
Hor fortuna hà stil cangiato
ed hà volti in festa
i guai.

Ritornello

Vissi già mesto e dolente.
Or gioisco e quegli affanni
che sofferti
ho per tant' anni
fan più caro
il ben presente.

Ritornello

Sol per te, bella Euridice,
benedico il mio tormento.
Dopo 'l duol
viè più contento,
dopo il mal viè più felice.

PASTORE
Mira, deh mira, Orfeo,
che d' ogni intorno
ride il bosco e ride il prato.
Segui pur col
plettro aurato
d' addolcir l' aria
in sì beato giorno.

MESSAGGIERA
Ahi, caso acerbo!
Ahi, fato empio e crudele!
Ahi, stelle ingiuriose!
Ahi, ciel avaro!

PASTORE
Qual suon dolente
il lieto dì perturba ?

MESSAGGIERA
Lassa, dunque, debb' io,
Mentre Orfeo con sue note
il ciel consola,
con parole mie
passargli il cuore ?

PASTORE
Questa è Silvia gentile,
dolcissima compagna
de la bella Euridice,
ò quanto è in vista dolorosa.
Hor che fia?
deh sommi Dei,
non torcete da noi
benigno il guardo.

MESSAGGIERA
Pastor lasciate il canto,
ch' ogni nostra allegrezza
in doglia è volta.

ORFEO
Donde vieni?
Ove vai?
Ninfa che porti?

MESSAGGIERA
A te vengo Orfeo,
messagiera infelice
di caso più infelice e
più funesto.
La bella Euridice ...

ORFEO
Ohimé che odo?

MESSAGGIERA
La tua diletta sposa è morta.

ORFEO
Ohimé.

MESSAGGIERA
In un fiorito prato
con altre sue compagne,
giva cogliendo fiori
per farne una ghirlanda
à le sue chiome,
quando angue insidioso,
ch' era fra l' erbe ascoso,
le punse un piè con velenoso dente.
Ed ecco immantinente, scolorirsi
il bel viso e ne' suoi lumi
sparir que' lampi, ond' ella
al Sol fea scorno.
Allhor noi tutte
sbigottite e meste
le fummo intorno richiamar
tentando gli spirti in lei smarriti
con l' onda fresca e
co' possenti carmi.
Ma nulla valse, ahi lassa,
ch' ella i languidi
lumi alquanto aprendo,
e tè chiamando Orfeo,
dopo un grave sospiro,
spirò frà queste braccia, ed io rimasi
pieno il cor di pietade e di spavento.

PASTORE
Ahi, caso acerbo!
Ahi, fat' empio e crudele!
Ahi, stelle ingiuriose!
Ahi, ciel avaro!

SECONDO PASTORE
A l' amara novella
rassembra l' infelice
un muto sasso
che per troppo dolor
non può dolersi.
Ahi, ben avrebbe un cor di Tigre
o d'orsa chi non sentisse
del tuo mal pietate.
Privo d' ogni tuo ben
misero amante.

ORFEO
Tu se' morta, mia vita,
ed io respiro?
tu sei, tu se' pur ita per mai
più non tornare, ed io rimango?
No, che se i versi
alcuna cosa ponno,
n' andrò sicuro
a' più profondi abissi
e, intenerito il cor
del Re de l' ombre,
meco trarròtti
a riveder le stelle.
O se ciò negherammi
empio destino,
rimarrò teco
in compagnia di morte,
A Dio terra,
à Dio cielo, e Sole, à Dio.

NINFE, PASTORI
Ahi, caso acerbo!
Ahi, fat' empio e crudele!
Ahi, stelle ingiuriose!
Ahi, ciel avaro!
Non si fidi huom mortale
di ben caduco e frale
che tosto fugge, e spesso
a gran salita
il precipizio è presso.

MESSAGGIERA
Ma io ch' in questa lingua
hò portato il coltello
ch' ha svenata
d' Orfeo l' anima amante,
odiosa à i Pastori et
a le Ninfe,
odiosa à me stessa,
ove m' ascondo?
Nottola infausta
il Sole fuggirò sempre e
in solitario speco
menerò vita
al mio dolor conforme

Sinfonia

PASTORI
Chi ne consola, ahi lassi?
O pur chi ne concede
negl' occhi un vivo fonte
da poter lagrimar
come conviensi
in questo mesto giorno,
quanto più lieto
tant' hor più mesto ?
Oggi turbo crudele
i due lumi maggiori
di queste nostre selve,
Euridice e Orfeo,
l' una punta da l' angue,
l' altro dal duol trafitto,

NINFE, PASTORI
Ahi, caso acerbo!
Ahi fato empio e crudele, ...

PASTORI
Ma dove, ah dove hor sono
de la misera Ninfa
le belle e fredde membra,
che per suo degno albergo
quelle bell' alma elesse
ch' oggi è partita
in su 'l fiorir de' giorni?
Andiam Pastori, andiamo
pietosi à ritrovarle,
e di lagrime amare
il dovuto tributo
per noi si paghi
almeno al corpo esangue.

PASTORI
Ahi, caso acerbo!
Ahi fato empio e crudele,...

Ritornello

SEGUNDO ACTO

Sinfonía

ORFEO
Vuelvo a vosotros,
queridos bosques y ríos amados
que debéis vuestra felicidad
al sol,
el que hace días de mis noches.

