*Meditation Religieuse-Symphonie, messager de Dieu, si bon dans ta rudesse, Mon oeuvre est       accomp!ie !, Thaïs va mourir ! y C'est toi, mon père !.

OCTUBRE...

ÓPERAS: THAÏS Y WERTHER

Thaïs

 

ules Émile Frédéric Massenet es más conocido en la actualidad por sus obras Manon de 1884 y Werther de 1892, (ambas óperas de carácter pasional, que hablan del amor obsesivo y condenado) que por Thaïs de 1894, esta obra, poco representada y conocida, no escapa a esta temática, sino, que agrega sexo, religión y sensualidad a una lucha entre la pasión humana y la religiosa. La acción transcurre en el antiguo Egipto del siglo IV de nuestra era, donde Thaïs (bella cortesana), es instada por el monje Athanaël a dejar esa vida por una de devoción y fe, y así alcanzar la vida eterna. Sin embargo, su discurso, cambiará más tarde, cuando su lucha interior entre su fe y el amor que siente por ella, llegue demasiado tarde a una Thaïs conversa y a pasos de la santidad.

La leyenda sobre una mujer de vida disipada, que se aparta de los placeres carnales para entregarse a la espiritualidad, fue varias veces tratada, la más relevante, data del siglo X, y fue escrita por Hroswita (canonesa del convento benedictino de Gandersheim), en su drama en latín Pafnutius, a partir de fuentes siríacas, griegas y latinas. La leyenda se mantuvo a lo largo de la Edad Media (François Villon la cita en su famosa Ballade des dames du temps jadis). Thaïs, trata de sobre la conversión de una mujer caída, esta habría sido una muchacha cristiana a la que el hambre, la pobreza y la perfidia de su propia madre impulsaron a vender sus favores. La casa de Thaïs era famosa por la belleza de su anfitriona y por su libertinaje.

En 1839, la publicación de ese relato, bajo el nombre de La historia de Pafnucio y Thaïs, sería el punto de partida para el poema y novela Thaïs del escritor Anatole France, que a su vez serviría como directa inspiración para la ópera homónima de Jules Massenet en 1894, y cuyo libreto pertenece a Louis Gallet, quien se basó en la obra de Anatole France. Cambió el nombre del monje Pafnucio por el de Athanaël, y trabajó este libreto en lo que denominó “poésíe mélique”, una suerte de verso libre apto para la declamación musical.

Esta obra parte como un encargo del Teatro “Opéra-Comique” de París, pensándose en la cantante americana Sybil Sanderson para interpretar el personaje principal, debido a sus resonantes triunfos en las óperas Manon de 1884 y Esclarmonde de 1889. Pero Sybil, mas tarde, firmaría contrato con el "Teatro de la Ópera", razón por la cual Massenet siguió a la soprano y no al empresario de quien vino el encargo, así que Thaïs fue estrenada en el "Teatro de la Ópera"  de París el 16 de marzo de 1894. Se realizaron sólo catorce representaciones, con escaso éxito, lo que significaría el término de la relación entre la cantante y Massenet.

Massenet decidió revisar la partitura e introducir importantes cambios. El reestreno de Thaïs fue en abril de 1898, con una acogida más cálida y exitosa, de hecho para 1910, se completaron 100 presentaciones, y 500, para 1931.

Las representaciones de esta ópera comenzaron a decaer a mediados del siglo XX, sin embargo, su nombre se mantiene en el colectivo debido al célebre fragmento “meditación religiosa”, conocido popularmente, como “meditación de Thaïs”.

 

Resumen argumental

Primer acto

Egipto, Siglo IV, en el desierto de la Tebaida, no lejos del Nilo. El viejo Palémon y los demás monjes del cenobio, esperan el retorno de Athanaël, otro de sus hermanos, quien llega y relata que ha encontrado a la ciudad de Alejandría viviendo en pecado y bajo la influencia de la cortesana Thaïs, bella sacerdotisa de Venus, a quien él recuerda haber visto una vez en su juventud antes de formar parte de la orden. Athanaël cree que el comportamiento de Thaïs es una afrenta a Dios y está determinado a convertirla a una vida de devoción y fe, a pesar de que Palémon le ha advertido no intervenir con cosas mundanas. Cuando los otros monjes se van a dormir, Athanaël se queda despierto y tiene una visión de Thaïs, la ve, medio desnuda, imitando los amores de Afrodita entre el entusiasmo lascivo de la gente. Lleno de cólera y desesperación, interpreta el sueño como una advertencia del Señor, que le pide, libere a esta mujer de los pecados de la carne. Reza pidiendo fuerza y cuando llega el amanecer, despierta a sus hermanos diciéndoles que cruzará nuevamente el desierto para salvar el alma de Thaïs. Palémon le repite su consejo mientras Athanaël parte para Alejandría.

Athanaël llega a su ciudad natal, en la cual dejó sabiduría y lujo a cambio de una vida espiritual. Llega a casa del potentado Nicias, un antiguo compañero de estudios, el cual, le cuenta que Thaïs es su amante por el momento, pero que pronto la perderá porque su fortuna se está acabando. Athanaël le cuenta que ha venido a convertirla, Nicias ríe y le advierte que Venus se vengará, pero accede a presentársela. Nicias les pide a sus jóvenes esclavas Myrtale y Crobyle que vistan al anacoreta de manera adecuada con una túnica nueva que cubra su hábito, para así presentarlos en la cena que dará esa noche en su honor.

Llega Thaïs por última vez a casa de Nicias, para despedirse de él después de una semana de amor. Athanaël la confronta y le anuncia su intención predicando buenas costumbres a la cortesana, con gran sorpresa para todos los presentes. Thaïs discretamente se mofa de él, preguntándole por qué niega su verdadera índole y no le da espacio al amor. Mientras ella se prepara para desnudarse, él sale horrorizado, y lleno de ira, le anuncia que irá a su palacio a convencerla y llevarle la salvación. La cortesana lo desafía a que lo intente.

 

Segundo acto

Thaïs, a solas en su cuarto, observa los primeros signos de vejez en su rostro, percibiendo repentinamente la superficialidad de su vida. Mirándose en un espejo, se pregunta qué acontecerá una vez que su belleza desaparezca, e invoca a Venus para conservarla. Athanaël entra y ella le advierte que no se enamore. El monje se quita la túnica y muestra su hábito. Mantiene al principio una dialéctica persuasiva, pero pronto entra de lleno en el fondo de la cuestión, diciéndole que existe un tipo de amor que ella aún no conoce, y es un amor, que trae vida eterna. Thaïs siente el efecto de su prédica y pide perdón. Luego, cuando él le dice que la esperará afuera hasta el amanecer, tiene una reacción contraria, y cuando se va el monje estalla en una mezcla de sollozos y risas. Thaïs siente una nueva sensación de paz y felicidad en un momento musical de gran lirismo.

Después de una noche de reflexión (Interludio Orquestal: “Meditación religiosa” que evoca la conversión interior), Thaïs sale y despierta a Athanaël que se ha dormido fuera de la casa, e implora que la acoja en su arrepentimiento y le dice que está lista para seguirlo. La cortesana se muestra humilde, totalmente entregada a la voluntad del anacoreta. Athanaël le explica que la llevará al convento de la Madre Albine, sin embargo, antes de irse, ella debe prender fuego a su palacio y a todas sus pertenencias. Thaïs accede, pidiendo quedarse sólo con una estatuilla de Eros, pero Athanaël la hace añicos y lleva a Thaïs de vuelta a la casa.

Nicias regresa con sus amigos. Ha ganado un juego de apuestas y quiere mantener a Thaïs como amante por un tiempo más. Después de que una de sus  bailarinas ejecuta un ballet acompañada por las voces de otras jóvenes esclavas, Thaïs y Athanaël reaparecen. Cuando el monje anuncia la conversión de Thaïs, la multitud amenaza con apedrearlo por habérsela quitado. Nicias los distrae tirando dinero para arriba. Athanaël y Thaïs escapan mientras el palacio comienza a incendiarse.

 

Tercer acto

Cuadro I

Thaïs y Athanaël descansan en un oasis cerca del poblado de la Madre Albine. Thaïs está exhausta y siente que no puede continuar, pero Athanaël le exige que ignore su flaqueza carnal. Solamente cuando ve los pies ensangrentados de Thaïs, cambia radicalmente su actitud, la declara santa y le besa los pies con voluptuosidad, va a buscar agua fresca, frutas y la tranquiliza con la proximidad del convento. Thaïs elogia su benevolencia y le agradece por guiarla a la salvación.

En el convento, Madre Albine y las monjas acogen a Thaïs muy amorosamente. Cuando llega el momento de separarse de su mentor, besa con devoción sus manos y llora al decirle adiós para siempre. La serenidad y alegría espiritual del cenobita se quiebran súbitamente al quedar solo y tomar conciencia de que no volverá a verla nunca más.

La escena acaba en un terrible grito de angustia.

 

Cuadro II

De vuelta en el monasterio, Palémon comenta que desde que volvió hace tres semanas, Athanaël nunca come ni habla con ellos, parece un hombre muerto. Athanaël confiesa que a pesar de todo su ayuno y oración, la imagen de la belleza de Thaïs aún lo persigue. Palémon, una vez más le repite su consejo de no envolverse en cosas mundanas.

En sus sueños, Athanaël, recrea la visión de Thaïs cuando desafiaba sus insultos y predicaciones, pero una segunda visión muy diferente sucede a la de la tentación, y es la de Thaïs, en el jardín del convento de Albine, yacente bajo un gran árbol y a punto de morir. Athanaël se despierta desesperado, maldice al cielo y sale decidido a verla una vez más, y poseerla, en medio de una tempestad que se aproxima.

 

Cuadro III

Thaïs yace rodeada de sus hermanas en religión que rezan por ella con devoción y serenidad. Después de tres meses, la penitencia continuada le ha destruido la salud. Cuando llega Athanaël, Albine le anuncia la muerte próxima de Thaïs. Este se arrodilla a los pies de la moribunda y se inicia un diálogo imposible, entre el cenobita, que ha perdido el control de sí mismo, y solamente intenta hacerle entender que la ama de una manera humana y con un deseo total, y la religiosa, transfigurada por un éxtasis místico a las puertas del cielo, que no oye ni entiende las palabras del monje.

