*Capricho Español, Op. 34.

Capricho Español, Op. 34

 

urante los años 1864-65 el joven cadete de la Marina rusa Rimski-Kórsakov hace un crucero en el buque-escuela por el Mediterráneo, fue entonces cuando al visitar España quedan grabados en su alma motivos, paisajes y temas musicales que más tarde habría de desarrollar en una creación nobilísima de la música orquestal de su tiempo. España es motivo de inspiración para Rimski-Kórsakov, como lo había sido para su compatriota Glinka, para los románticos Chobrier, para la ópera Carmen de Bizet, para Lalo, Debussy o Ravel más tarde. Un testimonio escrito por el propio Rimski-Kórsakov nos anticipa el carácter de la partitura: "Quise que brillara con deslumbrante color orquestal..." "Los temas españoles, en aire de danza, me proporcionaron un precioso material para la realización de  multiformes efectos orquestales".

        Capricho Español fue compuesto durante el verano de 1887 y se estrenó meses más tarde en la entonces San Petersburgo, bajo la dirección del compositor. La música fue tan brillantemente efectiva que en el primer ensayo la orquesta prorrumpió en entusiastas aplausos al término de cada pasaje. Esta recepción halagó de tal modo al autor que dedicó la página a la orquesta ejecutante; la partitura impresa lleva los nombres de los músicos, como conmovedor homenaje del gran creador ruso. Esta obra, reclama una labor ardua de parte de varios solistas, que deben necesariamente revistar en el rango de virtuosos.

A modo de anécdota merece citarse que el Capricho español tuvo por primer esbozo la forma de un concierto para violín con acompañamiento de orquesta, con el propósito fundamental de competir con la Sinfonía española del francés Lalo. A pesar de la falsedad de su ambiente, merece resaltar la facilidad con que en tan breve espacio de tiempo Rimski-Kórsakov pudo captar temas y ritmos que el mismo Glinka, su compatriota, después de larga permanencia en España tampoco logró asimilar rectamente.

Capricho español Adopta una forma completamente libre en una especie de estructura de suite, y reúne tres partes principales:

 

I, II y III. Alborada - Variazioni - Alborada

Brillante y alegre serenata matutina. Tan pronto se desvanece la bella melodía de la serenata y hace su entrada el violín, se escucha a los cornos anunciar un nuevo tema del cual derivan cinco variaciones que forman el segundo número del Capricho. Reaparece luego la Alborada, pero en distinta tonalidad y vestida con otro ropaje orquestal.

 

IV. Escena y cantó gitano

El cuarto fragmento está concebido en lenguaje gitano, rico en colores y en ritmos marcados. Su modo es el de un nocturno, donde se evoca el ambiente de un gran campamento con su lumbre, en medio de un bosque por la noche. Se inicia con unos estrepitosos acordes de fanfarria de trompas y trompetas que, siempre sobre la base del redoble del tambor, prepara la segunda cadencia del violín solista. Muy logrado resulta el ritmo que inicia seguidamente la percusión, sobre figuraciones a contratiempo de los violines, para enmarcar la versión del fandango por la flauta y el clarinete. Estos instrumentos ejecutan sus cadencias, a los cuales se une al arpa. Luego se desarrolla el tema del fandango con la inclusión de un segundo núcleo que da a la escena una mayor movilidad.

 

V. Fandango asturiano

Después de una subida cromática de la cuerda, que deja en suspensión el final de la escena gitana, ataca esta última parte. El tema generador de toda esta danza, choca evidentemente con la realidad de su título, y por más que en su elaboración lanza Rimski-Kósrsakov todos sus recursos orquestales a fondo, no alcanza la brillantez de color del fragmento anterior. Sin embargo, se muestra aquí más hábil en el enlace contrapuntístico de las distintas voces. Antes de terminar la partitura ofrece una vez más, a modo de "coda", una repetición del primer tema de la alborada, cuya vivacidad es llevada al máximo hasta concluir en toda su magnificencia.

Todo es una colorista visión de una España soñada por la sensibilidad de este gran compositor ruso, que vibra ante la riqueza y variedad del folklore español, sólo comparable en abundante acervo al de su propia patria. Rimski-Kórsakov habló de esta música diciendo que "deslumbraba con sus destellos de color orquestal" y no le faltaba razón a ese mago de la orquesta. El oro y escarlata de los brillantes mantones hispanos, el naranja subido de los misteriosos campamentos nocturnos, el rico matiz castaño y rojo de la tierra española, brotan de la suntuosa orquestación.

                                                                                       

                                                                      Manuel Castellanos de Gorriti

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Capricho Español, op. 34
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