Ritornello

PASTOR
Mira, Orfeo,
que maravillosa sombra
dan estas hayas, ahora que Febo
envía rayos de fuego
desde el cielo.

Ritornello

Descansemos sobre estas verdes
orillas y que cada uno,
de diferente manera,
mezcle su voz con el murmullo
de las ondas.

Ritornello

DOS PASTORES
Sobre este prado adornado
todas las divinidades silvestres
acostumbran a tener
a menudo alegres asambleas.

Ritornello

Aquí se le oyó a Pan,
el dios de los pastores,
evocar con tristeza y dulzura
sus infortunados amores.

Ritornello

Aquí se ha visto
a las graciosas Napes,
grupo siempre florido,
coger rosas con sus blancas manos.

NINFAS, PASTORES
Haznos, pues, dignos, Orfeo,
del sonido de tu lira.
Estos campos donde se respiran
suaves aromas.

Ritornello

ORFEO
¿Recordáis, sombríos bosques,
mis crueles y largos tormentos,
cuando las rocas, llenas de piedad,
respondían a mis lamentos?

Ritornello

Decid, ¿no os he parecido
la criatura más desesperada?
Ahora la suerte ha cambiado
y ha transformado
mis penas en alegrías.

Ritornello

He vivido triste y desgraciado.
Ahora me alegro y los sufrimientos
que he padecido,
durante tantos años,
me hacen más querida
la felicidad presente.

Ritornello

Es sólo por ti, bella Eurídice,
que yo bendigo mi tormento.
Después del dolor
se está más contento,
después del mal se es más feliz.

PASTOR
Mira, agraciado, Orfeo,
mira los bosques y los prados
que ríen a tu alrededor.
Sigue, pues, haciendo
más dulce el aire
con el plectro de oro,
en estos días tan felices.

LA MENSAJERA
¡Ah, suerte funesta!
¡Ah, destino bárbaro y cruel!
¡Ay, estrellas despiadadas!
¡Ay, cielo inexorable!

PASTOR
¿Qué tristes sonidos
vienen a turbar nuestra alegría?

LA MENSAJERA
¡Ay, desdichada de mí!
¿Cuando Orfeo alegraba al cielo
con sus cánticos,
le traspasó el corazón
con mis palabras?

PASTOR
Es la gentil Silvia,
la dulce compañera
de la bella Eurídice,
oh, qué aspecto más doloroso tiene.
¿Qué ha pasado?
Por favor, Dioses todopoderosos,
no apartéis de nosotros
vuestra mirada protectora.

LA MENSAJERA
Pastor, deja de cantar,
toda nuestra alegría
se ha vuelto duelo.

ORFEO
¿De dónde vienes?
¿A dónde vas?
Ninfa, ¿qué mensajes nos traes?

LA MENSAJERA
A ti vengo, Orfeo,
infortunada mensajera
del acontecimiento
mas terrible y funesto.
Tu bella Eurídice...

ORFEO
¿Ay, qué estoy oyendo?

LA MENSAJERA
Tu esposa querida, está muerta.

ORFEO
¡Ay!

LA MENSAJERA
En un prado florido,
con sus compañeras, cogía flores
para hacer una guirnalda
para su cabellera,
cuando una serpiente pérfida,
escondida en la hierba,
le mordió el pie
con sus dientes venenosos.
De repente, su hermoso rostro
palideció y se fue de sus ojos
el brillo que envidiaba el sol.
Entonces todos nosotros,
horrorizados y llenos de tristeza,
la rociamos, tratando de retener
su espíritu que desfallecía,
con agua fresca y
potentes fórmulas mágicas.
Pero todo fue en vano,¡ay!,
pues ella abrió
sus ojos agonizantes
y llamando a Orfeo,
después de un profundo suspiro,
expiró en mis brazos,
y yo quede con el corazón
lleno de piedad y de espanto.

PASTOR
¡Ah, suerte funesta!
¡Ah, destino bárbaro y cruel!
¡Ay, estrellas despiadadas!
¡Ay, cielo inexorable!

SEGUNDO PASTOR
Con esta amarga noticia
el infortunado parece
una piedra muda,
al que el dolor le impide,
incluso, quejarse.
Ay, habría que tener un corazón
de tigre o de oso,
para no apiadarse de tu pena.
Has sido privado de tu bien,
amante desgraciado.

ORFEO
Tu estás muerta, mi vida,
¿y yo respiro?
¿Me has dejado
para no volver jamás,
y yo sigo aquí?
No, si mis versos tienen
algún poder,
no temeré descender
a los más profundos abismos
y, tras ablandar el corazón
del rey de las sombras,
yo te llevaré
a que vuelvas a ver las estrellas.
Y si un destino cruel me lo niega,
me quedaré contigo
en compañía de la muerte.
Adiós, tierra,
adiós, cielo y sol, adiós.

NINFAS, PASTORES
¡Ah, suerte funesta!
¡Ah, destino bárbaro y cruel!
¡Ay, estrellas despiadadas!
¡Ay, cielo inexorable!
No te fíes, mortal,
de la felicidad efímera y frágil
que no tarda en irse, pues a menudo,
muy cerca de la cima,
está el precipicio.