Los últimos momentos de Thaïs, la cual se siente feliz ante la visión de la divinidad, contrastan con el estado de Athanaël, quien destrozado, implora la misericordia de Dios.

 

Texto en francés.

                                                                Personajes

 

     ATHANAËL                                            Cenobita                                            Barítono

     NICIAS                                         Joven Filósofo, Sibarita                                    Tenor

     PALÉMON                                          Viejo Cenobita                                             Bajo

     UN SERVIDOR                                                                                                Barítono

     THAÏS                                                  Cortesana                                           Soprano

     CROBYLE                                                Esclava                                             Soprano

     MYRTALE                                               Esclava                                     Mezzosoprano

     ALBINE                                                 Abadesa                                    Mezzosoprano

 

La acción se desarrolla en Egipto, en el siglo IV de nuestra era.

 

Acte I

 

Premier Tableau

La Thébaïde

Les cabanes des Cénobites au bord du Nil

 

(Ce n'est pas encore la fin du jour.

Douze Cénobites et le vieux Palémon sont assis

autour d'une longue table rustique.

Au milieu, Palémon préside le frugal et paisible repas.

Une place est vide, celle d'Athanël.)

 

UN CÉNOBITE

Voici le pain,...

 

UN AUTRE

... et le sel,...

 

UN AUTRE

... et l'hysope!

 

UN AUTRE

Voici le miel,...

 

UN AUTRE

... et voici l'eau!

 

PALÉMON

(se levant, avec onction)

Chaque matin le ciel répand sa grâce sur mon jardin,

ainsi qu'une rosée. Bénissons

Dieu dans les biens qu'il nous donne

et prions-le qu'il nous garde en sa paix!

 

LES 12 CÉNOBITES

(6 ténors et 6 basses entr'eux; presque murmuré)

Que les noirs démons de l'abîme s'écartent de notre chemin!

 

UN CÉNOBITE

(rompant le silence)

Sur Athanaël, notre frère, étends, Seigneur, la force de ton bras!

 

PLUSIEURS

(avec respect)

Athanaël! Athanaël! Bien longue est son absence!

Quand donc reviendra-t-il?

 

D'AUTRES

Quand donc?

 

PALÉMON

(mystérieux)

L'heure de son retour est proche,

Unsonge, cette nuit, me l'a montré vraiment,

hâtantvers nous sa marche...

 

LES 12 CÉNOBITES

(avec foi)

Athanaël est un élu de Dieu! Il se révèle dans les songes!

(Athanaël paraît; il s'avance lentement

comme épuisé de fatigue et de chagrin.)

(avec respect)

Le voici! Le voici!

 

ATHANAËL

(au milieu d'eux; douloureux)

La paix soit avec vous!

 

PALÉMON et LES 12 CÉNOBITES

Frère, salut!

(Tous s'empressent autour de lui)

La fatigue t'accable... la poussière couvre ton front...

reprendsta place parmi nous... mange... bois!

(Athanaël s'est assis avec accablement

et repousse doucement les mets qu'on lui présente)

Non... Mon coeur est plein d'amertume...

jereviens dans le deuil et dans l'affliction!

(sombre, commehanté et se parlant à lui-même)

La ville est livrée au péché! Une femme...

Thaïs... la remplit de scandale!

Et par elle l'enfer y gouverne les hommes!

 

LES 12 CÉNOBITES

(avec une curiosité calme et simple)

Quelle est cette Thaïs?

 

ATHANAËL

(sortant un peu de sa torpeur)

Une prêtresse infâme (y retombant

de suite) de culte de Vénus!

(Athanaël se lève lentement avant

les premiers mots qu'il va dire.

Humblement, avec charme

et comme se souvenant d'un passé lointain)

Hélas! enfant encore, avant qu'à mon coeur la grâce ait parlé,

(peu à peu sombre, plus agité)

jel'ai connue... je l'ai connue!

Unjour, je l'avoue à ma honte devant son seuil maudit

jeme suis arrêté, Mais Dieu m'a préservé de cette courtisane,

et j'ai trouvé le calme en ce désert...

maudissantle péché que j'aurais pu commettre!

Ah! mon âme est troublée!

La honte de Thaïs et le mal qu'elle fait me causent une peine amère,

(très expressif)

etje voudrais gagner cette âme à Dieu!

Oui, je voudrais gagner cette âme à Dieu! à Dieu! à Dieu!

 

PALÉMON

Ne nous mêlons jamais, mon fils, aux gens du siècle;

craignonsles pièges de l'Esprit.

Voilà ce que nous dit la sagesse éternelle.

(La nuit vient peu à peu.)

La nuit vient, prions et dormons.

 

LES 4 CÉNOBITES

(dévotement)

Prions.

(Tous, avec une crainte mystérieuse,

le front courbé et les mains jointes)

Que les noirs démons de l'abîme s'écartent de notre chemin.

(dans la même posture, ils s'éloignent lentement

et se séparent, tout en priant,

pour se rendre chacun dans leur cabane.)

Seigneur, bénis le pain et l'eau, bénis les fruits de nos jardins.

Donne-nous le sommeil sans rêves et l'inaltérable repos!

 

(Ils ont disparu.

Athanaël s'est étendu sur une natte devant sa cabane,

la tête appuyée sur un petit chevalet de bois, les mains jointes.)

 

ATHANAËL

(seul, dans l'ombre)

Ô Seigneur, je remets mon âme

(en s'endormant)

entretes mains...

 

(Nuit presque noire.

Le terre semble endormie dans une douce béatitude.)

 

VISION

 

(Dans un brouillard apparaît l'intérieur du théâtre à Alexandrie.

Foule immense sur les gradins.

En avant se trouve la scène sur laquelle Thaïs

à demi-vêtue, mais le visage voilé

mime les amours d'Aphrodite)

 

Thaïs, mimant devant la foule du théâtre d'Alexandrie,

n'est par conséquent vue que de dos par le publique de la salle.

 

(Dans le théâtre d'Alexandrie:

Immenses exclamations d'enthousiasme très prolongées –

effet extrêmement lointain.

On peut distinguer, mais vaguement, cependant,

le nom de Thaïs hurlé par la foule.

Les acclamations cessent...

Les acclamations reprennent et augmentent jusqu'à la fin.

La mimique s'accentue de plus en plus. La vision disparaît subitement.

Le jour revient peu à peu.)

 

ATHANAËL

(qui s'est éveillé, se lève complètement;

avec épouvante et colère)

Honte! Horreur! Ténèbres éternelles!

Seigneur! Seigneur! assiste-moi!

(Athanaël s'est jeté à terre et y reste prosterné.)

(prosterne)

Toi qui mis la pitié dans nos âmes, Dieu bon, louange à toi!

J'ai compris l'enseignement de l'ombre.

(Il se relève avec enthousiasme)

Je me lève et je pars!

Car je veux délivrer cette femme des liens de la chair!

(de plus en plus exalté)

Dans l'azur je vois penchés vers elle, les anges désolés!

N'est-elle pas le souffle de ta bouche, Seigneur! Ô Seigneur!

Ah! plus elle est coupable et plus je dois la plaindre!

Mais je la sauverai! Seigneur! donne-la moi, donne-la moi!

Et je te la rendrai pour la vie éternelle!

(appelant ses frères qui reparaissent peu à peu

et viennent se ranger autour de lui)

Frères! frères! levez-vous tous! levez-vous tous! venez! venez!

Ma mission m'es révélée! Dans la ville maudite, il faut que je retourne...

Dieu défend que Thaïs s'enfonce davantage dans le gouffre du mal

etc'est moi qu'il choisit pour la lui ramener!

 

(Athanaël s'incline devant Palémon qui, tristement,

lui rappelant les sages principes, le laisse s'éloigner.)

 

PALÉMON

(à Athanaël, avec une douce expression de tranquillité

et comme un tendre reproche)

Mon fils, ne nous mêlons jamais aux gens du siècle.

Voilà la sagesse éternelle!

 

(Les Cénobites qui on entouré Athanaël

l'accompagnent jusqu'à la route;

puis, s'agenouillant par groupes,

ils répondent à Athanaël dont la voix se perd

dans les solitudes du désert de la Thébaïde.)

 

LA VOIX D'ATHANAËL

(déjà éloignée)

Chanter à pleine voix et se placer

de plus en plus loin; très loin à la fin.

Esprit de lumière et de grâce, arme mon coeur pour le combat!

 

LES 12 CÉNOBITES

Arme son coeur pour le combat! et fais-le fort comme l'archange!

Arme son coeur! arme son coeur! contre les charmes de démon!

 

ATHANAËL

Etfais-moi fort comme l'archange

(plus loin encore)

contre le charmes du démon! Arme mon coeur!

(très loin)

pour le combat!

 

Deuxième Tableau

 

Alexandrie

 

La terrasse de la maison de Nicias à Alexandrie

 

(Cette terrasse domine la ville et la mer;

elle est ombragée de grands arbres.

A droite, vaste tenture derrière laquelle se trouve

la salle préparée pour le banquet.

Lentement Athanaël a paru;

il s'est arrêté au fond; à sa vue un serviteur

se lève sous le portique et marche à sa rencontre.)

 

LE SERVITEUR

(brusquement)

Va, mendiant, chercher ailleurs ta vie!

Mon maître ne reçoit pas les chiens comme toi!

 

ATHANAËL

(doucement)

Mon fils, fais, s'il le plaît, ce que je te commande,

Je suis l'ami de ton maître et je veux lui parler à l'instant.

 

LE SERVITEUR

(levant son bâton)

Hors d'ici, mendiant!

 

ATHANAËL

(fermement et avec calme)

Frappe, si tu le veux,

Mais avertis ton maître,

Va.

(Devant le regard et l'attitude d'Athanaël,

le serviteur recule, s'incline et disparaît dans la maison. Athanaël,

seul après avoir contemplé un instant la ville du haut de la terrasse.)

Voilà donc la terrible cité!

Alexandrie! Alexandrie!

Où je suis né dans le péché;

l'air brillant où j'ai respiré

l'affreux parfum de la luxure!

