*Sinfonía Nº 4, Allegro non troppo.

Las Sinfonías de Brahms

 

n contraste con la incontenible proliferación de sinfonías durante el siglo diez y ocho, Johannes Brahms (1833-1897) escribió sólo cuatro trabajos de esa clase, siendo cada uno de ellos un gran exponente de arte. Cuando un siglo antes que él, genios como Haydn y Mozart escribieron sus trabajos en forma de sinfonía, esta clase de música era considerada como poco más que una obertura de ópera ligeramente ampliada y convertida en un trozo independiente de concierto, en general se le tenía muy poco respeto. Ellos exploraron y desarrollaron sus posibilidades de manera tal que durante el curso de las ciento cuatro sinfonías de Haydn y de las cuarenta y una de Mozart hallamos una milagrosa transformación de la forma. Al final de su labor la sinfonía no es ya el apéndice de una composición vocal o meramente una pieza de ligero entretenimiento, sino una estructura grande y orgánica capaz de contener las experiencias más emocionantes y dramáticas. Luego vinieron las heroicas y conmovedoras expresiones que vertió Beethoven en sus nueve sinfonías, haciendo de la sinfonía una forma a la que uno se debe acercar con  la mayor reverencia y  respeto.

Luego, durante el curso del siglo diez y nueve le sucedieron cosas extrañas a la sinfonía. Berlioz y Liszt dieron a sus movimientos títulos literarios y los unieron libremente al tono del poema. Wagner nunca escribió una sinfonía durante su madurez y creyó que había incorporado sus cualidades esenciales a la estructura de sus dramas musicales. Los resultados fueron originales y hermosos, pero en oposición a esta tendencia se alzó Brahms quien pensó que se había perdido algo importante dentro de la gran tradición de la música. El inclinó su vida de trabajo hacia el restablecimiento de lo que consideró la línea principal que surgía de los gigantes del pasado. Y parte de esta tarea fue el volver a crear la sinfonía como una forma autocon-tenida dentro de la tradición clásica.

Por naturaleza este trabajo, según lo veía Brahms, no podía ser emprendido con ligereza. Un esfuerzo realizado al comienzo se convirtió en el masivo y dramático Primer Concierto para Piano. Sólo en 1876, cuando tuvo cuarenta y tres años, produjo su Primera Sinfonía.

La Primera Sinfonía de Brahms fue completada en el otoño de 1876 y estrenada el 4 de noviembre de ese año. La escribió durante un lapso de casi veinte años, pero habiéndolo logrado no tardó en componer otra, que fue estrenada poco menos de un año después que la Primera, el 30 de diciembre de 1878, en Viena, con la dirección de Hans Richter.

Su gestación comenzó durante el verano, mientras Brahms pasaba sus vacaciones en la pintoresca aldea lacustre Pörtschach-am-Worthersee, en Carintia. Esa fue una época feliz para el músico, quien se sintió especialmente inspirado por las bellezas naturales que lo rodeaban. Llegó a expresar en una carta: "Aquí estoy rodeado por tantas melodías que debo cuidarme de no pisarlas".

Se supo que estaba componiendo una sinfonía y esto originó numerosas especulaciones sobre el carácter de la nueva. La Primera había sido sombría e imponente, gran música por cierto, pero que exigió a su auditorio una concentración especial para su apreciación cabal. Entre los varios curiosos se contó la buena amiga de Brahms, que le escribió preguntándole sobre la sinfonía. El le respondió: "Siéntese al piano, coloque sus lindos pies alternadamente sobre los pedales y toque varias veces el acorde Fa menor varias veces, primero en el registro agudo y luego en el bajo, pianissimo y fortissimo, y gradualmente podrá darse una idea de cómo sonará la obra". También desconcertó a otros curiosos diciendo que la velada del estreno los músicos usarían bandas de luto en sus mangas y que la música estaría impresa en papel con orillo negro y con un humor no menos peculiar se refirió repetidas veces a su Segunda Sinfonía en Fa menor. Entonces es lógico imaginar el asombro de gran parte del público cuando la obra finalmente se estrenó. En vez de una obra trágica, austera y semejante a la anterior se encontraron con una música idílica, amable, con algunos toques nostálgicos, pero con un fluir incesante de bellas melodías y de fácil comprensión que conquistó inmediatamente al público vienés. El crítico Eduard Hanslick (acérrimo antiwagneriano y admirador de Brahms) escribió: "La novedad fue excelentemente recibida. Rara vez el público ha dado muestras de tanto placer ante una composición nueva. El aplauso fue tan entusiasta que el tercer movimiento debió repetirse".