LA MENSAJERA
Pero yo, cuyas palabras
han trasmitido la fatal noticia
que ha herido el corazón
del enamorado Orfeo,
odiosa para los pastores y
las ninfas,
odiosa para mí misma,
¿dónde me esconderé?
Lechuza funesta,
evitaré siempre la claridad del día
en un antro solitario,
llevaré una vida
acorde con mi dolor.

Sinfonía

PASTORES
¿Quien nos consolará, tan
infortunados como somos?
¿Quién transformará nuestros ojos,
en fuente viva,
para poder llorar como conviene
en este triste día,
tanto más triste
cuanto había sido feliz?
Hoy una suerte cruel ha apagado
los dos astros más brillantes
de nuestros bosques,
Eurídice y Orfeo,
ella picada por la serpiente,
él traspasado por el dolor, ay, ay.

NINFAS, PASTORES
¡Ah, suerte funesta!
¡Ah, destino bárbaro y cruel...

PASTORES
Pero ¿dónde está? ¡ay!,
¿dónde está ahora
de la infortunada ninfa
el bello cuerpo helado
morada digna de la noble alma
que le había elegido
y del que ella se fue
en la flor de sus días?
Vayamos, pastores,
vayamos piadosamente a buscarlo
y aportemos al menos
el tributo de lágrimas amargas
debido a ese cuerpo privado de vida.

PASTORES
Ah, suerte funesta,
ah, destino bárbaro y cruel...

Ritornello

 


Acto tercero

 

Orfeo llega a la laguna Estigia (que lo conducirá hasta las puertas de los infiernos) acompañado por la Esperanza, pero ésta, viendo el escrito grabado en piedra, que cita la Divina Comedia de Dante ("Abandonad toda esperanza los que entráis"), le anuncia a Orfeo que no puede llevarlo más allá.

Caronte, el barquero que conduce a las almas de los muertos con destino al Reino Tenebroso, se niega a llevar al hijo de Apolo. Afirma que estas regiones subterráneas no están hechas para que las recorra mortal alguno. Pero Orfeo logra dormir a Caronte con su arpa, y robándole la barca cruza la laguna entrando directamente en el infierno. Mientras, un coro de espíritus infernales celebra al Hombre, esa criatura que no intenta ninguna empresa en vano, y contra el cual la Naturaleza no sabe armarse.


ATTO TERZO

Sinfonia

ORFEO
Scorto da te mio nume
Speranza unico bene
de gli afflitti mortali,
homai son giunto
a questi regni tenebrosi e mesti
ove raggio di sol
giamai non giunse.
Tù mia compagna e duce
in così strane e sconosciute vie
reggesti il passo debile e tremante,
ond' oggi ancor spero
di riveder quelle beate luci
che sol' a gli occhi
miei portano il giorno.

SPERANZA
Ecco l' atra palude,
ecco il nocchiero
che trae l' ignudi spirti
a l' altra sponda dov' hà Pluton
de l' ombre il vasto impero.
Oltre quel nero stagn',
oltre quel fiume,
in quei campi di pianto e di dolore.
Destin crudele
ogni tuo ben t' asconde.
Hor d'uopo e d'un gran core e
d'un bel canto.
Io fin qui t' ho condotto,
hor più non lice
teco venir,
chè amara legge il vieta.
Legge scritta col ferro
in duro sasso de l' ima reggia
in su l' orribil soglia,
che in queste note
il fiero senso esprime.
Lasciate ogni speranza
o voi ch' entrate.
Dunque, se stabilito hai
pur nel core
di porre il piè
ne la città dolente,
da te men' fuggo e torno
a l' usato soggiorno.

ORFEO
Dove, ah dove te' n vai,
unico del mio cor
dolce conforto ?
Poiché non lunge homai
del mio lungo cammin
si scopre il porto,
perché ti parti e m' abbandoni,
ahi lasso,
sul periglioso passo?
Qual bene or più m' avanza
se fuggi tù, dolcissima Speranza ?

CARONTE
O tu ch' innanzi morte
a queste rive
temerato ten' vieni,
arresta i passi.
Solcar quest'onde
ad huom mortal non dassi,
nè può co' morti
albergo aver chi vive.
Che? Vuoi forse, nemico
al mio Signore,
Cerbero trar de
le Tartaree porte ?
O rapir brami
sua cara consorte
d' impudico desire
acceso il core ?
Pon freno al foll' ardir,
ch' entr' al mio legno
non accorrò più mai corporea salma,
sì de gli antichi oltaggi ancora en
l'alma serbo acerba memoria
e giusto sdegno.

Sinfonia

ORFEO
Possente Spirto e formidabil nume,
senza cui far passaggio
à l' altra riva alma da corpo
sciolta in van presume.

Ritornello

A lei volt' ho 'l camin
per l' aër cieco,
a l' Inferno non già,
ch' ovunque stassi
tanta bellezza
il paradiso hà seco.

Ritornello

Orfeo son io che d' Euridice
i passi segue per queste
tenebrose arene,
ove già mai
per uom mortal non vassi.
O de le luci mie luci serene
s'un vostro sguardo
può tornarmi in vita,
Ahi, chi nega il conforto
à le mie pene ?
Sol tu, nobile Dio
puoi darmi aita,
nè temer dei,
ché sopra un' aurea Cetra
Sol di corde
soavi armo le dita
contra cui rigida alma
invan s' impetra.