Voilà la mer voluptueuse où j'écoutais chanter

la sirène aux yeux d'or!

Oui, voilà mon berceau selon la chair,

(très expressive)

Alexandrie! O ma patrie! Mon berceau, ma patrie!

De ton amour, j'ai détourné mon coeur.

Pour ta richesse, je te hais! Pour ta science et ta beauté, je te hais!

Je te hais!

Et maintenant je te maudis comme un temple hanté par les esprits impurs!

Venez! Anges du ciel! Souffles de Dieu! Venez! Venez!

Anges du ciel! Souffles de Dieu!

Parfumez, du battement de vos ailes, l'air corrompu qui va m'environner!

Venez! Anges du ciel! Souffles de Dieu! Venez! Souffles de Dieu!

Anges du ciel! Venez!

 

CROBYLE et MYRTALE

(Les voix de Crobyle et de Myrtale, dans la maison)

Ah!

(Nicias paraît et s'avance,

les bras appuyés sur les épaules de Crobyle et de Myrtale,

deux belles esclaves rieuses.)

(en riant aux éclats)

Ah!

 

NICIAS

(aperçoit Athanaël; il s'arrête et quitte Crobyle et Myrtale;

puis, n'hésitant plus à le reconnaître, il court lui,

les bras ouverts; avec vivacité)

Athanaël! c'est toi! mon condisciple, mon ami, mon frère!

(avec légèreté et bonne humeur)

Oh! je te reconnais, bien qu'à la vérité tu sois

bien plus semblable à la bête qu'à l'homme! Embrasse-moi...

et sois le bien venu. Tu quittes le désert? Tu nous reviens?

 

ATHANAËL

O Nicias! Je ne reviens que pour un jour, que pour une heure!

 

NICIAS

Dis-moi tes voeux!

 

ATHANAËL

(calme)

Nicias, tu connais cette comédienne, Thaïs, la courtisane?

 

NICIAS

(riant)

Certes, je la connais! Pour mieux dire, elle est mienne,

(léger et vif)

encore pour un jour! J'ai vendu pour elle mes vignes

et ma dernière terre et mon dernier moulin,

et composé trois livres d'élégies;

et cela ne compte pour rien!

Je voudrais la fixer, que je perdrais ma peine;

sonamour est léger et fuyant comme un rêve!

Qu'attends-tu d'elle?

 

ATHANAËL

(convaincu)

Je veux la ramener à Dieu!

 

NICIAS

(éclatant de rire)

Ah! Ah! Ah! Ah! Mon pauvre ami!

Crains d'offenser Vénus dont elle est la prêtresse.

 

ATHANAËL

(avec assurance)

Je veux la ramener à Dieu!

J'arracherai Thaïs à ces amours immondes

et je la donnerai pour épouse à Jésus.

Pour entrer dans un monastère,

Thaïs va me suivre aujourd'hui!

 

NICIAS

(bas à l'oreille d'Athanaël et en riant)

Crains d'offenser Vénus, la puissante Déesse! Elle se vengera!

 

ATHANAËL

Dieu me protègera.

(avec tranquillité)

Où puis-je voir cette femme?

 

NICIAS

(souriant)

Ici même! Pour la dernière fois,

elley doit souper avec moi en très joyeuse compagnie!

Elle joue aujourd'hui; en sortant du théâtre, elle viendra.

 

ATHANAËL

Prête-moi donc, ami, quelque robe d'Asie,

afin que dignement je puisse figurer à ce festin

que tu vas lui donner.

 

NICIAS

Crobyle et Myrtale, mes chères,

Hâtez-vous de parer mon bon Athanaël.

 

(Myrtale frappe dans ses mains.

Le serviteur paraît auquel elle donne un ordre.

Il sort et revient aussitôt avec des esclaves portant

un coffret dont Crobyle et Myrtale tirent les objets

qui doivent servir à la toilette d'Athanaël

ainsi qu'un miroir de métal dans lequel, en riant,

elles lui font voir son visage.)

 

CROBYLE

(riant)

Ah!

 

MYRTALE

(riant)

Ah!

 

(Nicias et Athanaël se sont assis, ils causent amicalement.)

 

NICIAS

(à Athanaël)

Je vais donc te revoir brillant comme autrefois!

 

CROBYLE

(riant)

Ah! Ah!

 

MYRTALE

(riant)

Ah! Ah!

 

ATHANAËL

(à Nicias)

Oui, j'emprunte à l'enfer des armes contre lui.

 

(Tandis qu'Athanaël continue à causer avec Nicias,

Crobyle et Myrtale commencent à lui verser sur la tête des parfums,

à lui accommoder les cheveux et la barbe.)

 

NICIAS

(en riant)

Philosophe orgueilleux! L'âme humaine est fragile.

 

CROBYLE

(riant)

Ah! Ah!

 

MYRTALE

(riant)

Ah! Ah!

 

ATHANAËL

Je ne crains pas l'orgueil quand le ciel me conduit.

 

CROBYLE

(à Myrtale, à part)

Ilest jeune!

 

MYRTALE

(à Crobyle, de même)

Ilest beau!

 

CROBYLE

(en riant)

Ah!

 

MYRTALE

(de même)

Ah!

Sa barbe est un peu rude!

 

CROBYLE

Sesyeux sont pleins de feu!

 

MYRTALE

Ce bandeau lui sied bien!

 

CROBYLE et MYRTALE

Cher Satrape, voici tes bracelets!

 

MYRTALE

Tes bagues!

 

CROBYLE

Donne tes bras!

 

MYRTALE

Tes doigts!

 

CROBYLE et MYRTALE

(à part)

Ilest jeune, il est beau!

Sesyeux sont pleins de feu! Il est jeune, il est beau!

 

MYRTALE

(continuant la toilette)

La robe maintenant!

 

CROBYLE

(avec câlinerie)

Quitte ce noir cilice!

 

ATHANAËL

(se lève comme pour leur échapper)

Ah! femmes, pour cela, jamais!

 

(Crobyle et Myrtale, d'abord effarouchées

par le brusque refus d'Athanaël,

reviennent doucement auprès de lui.)

 

MYRTALE

Soit!

 

CROBYLE

Soit!

 

CROBYLE et MYRTALE

(lui passant une robe brodée par dessus sa tunique)

Cache tes rigueurs sous cette robe souple!

(riant aux éclats)

Ah!

 

NICIAS

(à Athanaël, avec familiarité, en souriant)

Ne t'offense pas de leur raillerie,

Ne baisse pas devant elles les yeux!

Admire-les plutôt!

Ne t'offense pas de leur raillerie,

Ne baisse pas devant elles les yeux!

Admire-les plutôt!

 

CROBYLE

(à part, en riant)

Il est beau comme un jeune Dieu!

Et si Daphné le rencontrait...

Sa divinité farouche s'humaniserait!

 

ATHANAËL

(à lui-même, avec calme)

Esprit de lumière!

Arme mon coeur pour le combat!

 

MYRTALE

(à part, en riant)

Il est beau comme un jeune Dieu!

Et si Daphné le rencontrait... s'humaniserait!

Je le crois!

 

(Elles continuent la toilette.)

 

MYRTALE

Laisse-nous te chausser de ces sandales d'or

 

CROBYLE

Laisse-nous te verser ce parfum sur les joues!

 

NICIAS

(à Athanaël)

Ne t'offense pas de leur raillerie!

Ne baisse pas devant elles les yeux!

Admire-les plutôt! Admire-les!

Ne t'offense pas!

Sois heureux.

 

CROBYLE

(à part)

Ilest beau comme un jeune Dieu!

Et si Daphné le rencontrait...

Sadivinité farouche s'humaniserait!

Ilest beau! Comme un Dieu!

Ah! Il est beau comme un jeune Dieu!

 

ATHANAËL

(à lui-même)

Esprit de lumière!

Arme mon coeur pour le combat!

Arme mon coeur contre les charmes,

Les charmes du démon!

Contre les charmes du démon! du démon!

 

MYRTALE

(léger)

Il est beau comme un jeune Dieu!

Et si Daphné le rencontrait... s'humaniserait!

Je le crois! Il est beau!

Comme un Dieu!

Ah! Il est beau comme un jeune Dieu!

 

(Grandes acclamations lointaines et prolongées.

Au bruit des acclamations,

Nicias est remonté vers la terrasse;

il a regardé du côté de la ville.)

 

NICIAS

(revenant vers Athanaël en souriant)

Garde-toi bien! Voici ta terrible ennemie!

 

(Des groupes d'Histrions et de Comédiennes

mêlés à des Philosophes,

amis de Nicias, paraissent sur la terrasse,

précédant de peu d'instants la venue de Thaïs.)

 

LES COMÉDIENNES, LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

(8 sopranos, 6 ténors, 6 basses;

Crobyle et Myrtale avec les Comédiennes;

tous avec admiration et vénération)

Thaïs! Soeur des Karites!

 

LES HISTRIONS

Rose d'Alexandrie!

 

LES PHILOSOPHES

Belle silencieuse!

 

LES COMÉDIENNES, LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

Thaïs! Tant désirée! Thaïs! Thaïs! Thaïs!

 

NICIAS

(à Thaïs)

Chère Thaïs!

(invite ses amis à se rendre dans la salle du banquet

dont les esclaves soulèvent les tentures)

Hermodore! Aristobule! Callicrate! Dorion!

Mes hôtes! Mes amis!

(Tous se rendent dans la salle dont les tentures se referment.)

Les Dieux soient avec vous!

 

(Thaïs a été retenue doucement par Nicias

au moment où elle se disposait à suivre

ses amis dans la salle du banquet.

Nicias tombe assis; Thaïs est près de lui.

Celle-ci reste debout et répond avec un sourire amèrement ironique

au désir de Nicias qui la contemple amoureusement mais tristement.)

 

THAÏS

C'est Thaïs, l'idole fragile qui vient pour la dernière

fois s'asseoir à la table fleurie. Demain, je ne serai

pourtoi plus rien qu'un nom.

 

NICIAS

Nous nous sommes aimés une longue semaine...

 

THAÏS

Nous nous sommes aimés une longue semaine...