Sin embargo, pocos días después, en Leipzig, a diferencia de lo que ocurrió con la Primera, la Segunda fue mal recibida, hecho que se repitió en otras ciudades alemanas. Quizás la ineptitud de Brahms como director de orquesta (él estrenó su obra en varias ocasiones), las dificultades interpretativas que abundaban en su partitura, y la escasa habilidad de muchos de los organismos orquestales de entonces, hayan tenido no poco que ver con esto.

La Segunda Sinfonía es indudablemente la más melodiosa y de más fácil captación de las cuatro de Brahms y durante largo tiempo fue la más popular de las cuatro. Los cellos inician la Sinfonía con un tema de amplio despliegue melódico (en vez del animado o dramático que exige la tradición clásica) que luego recogen los violines, que le entretejen una especie de guirnalda sonora. Brahms ha sido especialmente pródigo con sus ideas en este movimiento. Es notable el motivo principal del segundo tema, que nos recuerda a un vals. El compositor fue un gran admirador de Strauss y en este caso se deleitó demostrando cómo una melodía de vals puede encontrase dentro de una sinfonía. En el extenso desarrollo hay pasajes elaboradamente contrapuntísticos y a pesar de su amable fluir, la música no carece de la lógica a que Brahms nos tiene acostumbrados. Hasta el soñador solo del corno en la coda deriva de una inversión del tema principal. El carácter de la música se torna cada vez más lírico, al que adornan diestros toques instrumentales. Los cornos tienen la última palabra del movimiento.

El Adagio está escrito en una simple forma ABA, aunque al principio puede presentar algunas dificultades al oyente por la compacidad de su escritura y la manera en que se combinan melodías simultáneas. Lo inicia una hermosa cantilena a cargo de los cellos que repiten los violines. Un episodio en el que se van presentando sucesivamente el corno, los oboes y las flautas prepara el segundo motivo. Otro tema, a cargo de los violines y que cumplían las maderas, labrado en contrapunto por violas y cellos se constituye en un intrincado desarrollo que precede a una original recapitulación, que finaliza con una suave coda.

El tercer movimiento es un Allegretto grazioso con dos tríos. Tiene como núcleo un tierno aire pastoril que el oboe interpreta al principio en forma muy sencilla y que luego es objeto de diversas transformaciones. No es imposible que Brahms haya pensado en Schubert aquí, especialmente al escribir unas encantadoras oscilaciones entre las modalidades mayor y menor. Todo el movimiento es de carácter alegre y retozón, tanto que algunos contemporáneos del compositor lo consideraron indigno de una sinfonía (Fue justamente este Adagio que valió a la obra el mote de "Pastoral" que algunos le endilgaron).

Quienes gusten de los despliegues técnicos (aumentaciones, disminuciones, inversión temática, etc.) se encontrarán con una mina de oro en el Allegro final. Brahms siempre tuvo un dominio magistral sobre este tipo de escritura y le gustaba ejercitar y demostrar su habilidad, pero no por ello consideró que la técnica bastaba por sí sola para llegara un fin estético. Este cuarto movimiento es brillante, vital y de una transparencia haydinesca. Surge de una vigorosa melodía tocada al unísono por varios grupos instrumentales y está relacionada con el tema principal del primer movimiento. El rico fluir melódico alterna a veces con súbitas expresiones de tinte casi heroico y en el final las trompetas repiten jubilosamente el primer tema.