CARONTE
Ben sollecita alquanto
dilettandomi il core,
sconsolato Cantore,
il tuo pianto e 'l tuo canto.
Ma lunge, ah, lunge sia
da questo petto pietà,
di mio valor
non degno affetto.

ORFEO
Ahi, sventurato amante!
Sperar dunque non lice
ch' odan miei prieghi
i cittadin d'Averno ?
Onde qual ombra errante
d'insepolto cadavero infelice,
privo sarò del cielo
e de l'Inferno?
Così vuol empia sorte ch' in questi
orrori di morte
da te mio cor lontano,
chiami tuo nome in vano, e pregando
e piangendo io mi consumi ?
Rendetemi il mio ben,
Tartarei Numi.

Sinfonia

Ei dorme,
e la mia cetra,
se pietà non impetra
ne l' indurato core,
almen il sonno
fuggir al mio cantar
gli occhi non ponno.
Sù dunque a che più tardo?
Tempo è ben d' approdar
sù l' altra sponda,
s'alcun non è ch' il nieghi,
Vaglia l' ardir se foran
vani i preghi.
È vago fior del Tempo l'occasion,
ch' esser dee colta a tempo.
Mentre versan
quest' occhi amari fiumi
rendetemi il mio ben
Tartarei Numi.

Sinfonia

SPIRITI INFERNALI
Nulla impresa per uom
si tenta in vano,
nè contra lui
più sà natura armarse:.
Ei del instabil piano arò
gli ondosi campi, e 'l seme sparse
Di sue fatiche,
ond' aurea messe accolse.
Quinci perché memoria
vivesse di sua gloria,
La Fama à dir di lui
sua lingua sciolse,
che pose freno al Mar
col fragil Legno,
che sprezzò
d'Austro e d'Aquilon lo sdegno.

Sinfonia

ACTO TERCERO

Sinfonía

ORFEO
Bajo tu protección Esperanza,
mi deseada, único bien
de los mortales afligidos,
yo he alcanzado
el triste y tenebroso imperio
donde jamás penetrarán
los rayos del sol.
Eres tu, mi compañía y guía,
quien has conducido sobre estos
caminos extraños y desconocidos
mi paso débil y tambaleante,
tan bien, que hoy todavía espero
volver a ver esos ojos queridos
que aportan luz a los míos.

LA ESPERANZA
Aquí está el horrible pantano,
el barquero que transporta
las almas a la otra orilla,
allí donde Plutón reina
sobre el vasto imperio de sombras.
Más allá de esta negra marisma,
más allá del río,
en estas extensiones desoladas,
lugares de llantos y dolor.
El destino cruel esconde y
retiene tu bien más querido.
Ahora necesitas coraje y
hermoso canto.
Yo te he conducido hasta aquí
y no debo acompañarte más lejos,
una ley severa lo prohíbe.
Una ley grabada con hierro
en la piedra dura
del horrible umbral
del reino de las profundidades,
anuncia en estos términos
su terrible sentido.
Los que entren,
que abandonen toda esperanza.
Si estás firmemente decidido
en tu corazón a entrar
en la ciudad de la aflicción,
yo me voy lejos de ti
y vuelvo a mi estancia familiar.

ORFEO
¿Dónde, pues, ay, te vas,
única ternura reconfortante
de mi corazón?
Cuando, no lejos,
después de un largo camino,
descubro el puerto,
¿por qué te vas y me abandonas,
infortunado de mí,
en este peligroso momento?
Que bien me queda
si te vas, muy dulce Esperanza?

CARONTE
A ti que, temerario,
desafiando la muerte,
te acercas a estas riberas,
detén aquí tus pasos.
No está permitido a los mortales
romper estas olas,
los vivientes no pueden
permanecer con los muertos.
¿Acaso quieres tú,
enemigo de mi maestro,
apartar a Cerbero
de las puertas del Tártaro?
¿Acaso estás intentando,
inflamado el corazón de un
impúdico deseo,
raptar a tu querida esposa?
Pon fin a esta loca audacia,
mi barca jamás ha llevado
a ningún mortal,
mi corazón conserva
antiguos ultrajes
y una justa cólera.

Sinfonía

ORFEO
Poderoso espíritu y gran divinidad
sin que el alma despojada
de su cuerpo espere en vano
pasar a la otra orilla.

Ritornello

Hacia ella, a través
de las tinieblas,
yo he caminado,
y no hacia el infierno,
pues en todas partes donde hay
belleza se encuentra el paraíso.

Ritornello

Soy yo, Orfeo, quien sigue
los pasos de Eurídice a través
de estas llanuras tenebrosas
a las que jamás llagará
mortal alguno.
Ojos amados, luz serena,
si una sola de vuestras miradas
puede devolverme la vida,
¿quien negará el reconfortamiento
a mis penas?
Tú sólo, noble dios,
puedes socorrerme,
tú no tienes nada que temer,
pues con una lira de oro
no poseo otras armas
que suaves acentos
contra los que un alma severa,
en vano, se endurecerá.

CARONTE
Tu me adulas
alegrando mi corazón,
inconsolable cantor,
por tus llantos y tu canto.
Pero que se mantenga lejos de mí,
extranjero en mi corazón,
una piedad, en verdad,
poco digna de mi dignidad.

