*I. A Song for All Seas, All Ships-Behold, the sea itself, III. Scherzo- The Waves, IV. The   Explorers-Down from the gardens of Asia descending.

Sinfonía nº 1 "Una sinfonía marina" (1903 - 9)

 

scrita para soprano, barítono, coro mixto y orquesta.

Vaughan Williams comenzó el trabajo en esta obra cuando tenía 31 años, dirigiendo la première a los 38.

Esta sinfonía, si se quiere programática, que participa igualmente de la tradición sinfónico coral británica, del sinfonismo post-romántico alemán y de la modernidad francesa, fue completada hacia 1909. Los textos de Walt Whitman (de quien Vaughan Williams era un admirador) a los cuales recurre el compositor para la elaboración de esta obra, fueron publicados en 1868, como parte de su más conocida colección de poemas: Hojas de hierba. Dichos poemas relacionan metafóricamente un viaje ultramarino con el camino de la vida.

 

Textos de los poemas de Walt Whitman que sirvieron de inspiración a Ralph Vaughan Williams.

Sinfonía 1 “Una Sinfonía Marina”

 

Una canción para todos los mares, todas las naves.

Contempla el mar en sí mismo,

Y en su ilimitado pecho levantado, las naves;

Mira, donde sus blancas velas se embolsan en el viento, manchan el verde y el azul.

Mira, las barcazas yendo y viniendo, entrando o saliendo del puerto,

Mira, oscuros y ondulados, los largos banderines de humo.

Contempla el mar en sí mismo.

Y en su ilimitado pecho levantado, las naves.

Hoy, un tosco y breve recitado,

De las naves que navegan los mares, cada una con su bandera o su señal,

De anónimos héroes en los barcos,

De olas extendiéndose y extendiéndose más allá de lo que el ojo logra alcanzar,

De la espuma veloz, de los vientos que silban y soplan,

Y además un canto para los navegantes de todas las naciones,

Apropiado como una oleada.

De los capitanes del mar, jóvenes o viejos, y los compañeros, y todos los intrépidos navegantes,

De los pocos, muy contados, taciturnos, a quienes el destino nunca logra sorprender ni la muerte consternar,

Escogidos sin esfuerzo y sin ruido por ti, viejo océano, escogidos por ti,

Mar que escogiste y culminaste la carrera a tiempo, y uniste a las naciones,

Amamantados por ti, vieja enfermera ronca, personificándolos,

Indomables y salvajes como tú.

 

¡Alardea, oh mar, tus banderas separadas de naciones!

¡Alardea, visibles como nunca las muchas banderas y señales!

Pero reserva para ti y para el alma del hombre una bandera por sobre todo el resto.

Una señal tejida con el espíritu para todas las naciones, emblema del hombre que supera la muerte,

Símbolo de todos los capitanes valientes y de todos los marinos y los intrépidos compañeros,

Y de todos aquellos que se hundieron cumpliendo su deber,

Reminiscencias de todo ello, entrelazadas, de todos los capitanes, jóvenes y viejos,

Un banderín universal, ondeando sutilmente a toda hora, sobre los valientes navegantes,

Todos los mares, todas las naves.

 

En la playa a la noche, solo

 

En la playa a la noche solo,

Mientras la vieja madre la mece cantando su ronca canción,

Mientras observo brillar las estrellas, pienso en la clave del universo y del futuro.

Una vasta similitud lo entrelaza todo,

Todas las distancias del espacio, sin embargo, son anchas,

Todas las distancias del tiempo,

Todas las almas, todos los cuerpos con vida son, empero, tan distintos,

Todas las naciones, todas las identidades que hayan existido o puedan existir,

Todas las vidas y las muertes, las del pasado, el presente y el futuro,

Este vasto interludio las atraviesa, y las ha atravesado siempre,

Y las atravesará por siempre y las mantendrá unidas y juntas.