Transcurrieron seis años antes de que apareciera la Tercera Sinfonía con su hermosa combinación de melodías terrenas de estilo folklórico y su tristeza otoñal. Luego en 1885 escribió la monumental Sinfonía Nº 4 en Mi menor, Op. 98. Esta es probablemente, entre los cuatro trabajos, la que resume más completamente lo que deseaba lograr Brahms llevando la grande y antigua tradición formal a las más profundas modalidades expresivas del romanticismo. Se estrenó en Meiningen el 25 de octubre de 1885, con el propio Brahms empuñando la batuta. (No estará de más recordar las circunstancias: apenas finalizada la obra, Brahms se dirigió epistolarmente a su amigo el gran pianista y conductor Hans von Bulow, titular de la orquesto de Meiningen, para decirle -con su acostumbrado buen humor- que "si bien no disponía de concierto de piano alguno para ofrecerle", tenía en cambio "unos cuantos 'entreactos' de esos que reunidos solemos llamar «sinfonías»", y concluía ofreciéndole la obra para estrenarla durante la próxima gira de otoño de la orquesta de Bulow, y a sí mismo para ir con ella "ya como conductor suplente, ya como simple oyente de tus ejecuciones". N. del T.)

Los tiernos, "suspirantes" temas de violín con eco de las maderas, que abren el primer movimiento, Allegro non troppo, fueron extraídos por Brahms de uno de los trabajos más introspectivos de Beethoven: el movimiento lento de la sonata para piano Op. 106. El grupo del segundo tema presenta un conflicto dramático, con sus brillantes fanfarrias ejecutadas por los cornos y las maderas, seguidas por un tema importante y de alto vuelo a cargo de los violoncelos. De esta manera se ponen en oposición dos estados de animo y Brahms desarrolla alternadamente el grupo del segundo tema y el del primero, moviéndose luego con una fuerza y vigor cada vez mayores hasta llegar al gran clímax que tiene lugar en las mismas páginas finales o coda, que es la transformación "afirmativa" del reflexivo tema de la obertura. Son notables en este movimiento, como efectivamente también lo son a través de toda la sinfonía, los sutiles contra ritmos que dan a la música gran riqueza de textura y una turbulenta vida interior. En su color orquestal Brahms no busca los contrastes bruscos, sino un sutil y cambiante equilibrio de las cuerdas, las maderas y los bronces del mismo modo que Rembrandt concibió la  monumental estructura subyacente de sus grandes pinturas a través de innumerables grados de luz y sombra.

El movimiento lento, Andante moderato, comienza con trompas a las que muy pronto se les unen las demás maderas sobre cuerdas en pizzicato, en un tema que tiene una lenta cadencia de danza abrumada por honda tristeza. Los violines se adelantan con una larga y cantante línea melódica de hermosa serenidad. Se avanza hacia un clímax turbulento mediante figuras de tres notas ejecutadas por la orquesta en pleno y luego ese motivo de tres notas se transforma en una hermosa y obsesiva melodía para los violoncellos. Uno de los grandes momentos de este movimiento llega cerca del final, cuando esta misma melodía consoladora es tomada y expandida por toda la sección de las cuerdas.

El turbulento tercer movimiento, Allegro giocoso, ha sido llamado con justicia el único "verdadero scherzo" de las sinfonías de Brahms. El último movimiento, Allegro enérgico e passionato, es uno de los más claros ejemplos del "demoledor conservadurismo" de Brahms. Allí adapta la antigua forma barroca de la chaconne o passacaglia, con sus variaciones. El tema básico de ocho notas es anunciado por bronces, maderas y timbales en ocho poderosos acordes. Está presente como base de todas las treinta variaciones y coda subsiguientes. Pero en modo muy diferente a como se utilizaba la forma un siglo o dos antes de Brahms, aquí el tema se ve tan absorbido por la trama armónica y por melodías que hilan arabescos sobre sus notas que muy frecuentemente uno intuye su presencia en lugar de oirla. Esto sucede muy especialmente en la reflexiva sección media del movimiento, con su quejoso solo de flauta, seguido por pavorosos acordes de trombón. Y lo mismo que en el primer movimiento, el final es una grandiosa y afirmativa transformación del tema de la obertura.

 

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Carlos Kleiber - Brahms Symphony No. 4, completa. (1st mov./ first part)

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Carlos Kleiber - Brahms Symphony No.4 (1st mov./second part)



Carlos Kleiber - Brahms Symphony No.4 (2nd mov./first part)



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Carlos Kleiber - Brahms Symphony No.4 (3rd mov.)



Carlos Kleiber - Brahms Symphony No.4 (4th mov,)



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