ORFEO
¡Ay, desgraciado amante!
¿No me está permitido esperar
que los habitantes del Averno
escuchen mis plegarias?
¿Sombra errante de un desgraciado
cuerpo sin sepultura,
yo seré, pues,
privado del cielo y del infierno?
Así, una suerte cruel quiere
que lejos de ti, mi bien amado,
¿clame en vano tu nombre
y me consuma
en plegarias y llantos?
Devolvedme mi bien,
dioses del Tártaro.

Sinfonía

El duerme, y si mi lira
no despierta la piedad
en este corazón endurecido,
mis cantos hacen,
al menos,
que sus ojos no puedan
resistir al sueño.
Vamos pues, ¿por qué tardar más?
Es momento de abordar
la otra orilla
ya que nadie me lo puede impedir.
Utilicemos la audacia allí
donde las plegarias no sirvieron.
La ocasión es una bella flor
que debe ser recogida a su hora.
Mientras mis ojos vierten
torrentes de lágrimas amargas
devolvedme mi bien,
dioses del Tártaro.

Sinfonía

ESPÍRITUS DEL INFIERNO
El hombre no intenta nada en vano
y contra él la naturaleza
no sabe armarse.
A pleno sol, labora los campos,
removidos de la tierra,
los siembra.
De sus esfuerzos obtiene
una cosecha dorada.
Así, porque viva
el recuerdo de su gloria,
la fama no cesa de hablar
de aquel que,
sobre una débil embarcación,
ha domado las olas
y desdeñado el furor
de Autano y Aquilón.

Sinfonía


Acto Cuarto

 

Orfeo ha llegado a los infiernos. Ante Plutón, el señor del mundo subterráneo, expone su petición y con su canto logra emocionar a Proserpina.

Ésta le ruega a Plutón que le permita a Orfeo recuperar a su amada Eurídice, haciendo referencia a su antiguo amor, por el cual él la raptara y condujera a los infiernos.

El dios reconoce también haberse conmovido con el canto de Orfeo, y finalmente acepta y permite que Eurídice le siga. Sólo pone una condición: durante el regreso, Orfeo no debe mirar en ningún momento a Eurídice hasta que hayan salido del infierno.

Orfeo, luego de expresar alegría y duda, temor y desconfianza, parte de los infiernos seguido por Eurídice. Cuando llegan a la superficie, Orfeo termina por volver la cabeza, ya que teme que su esposa no le siga, sorprendido por el silencio reinante, pero al hacerlo Eurídice se encuentra aún con un pie dentro del inframundo, por lo que comienza a desvanecerse, regresando a las profundidades, envuelta en la niebla.

Un espíritu, ministro de Plutón, le amonesta: “Roto has la ley, e indigno eres de gracia”. Orfeo intenta seguirla, pero es expulsado del infierno, mientras los espíritus infernales se lamentan de su breve felicidad, y comentan que Orfeo “Venció al infierno y fue vencido por sus propias pasiones”.


ATTO QUARTO

PROSERPINA
Signor, quell' infelice,
che per queste di morte
ampie campagne
va chiamand' Euridice,
ch' udit' hai tù pur dianzi
così soavemente lamentarsi,
moss' ho tanta pietà dentr' al mio
core ch' io torno un' altra volta
à porger prieghi
perch' il tuo Nume
al suo pregar si pieghi.
Deh, se da queste luci
amorosa dolcezza unqua trahesti
se ti piacque il seren
di questa fronte
che tù chiami tuo Cielo,
onde mi giuri,
di non invidiar
sua sorte à Giove,
pregoti, per quel foco,
con cui già
la grand' alma Amor t' accese,
d' Orfeo dolente
il lagrimar consola
e fà che la sua Donna
in vita torni
al bel seren dei sospirati giorni.

PLUTONE
Benché severo ed immutabil fato
contrasti, amata sposa
à i tuoi desiri,
pur nulla homai si nieghi
a tal beltà congiunta
a tanti preghi.
La sua cara Euridice
contra l' ordin fatale
Orfeo ricovri.
Ma pria che tragga il piè
da questi abissi non mai valga
ver lei gli avidi lumi,
che di perdita eterna
gli fia certa cagione
un solo sguardo.
Io così stabilisco.
Hor nel mio Regno
fate ò ministri il mio voler palese,
sì che l' intenda Orfeo
e l' intenda Euridice
e di cangiarlo hor
più tentar non lice.

SPIRITI INFERNALI
O, de gli habitator
de l'ombre eterne possente Re
legge ne fia tuo cenno,
che ricercar
altre cagioni interne
di tuo voler
nostri pensier non denno.
Trarrà di quest' orribili caverne
sua sposa Orfeo, s' adoprerà
suo senno sì che nol vinca giovanil
desio, ne i gravi imperi
suoi sparga d' oblio.

PROSERPINA
Quali grazie ti rendo
or che sì nobil dono
concedi a' prieghi miei
Signor cortese ?
Sia benedetto il dì che
pria ti piacqui,
benedetta la preda
e'l dolce inganno,
poiché per mia ventura
Feci acquisto di te
perdendo il Sole.

PLUTONE
Tue soavi parole
d' amor l' antica piaga
rinfrescan nel mio core;
così l' alma tua non sia più vaga
di celeste diletto,
si ch' abbandoni
il marital tuo letto.