 

NICIAS

C'est beaucoup de constance et je ne me plains pas;

et tu vas t'en aller... libre loin de mes bras...

 

THAÏS

Libre... loin de tes bras...

Pour ce soir, sois joyeux,

laissonss'épanouir les heures bien heureuses,

etne demandons rien, plus rien à cette nuit

qu'unpeu de folle ivresse et de divin oubli!

 

THAÏS et NICIAS

(sans retenir)

Demain! Demain! Demain, je ne serai pour toi qu'un nom.

 

THAÏS

(avec amertume)

Ah! Demain! Je ne serai pour toi plus rien... qu'un nom!

 

(Quelques philosophes, parmi lesquels se trouve Athanaël,

sortent de la salle tout en discutant gravement

et se dirigent lentement vers la terrasse où ils s'arrêtent.

Athanaël s'est détaché du groupe;

il demeure immobile dans une attitude sévère en regardant Thaïs.)

 

THAÏS

(distraite, à Nicias)

Quel est cet étranger dont le regard farouche s'attache ainsi sur moi?

Je ne l'ai jamais vu paraître en nos festins. D'où vient-il? Quel est-il?

 

NICIAS

 

(assez bas et négligemment)

Unphilosophe à l'âme rude! Un solitaire du désert!

(avec ironie)

Prends garde! Il est ici pour toi!

 

THAÏS

(avec une légèreté malicieuse)

Qu'apporte-t-il?L'amour?

 

NICIAS

Nulle faiblesse humaine ne saurait amollir son coeur.

Ilveut te convertir à sa sainte doctrine...

 

THAÏS

(même sentiment que précédemment)

Qu'enseigne-t-il?

 

ATHANAËL

(s'avançant doucement)

Le mépris de la chair, l'amour de la douleur,

L'austère pénitence!

 

THAÏS

(après l'avoir regardé longuement,

avec un sourire d'incrédulité)

Va... Passe ton chemin; je ne crois qu'à l'amour

etnulle autre puissance ne pourrait rien sur moi!

 

(Les Philosophes cessent leur entretien et descendent vers Thaïs.

Tous les invités, prévenus par les esclaves,

ont quitté la salle du banquet et peu à peu se joignent,

avec un sentiment d'étonnement et de curiosité, à Thaïs et à Nicias.)

 

ATHANAËL

(qui l'a écoutée avec une sombre colère; avec éclat)

Ah! Ne blasphème pas! Non! Ne blasphème pas!

 

(Tous entourent Thaïs et Nicias.

Thaïs s'avance vers Athanaël -

immobile et sombre - doucement avec grâce;

et en le regardant avec un sourire malicieux.)

 

THAÏS

(à Athanaël, avec un sorte de câlinerie ironique)

Qui te fait si sévère et pourquoi démens-tu la flamme de tes yeux?

Quelle triste folie te fait manquer à ton destin?

Homme fait pour aimer, quelle erreur est la tienne!

Homme fait pour savoir, qui t'aveugle à ce point!

Tu n'as pas effleuré la coupe de la vie!

Tu n'as pas épelé l'amoureuse sagesse!

(avec charme, avec séduction)

Assieds-toi près de nous, couronne-toi de roses;

rienn'est vrai que d'aimer, tends les bras à l'amour!

 

LES COMÉDIENNES, LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

(Crobyle et Myrtale avec les Comédiennes;

à Athanaël avec le même sentiment que Thaïs)

Assieds-toi près de nous, couronne-toi de roses;

rien n'est vrai que d'aimer, tends les bras à l'amour!

 

ATHANAËL

(très ardemment)

Non! Non! Je hais vos fausses ivresses!

Non! Ici, je me tais; mais j'irai, pécheresse,

j'irai dans ton palais te porter le salut,

et je vaincrai l'enfer en triomphant de toi!

 

THAÏS, NICIAS, LES COMÉDIENNES,

LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

Assieds-toi près de nous, couronne-toi de roses;

rien n'est vrai que d'aimer, tends les bras à l'amour!

 

ATHANAËL

J'irai dans ton palais!

 

(Au théâtre on passe cette mesure.

Voir la petite note de la mesure suivante,

en cas de coupure.)

 

THAÏS et NICIAS

Couronne-toi de roses, rien n'est vrai que d'aimer!

 

THAÏS, NICIAS, LES COMÉDIENNES,

LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

Tends les bras à l'amour!

 

ATHANAËL

(au fond)

J'irai dans ton palais te porter le salut!

 

THAÏS, NICIAS, LES COMÉDIENNES,

LES HISTRIONS et LES PHILOSOPHES

(en riant)

Ah! Ose venir, toi que braves Venus!

 

(Thaïs, se disposant à reproduire la scène des amours d'Aphrodite)

(Vision du 1er Acte.)

 

THAÏS

(avec provocation)

Ose venir, toi qui braves Vénus!

 

(Athanaël a fui avec un gest d'horreur.)

 

RIDEAU.

 

Acte II

 

Premier Tableau

Chez Thaïs

 

(Thaïs paraît accompagnée de quelques histrions

et d'un petit groupe de comédiennes.

Bientôt, elle les éloigne d'un geste las.)

 

THAÏS

 

(seule, avec lassitude et amertume)

Ah! je suis seule, seule, enfin!

Tous ces hommes ne sont qu'indifférence et que brutalité.

(très accentué)

Les femmes sont méchantes... et les heures pesantes...

J'ai l'âme vide...

Où trouver le repos?

Etcomment fixer le bonheur?

(rêveuse, elle prend in miroir et s'y contemple)

Ô mon miroir fidèle, rassure-moi?

(avec charme)

Dis-moi que je suis belle et que je serai belle éternellement!

Eternellement! Que rien ne flétrira les roses de mes lèvres,

que rien ne ternira l'or pur de mes cheveux!

Dis-le moi! Dis-le moi! Dis-moi que je suis belle

(avec emportement)

etque je serai belle éternellement!

Eternellement! Ah! je serai belle

(avec élan et ivresse)

éternellement!

(se dressant et prêtant l'oreille

comme si une voix lui parlait dans l'ombre.)

Ah! Tais-toi, voix impitoyable, voix que me dis:

(sourdement)

Thaïs, tu vieilliras! Thaïs, tu vieilliras!

Un jour, ainsi, Thaïs

(avec effarement)

neserait plus Thaïs!

(se calmant peu à peu)

Non! Non! je n'y puis croire,

(s'adressant à Vénus)

Toi Vénus,

Réponds-moi de ma beauté!

Vénus réponds-moi de son éternité!

(comme un murmure et avec dévotion)

Vénus, invisible et présente!

Vénus, enchantement de l'ombre!

Vénus!

(volonté)

Réponds-moi! Réponds-moi!

(en liant)

Réponds-moi!

(en liant)

Dis-moi que je suis belle et que je serai belle éternellement!

Éternellement! Que rien ne flétrira les roses de mes livres,

que rien ne ternira l'or pur de mes cheveux!

Dis-le moi! Dis-le moi! Dis-moi que je suis belle

(avec emportement)

etque je serai belle éternellement!

Éternellement!

Ah! je serai belle

(avec élan et ivresse)

éternellement!

(apercevant Athanaël qui est entré silencieusement

et s'est arrêté sur le seuil, avec charme)

Etranger, te voilà, comme tu l'avais dit!

 

ATHANAËL

(murmurant une prière du fond du coeur, palpitant)

Seigneur! Seigneur!

Faisque son radieux visage soit comme voilé devant moi!

Fais que la force de ses charmes ne triomphe pas de ma volonté!

 

THAÏS

(avec un sourire engageant)

Allons, parle à présent.

 

ATHANAËL

On dit que nulle femme ne t'égale

etc'est pourquoi j'ai voulu te connaître,

et c'est pourquoi, te voyant,

j'ai compris combien il me serait glorieux de te vaincre!

 

THAÏS

(en souriant)

Tes hommages sont haut; ton orgueil les dépasse;

présomptueux, prends garde de m'aimer!

 

ATHANAËL

(avec chaleur)

Ah! je t'aime, Thaïs, et j'aime à te le dire; mais je t'aime non comme tu l'entends!

Moi, je t'aime en esprit, je t'aime en vérité.

Je te promets mieux qu'ivresse fleurie et songes d'une brève nuit.

Cette félicité qu'aujourd'hui je t'apporte ne finira jamais! Jamais! Jamais!

 

THAÏS

(ironique, en riant)

Ah! Ah! Ah! Ah!

Montre moi donc ce merveilleux amour!

Unamour vrai n'a qu'un langage: les baisers.

 

ATHANAËL

(comme avec un reproche)

Thaïs, ne raille pas! L'amour que je te prêche,

c'est l'amour inconnu!

 

THAÏS

(légèrement)

Ami, tu viens bien tard...

Je connais toutes les ivresses.

 

ATHANAËL

(fougueux et sombre)

L'amour que tu connais n'enfante que la honte.

L'amour que je t'apporte est le seul glorieux!

 

THAÏS

(avec hauteur)

Je te trouve hardi d'offenser ton hôtesse!

 

ATHANAËL

T'offenser! Je ne songe qu'à te conquérir à la vérité!

(avec un enthousiasme croissant)

Qui m'inspirera des discours embrasés pour qu'à mon souffle,

ô courtisane, ton coeur fonde comme une cire!

Qui pourra te livrer à moi!

Qui changera ma parole en un Jourdain

dont les flots répandus prépareront ton âme à la vie éternelle!

 

THAÏS

(troublée, le regardant à la dérobée

avec un vague sentiment de crainte)

A la vie éternelle!

 

ATHANAËL

A la vie éternelle!

 

THAÏS

(prenant une résolution,

mais d'abord tout en tremblant)

Eh! bien... fais moi connaître... tout cet amour

(avec un doux effroi)

mystérieux... Je t'obéis...

(d'une voix suffoquée)

Je suis à toi...

 

(Thaïs, avec une spatule d'or,

puise dans une coupe quelques grains d'encens

qu'elle jette dans le brûle-parfums.)

 

ATHANAËL

(à part, avec fièvre)

Un tumulte effrayant s'élève en ma pensée!

(haletant)

Seigneur! Seigneur!

