*Act III: Andante; Le Temple de Diane (Finale); Apparition d'Endymion (Apothéose).

  Ballet en dos o tres actos: Sylvia


a partitura de este ballet-pantomima, una de las más bellas creaciones de Léo Delibes, fue escrita en 1876 bajo el título de Sylvia ou la Nymphe de Diane. Su primera representación escénica con coreografía de Louis Merante, y Rita Sangalli como Sylvia, tuvo lugar en el Teatro de la Ópera de París, el 14 de junio de 1876, y pasó casi desapercibida. De hecho, las primeros siete producciones de Sylvia no tuvieron éxito comercial. Fue el renacimiento de 1952, que con coreografía de Sir Frederick Ashton, popularizó el ballet, despertando un interés siempre creciente que ha logrado que al cabo de los años, esta noble expresión del arte coreográfico haya sido interpretada por las más notables figuras de la danza, contándose entre ellas la célebre Anna Pávlovna Pávlova, la que hizo de Sylvia una creación inolvidable que nadie aún ha podido superar, especialmente en la interpretación del dificultoso y magnífico Pizzicato, verdadera prueba de fuego para las bailarinas de escuela clásica.

El tema argumental de Sylvia, original de Jules Barbier y el Barón de Reinach, se inspira a su vez en el poema Amintas (1573), de Torcuato Tasso. Su trama evoca una leyenda de ninfas y de faunos, rodeando a las figuras protagónicas con una aureola romántica: el pastor Amintas se halla enamorado de la bella Sylvia, ninfa de Diana, la cazadora. Orión, terror de los bosques, rapta a Sylvia, la que luego es rescatada por Eros, el Dios del Amor. Luego de una serie de situaciones que permiten a la acción danzante particular desarrollo, en un brillante y apoteósico final, Sylvia y Amintas proclaman su amor triunfante, recibiendo la aprobación de Diana y Eros. La fábula, simple y de escaso interés, contempla las preferencias de la época que sitúa el estreno de este ballet, cobrando la acción especial relieve en la mencionada oportunidad, debido a la excepcional coreografía de Louis Alexandre Mérante -quien actuó también en estas representaciones de primer bailarín-, que dio especial oportunidad de lucimiento a la primera danzarina Rita Sangalli, creadora absoluta del rol de Sylvia.

Este bello ballet de Delibes, cuya esencia romántica lo equipara al encanto de Giselle, de Adolphe Adam, y Las Sílfides, de Frédéric Chopin ha servido también de base para numerosas transcripciones sinfónicas, en las que prevalece la notable seducción que se desprende de sus inspirados temas melódicos.


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Sylvia.
Royal Opera House.
The Royal Ballet.
            Coreografía: Frederick Ashton.

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