SPIRITI INFERNALI
Pietate, oggi, e Amore
trionfan ne l' Inferno.
Ecco il gentil cantore,
che sua sposa conduce
al Ciel superno.

Ritornello

ORFEO
Qual honor di te fia degno,
mia cetra onnipotente,
s' hai nel Tartareo regno
piegar potuto
ogn' indurata mente ?

Ritornello

Luogo avrai fra le più belle
immagini celesti
ond' al tuo suon le stelle
danzeranno in giri
or tardi or presti.

Ritornello

Io per te felice à pieno
vedrò l' amato volto,
e nel candido seno
de la mia Donna
oggi sarò raccolto.
Ma mentre io canto ohimé
chi m' assicura
ch'ella mi segua?
Ohimé chi mi nasconde
de le amate pupille il dolce lume ?
Forse d' invidia punte
le deità d' Averno.
Perch' io non sia
quaggiù felice à pieno
mi tolgono il mirarvi
luci beate e liete,
che sol col guardo
altrui bear potete ?
Ma che temi, mio core ?
Ciò che vieta Pluton
comanda Amore.
A Nume più possente,
che vince uomini e Dei,
ben ubbidir devrei.

(Quì si fa strepito
dietro alla Scena)

Ma che odo ohimé lasso ?
S'arman forse a' miei danni
con tal furor le furie innamorate
per rapirmi il mio ben,
ed io consento ?
O dolcissimi lumi, io pur vi veggio,
io pur: ma qual Eclissi ohimè,
v'oscura ?

UNO SPIRITU
Rott' hai la legge,
e se' di grazia indegno.

EURIDICE
Ahi, vista troppo dolce
e troppo amara;
Così per troppo  amor
dunque mi perdi ?
Et io misera perdo
il poter più godere
e di luce e di vita,
e perdo insieme
tè d' ogni ben mio
più caro,
ò mio consorte.

SPIRITI INFERNALI
Torna a l' ombre di morte
infelice Euridice,
nè più sperar
di riveder il Sole
ch' homai fa sordo
a' prieghi tuoi l' Inferno.

ORFEO
Dove ten vai, mia vita?
Ecco i' ti seguo.
Ma chi me 'l niega, ohimè:
sogno o vaneggio?
Qual poter,
qual furor da questi orrori,
da questi amati orrori
mal mio grado mi tragge,
e mi conduce a l' odiosa luce?

Sinfonia

SPIRITI INFERNALI
E' la virtute un raggio
di celeste bellezza,
fregio dell' alma
ond' ella sol s'apprezza:
Questa di Tempo oltraggio
non teme, anzi maggiore
l'adombra sol d' affetto humano,
Orfeo vinse l'Inferno
e vinto poi fù
da gli affetti suoi.
Degno d' eterna gloria
fia sol colui ch' avrà
di sè vittoria.

Sinfonia

CUARTO ACTO

PROSERPINA
Señor, este desgraciado,
que va clamando
el nombre de Eurídice
a través de estos campos
de la muerte y cuyas dulces
lamentaciones acabas de oír,
me llena el corazón de tanta
compasión que todavía,
una vez más,
vengo a implorarte
que escuches sus plegarias.
Por favor, si alguna vez estos ojos
te han concedido
la dulzura del amor,
si alguna vez te ha agradado la
pureza de esta frente que tu llamas
tu cielo y sobre la que
me has jurado que no envidias
la suerte de Júpiter,
yo te imploro, por este amor,
cuyo ardor inflama tu alma generosa,
que hagas que Eurídice vuelva
a gozar de los días,
que vuelva a pasearse por
las fiestas y los campos,
y consuele los llantos
del desgraciado Orfeo.

PLUTÓN
Aunque una suerte severa e
inmutable se opone, esposa,
a tus deseos,
que nada le sea negado
a tanta belleza aliada
con tantas plegarias.
A pesar del fatal decreto,
Orfeo volverá a encontrar
a su querida Eurídice.
Pero en tanto que sus pies no hayan
cesado de pisar estos abismos,
no deberá dirigir hacia ella
sus ojos impacientes,
pues una sola mirada
le condenaría
a perderla para siempre.
Así lo decido.
En mi reino, heraldos y ministros,
pregonad mi orden,
para que Orfeo la oiga
y Eurídice la oiga
y que nadie espere cambiarla.

ESPÍRITUS DEL INFIERNO
Oh, poderoso rey de los habitantes
de las sombras eternas,
que tu orden sea una ley
para nosotros,
pues buscar otras razones secretas
a tu voluntad, no es digno
de nuestros pensamientos.
Llevará Orfeo a su esposa
lejos de estas horribles cavernas,
¿su razón se impondrá
al juvenil ardor del deseo,
y no olvidará el mandato?

PROSERPINA
¡Te doy mil gracias
por el noble don
de haber ejecutado mis deseos,
amable señor!
¡Bendito sea
el día que te conocí!
¡Bendito sea el rapto
y el pequeño engaño pues,
para mi felicidad,
te gané
perdiendo el sol!

PLUTÓN
Tus suaves palabras
reviven en mi corazón
el viejo placer del amor;
que tu alma no aspire más que
a los placeres celestes
para los que abandonarás
el lecho conyugal.