Faisque son radieux visage soit comme voilé devant moi.

 

(Une fumée légère enveloppe Thaïs en même temps que la Déesse

et tandis qu'Athanaël troublé la regarde,

elle murmure en souriant et comme instinctivement

une sorte d'incantation mystérieuse.)

 

THAÏS

(avec calme et comme extasiée)

Vénus invisible et présente!

 

ATHANAËL

(très ému)

Pitié! Seigneur!

 

THAÏS

Vénus, enchantement de l'ombre!

Vénus, éclat du ciel et blancheur de la neige!

Vénus, descends et règne! Splendeur! Volupté! Douceur!

 

ATHANAËL

(priant avec ardeur)

Que la force de ses charmes

ne triomphe pas de ma volonté!

Seigneur!

(d'un voix étouffée)

Pitié!

(reprenant violemment possession de lui même,

déchire, arrache sa robe d'emprunt sous laquelle

il a gardé son cilice.)

Je suis Athanaël, Moine d'Antinoé!

Je viens du saint désert et je maudis la chair

et je maudis la mort qui te possède!

Etme voici devant toi, comme devant un tombeau,

et je te dis:

(d'une voix éclatante)

Thaïs, lève-toi! Lève-toi!

 

THAÏS

(avec épouvante se jetant à ses pieds)

Ah!

(frémissante)

Pitié! Ne me fais pas de mal!

Parle! que me veux-tu? Non!

Ah! par pitié, tais-toi! par pitié, tais-toi!

Je n'ai pas plus

(haletante)

choisimon sort que ma nature!

Etce n'est pas ma faute à moi si je suis belle.

(très déchirant et expressif)

Pitié! Ne me fais pas mourir!

Ah! je crains tant la mort! Ne me fais pas mourir! pitié!

Ne me fais pas de mal!

(presque parlé, en sanglotant)

Pitié! pitié! Non! Ne me fais pas mourir!

 

ATHANAËL

(avec enthousiasme)

Non! Je l'ai dit: Tu vivras de la vie éternelle,

Sois à jamais la bien aimée

etl'épouse du Christ dont tu fus l'ennemie!

 

THAÏS

(avec ardeur)

Ah! Je sens une fraîcheur en mon âme ravie,

jefrissonne et demeure charmée!

Ah! Quel pouvoir est le sien!

 

LA VOIX DE NICIAS

(au loin et se rapprochant graduellement)

Thaïs,

(avec gaîté et charme)

idole fragile, je veux une dernière fois...

 

THAÏS

(écoutant avec un sentiment de répulsion)

Nicias! encor!

 

LA VOIX DE NICIAS

(de même)

Je veux l'amour de ta lèvre fleurie...

 

THAÏS

(comme à elle-même, avec agitation)

Mon âme n'est plus mienne.

(avec dédain et colère)

M'aimer! Il n'a jamais aimé personne!

(brusquement)

Il n'aime que l'amour!

 

LA VOIX DE NICIAS

(plus près)

Demain, je ne serai pour toi plus rien qu'un nom!

Plus rien... qu'un nom!

 

ATHANAËL

(à Thaïs)

Tu l'entends?

 

THAÏS

(à Athanaël, avec énergie)

Eh! bien, Va!

Dis-lui que je déteste tous les riches, tous les heureux!

Qu'il m'oublie! Entends-tu! Dis-lui que je le hais!

 

ATHANAËL

(à Thaïs, avec autorité)

A ton seuil, jusqu'au jour, j'attendrai ta venue!

 

THAÏS

(avec résolution et fermeté; à volonté)

Non je reste Thaïs! Thaïs! la courtisane!

Je ne crois plus à rien et je ne veux plus rien:

Ni lui, ni toi, ni ton Dieu!

(éclatant de rire)

Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah!

(ici avec des pleurs et des sanglots, à volonté)

Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah!

 

RIDEAU.

 

Fin du 1er Tableau.

 

(La musique continue jusqu'au changement.)

 

Méditation

 

Deuxième Tableau

 

(Avant le jour. Sur une place, devant la maison de Thaïs.

Sous le portique, au premier plan, une petite statuette d'Éros,

sur une stèle; devant l'image une lampe allumée.

La lune éclaire encore la place.

Au bas des degrés du portique Athanaël, couché sur le pavé.

Au fond, à droite, une maison dans laquelle sont réuni

Nicias et ses amis de plaisir.

Les fenêtres de cette maison sont éclairées.

On entend vaguement une musique de fête.

Thaïs paraît; elle prend la lampe qu'elle élève

au dessus de sa tête pour voir sur la place.

Elle descend ainsi les degrés.

Elle aperçoit Athanaël, repose la lampe où elle l'a prise

et revient vers lui.)

 

THAÏS

(se penche vers Athanaël, mystérieusement, à voix basse)

Père, Dieu m'a parlé par ta voix! Me voici!

 

ATHANAËL

(qui s'est levé, de même, à voix basse)

Thaïs, Dieu t'attendait!

 

THAÏS

(toujours à voix basse; avec humilité)

Ta parole est restée en mon coeur comme un baume divin;

j'ai prié, j'ai pleuré! Il s'est fait en mon âme une grande lumière;

ayant vu le néant de toute volupté,

(avec soumission)

verstoi je viens ainsi que tu l'as commandé.

 

ATHANAËL

Va, courage, ô ma soeur! L'aube du repos se lève!

 

THAÏS

(humblement)

Que faut-il faire!

 

ATHANAËL

Non loin d'ici, vers l'occident,

il est un monastère où des femmes élues

vivent pareilles à des anges

dans un parfait recueillement,

(bien chanté)

pauvres, pour que Jésus les aime,

modestes, pour qu'il les regarde, chastes,

(très expressif)

pour qu'il les épouse! C'est là que je te conduirai.

A leur pieuse mère, Albine, je te consacrerai!

 

THAÏS

Albine, fille des Césars!

 

ATHANAËL

(simplement)

Etla servante la plus pure du Christ!

(avec mystère)

Là, je t'enfermerai dans l'étroite cellule

jusqu'au jour où Jésus te viendra délivrer!

(avec enthousiasme)

Va! N'en doute pas! Il viendra lui-même,

et quel tressaillement dans la chair de ton âme

quand tu sentiras sur tes yeux se poser ses doigts de lumière,

(avec âme)

afin d'en essuyer les pleurs!

 

THAÏS

(avec joie)

Emmène-moi, mon père!

 

ATHANAËL

Oui!

(avec autorité, avec violence)

Mais, d'abord, anéantis ce qui fut l'impure Thaïs,

tonpalais, tes richesses, tout ce qui proclame ta honte!

Brûle tout! Anéantis tout!

 

THAÏS

(résignée)

Père, qu'il en soit ainsi.

(Elle se dirige vers la maison,

puis s'arrête avec un sourire devant la petite image d'Éros.)

Je ne veux rien garder de mon passé, rien... que cela...

(prenant et apportant dans ses bras l'image

qu'elle présente à Athanaël)

Cette image d'ivoire, cet enfant,

d'un travail antique et merveilleux, c'est Éros!

(tendre et chaste)

C'est l'amour! Considère, ô mon père,

que nous ne le pouvons traite cruellement.

L'amour est une vertu rare,

J'ai péché, non par lui, mais plutôt contre lui.

Ah! Je ne pleure pas de l'avoir eu pour maître,

maisd'avoir méconnu sa volonté.

Ildéfend

(très expressif)

qu'unefemme se donne, à qui ne vient point en son nom,

etc'est pour cette loi qu'il convient qu'on l'honore.

(simplement)

Prends-le, pour le placer dans quelque monastère,

etceux qui le verront se tourneront vers Dieu!

(sans presser)

Car l'amour nous élève aux célestes pensées.

(simplement)

Quand Nicias m'aimait, il m'offrit cette image.

 

ATHANAËL

(avec une explosion de colère)

Nicias! Nicias! Ah! maudis la source empoisonnée

d'où te vient ce présent! Qu'il soit anéanti!

(Il a saisi la statuette qu'il jette violemment

sur le pavé où elle se brise.

Il en chasse les débris du pied.)

Ettout le reste à la flamme, à l'abîme!

Viens, Thaïs! Que tout ce qui fut toi,

retourneà la poussière, à l'éternel oubli!

 

THAÏS et ATHANAËL

(la tête baissé, toute tremblante)

Que tout ce qui fut moi (toi) retourne à la poussière,

à l'éternel oubli! Viens! Viens!

 

(Ils entrent dans la maison.

Quand Thaïs et Athanaël sont sortis,

paraissent Nicias et tous les personnages du 2d tableau.

Ils descendent joyeusement, en tumulte, de la maison du fond.

Nicias les mène, très animé, comme un peu étourdi par l'ivresse.)

 

NICIAS

(à haute voix, à tous)

Suivez-moi tous, amis! La nuit n'est pas finie! Venez! Venez!

Le jeu m'a rendu trente fois le prix dont je payais la beauté de Thaïs!

Donc, rejouissons-nous encor! encor! encor! encor!

 

CROBYLE, MYRTALE, AMIES ET AMIS DE NICIAS

Encor! encor! encor! Evohé! Evohé!

 

NICIAS

(à des serviteurs)

Appelez les danseuse d'Asie, le Psylles et les baladins!

(à ses amis)

Faisons durer jusqu'à l'aurore les danses, les jeux et les cris!

Allumons des flambeaux!

 

CROBYLE, MYRTALE, AMIES ET AMIS DE NICIAS

(gaiment)

Allumons des flambeaux!

Faisons honte au soleil!

 

NICIAS

Qu'on jette là d'épais tapis! A mes côtés, Crobyle, et toi, Myrtale!

 

NICIAS, CROBYLE, MYRTALE,

AMIES ET AMIS DE NICIAS

Evohé! Evohé!

 

NICIAS

Rien n'est vrai que la vie! Rien n'est sage que la folie!

 

BALLET

 

NICIAS

(à l'apparition de La Charmeuse, à tous)

Voilà l'Incomparable!

(à Crobyle)

Prends la lyre, Crobyle,

(à Myrtale)

et toi prends la cithare Myrtale!

Et toutes deux chantez le cantique de la Beauté!

