*III. Allegro Non Troppo.

Sinfonía en Re menor,  FWV 48

 

ésar Franck comenzó a escribir su Sinfonía en Re menor en el otoño de 1887, y la concluyó, en agosto de 1888. La primera ejecución se produjo el 17 de febrero de 1889, un año y medio antes de la muerte del músico. Fue mal recibida por casi todo el mundo, excepto el compositor y sus discípulos más devotos, el más intensamente dedicado de los cuales era D'Indy, quien escribió: "...La sinfonía fue ejecutada por primera vez en la Sociedad de Conciertos del Conservatorio contra la voluntad de la mayor parte de los miembros de la orquesta y gracias tan sólo a la benévola perseverancia del director Jules Garcin. Los abonados no entendieron nada de la obra; los músicos oficiales no fueron tampoco más allá; uno de ellos, profesor del Conservatorio y casi factótum del Comité, a quien pedí su opinión, respondióme en tono que trascendía desprecio: ¿Eso es una sinfonía? Pero señor mío, ¿se ha visto alguna vez poner el corno inglés en una sinfonía? Cíteme usted una sinfonía de Haydn o de Beethoven en donde encuentre el corno inglés... Vamos, ya verá usted que esa música de su señor Franck será todo lo que usted quiera, ¡pero no será nunca una sinfonía!” Por otra parte, en una puerta de la sala de conciertos, el autor de Fausto, escoltado por un cortejo de aduladores y aduladoras, decretaba pontificalmente que aquella sinfonía era la afirmación de la impotencia llevada hasta el dogma... Gounod debe estar expiando en algún purgatorio musical esa frase, que viniendo de un artista como él, no podía ser sincera ni desinteresada...

La sinceridad y el desinterés los vamos a encontrar en el maestro cuando, entrando en su casa después de la ejecución, fue apremiado por cada una de las personas de su familia pidiéndole noticias: “¿Estás satisfecho del efecto producido en el público?, ¿han aplaudido mucho?” A lo que papá Franck, no pensando más que en la obra, respondió medio soñando: “¡Ah, sonó tan bien, tal como lo había imaginado!"

Franck, sin duda, tuvo sus detractores, pero aparentemente la situación no parece haber sido tan marcadamente unilateral como la emotiva crónica de D'Indy. En la segunda mitad del siglo pasado, el distinguido crítico francés León Vallas, escribió una nueva biografía de Franck en la que señala que la música de Franck era constantemente solicitada para ser ejecutada y que contaba con el decidido apoyo de la prensa. Refutando la frase atribuida a Gounod, Vallas escribe: "Tanto la opinión como el tono en que fue vertida parecen improbables en grado sumo. De acuerdo a otra anécdota publicada por George Rodenbach, en el Fígaro del 24 de diciembre de 1896, se atribuye a Gounod el haber dicho ‘ Es la negación de la música ’. También esta acotación es considerada como poco digna de crédito. Cualquiera fuese la diferencia de puntos de mira y gustos que separaban a los dos viejos amigos, Gounod siempre reconoció la maestría de su colega. Si a su tiempo criticó ciertas tendencias franckianas -su excesivo refinamiento y su falta de simplicidad- jamás dejó de considerarlo como un gran artista. No debemos dar importancia a ciertas expresiones pontificales del compositor de Fausto, cambiadas, distorsionadas y desfiguradas por la maledicencia del público".

Hoy podemos ser lo suficientemente generosos como para admitir que esta obra pudo ser algo difícil de apreciar en una primera audición. En primer lugar, por la forma, que aunque simple, en poco ayuda a su comprensión. Los temas de todos los movimientos están tan relacionados, tanto por sus intervalos como por su espíritu, al punto de ser casi variaciones uno de otro. Esta significa que el contraste, que es una virtud inherente a la forma Allegro de Sonata, se produce no temáticamente sino por cambios de tempo y otros medios informales.

Si la escritura es típica del estilo inusualmente personal de Franck, también lo es la instrumentación. A ese respecto, Harvey Grace ha señalado que la sinfonía suena como si hubiese sido originalmente escrita para el órgano de tubos. El uso que hace Franck del sonido de los vientos y metales como si estuviese manipuleando la tubería de su instrumento Cavaillé-Coll y la división de la orquesta en las fantasiosas interrupciones del cíclico último movimiento, claman por una consola de tres manuales.

Conduciendo un paso más adelante la analogía entre el sonido del órgano y el de los vientos en la orquesta franckiana, es posible hallar en los intérpretes de la sinfonía, diferencias de enfoque que podrían responder a los diferentes estilos de la composición y la ejecución organística. Algunos directores, por ejemplo, encaran la obra con una actitud barroca: las texturas son claras y limpias, con colores y matices distintos. Otros directores, aplican a ésta la concepción del siglo diecinueve que favorecía las texturas más delgadas, y sus versiones de la Sinfonía de Franck ponen todo su énfasis en las exuberantes sonoridades y oportunidades "interpretativas" ofrecidas por la estructura y la orquestación casi wagneriana de la partitura.

La asociación del sonido del órgano con el de la orquesta, nos traen a la mente ciertas opiniones infundadas, que consideran a la Sinfonía de Franck como vástago de la Tercera de Saint-Saëns, para órgano y orquesta. Cierto es que la obra de Saint-Saëns fue anterior a la de Franck, pero su estreno recién se produjo en Francia en 1887, cuando la sinfonía del belga había sido totalmente completada. Lo que ambas sinfonías comparten es una juventud no de años, a decir verdad, sino de espíritu, la misma juventud de espíritu que, luego de su primer éxito público (la première de su Cuarteto para cuerdas a la edad de 8 años; única vez en cuarenta años como compositor en que la audiencia pareció gustar genuinamente de lo que había escrito), hizo que Franck dijera sonriendo: “Ved, el público comienza a comprenderme".

Hoy, su Sinfonía es uno de los tesoros musicales de la humanidad. El público no sólo la comprende, sino que también la ama.

 

                                                                                          Oscar Ledesma

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Sinfonía en Re menor.
Duna Symphonic Orchestra. Tamás Dániel Csűry



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