ESPÍRITUS DEL INFIERNO
La piedad y el amor
han triunfado hoy en los infiernos.
Aquí está el noble cantor
que conduce a su esposa
hacia los espacios superiores.

Ritornello

ORFEO
¿Qué honor es digno de ti,
mi toda poderosa lira,
tú que, en el reino del Tártaro,
has podido enternecer
todos los corazones de piedra?

Ritornello

Tendrás un lugar entre
las más bellas imágenes celestes
y a tus acordes las estrellas
danzarán en torno tuyo
con ritmos suaves y lentos.

Ritornello

Yo, rebosante de felicidad,
gracias a ti,
veré el rostro amado,
y sobre el regazo puro de mi esposa,
reposaré hoy.
Pero mientras canto, ay,
¿quien me asegura
que ella me sigue?
Ay, ¿qué me oculta
la dulce luz de sus ojos queridos?
¿Quizás, picados por la envidia,
las divinidades del Averno.
Para que yo no sea
plenamente feliz aquí abajo,
me privan de vuestros ojos,
bienaventurados, alegres luces,
que con una sola mirada
pueden colmar de felicidad?
Pero ¿qué temes, corazón mío?
Es que lo ha prohibido Plutón,
a ruego del Amor.
A una divinidad tan poderosa,
que vence a hombres y dioses,
yo debo obedecer.

(Se oye un estrépito
fuera de escena)

Pero ¿qué oigo, ay?
Serán las furias locas del amor
que se arman contra mí de rabia
para quitarme mi bien?
¿Lo consentiré?
Oh dulces luces, yo os veo,
pero ¿que eclipse, ay,
os oscurece?

UN ESPÍRITU
Has incumplido la ley
y no eres digno de gracia.

EURÍDICE
Ay, qué visión tan dulce
y tan amarga;
¿me has perdido
por exceso de amor?
Y yo, desgraciada, pierdo
la capacidad de gozar
de la luz y de la vida,
y al mismo tiempo
te pierdo también a ti, a ti,
mi bien más querido
y mi esposo.

ESPÍRITUS DEL INFIERNO
Vuelve a las sombras de la muerte,
desgraciada Eurídice,
no esperes volver a ver los astros,
pues en lo sucesivo
el infierno será
sordo a tus plegarias.

ORFEO
¿Te vas, vida mía?
Yo estoy aquí y te sigo,
pero, ¿qué me lo impide, ay?
¿Es un sueño o un espejo?
¿Qué fuerza oculta
me arrastra a la fuerza
lejos de estos horrores,
de estos horrores queridos.
Y me conduce hacia la luz odiada?

Sinfonía

ESPÍRITUS DEL INFIERNO
La virtud es un rayo
de la belleza celeste,
la cualidad suprema del alma
a la que da sólo su precio.
No teme el ultraje del tiempo;
al contrario, los años resaltan
su esplendor en el hombre.
Orfeo venció al infierno
y fue vencido por su pasión.
Sólo será digno
de una gloria eterna
aquel que consiga la victoria
sobre sí mismo.

Sinfonía


Acto Quinto

 

Orfeo regresa al campo de Tracia lamentando su soledad, vive consternado y triste con el recuerdo de su amada Eurídice atormentándolo constantemente.

El eco repite su lamento trágico y su padre, el dios Apolo, apiadado por el sufrimiento que aqueja a su hijo, desciende del Olimpo y le dice que lo acompañe al cielo, donde encontrará la bella semblanza de Eurídice en el sol y en las estrellas.

Padre e hijo cantan un alegre dúo, mientras ascienden al cielo donde alcanzaran la alegría eterna.


ATTO QUINTO

Ritornello

ORFEO
Questi i campi di Tracia,
e questo è il loco
dove passo mi 'l core
per l' amara novella il mio dolore.
Poi che non ho più spene
di ricovrar pregando.
Piangendo e sospirando
il perduto mio bene,
che poss' io più ?
Se non volgermi à voi,
selve soavi, un tempo
conforto a' miei martir,
mentre à Dio piacque,
per farvi per pietà meco languire
al mio languire.
Voi vi doleste,
o monti,e lagrimaste.
Voi, sassi, al dispartir
del nostro sole,
ed io con voi lagrimerò mai sempre,
e mai sempre dorròmmi,
ahi doglia, ahi

ECO
Hai pianto.

ORFEO
Cortese Eco amorosa
che sconsolata sei,
e consolar mi vuoi ne' dolor miei,
benché queste mie luci
sien già per lagrimar fatte
due fonti,
in così grave mia fiera sventura
non ho pianto però tanto che basti.

ECO
Basti.

ORFEO
Se glì occhi d' Argo avessi,
e spandessero tutti
un Mar di pianto,
non fora il duol
conforme a tanti guai

ECO
Guai.

ORFEO
S' hai del mio mal pietade
io ti ringrazio di tua benignitate.
Ma mentr' io mi querelo
deh, perché mi rispondi
sol con gl' ultimi accenti ?
Rendimi tutti integri
i miei lamenti.
Ma tu anima mia se mai ritorna
la tua fredd'ombra
a queste amiche piagge,
prendi hor da me
queste tue lodi estreme,
ch' hor a te sacro
la mia cetra e 'l canto.
Come a te già sopra
l'altar del core
lo spirto acceso
in sacrifizio offersi.
Tu bella fusti e saggia,
e in te ripose tutte le grazie
sue cortese il Cielo,
mentre ad ogni
altra de suoi don fu scarso.
D'ogni lingua ogni
lode à te conviensi ch' albergasti
in bel corpo alma più bella,
fastosa men
quanto d'honor più degna.
Hor l'altre Donne
son superbe e perfide
ver chi le adora,
dispietate instabili,
prive di senno
e d' ogni pensier nobile,
onde a ragion opra di
lor non lodansi,
quinci non fia giamai
che per vil femina
Amor con aureo stral
il cor trafiggami.