 

(La Charmeuse danse.

Crobyle et Myrtale chantent en s'accompagnant

de leurs instruments tandis que

La Charmeuse développe en poses lentes

et formule des pas légers jetant à travers le chant

des deux esclaves les fusées de sa voix.)

 

CROBYLE et MYRTALE

Celle qui vient est plus belle

Que la reine de Saba qui dansait sur des miroirs!

 

LA CHARMEUSE

(Elle chante.)

Ah!

 

(Elle danse.)

 

CROBYLE et MYRTALE

Et de l'ombre de ses voiles

Partent les traits de sa voix

Comme des flèches de feu!

 

LA CHARMEUSE

(Elle chante.)

Ah!

 

(La Charmeuse danse.)

 

CROBYLE et MYRTALE

Elle a le teint d'ambre pâle.

Elle vient aérienne!

Comme une idole impassible,

Elle va!

 

LA CHARMEUSE

(Elle chante.)

Ah!

 

(La Charmeuse danse.)

 

CROBYLE et MYRTALE

Elle entraîne, elle caresse.

Sesregards jettent de chaînes,

Sesbeaux regards alanguis

Qui font les hommes captifs.

Sans rien savoir de son pouvoir,

Elle entraîne,

Elle caresse,

Elle a le charme mortel!

 

LA CHARMEUSE

(Elle chante.)

Ah!

 

CHOEUR

Evohé! Evohé! Evohé! Evohé! Evohé! Evohé!

 

(Athanaël, paraît au seuil de la maison

une torche allumé à la main.)

 

NICIAS

(avec surprise et gaîté)

Eh! c'est lui! Athanaël!

 

CROBYLE, MYRTALE, AMIES ET AMIS DE NICIAS

(avec surprise et gaîté)

Athanaël!

 

NICIAS CROBYLE, MYRTALE,

AMIES ET AMIS DE NICIAS

(ironiquement)

Salut sage des sages! Thaïs à donc désarmé ta raison?

Ah! ah! voyez sa face glorieuse!

(en riant aux éclats)

Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah!

 

ATHANAËL

(jetant la torche qui s'éteint sur le sol, sévère)

Ah! taisez-vous! Thaïs est l'épouse de Dieu, elle n'est plus à vous!

La Thaïsinfernale est morte à tout jamais,

Et la Thaïs nouvelle, la voici!

 

(Paraît Thaïs, les cheveux défaits, vêtue d'une tunique de laine.

Ses esclaves la suivent attristés, regardant vers la maison d'où,

dès ce moment, montent de légères fumées que vont bientôt suivre

des lueurs d'incendie et des flammes selon le mouvement de l'action.

La foule attirée par les cris et les rires envahit la place progressivement.)

 

ATHANAËL

(à Thaïs)

Viens, ma soeur, et fuyons à jamais cette ville!

 

NICIAS (1er GROUPE)

(Crobyle et Myrtale avec les Soprani, tous s'interposant)

Jamais! Non! Jamais! Non!

L'emmener! Que dit-il? Non! Jamais! Non!

 

2d GROUPE (LES AMIS DE NICIAS)

(tous s'interposant)

L'emmener! Que dit-il? Non! Jamais!

L'emmener! Que dit-il? Non!

 

THAÏS

Ildit vrai!

 

NICIAS

Thaïs! Tu nous quitterais! Est-ce possible!

 

(Nicias a pris le bras de Thaïs.)

 

ATHANAËL

(la lui arrachant)

Impie! Crains de mourir, si tu touches à celle-ci!

Elle est sa crée! Elle est la part de Dieu!

(prenant Thaïs près de lui et voulant s'éloigner)

Passage!

 

NICIAS ET LA FOULE

Non! Non! Non!

 

ATHANAËL

Passage!

 

NICIAS ET LA FOULE

Non! Que lui veut donc cet homme!

Qu'il retourne au désert!

(un petit groupe menaçant Athanaël)

Va-t-en! Cynocéphale!

Nous rependre Thaïs!

 

NICIAS

(suppliant Thaïs)

Thaïs! Ne pars pas! Reste!

O Thaïs! Ne part pas! Reste!

 

LA FOULE

(1er Groupe)

Eh! de qui vivrons-nous!

(Les femmes affolées désignant la maison incendiée.)

Ah! Mes colliers! Mes bijoux!

Eh! qui donc nous paiera

Pour qui donc sont les lois!

Ilnous vole Thaïs!

Qu'elle reste!

Etlui qu'on l'assomme!

Aux corbeaux! Au gibet!

Al'égout! Aux corbeaux!

 

LA FOULE

(2d Groupe)

Mes robes! Mes chevaux!

Eh! qui donc nous paiera

Pour qui donc sont les lois!

Il nous vole Thaïs!

Qu'elle reste!

Etlui qu'on l'assomme!

Aux corbeaux! Au gibet!

Al'égout! Aux corbeaux!

 

LA FOULE

(les femmes)

La flamme! L'incendie! La flamme!

La palais brûle!

(un homme du peuple)

Tiens! satyre, à toi!

 

LA FOULE

(jetant une pierre à Athanaël qu'il blesse au front)

(rires)

Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah! Ah!

 

THAÏS et ATHANAËL

(l'un près de l'autre, debout, très calmes,

regardant la foule menaçante. L'incendie augmente.)

Ah! Mourons, si c'est notre heure!

Achetons en un instant,

une éternelle allégresse au prix de tout notre sang!

 

NICIAS

Ah! Par pitié! Reste avec nous! Thaïs! Thaïs!

Ne pars pas! Reste avec nous, par pitié!

 

LA FOULE

(rires, tous lui jettent des pierres)

Ah!

(avec effroi)

La flamme! L'incendie! A mort! Il brûle le palais!

L'infâme! A mort! A mort!

 

NICIAS

(défendant Thaïs contre la foule)

Non! Non! Non!

(parvenant à s'interposer)

Arrêtez! Par tous les Dieux!

Voilà de quoi vous apaiser!

 

(Nicias a puisé dans son escarcelle et jette l'or à poignées.

La foule se précipite sur l'or qu'elle se dispute à grands cris.)

 

LA FOULE

De l'or!

 

NICIAS

(à Athanaël et à Thaïs)

Allez!

(avec émotion)

Adieu, Thaïs! En vain tu m'oublieras.

Ton souvenir sera le parfum de mon âme!

 

THAÏS

(avec âme)

Ah! Pour jamais, adieu!

 

NICIAS

Pour jamais, adieu!

 

ATHANAËL

(entraîne Thaïs)

Viens! Et pour jamais!

 

(Nicias jette de nouveau l'or.

Nouvelles clameurs de la foule.

Athanaël et Thaïs s'enfuient.

Le palais s'écroule.)

 

LA FOULE

De l'or!

 

(La Toile s'est baissée rapidement.)

 

Acte III

 

Premier Tableau

L'Oasis

 

(Sous les palmiers, un puits.

Plus loin, pour les voyageurs, un abri dans la verdure.

Plus loin encore, à la lisière du sable, incendié de soleil,

les cellules blanches de la retraite d'Albine.

Le soleil est très haut.

Sous les palmiers, une à une, quelques femmes viennent en silence,

descendent au puits, en remontent et s'éloignent.

Thaïs et Athanaël paraissent.)

 

THAÏS

(accablée de fatigue, se soutient à peine)

L'ardent soleil m'écrase comme un fardeau trop lourd!

Ah! je succombe au poids du jour! Arrêtons-nous!

 

ATHANAËL

(avec rudesse)

Non! Marche encore! Brise ton corps, anéantis ta chair!

 

THAÏS

(humblement)

Père, tu dis vrai. Ma torture, je l'offre au divin rédempteur.

 

ATHANAËL

Seul, le repentir nous épure. Marche!

(d'une voix sourde et terrible)

Ce corps parfait que tu livras aux païens, aux infidèles,

(avec une furie soudaine)

àNicias!

(puissant et attendri)

Dieu l'avait pourtant formé pour qu'il devint son tabernacle!

(changeant de ton, avec rudesse)

Et maintenant... que tu connais...

la vérité, tu ne peux plus unir tes lèvres,

tune peux plus joindre tes mains,

sans concevoir le dégoût de toi-même.

Marche! Expie!

 

THAÏS

(humblement)

Père, tu dis vrai.

 

ATHANAËL

Expie!

 

THAÏS

(craintive)

Sommes-nous loin encor de la maison de Dieu?

 

ATHANAËL

(avec rudesse)

Marche!

 

THAÏS

(chancelante)

Je ne puis! pardon, vénéré père!

 

(Comme elle va défaillir, il la soutient dans ses bras,

puis la fait asseoir à l'ombre.

Il la contemple un instant silencieusement.

Tout à coup, alors, l'expression de son visage s'adoucit.)

 

ATHANAËL

Ah! des gouttes de sang coulent de ses pieds blancs.

La pitié s'émeut en mon âme! Pauvre enfant, pauvre femme!

J'ai trop prolongé cette épreuve, pardonne-moi! O ma soeur!

(Il se prosterne. Il pleure. Il baise les pieds saignants de Thaïs.)

O sainte Thaïs! O sainte,

(avec adoration)

trèssainte Thaïs!

 

THAÏS

(le regardant longuement)

Ta parole a la douceur

(caressant)

d'uneaurore!

(avec résolution)

Marchons maintenant!

 

ATHANAËL

(la retenant avec douceur)

Pas encore.

(calme sans lenteur, avec une affectueuse sollicitude)

De l'eau fraîche, des fruits, te rendront quelque force...

attends... que je descende vers le puits... que j'aille

versla halte hospitalière. Vois, là-bas, ces cellules blanches:

C'est le couvent d'Albine où nous allons.

Le but est proche; Espère, prie!

 

(Il s'éloigne lentement, va vers l'abri sous le feuillage,

rapporte des fruits dans une corbeille,

puis descend vers le puits avec une coupe de bois.)

 

THAÏS

(seule)

O messager de Dieu, si bon dans ta rudesse,

Sois béni, toi qui m'as ouvert le ciel!

Ma chair saigne, et mon âme est pleine d'allégresse,

Unair léger baigne mon front brûlant.