 

Scherzo: Las olas

 

Después del barco, después de los vientos silbantes,

Después de las velas blancas y grises tensas en sus mástiles y cuerdas,

Debajo, una miríada, innumerables olas agitándose, elevando sus cuellos,

Tendiendo en flujo incesante hacia la pista del barco,

Olas oceánicas, burbujeando y gorgoteando, entremetiéndose valientes,

Olas, olas ondulantes, líquidas, desparejas, olas diferentes,

Hacia la corriente arremolinada, riendo y animadas en sus curvas,

Donde el gran vehículo navega y clavando marcas desplazó la superficie,

Olas grandes y pequeñas en la extensión del océano que fluye con ansias,

La estela del barco después que pasa, rápido y juguetón bajo el sol,

Una procesión multicolor con una mancha de espuma y muchos fragmentos.

Siguiendo al seguro y veloz barco, en la estela que continúa.

 

Los exploradores.

 

Oh, extensa imagen, nadando en el espacio,

Toda cubierta con visible poder y belleza,

Alternando luz y día y la pululante oscuridad del espíritu,

Altas e inenarrables procesiones del sol y de la luna y las incontables estrellas arriba,

Debajo la variedad de hierbas y de aguas,

Con inescrutable propósito, alguna intención profética escondida,

Ahora primero parece que mi pensamiento comenzara a atravesar el tuyo,

Desde los jardines del Asia que descienden,

Adán y Eva aparecen, y luego su innumerable descendencia,

Vagando, anhelantes, con búsquedas inquietas, con cuestionarios, asombrados,

Sin forma, febriles, con corazones jamás felices, con ese incesante y triste estribillo,

- “¿Por qué, insatisfecha alma? ¿Sufrimiento o farsa de vida?”,

¿Quién calmará a estos niños febriles?,

¿Quién justifica estas exploraciones imprudentes?

Sin embargo el alma está segura que el primer intento continúa, y será llevado a cabo,

Quizás incluso ahora el tiempo ha llegado.

Después de que todos los mares sean cruzados,

Después de que los grandes capitanes hayan cumplido su trabajo,

Después de los inventores nobles,

Finalmente vendrá el poeta merecedor de ese nombre,

El verdadero hijo de Dios vendrá cantando sus canciones.

 

Oh, ya no podemos esperar más,

También nosotros tomaremos la nave del alma,

Felices nosotros, también nos lanzaremos a mares desconocidos,

Audaces por playas ignotas en olas de éxtasis en las cuales navegar,

En medio de los vientos flotando (presionándome hacia ti,

y tú hacia mí, oh, alma),

Cantando libremente, entonando nuestra canción divina,

Coreando nuestros cantos de exploración placentera.

 

Oh, alma que me haces feliz,

Navegando estos mares o en estas sierras, o caminando en la noche,

Ideas, ideas silenciosas, de tiempo y espacio y muerte, como agua que fluye,

Transpórtame en efecto por regiones infinitas,

Cuyo aire respiro, cuyas ondulaciones escucho, ámame por completo,

Báñame, oh Dios, en ti, montando mi alma y yo para recorrerte.

 

Oh, tú, trascendental,

Sin nombre, fibra y respiración,

Luz de la luz, vertiendo en los universos, tú el centro de ellos.

Me marchito velozmente en el pensamiento de Dios,

En la naturaleza y sus maravillas, tiempo y espacio y muerte,

Pero yo, girando, te llamo a ti, oh alma, verdadero yo,

Y tú gentilmente gobiernas las urbes,

Tú acompañas al tiempo, sonríes feliz a la muerte,

Y llenas por completo el vasto espacio.

 

Más grande que las estrellas y los soles,

Dirigiendo el alma su viaje hacia adelante,

¡Vamos, oh alma! ¡Eleven de inmediato el ancla!

¡Corten las amarras –partamos- sacudan todas las velas!

 

Naveguen hacia adelante, conduzcan sólo por las aguas profundas,

Imprudentes, oh alma, exploremos yo contigo y tú conmigo.

Porque estamos destinados adonde el marinero aún no se ha atrevido a ir,

Y arriesgaremos el barco, a nosotros mismos y todo.

 

¡Oh, mi alma valiente!

¡Oh, más lejos, más lejos navegaremos!

¡Oh, querida alegría, pero segura! ¿No son estos los mares de Dios?

¡Oh, más lejos, más lejos navegaremos!

 

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