*Menuet de La tumba de Couperin.

                                                                     Pintura en Oleo (detalle) de Eduardo Moctezuma.

La tumba de Couperin

 

uando en 1918 Ravel compuso también para el medio pianístico las seis piezas -Preludio, Fuga, Furlana, Rigodón, Minué y Tocata- que integran La tumba de Couperin, se tomó especial empeño en especificar que este homenaje en modo alguno pretendía ser un pasticcio sino, por el contrario, deseaba honrar en mayor grado que al más glorioso de los miembros del clan de los Couperin, a toda la música francesa del siglo XVIII. Por lo tanto, no deben buscarse en la partitura alusiones a la técnica del autor de los Concerts Royaux.

A la manera de cualquier Suite Francesa de un Chambonières, La tumba de Couperin está constituida por una serie alternada de danzas que crean una oposición de movimientos pero, a la vez, nos invita a participar de una excursión mucho más vasta a través de la evolución de nuestro lenguaje musical. Para ello utiliza, en el Preludio, adornos y grupetti tomados en préstamo al idioma de los clavecinistas, incorpora a la Furlana algunas audaces armonizaciones de la más inesperada modernidad, y el trío del Minué nos hace retroceder al mismo Medioevo, al clima más propicio a El Juego de Robin y Marion. En rigor de verdad, esas páginas son una síntesis bien sutil de todos los aspectos curiosos del estilo musical francés a lo largo de las diferentes edades. El estreno de la versión para piano corrió a cargo de Marguerite Long el 11 de abril de 1919. En cuanto a la versión orquestal, sólo cuatro de las seis piezas fueron orquestadas por Ravel, en cuya opinión las otras dos, la Fuga y la Tocata, no habían de ser instrumentadas por cuanto su carácter era específicamente pianístico. Las cuatro piezas se escucharon por vez primera de esta forma durante un concierto de la Orquesta Pasdeloup de París, dirigida por Rhené Baton el 28 de febrero de 1920.


Movimientos que componen la obra

 

La tumba de Couperin fue gestada durante la participación de Ravel en la Primera Guerra Mundial como chofer de camión, cuando enfermo, había sido apartado del frente de batalla. Cada uno de los movimientos está dedicado a un amigo del músico, muerto en la guerra.

 

Prélude (en mi menor) a la memoria del teniente Jacques Charlot (quien transcribió Ma Mère l'Oye para piano solo)

Fugue (en mi menor) a la memoria de Jean Cruppi (hijo de la mujer a quien dedicó L'Heure espagnole)

Forlane (en mi menor) a la memoria del teniente Gabriel Deluc (pintor vasco de Saint Jean de Luz)

Rigaudon (en do mayor) a la memoria de Pierre y Pascal Gaudin

Menuet (en sol mayor) a la memoria de Jean Dreyfus

Toccata (en mi mayor) a la memoria del capitán Joseph de Marliave (musicólogo y esposo de Marguerite Long)


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La tumba de Couperin
Paavo Jarvi

La tumba de Couperin (1° Part)

Pamela Ross

La tumba de Couperin (2° Part)

Pamela Ross

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