Plus fraîche que l'eau de la source,

Plus douce qu'un rayon de miel,

Ta pensée est en moi suave et salutaire et mon esprit,

Dégagé de la terre plane déjà dans cette immensité!

Très vénéré père, sois béni!

 

(Athanaël revient portant l'eau et les fruits.)

 

THAÏS

(très soutenu tendre et intime)

Baigne d'eau mes mains et mes lèvres,

Donne ces fruits, donne ces fruits,

Baigne d'eau mes mains et mes lèvres,

Ma vie est à toi,

Ma vie est à toi,

Dieu te la confie.

Je t'appartiens,

Ma vie est à toi,

Dieu te la confie.

 

ATHANAËL

(près de Thaïs, lui offrant la coupe)

Baigne d'eau tes mains et tes lèvres,

Goûte à ces fruits,

Goûte à ces fruits,

Baigne d'eau tes mains et tes lèvres,

Ta vie est à moi,

Ta vie est à moi,

Dieu me le confie.

Tu m'appartiens,

Ta vie est à moi,

Dieu me le confie.

 

(Thaïs après avoir bu élève, en souriant,

sa coupe vers Athanaël.)

 

THAÏS

Bois à ton tour!

 

ATHANAËL

(transfiguré et tendrement radieux)

Non! à te voir revivre, je goûte une douceur meilleure...

Je sens ton mal apaisé...

O douceur ineffable!

 

THAÏS

Tout m'enivre...

O divine bonté!

 

THAÏS

Baigne d'eau mes mains et mes lèvres,

Donne ces fruits,

Donne ces fruits,

Je t'appartiens, ma vie est à toi,

Dieu te la confie.

Ma vie est à toi!

 

ATHANAËL

Baigne d'eau tes mains et tes lèvres,

Goûte à ces fruits,

Goûte à ces fruits,

Tu m'appartiens, ta vie est à moi,

Dieu me la confie.

Ta vie est à moi!

 

DES VOIX

(1rs et 2ds Soprano, au loin)

Pater noster, qui es in coelis,

Panem nostrum quotidianum da nobis.

 

THAÏS

(surprise)

Qui vient?

 

ATHANAËL

(qui a été regarder et revient)

Ah! providence divine!

Voici la vénérable Albine et ses soeurs

rapportantle pain noir du couvent.

Elles viennent vers nous et marchent en priant.

 

LES VOIX

(plus proches)

Etne nos inducas in tentationem,

sedliberanos a malo.

 

(Albine et ses compagnes paraissent.)

 

ATHANAËL

(pieusement)

Amen!

(à Albine)

La paix du Seigneur soit avec toi, sainte Albine.

J'apporte à ta ruche divine

Une abeille que j'ai, par la grâce d'en haut,

Trouvée un jour perdue en un chemin sans fleurs.

Dans le creux de ma main, très frêle, je l'ai prise.

De mon souffle je l'ai réchauffée

et voici que pour la consacrer à Dieu je te la donne.

 

ALBINE

(pieusement)

Ainsi soit-il!

 

ATHANAËL

(avec une émotion contenue)

Je n'irai pas plus loin.

 

ALBINE

(elle prend Thaïs dans ses bras

et la tient un instant maternellement embrassée)

Venez, ma fille.

 

ATHTANAËL

Mon oeuvre est accomplie!

Adieu, chère Thaïs, reste recluse en l'étroite cellule,

Faispénitence et prie à chaque heure pour moi!

 

THAÏS

(sans lenteur)

Je baise tes mains secourables et je pleure à te quitter...

(simple)

O toi qui m'as rendue à Dieu!

 

ATHANAËL

O parole touchante!

(avec une exaltation croissante)

O larmes adorables!

Bien heureuse la pécheresse gagnée à l'éternel amour!

(s'attendrissant)

Que son visage est beau!

Quel rayon d'allégresse émane de ses yeux!

 

THAÏS

Adieu, pour toujours!

 

ATHANAËL

(comme frappé)

Pour toujours?

 

THAÏS

Dansla cité céleste nous nous retrouverons!

 

ALBINE et LES FILLES BLANCHES

Amen!

 

(Elles s'éloignent. Athanaël la suite du regard

comme dans un rêve.)

 

ATHANAËL

(seul)

Elle va lentement parmi les fille blanches,

Les palmiers inclinent leurs branches

Comme pour rafraîchir son front,

(peu à peu suffoqué par l'émotion)

Etles jours, et les ans passeront...

Sans qu'elle m'apparaisse encore!

(abattu)

Je ne la verrai plus!

(avec un cri d'angoisse)

Je ne la verrai plus!

(Appuyé sur son bâton, il regarde encore

et toujours ardemment vers le chemin qu'a pris Thaïs.)

 

RIDEAU.

 

Deuxième Tableau

 

La Thébaïde

 

(Les cabanes des Cénobites au bord du Nil.

Le Ciel est rouge à l'Occident. Il y a dans l'air des menaces d'orage.

Les Cénobites viennent de terminer leur repas du soir

et regardent le ciel avec une vague terreur.)

 

RIDEAU.

 

(Rafales lointaines du Simoun.)

 

LES 12 CÉNOBITES

Que le ciel est pesant! Quelle torpeur accable les êtres et les choses.

 

SIX CÉNOBITES

(basses)

On entend au loin le cri du chacal!

(ténors)

Le vent va déchaîner ses meutes rugissantes

 

LES 12 CÉNOBITES

(larges éclairs et grondement de la foudre, au loin)

Avec le tonnerre et l'éclair!

 

PALÉMON

(aux Cénobites qui s'empressent au travail

selon l'indication de Palémon)

Rentrons dans nos cabanes et nos grains et nos fruits.

Redoutons une nuit d'orage qui les disperserait.

 

UN CÉNOBITE

Athanaël... Qui l'a vu?

 

PALÉMON

Depuis vingt jours qu'il nous est revenu, mes frères,

je crois bien qu'il n'a mangé, ni bu!

Le triomphe qu'il a remporté sur l'enfer

semblel'avoir brisé de corps et d'âme!

 

(Athanaël paraît les yeux fixes, l'air farouche, le corps comme brisé.)

 

LES CÉNOBITES

(avec respect)

C'est lui qui vient!

 

(Athanaël passe au milieu d'eux comme s'il ne les voyait pas.)

 

UN GROUPE

Sa pensée est absente.

 

UN AUTRE GROUPE

Elle est auprès de Dieu!

 

1er GROUPE

(en s'éloignant)

Respectons son silence.

 

2d GROUPE

(en s'éloignant)

Laissons le seul...

 

1er GROUPE

Laissons le seul...

 

ATHANAEL

(à Palémon avec humilité)

Demeure auprès de moi;

il faut que je confesse le trouble

de mon âme à ton âme sereine.

Tu sais, Ô Palémon,

que j'ai reconquis l'âme de celle qui fut l'impure Thaïs;

uneorgueilleuse joie a suivi ce triomphe

et je suis revenu vers ce désert de paix! Et!

(suffoqué)

bien, en moi la paix est morte!

(frémissant)

En vain j'ai flagellé ma chair,

en vain je l'ai meurtrie!

Un démon me possède!

La beauté de la femme hante mes visions!

(bien chanté)

Je ne vois que Thaïs, Thaïs! Thaïs!

Ou mieux, ce n'est pas elle,

C'est Hélène et Phryné c'est Vénus Astarté,

toutesles splendeurs et toutes les voluptés en une seule créature!

Je ne voix que Thaïs! Thaïs! Thaïs!

 

(Il tombe comme écrasé de honte aux pieds de Palémon.)

 

PALÉMON

(doucement et simplement posant la main

sur le tête d'Athanaël)

Ne t'avais-je pas dit:

"Ne nous mêlons jamais, mon fils aux gens du siècle;

craignonsles pièges de l'esprit!"

Ah! Pourquoi nous as-tu quittés? Pourquoi?

Que Dieu t'assiste!

 

(Athanaël se lève. Palémon l'embrasse et s'éloigne.)

Adieu!

 

(Athanaël, seul, s'agenouille sur sa natte,

étend les bras pour une muette et fervente oraison.

Après quoi il s'allonge, les mains jointes et s'endort.

C'est la Thébaïde. Athanaël endormi à la même place.

Thaïs, près de lui, droite.)

 

THAIS

(à Athanaël, avec un grand charme et une séduction provocante)

Qui te fait si sévère, et pourquoi démens-tu la flamme de tes yeux?)

 

ATHANAEL

(d'une voix étouffée, comme en rêvant)

Thaïs!

 

THAIS

Quelle triste folie te fait manquer à ton destin?

Homme fait pour aimer,

(avec un sourire)

quelle erreur est la tienne!

 

ATHANAEL

(haletant, se levant)

Ah! Satan! Arrière! Ma chair brûle!

 

THAIS

(avec provocation)

Ose venir, toi qui braves Vénus!

 

ATHANAEL

(éperdu)

Je meurs!

 

THAIS

(rires stridents)

Ah!

(à volonté)

Ah!

 

ATHANAEL

Thaïs!

 

THAIS

(de même)

Ah! Ah! Ah! Ah! Ah!

 

ATHANAEL

Viens! Viens! Viens! Thaïs!

(L'image de Thaïs disparaît subitement.)

Vision

 

ATHANAEL

(Apercevant la Vision:

avec un cri d'épouvante, et reculant)

Ah!

 

(Les voix placées assez loin.

On doit chanter fort. Effet très doux.)

 

LES VOIX

Une Sainte est près de quitter la terre,

Thaïs d'Alexandrie va mourir! Thaïs va mourir!

 

(La Vision s'efface.)

 

ATHANAEL

(avec égarement répétant les paroles

entendues pendant la vision)

Thaïs va mourir! Thaïs va mourir!

(avec une passion furieuse)

Alors, pourquoi le ciel, les êtres, la lumière?

A quoi bon l'univers? Thaïs va mourir!

Ah! la voir encore! Le revoir, la saisir, la garder!

Je la veux! Je la veux

(haletant et désespéré)

Je vais te reprendre! Je vais te reprendre?

(en délirant)

Sois à moi! Sois à moi! A moi! A moi!

Sois à moi! Sois à moi!