Sinfonia

ACTO QUINTO

Ritornello

ORFEO
Estos son los campos de Tracia,
y el lugar en el que mi corazón
fue traspasado de dolor
por la amarga noticia.
¿Sin esperanza
de volver a las plegarias,
los llantos y los suspiros
la felicidad perdida,
qué otra cosa puedo hacer
que dirigirme a vosotros,
tiernos bosques ,
a vosotros que habéis aportado
paz a mi tormento,
cuando rogué al cielo
que compartierais, por piedad,
mi sufrimiento?
Vosotros habéis gemido y llorado
¡oh montes y peñascos!
a la salida de nuestro sol,
y yo, con vosotros,
siempre lloraré,
siempre estaré con dolor y lágrimas.

EL ECO
¡Y lágrimas!

ORFEO
Gentil eco amoroso,
tú que, inconsolable,
quieres consolarme de mi dolor,
aunque mis lágrimas
hayan transformado mis ojos
en fuentes,
en mi profunda desgracia,
todavía no he llorado bastante.

EL ECO
¡Bastante!

ORFEO
Aunque tuviera
los ojos de Argo
y llenaran un océano de lágrimas,
no sería suficiente
a tantos males.

EL ECO
¡Males!

ORFEO
Si tu tienes piedad
de mi sufrimiento,
te agradeceré tu benevolencia.
Pero mientras yo me lamento,
por favor, ¿por qué no me respondes
más que con las últimas palabras?
Respóndeme enteras mis plegarias.
Pero tú, mi amada,
si jamas volverá tu sombra fría
a estas alegres orillas,
recibe de mí
este último himno de alabanza,
pues yo te consagro
mi lira y mi canto.
Como otras veces,
sobre el altar de tu corazón,
te ofrezco en sacrificio
mi alma inflamada.
Fuiste bella y sabia,
el cielo amable te había colmado
de todas las gracias,
mientras que con otros
fue avaro en sus dones.
Es justo que todos pronuncien
tus alabanzas,
pues tú abrigabas,
en tu bello cuerpo,
un alma todavía más bella.
Las otras mujeres
son altivas y pérfidas
para con sus adoradores,
no tienen piedad, inconstantes,
privadas del noble sentido
y de nobles pensamientos,
en justo titulo no se les alaba
sus acciones;
es por lo que jamás
ningún otro Amor
me horadará el corazón
con su flecha de oro.

Sinfonía

(Hasta aquí el libreto de 1607)

(La versión de 1609 continúa
como sigue)

APOLO
¿Por qué, hijo mío,
te abandonas así
a la cólera y al dolor?
No es, no, propio
de un alma generosa
servir a sus pasiones;
te veo amenazado
por la vergüenza y el peligro,
por eso acudo al cielo
para que acuda en tu socorro.
Pero ahora escúchame
y tendrás gloria y vida.

ORFEO
Padre generoso, me encuentras en
un momento peligroso.
La cólera y el amor
me habían conducido,
con el exceso del dolor,
a la más profunda desesperación.
Pero aquí estoy,
atento a tus palabras,
Padre celestial:
muéstrame tu voluntad.

APOLO
Estabas demasiado contento
con tu feliz suerte;
ahora lloras demasiado
la amarga dureza de tu destino.
¿Todavía no sabes que aquí abajo
nada da la alegría eterna?
Si quieres gozar la vida inmortal,
ven conmigo al cielo,
que yo te invito.

ORFEO
¿No veré jamás los dulces ojos
de mi querida Eurídice?

APOLO
En el sol y en los astros
tú reconocerás su bella imagen.

ORFEO
De un padre tan sublime
sería un hijo indigno
si no siguiera tu afectuoso consejo.

APOLO Y ORFEO
(Se elevan hacia el cielo cantando)
Elevémonos hacia el cielo cantando,
allí donde la virtud sincera
obtiene en recompensa digna de ella
el placer y la paz.

Ritornello

PASTORES
Vete, Orfeo, plenamente feliz,
a gozar de los honores celestiales
allí donde jamás falta el bien,
allí donde jamás existe el dolor,
mientras que sobre nuestros altares
nosotros te ofrecemos,
en la alegría y en la devoción,
incienso y votos.
Como aquel que responde
sin reservas a la llamada
de los dioses eternos,
como quien ha sufrido
aquí abajo el infierno
obtiene el cielo y la gracia.
El que siembra en las pruebas
recogerá los frutos
de todas las gracias.

Moresca


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El Orfeo

Resumen argumental

L'Orfeo (subtitulado en español)
Gran Teatre del Liceu Barcelona
La Capella Reial de Catalunya
            Jordi Savall
            2002

“DEJE SU OPINIÓN EN EL LIBRO DE INVITADOS, GRACIAS”

DEJE SU OPINIÓN