 

(Il s'élance et disparaît dans la nuit. Fin de tableau.

La musique continue jusqu'au changement.

Obscurité complète. Nuages envahissants.

Éclairs sinistres. Tonnerre.)

 

Troisième Tableau

 

La Mort de Thaïs

 

(Le jardin du monastère d'Albine.

A l'ombre d'un grand figuier, Thaïs est étendue,

immobile, comme morte.

Ses compagnes et Albine sont autour d'elle.)

 

LES FILLES BLANCHES

(Les Filles blanches à genoux,

les mains jointes, autour de Thaïs; presque murmuré)

Seigneur, ayez pitié de moi selon votre mansuétude!

Effacez mon iniquité selon votre miséricorde!

 

ALBINE

(à part, contemplant Thaïs)

Dieu l'appelle et, ce soir,

la blancheur du linceul aura voilé ce pur visage!

Durant trois mois, elle a veillé, prié, pleuré...

Son corps est détruit par la pénitence,

maisses péchés sont effacés!

 

LES FILLES BLANCHES

Seigneur, ayez pitié de moi selon votre mansuétude!

 

(Athanaël, très pâle, très troublé paraît à l'entrée du jardin.

Ayant été aperçu par Albine,

il contient de suite son émotion et s'arrête humblement.

Albine est allée au devant de lui avec respect.

Les filles blanches forment un groupe

qui tout d'abord dérobe à Athanaël la vue de Thaïs.)

 

ALBINE

(à Athanaël, simplement)

Sois le bienvenu dans nos tabernacles,

ô père vénéré!

Car sans doute tu viens pour bénir cette sainte

que tu nous a donnée?

 

ATHANAEL

(avec un trouble,

un égarement qu'il essaie de contenir)

Oui, Thaïs!

 

ALBINE

Ayant fait ce que ton esprit pur lui commanda de faire,

voici qu'elle va voir l'éternelle lumière!

 

(Les compagnes de Thaïs s'étant écartées,

Athanaël aperçoit Thaïs.)

 

ATHANAEL

(avec angoisse)

Thaïs! Thaïs!

 

(Athanaël, écrasé de douleur, est tombé prosterné.

Albine et les Filles blanches s'éloignent de quelques pas.

Les Filles blanches et Albine en s'éloignant.)

 

LES FILLES BLANCHES

(presque murmuré)

Seigneur, ayez pitié de moi selon votre mansuétude!

 

(Athanaël s'est traîné sur le genoux

et se trouve près de Thaïs à laquelle il tend les bras.)

 

ATHANAEL

(à voix basse et douloureusement)

Thaïs!

 

THAIS

(ouvre les yeux et regarde Athanaël avec douceur)

C'est toi, mon père!

(dans l'extase et n'écoutant pas ce que lui répond Athanaël)

Te souvient-il du lumineux voyage lorsque tu m'as conduite ici?

 

ATHANAEL

(avec attendrissement)

J'ai le seul souvenir de ta beauté mortelle!

 

THAIS

Te souvient-il de ces heures de calme

dans la fraîcheur de l'oasis!

 

ATHANAEL

(avec ardeur)

Ah! Je me souviens seulement de cette soif

inapaiséedont tu seras l'apaisement...

 

THAIS

Surtout te souvient-il de tes saintes paroles

ence jour où par toi j'ai connu le seul amour!

 

ATHANAEL

(avec anxiété)

Quand j'ai parlé je t'ai menti!

 

THAIS

(toujours sans l'écouter et dans le ravissement)

Etla voilà l'aurore!

 

ATHANAEL

Je t'ai menti!

 

THAIS

Et les voilà les roses de l'éternel matin!

 

ATHANAEL

(comme pour la convaincre)

Non! Le ciel... Rien n'existe...

(avec fièvre)

Rien n'est vrai que la vie et que l'amour des être...

(avec adoration)

Je t'aime!

 

THAIS

Le ciel s'ouvre! Voici les anges et les prophètes...

etles saints! Ils viennent avec un sourire,

(elle se soulève)

lesmains toutes pleines de fleurs!

 

ATHANAEL

Entends-moi donc... Ma toute aimée!

 

THAIS

(elle se lève tout à fait)

Deux séraphins aux blanches ailes planent dans l'azur,

etcomme tu l'as dit, le doux consolateur posant

sur mes yeux ses doigts de lumière!

Ah! en essuie à jamais les pleurs!

 

ATHANAEL

Viens! tu m'appartiens! O ma Thaïs! Je t'aime... Je t'aime! Thaïs!

Ah! Viens! Dis-moi: je vivrai! Je vivrai!

 

THAIS

Le son des harpes d'or m'enchante!

De suaves parfums me pénètrent!

Je sens une exquise béatitude,

Ah! Ah! Une béatitude endormir tous mes maux!

 

ATHANAEL

O Thaïs! Ma Thaïs! O ma Thaïs, tu m'appartiens! Thaïs!

Thaïs! Je t'aime!

Viens! Thaïs! Ah! Viens! Viens!

 

THAIS

Ah! le ciel! Je voix... Dieu!

 

(Elle meurt.)

 

ATHANAËL

Morte!

(avec un accent déchirant)

pitié!

 

RIDEAU.

 

Biografía

 

ules Émile Frédéric Massenet nació en Montaud (cerca de Saint-Étienne), Francia, el 12 de mayo de 1842.  Hijo de Alexis Massenet (quien había sido oficial en el ejército de Napoleón. Cuando los Borbones volvieron a ser reyes de Francia, renunció a su grado y se radicó en Pont-Salomon donde se dedicó a la fabricación de persianas) y Adélaïde née Royer (segunda esposa de Alexis). Adélaïde fue quien le dio sus primeras lecciones de piano, y bajo su tutela fue progresando hasta que a los once años la familia se trasladó a París, para que el joven Jules continuara sus estudios. Allí se une a la clase de piano del Conservatorio de París, en 1853. Durante sus años como estudiante, Massenet dictaba lecciones de piano y tocaba en cafés y en secciones de percusión en las orquestas de los teatros. Obtuvo un primer premio de piano en 1859. En 1860 comenzó a estudiar armonía y composición, y en 1863 gana el Grand Prix de Rome, gracias a su cantata David Rizzio y al apoyo activo de Hector Berlioz. Los ganadores del Prix de Rome iban a estudiar a Italia. Durante su estadía de dos años en la Villa Medici, Massenet se hizo amigo de Franz Liszt, quien le sugirió que aceptara a Louise Constance de Gressy como estudiante de piano, se casaron en 1866 y dos años más tarde nació su hija Juliette. La familia Massenet regresó a París, donde Jules comenzó formalmente su carrera como compositor (deja la composición para servir como soldado en la guerra Franco-prusiana, regresando a su trabajo un año después de terminado el conflicto, en 1871). Entre 1872 y 1876 escribió algunas piezas orquestales y dos oratorios, Marie Magdeleine, en 1873 y Eve, en 1875, obras que lo establecieron firmemente como un talento prometedor. Se le otorgó el premio Légion d'honneur por sus esfuerzos y fue elegido para la Académie Française.

       Su carrera también progresó en otras áreas. En 1878 fue designado profesor de composición en el Conservatoire, teniendo entre sus alumnos a Gustave Charpentier, Reynaldo Hahn, Charles Koechlin, Gabriel Pierné, Florent Schmitt, Albéric Magnard y Ernest Chausson. Enseñó allí durante 18 años.

Su primer éxito operístico llegó en 1877 con Le roi de Lahore en el Palais Garnier. Luego llegarían, Hérodiade en 1881, Manon en 1884 y Le Cid en 1885. Sin embargo, la fortuna de Massenet sufrió un vuelco cuando la Opéra-Comique rechazó Werther y retiró Manon del repertorio en 1886. Werther no llegó al escenario hasta 1892, y luego se realizó solamente en Viena después de la exitosa producción Manon.

Massenet entró en un periodo de austeridad hasta el estreno de La Navarraise en 1894 (con la cual, el compositor quiso conquistar los nuevos campos abiertos por la joven ópera italiana verista, la que a su vez se había inspirado en Carmen. La Navarraise es una ópera violenta, que contrasta con la usual suavidad del compositor) y su famoso Thaïs en 1894.

Llegado a la cumbre de la fama a los 50 años, escribió todavía Le Jongleur de Notre Dame a los 60, Don Quichotte a los 68, Cléopâtre y Amadis, las cuales fueron estrenadas después de su muerte. El renacimiento de Werther y Thaïs le proporcionó ingresos y una renovada fama.

Los últimos años de su vida los dedicó a Lucy Arbell, una mezzosoprano 40 años más joven que él, de quien se enamoró locamente. Escribió muchos papeles para Lucy, incluyendo uno en Thérèse de 1907 y Don Quichotte de 1910. En 1900 comenzó a sufrir de uremia crónica, y murió de cáncer el 13 de agosto de 1912 en París.

Aunque sus óperas, junto con la mayoría del repertorio francés del siglo XIX pasaron de moda en la mitad del siglo XX, Jules Massenet fue uno de los sucesores más exitosos y prolíficos de Georges Bizet, al igual que Gounod, Massenet entendía el gusto del público y lo complacía, escribiendo música que no irritara los oídos o el intelecto. Su manera tierna y sentimental, su toque de melancolía, ganaron para sus óperas, una adhesión que se renueva cuando se oyen Manon, Werther o Thaïs, donde el sentimiento romántico se expresa con sencillez y eficacia innegables. Las historias que elegía para sus obras enfatizaban un discreto erotismo y tenían mucho color local. Debussy opinó: “Massenet fue tal vez la víctima del juego de abanicos de sus bellas auditoras… quiso a toda costa esas palpitaciones de alas perfumadas… era querer domesticar a una bandada de mariposas. Tal vez no le faltó más que paciencia”.

 

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Meditación religiosa.

Teatro de la Fenice (2002), Letizia Giuliani.

Meditación religiosa.

Anne-Sophie Mutter y Lambert Orkis.

Escena final de Thaïs.

Renée Fleming y Thomas Hampson.

“DEJE SU OPINIÓN EN EL LIBRO DE INVITADOS, GRACIAS”

DEJE SU OPINIÓN